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Leer El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 109 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
El sol poniente caía lentamente hacia el oeste, extendiendo por el horizonte un resplandor crepuscular tan deslumbrante como el fuego. El río Luo fluía a través de un ramal excavado por la mano del hombre hasta ingresar por la Puerta Changhe, cruzaba la Puerta Jiayu y finalmente confluía dentro de la ciudad imperial en un pequeño lago. La superficie de las aguas reflejaba el fulgor crepuscular de oro fundido, ondeando en capas de fragmentos luminosos bajo el viento fresco. A lo lejos se extendía un complejo ininterrumpido de edificaciones, desolado, ruinoso y cubierto de maleza. Aquel Palacio Daming, erigido durante la era de la Emperatriz, había sustituido en su día al Palacio Taiji de Chang'an para convertirse en el corazón del imperio. Abarcaba una superficie de tres mil doscientos mu, con once puertas distribuidas en sus cuatro flancos; sus pabellones se alzaban con holgada majestuosidad, intercalados con estanques, jardines y quioscos. Jamás existió en el mundo una ciudad imperial de semejante magnificencia. Sin embargo, durante la Rebelión de los Tres Reyes, el rey de linaje ajeno Pei Luogu ocupó la Capital Oriental, se instaló en el Palacio Daming y se proclamó emperador. Dos años y medio más tarde, Pei Luogu fue estrangulado en su lecho de muerte por su propio primogénito, y las huestes rebeldes fueron expulsadas por la corte de Da Sheng. Antes de retirarse, prendieron fuego al Palacio Daming. Los anales históricos registraron: "Los palacios ardieron, no subsistió ni uno de cada diez; las dependencias oficiales quedaron desiertas y en ruinas, sin quedar siquiera una viga intacta". Con posterioridad, a lo largo de tres generaciones de emperadores de Da Sheng, se destinaron seiscientos mil sartales de monedas a su restauración, pero no fueron más que reparaciones someras; jamás pudo recuperar la escala de antaño. Aquel palacio imperial, en su momento en la cúspide del esplendor, se asemejaba a la dinastía del presente: hacía tiempo que se hallaba en el ocaso. A orillas del lago, un anciano de cabellos níveos yacía recostado de lado sobre un diván bajo; apoyaba la cabeza en una mano y sostenía una caña de pescar con la otra, roncando como un trueno. A tres zhang a sus espaldas permanecían de pie Agentes de Inspección, Magistrados de Enjuiciamiento, Comandantes de Inspección, Comisarios Militares del Flanco Izquierdo... más de cuarenta personas en total. Aquel grupo de personajes influyentes, acostumbrados a mover los hilos del poder y gobernar los vientos y las lluvias en la Capital Oriental, contenía la respiración y aguardaba en silencio, temiendo perturbar el sueño profundo del anciano en el diván. En ese instante, el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección, sujetando el dobladillo de su túnica, llegó trotando desde la lejanía por un serpenteante sendero invadido por la maleza. Justo cuando se disponía a abrirse paso a través del muro humano para acercarse al diván, escuchó al Comandante de Inspección advertirle en voz muy baja: "Al Supervisor del Ejército no le gusta que lo interrumpan mientras pesca". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección lo miró de soslayo y soltó un resoplido frío y siniestro: "¿Acaso necesita este funcionario que tú se lo recuerdes?". Ignorándolo por completo, continuó su camino, se detuvo junto al diván, inclinó la cintura y susurró: "Padre adoptivo, padre adoptivo...". El anciano de cabellos canos despertó sobresaltado en el diván, soltando un quejido confuso: "¿Picó el pez? ¡¿Acaso picó el pez?!". 'El anzuelo ni siquiera lleva cebo, ¿cómo va a picar un pez?'. Con una sonrisa servil, el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección respondió: "Su hijo tiene un asunto importante que informarle". El anciano, ataviado con fastuosos ropajes de brocado, se incorporó con lentitud. Con la vista clavada en el flotador sobre el lago, habló sin prisa alguna: "Para que vengas con tanta premura a atribuirte el mérito, no debe de ser una nimiedad". "El padre adoptivo es sabio". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección miró de reojo a la multitud que los rodeaba y solicitó: "Ruego a mi padre adoptivo que retire a los presentes". El anciano no volvió la cabeza; se limitó a agitar la mano hacia atrás. La multitud retrocedió en el más estricto silencio. Solo entonces el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección dejó entrever su júbilo: "Padre adoptivo, la base del reloj de sol está en nuestras manos". La mirada del anciano continuó fija en el flotador, como si nada en el mundo pudiera distraerlo, y comentó con sosiego: "¿Desde cuándo cuentas bajo tu mando con un talento semejante, capaz de sustraer la base del reloj de sol de la mismísima formación dispuesta por el Maestro Daoísta Yunmo?". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección se acuclilló junto al anciano, adoptando un tono en extremo adulador: "Descuide, padre adoptivo. El origen de este individuo es intachable; rompió la formación valiéndose pura y exclusivamente de su ingenio. No se trata en absoluto de un espía infiltrado por la Secta Chongzhen". Dicho esto, extrajo de su manga varios pliegos de papel Xuan: "Mi padre adoptivo lo comprenderá en cuanto los examine". El anciano ni siquiera hizo el ademán de tomarlos; respondió con voz pausada: "Alguien capaz de vulnerar la formación mediante el ingenio forzosamente ha de ser un erudito diestro en el cálculo aritmético. Este anciano prefiere no mirarlo; aunque lo leyera, no entendería nada". Igual que cualquier hombre entrado en los sesenta o setenta años, su cadencia y sus emociones eran tibias, tranquilas y pausadas. El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección tanteó el terreno con cautela: "Entonces... ¿su hijo debería enviar el reloj de sol a Chang'an a la brevedad?". La mirada del anciano se apartó por fin del flotador y giró la cabeza para dedicarle una mirada de soslayo: "¿Tanta prisa tienes por desterrarme a Chang'an?". La semblanza del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección mudó de golpe; se postró por completo en tierra y exclamó con voz temblorosa: "¡Que mi padre adoptivo juzgue con claridad! Su hijo solo siente profunda indignación en su nombre. En aquellos años, si no hubiera sido por su decisivo respaldo, aquella persona jamás habría alcanzado el trono supremo. Y sin embargo, por meras pequeñeces, lo degradó y lo desterró a la Capital Oriental; fue a todas luces una traición, deshaciéndose del burro en cuanto terminó la molienda. Mi padre adoptivo ha permanecido en la Capital Oriental durante diecinueve largos años; ha llegado el momento de regresar a Chang'an". La voz del anciano era ronca y apagada: "Desde la antigüedad, alcanzar los setenta años ha sido un suceso poco común. Este anciano ya cuenta con setenta y dos inviernos a cuestas y hace tiempo que carece de ambición por el poder. Aun si regresara a Chang'an, sería únicamente para aguardar la muerte en paz. No hace falta enviar el Reloj de Sol de Mingzong a Chang'an; encarga a tus hombres de máxima confianza que investiguen en secreto sin levantar sospechas, pues este anciano confía en él para asegurarse el retiro. Eres el hijo adoptivo en quien más me apoyo; antes de retirarme definitivamente, te allanaré el camino". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección vaciló, conteniendo las palabras en sus labios. El anciano agitó la mano con desgana: "Retírate". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección se apoyó en el borde del diván para levantarse: "Sí". Hizo una profunda reverencia y comenzó a retirarse. Apenas había dado unos pasos cuando, a sus espaldas, resonó la voz flotante y ligera del anciano: "Por cierto, ¿quién fue la persona que robó la base del reloj de sol?". El Vicesecretario de la Izquierda de Inspección bajó la voz: "Se llama Yan Shixu, descendiente del Señor Yan". El anciano contemplaba con absoluta concentración el flotador sobre el agua, como si no hubiera escuchado una sola palabra. ... Barrio Ningyang. En el patio resonaron pasos apagados y el portón ennegrecido se entreabrió apenas una rendija. Al distinguir con claridad el rostro del visitante, el Anciano Letrado Confuciano se quedó atónito: "¿Boheng?". Se hizo a un lado para franquearle el paso y, en cuanto Yan Shixu se deslizó al interior, frunció el ceño: "A estas horas deberías estar en la Academia Daoísta, ¿a qué has venido aquí?". Yan Shixu no respondió de inmediato. Ingresó con paso apresurado en la sala principal y solo entonces extrajo de su regazo el sello oficial y el amuleto de pez: "Maestro, ya he sustraído la base del reloj de sol y he reportado el cumplimiento de la misión ante la Oficina de Asuntos de Inspección. A partir de hoy, soy oficialmente un Agente de Inspección de la Sala Central bajo el mando directo del Vicesecretario de la Izquierda de Inspección". El Anciano Letrado Confuciano, que acababa de cruzar el umbral, se quedó petrificado en el acto. Miraba a su discípulo con ojos desorbitados. Yan Shixu vio reflejados en su mirada la conmoción, el desconcierto y una profunda sensación de extrañeza. El Anciano Letrado Confuciano le arrebató de un tirón el sello y el amuleto de pez; los examinó una y otra vez, palpándolos insistentemente mientras intentaba digerir el golpe y asimilar la realidad. Su primera reacción no fue interrogarlo, sino salir a zancadas de la sala, abrir de golpe el portón del patio y asomar la cabeza para vigilar el callejón. Tras cerciorarse de que nadie lo seguía, regresó a la estancia con el semblante sombrío y le recriminó: "Acabas de ingresar en la Oficina de Asuntos de Inspección y en un puesto de tanta delicadeza e importancia. ¿Cómo te atreves a venir a verme con tanta ligereza? Si te hubieran seguido, ¿no se habría echado a perder todo lo logrado hasta ahora?". "Descuide, señor. He tomado mis debidas precauciones", respondió Yan Shixu colmado de aplomo. Sus cinco sentidos y seis facultades perceptivas eran lo bastante agudos como para que un cultivador ordinario del Reino Humano no pudiera seguirle el rastro; además, en las alturas surcaba Xueyi en patrulla constante, manteniendo bajo control un radio de quinientos metros. La mirada del Anciano Letrado Confuciano se volvió sombría: "¿Cómo descifraste la formación del Pabellón de los Tesoros Escondidos?". Yan Shixu se lo refirió con todo detalle, atribuyéndoles el mérito principal a Gu Hanzhang y al Revisor de Textos de la Oficina de Asuntos de Inspección, si bien él mismo también había cumplido un rol de apoyo nada desdeñable. Ante Gu Hanzhang y los altos mandos de la Oficina de Asuntos de Inspección, podía contemplar el firmamento en un ángulo de cuarenta y cinco grados y soltar con displicencia: "¿Acaso una formación del Reino Terrenal entraña alguna dificultad? ¿No basta con tener manos para resolverla?". Sin embargo, frente a aquel preceptor que conocía sus orígenes de arriba abajo, no se atrevía a dárselas de prodigio. Al fin y al cabo, resultaba imposible justificar mediante el estudio esforzado o la iluminación repentina un talento matemático que se había disparado de semejante forma de la noche a la mañana. El talento para los números era algo con lo que se nacía o no; si no se traía en la sangre desde la cuna, jamás se adquiriría en toda la vida. "Ya veo", suspiró conmovido el Anciano Letrado Confuciano. "La Emisaria del Inframundo suplente de este año es, en verdad, una mujer sumamente capaz; supera con creces a sus predecesores". "¿Ha tenido el señor ocasión de encontrarse con Gu Hanzhang?", sondeó Yan Shixu. El Anciano Letrado Confuciano negó con la cabeza: "El Emisario del Inframundo, el Pintor, el Médico Oficial y yo nos reunimos una vez cada tres meses para intercambiar informes. Como el plazo trimestral aún no se ha cumplido, todavía no la conozco en persona". 'Más tarde tendré que ponerme de acuerdo con Gu Hanzhang para que ella asuma todo el mérito...'. Yan Shixu prosiguió: "Señor, ahora que he logrado infiltrarme con éxito en las entrañas de la Oficina de Asuntos de Inspección, no parecen tener la menor intención de involucrarme en la posterior investigación del tesoro imperial de Mingzong. ¿Debo proseguir encubierto o buscar una coyuntura propicia para sustraer el reloj de sol al completo?". El Anciano Letrado Confuciano dictaminó: "Por lo pronto, mantén un perfil bajo en la Oficina de Asuntos de Inspección. Con la gran confianza que el Vicesecretario de la Izquierda de Inspección deposita en ti, gozarás de innumerables ocasiones para acceder a información confidencial. En cuanto al tesoro imperial de Mingzong, que no te permitan intervenir ahora no significa que no surja la oportunidad en el porvenir. De ahora en adelante, hallaré la forma de ayudarte a acumular méritos, a fin de que escales más alto y llegues más lejos dentro de la oficina". 'Vaya coincidencia; el Maestro Daoísta Wangji piensa exactamente lo mismo. Espero que no me dejen encubierto demasiado tiempo; de lo contrario, pasarán tres años, luego otros tres... y si llego a convertirme en el cabecilla, me será difícil no cambiar de bando'. Yan Shixu añadió al punto: "La Oficina de Asuntos de Inspección ha estado investigando recientemente a los espías de Chengzhao". El Anciano Letrado Confuciano frunció el ceño: "Tras despejarse el transporte por el canal fluvial, la Prefectura de Dongdu distribuyó copiosas cantidades de semillas de trigo de invierno, col china, colza y rábano, junto con mantillo y abono. Los damnificados de la urbe regresaron sucesivamente a sus terruños para labrar la tierra y pertrecharse de cara al invierno. Se suponía que el número de desamparados en la ciudad mermaría de forma drástica; no obstante, en fechas recientes, una marea incesante de desplazados no ha parado de ingresar a la ciudad". Yan Shixu también frunció el entrecejo: "¿Acaso Chengzhao pretende provocar otro incendio en el Mercado del Sur?". "No se trata únicamente de Chengzhao; me temo que las diversas comandancias regionales están echando leña al fuego. Chengzhao no combate en solitario; las diversas guarniciones de las Llanuras Centrales son sus cómplices. Si bien ninguna comandancia osa romper abiertamente con la corte imperial, en lo relativo a la herencia del poder de padres a hijos forman un frente indivisible con Chengzhao", explicó el Anciano Letrado Confuciano. "En este momento, lo que más me inquieta es esa caterva de soldados arrogantes y comandantes feroces. Por más que la Prefectura de Dongdu y la Oficina de Asuntos de Inspección monten una vigilancia a ultranza, nadie puede precaverse de un ladrón durante mil días seguidos. Si prenden fuego de nuevo al Mercado del Sur, los estragos y las bajas serán todavía más atroces". 'Que solo le prendan fuego al Mercado del Sur representaría, en el fondo, el menor de los males; lo aterrador es que estén urdiendo una calamidad aún más funesta'. Yan Shixu no pudo evitar que el corazón se le ensombreciera. El Anciano Letrado Confuciano exhaló un repentino suspiro: "La coyuntura en la Capital Oriental se torna cada día más intrincada. Hace poco acaeció un hecho de suma gravedad en el Barrio Xingjiao: la Oficina de Enlace de Yunshuo fue aniquilada. Una fuerza que se autodenomina 'Los Tres Espadachines de Dongdu' degolló hasta el último hombre de dicha oficina. La Oficina de Asuntos de Inspección se halla tras la pista de esa cuadrilla; si llegas a saber algo, infórmame en el acto". Yan Shixu se quedó atónito: "Dado que Los Tres Espadachines de Dongdu exterminaron la Oficina de Enlace de Yunshuo, cabe inferir que no pertenecen a las fuerzas de las comandancias regionales. Aunque ignoro si son amigos, al menos no deberían ser enemigos. ¿Por qué el señor presta tanta atención a esa facción?". El Anciano Letrado Confuciano dilucidó: "Yunshuo rehúsa someterse a la autoridad del soberano y alberga una hostilidad manifiesta hacia la corte. En estos momentos en que la Capital Oriental zozobra entre tribulaciones internas y amenazas externas, Yunshuo jamás se contentará con mirar con frialdad desde la barrera; forzosamente maquina algo en la penumbra. Si lográramos agenciarnos las nóminas y los libros de cuentas, tal vez conseguiríamos tirar de la cuerda para desenmarañar el despliegue de la Oficina de Enlace de Yunshuo". Los ojos de Yan Shixu centellearon al instante y sus cavilaciones se despejaron de cuajo. Hasta ese momento se había devanado los sesos angustiado porque la muerte de Li Huai'an le impedía rastrear las maquinaciones entre Yunshuo y Chengzhao. ¡Las nóminas y los libros de cuentas eran la brecha que necesitaba! A fin de cuentas, la oficina de enlace de una comandancia destacada en la Capital Oriental contaba con recursos limitados y operaba en aislamiento; para culminar una empresa de tal envergadura, dependía inexorablemente de la connivencia de los funcionarios locales. Entre los sobornados por Li Huai'an a lo largo de este último semestre, era más que probable que figurasen dignatarios que se habían plegado en secreto al bando de Yunshuo. Esa gente sin duda sabía con precisión cuáles eran los pasos a seguir. Bastaría con arrojar a tales sujetos a los calabozos y someterlos a interrogatorio para que la verdad saliera a relucir por entero. 'El dilema reside en que carezco de pretextos válidos para aprehender a funcionarios judiciales o gubernamentales; ni modo de justificar que los registros obran en mi poder...', sopesó Yan Shixu, hallándose en un aprieto. Proceder a la luz del día quedaba totalmente descartado; no le quedaría más remedio que urdir acusaciones falsas o colarse al amparo de las sombras nocturnas para someterlos a tormento. Tras deliberar un rato más, Yan Shixu comprendió el cometido primordial de Xingchadu para este período: exterminar a los espías de las comandancias militares y salvaguardar la Capital Oriental. Aquello le infundió un inmenso alivio; al menos por el momento, no tendría que vivir en vilo ni con el alma en un hilo al verse atrapado entre la Oficina de Asuntos de Inspección y Xingchadu. Se disponía a despedirse para emprender la marcha cuando, de improviso, unos golpes retumbaron en la puerta del patio. El Anciano Letrado Confuciano y Yan Shixu se tensaron al unísono y clavaron la mirada en el patio. Aquellos toques guardaban una cadencia metódica muy precisa. Las facciones del Anciano Letrado Confuciano se distendieron de inmediato y musitó en voz baja: "Es mi informante. Entra en la alcoba y escóndete bien". Yan Shixu se escabulló con presteza en la habitación interior y se ocultó tras la puerta. El Anciano Letrado Confuciano salió al patio y no tardó en regresar a la estancia principal en compañía de un hombre ataviado con ropas de tela basta. El anciano inquirió con el ceño fruncido: "Los tambores del anochecer están a punto de redoblar. Que vengas a verme a estas horas... ¿ha sucedido algo grave?". El hombre de tela basta exclamó con apremio: "¡Señor, Xing Dos ha desaparecido!". Tras la puerta, el semblante de Yan Shixu mudó de golpe. \----- • Novela: Lín Shèng / 临圣 • Autor: Mai Bao Xiao Lang Jun (卖报小郎君) • Traductor: Inmensurable ⚔️ ¿Qué te pareció el capítulo? ¡Deja tu reacción y comenta abajo! Tu apoyo impulsa con fuerza los próximos capítulos. 💬✨
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El Descenso del Santo (Novela) Capítulo 109

Estás leyendo el capítulo 109 de El Descenso del Santo (Novela), un novela. En este mundo, ¿quién mueve las piezas del tablero y quién es tan solo un peón? La pluma y la espada grabaron la lealtad y la rectitud, solo para volverse y conspirar con traición. Las danzas en el Salón del Trono… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Descenso del Santo (Novela) tiene 108 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.