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Leer El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 100 online gratis en español

🏴 Grupo: ACS✍️ Traducción: ACS
Estaba tan emocionado que incluso señaló a Haren con el dedo mientras gritaba. Justo cuando culpaba con entusiasmo a otros después de encontrar a alguien a quien transferirle la responsabilidad... Poco después, su brazo cayó con un golpe seco. ―Heaaah... ¿Qué le estaba haciendo a una persona herida...? Llegó un momento de profunda introspección, sintiéndose como un ser despreciable. Haren permaneció en silencio, sin protestar ante las duras críticas, lo que lo hundió aún más en el vertedero. Tras permanecer callado, con los brazos colgando flácidamente hasta el suelo, finalmente confesó la verdad con voz abatida. El momento de la confesión llegó después de la reflexión. ―...En realidad es por mi culpa. Debido a que fui alcanzado por la maldición del íncubo, mi ya precaria condición empeoró aún más, por lo que no pude romper la conexión. ―... ―Me preocupaba mucho cómo decirte que la solución a tu maldición tardaría mucho más... Lo siento. El plazo ya había expirado en el camino hacia la Zona de Invasión oriental, y Haren seguramente también lo sabía. Sin embargo, se había quedado completamente callado y lo había evitado fingiendo ignorancia, por lo que Haren debió de estar desconcertado. Él debería estar agradecido de que Haren no lo hubiera capturado e interrogado a la fuerza, pero ahí estaba él, culpando a los demás. Aunque Haren probablemente no lo había preguntado porque encontrarse con él también le resultaba incómodo, ¿acaso no era él quien había provocado esa incomodidad? Estaba a punto de sugerir que dieran por zanjado el asunto, ya que era un problema surgido al intentar resolver sus respectivas maldiciones, pero se calló al oír la palabra "basura" resonando en su cabeza. Era ridículo que aquel que había conectado sus almas con tanta seguridad, diciendo que resolvería su problema ahora, hubiera retrasado la resolución de la maldición por haberse lastimado. Él bajó la cabeza y se limitó a mirar al suelo. No se atrevía a enfrentarse a Haren. ―...¿Quizás por eso me estuviste evitando todo este tiempo? ―Sí. Porque no tenía nada que decir si me preguntabas si era hora de romperlo... Tras un largo silencio, Haren le preguntó precisamente eso. Él respondió con voz casi inaudible, añadiendo excusas con torpeza. Iba a contárselo, pero no encontraba el momento adecuado y le preocupaba; además, ¿acaso no había estado ocupado recabando información sobre personas desaparecidas?, etcétera. Mientras seguía poniendo excusas tan groseras que rozaban la vulgaridad, oyó una risa burlona. Aunque pensó que Haren finalmente se estaba burlando de él, al reflexionar, se dio cuenta de que no se trataba de una simple mofa. Cuando levantó la cabeza aturdido, lo que encontró fue la brillante sonrisa de Haren. ―Jaja, ah, jajaja... Haren se rió como si se le hubiera aflojado un tornillo. Se reía mientras sacudía todo el cuerpo, apoyado contra la pared, y estaba realmente desconcertado. No había rastro de disgusto ni irritación en su rostro. Más bien, la única emoción que sintió fue una sensación de alivio. Como si un problema que lo había atormentado durante mucho tiempo se hubiera resuelto, Haren rió con tranquilidad antes de agarrarse el abdomen y gemir. Parecía que había reído tanto que le dolía. Al sentir también dolor y fruncir el ceño, preguntó. ―¿Por qué te ríes? ―Pensé que me estabas evitando porque me odiabas. «...¿No era eso lo que quería decir? ¿No es eso algo que debería decir alguien que me ha estado mirando con ojos incómodos y alejándose todo este tiempo?» Haren habló mientras bajaba la mirada al suelo con la cabeza inclinada en diagonal. ―Ese día... quiero decir, el día que regresaste de ese taller. Fue un comienzo inusualmente divagante. Ya fuera porque el dolor le dificultaba organizar sus pensamientos o porque las emociones de aquel día aún estaban a flor de piel, las palabras inconexas continuaron. De hecho, cuando pronunció las palabras "aquel día", él se sobresaltó pensando que se refería al día en que fue alcanzado por la maldición del íncubo, pero Haren sacó a colación la siguiente historia. ―Estoy seguro de que dijimos que habría problemas si las parejas conectadas por el alma se distanciaban demasiado, y oí que había muchos espíritus malignos en los caminos... Pero aun así, usted se fue por separado. ―... ―Así que me preguntaba si estar cerca de mí era más incómodo que sufrir por la presencia de espíritus malignos. Ni siquiera intercambiaste una sola palabra conmigo en el banquete... Aunque ya habían pasado varios días, Haren hablaba como si recordara con claridad todo lo ocurrido aquel día. Él escuchaba desconcertado, pues era un tema totalmente inesperado. Sí, aunque sabía que habría problemas si se alejaba demasiado de Haren ese día, se encontró con el gato justo después de salir del anexo. Recordando cómo un solo puñetazo del gato había matado a un espíritu maligno, lo sujetó con fuerza en sus brazos mientras caminaba, y el camino de regreso desde el Taller de Lara transcurrió en silencio. ...Quizás por eso Haren había salido a buscarlo ese día. De repente, sintió un nudo en el estómago. No, para entonces ya se había revuelto tanto junto a Haren que ya no podía llamarlo repentino. Sentía que se iba a marear. ―Y encima recibiste algo aparte, como si te incomodaran las santas reliquias que te doy... ―Eso es porque los rompía constantemente, así que no me daba vergüenza recibir más... ―...Mientras tú hablabas tranquilamente con ese mercenario. Incluso te reías. Su voz murmurada era tan débil que pensó haber oído mal. Dejando de lado lo incoherentes que eran las frases, ¿qué tontería era esa? Si el mercenario que estaba a su lado era Jade o Serena, no recordaba haberse reído. Ah, tal vez soltó una risa seca cuando Serena habló de sellar un poder peligroso o algo así, mientras él estaba tenso por el encuentro con Haren. Su memoria era borrosa. Porque en ese momento, toda su atención estaba centrada únicamente en Haren. Estaba a punto de pronunciar la última palabra, desconcertado, pero terminó sacudiendo la cabeza. Más que de asuntos ajenos, de lo que quería hablar ahora era de... ―...No te odio. Primero quiso aclarar ese malentendido. Al fin y al cabo, incluso había oído que el Isaph original no odiaba al héroe y que quería ser su amigo. Aunque se dio cuenta de que era similar a lo que Haren le había dicho antes, solo después de decirlo, ya no podía retractarse. De alguna manera, se sentía extraño. Las palabras de Haren sonaban como si se hubiera distanciado deliberadamente todo este tiempo porque él lo odiaba demasiado. ¿Acaso no parecía que esa era también la razón de la expresión irritada que había visto en el pasillo del anexo? Aunque confundido, también lo invadió la ira. Si era así, él también tenía algo que decir. ―Más bien, fuiste tú quien me miró con ojos incómodos desde el banquete. Incluso te irritaste. El ambiente no había sido bueno desde el banquete anterior, así que le costaba creer que el simple hecho de salir con otra persona fuera la causa del incómodo conflicto que se había generado. Recordaba claramente que Haren había guardado silencio allí. ―Eso... habíamos acordado dejarlo como si nunca hubiera pasado, así que ¿por qué lo sacas a colación? Desde entonces te has comportado de forma extraña, haciendo que incluso los demás compañeros anden con pies de plomo. ―Eso es... Las miradas que se dirigieron hacia él cuando respondió que no lo odiaba volvieron a desviarse con naturalidad. Un ligero tono de incomodidad los tiñó, como si no esperara que le preguntaran directamente. ¿Acaso el dolor lo paralizaba? A diferencia de lo habitual, le pareció percibir mucha emoción en él. Pensando que esta era su oportunidad, insistió con persistencia. Aunque antes se había contenido por su culpa, ahora que todo había quedado al descubierto, decidió llegar hasta el final. Quizás estaba siendo más imprudente porque temía que realmente pudieran morir en esa Zona de Invasión. Él necesitaba saber la razón antes de morir. «Podrías haberlo tratado como si nunca hubiera sucedido, igual que en la isla del cielo, ¡entonces por qué!» ―...No sé. Pero la respuesta que recibió tras su sincero interrogatorio fue bastante insatisfactoria, y después Haren incluso se tapó la boca con la mano, como si intentara ocultar su expresión. ―Todo lo que dijiste esa mañana era cierto, que no habría sucedido sin la maldición del íncubo y que debería tratarse como si nunca hubiera ocurrido; racionalmente, estoy de acuerdo con todo ello... ―... ―Pero aún así, ¿por qué...? Haren volvió a guardar silencio durante un largo rato, y de alguna manera no pudo romper esa quietud con descuido. ¿Le resultaba extraño oír que su sugerencia era correcta y que todos estaban de acuerdo, o...? Finalmente, Haren habló. ―No es que tú te sientas incómodo. Bueno, es cierto que yo me siento incómodo por tu culpa. ―...¿Te estás burlando de mí ahora? Además de sentir un nudo en el estómago al admitir que se sentía incómodo, la ira lo invadió. «¿Qué diferencia hay entre esas dos frases? ¿Estás jugando conmigo?» Empezó a arrepentirse seriamente de haber intentado entablar una conversación. Había indagado innecesariamente solo para descubrir que, efectivamente, se sentía incómodo. ¿Qué era aquello? Aunque lo había intuido, oírlo directamente era diferente. Fue como recibir un doble toque. ―De acuerdo. No digas nada más. Yo también me siento incómodo contigo. ―...Isaph, no es eso. ―Dije que no hablaras. Su voz temblaba innecesariamente. Aunque estaba claramente enfadado, sonaba como si estuviera molesto. No, tal vez sí lo estaba. A pesar de estar tan acostumbrado a que la gente se sintiera incómoda con él, ¿por qué se sentía así? Sin querer seguir junto a Haren, se puso de pie. Sin embargo, de repente le agarraron la mano y volvió a sentarse. Con un golpe seco, cayó hacia adelante, casi desplomándose. Haren lo miró aturdido, como si no esperara que lo jalaran con tanta facilidad, aunque también estaba el hecho de que había tirado con fuerza sin controlar su impulso. «Este maldito trozo de papel.» Aunque miró fijamente a Haren temblando de vergüenza, no lo soltó. Tras mover los labios varias veces, Haren finalmente soltó como por impulso. ―...No vayas al palacio imperial de Beatriz. ―¿Qué tontería es esta que sale de la nada? ―Te sentiste tentado cuando te dijo que te haría sentir cómodo si entrabas en su castillo. Ya fuera por casualidad o intencionadamente, sus dedos se entrelazaron con suavidad. ―...Porque puedo ofrecerte un espacio mejor que el de Beatriz.
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El Ataúd del Héroe (Novela) Capítulo 100

Estás leyendo el capítulo 100 de El Ataúd del Héroe (Novela), un novela. —Hora de comer, prisionero número 444. Me encontré transmigrando al cuerpo de un prisionero. Un prisionero en el corredor de la muerte, cuya ejecución está programada para mañana. Sin embargo, antes de que pudiera… Este capítulo tiene publicado el 16 de octubre de 2026, Traducido por el grupo ACS. El Ataúd del Héroe (Novela) tiene 101 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.