Leer El Alma de la Eternidad (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
Regresamos a casa.
Mamá se encontraba muy preocupada por si aún hubiese ladrones libres por ahí. Caminamos muy rápido y ella se percataba a cada segundo de que nadie nos estuviera siguiendo. Cuando llegamos, papá estaba en el patio delantero practicando con su espada. Mamá corrió hacia él y se echó a llorar en su pecho. Papá trató de tranquilizarla, pero era imposible; la guio hacia la sala para que le explicase qué había sucedido.
Luego de escuchar la historia, los ojos de papá se abrieron enormemente. Me miró y yo lo miré a él. Luego de que mamá se tranquilizara y fuera llevada a su habitación, papá me preguntó qué había pasado.
Por mi parte, le conté el miedo que sentí al ver al ladrón frente a mí, pero que gracias a un caballero pude salir con vida e intacto. Le relaté los actos del grupo de caballeros y su fantástica actuación frente a los bandidos.
Mi padre quedó mucho más sorprendido con la historia. Aunque, de algún modo, parecía feliz de que yo hubiera presenciado todo eso.
—Y dime, Hiroshi, ¿te gustó algo de lo que viste en esa demostración? —¡Claro que sí! La forma en la que los caballeros se movían ordenadamente y el movimiento de sus espadas... era increíble.
En mi rostro se ilustraba una enorme sonrisa de emoción al hablar del tema. Mi padre frotó su mano en mi cabeza mientras sonreía.
—Pues bien. Quiero que vengas conmigo al patio. Veamos si tienes madera para ser un espadachín.
La emoción encarnada se vio en mi rostro. No podía estar más eufórico. Salí corriendo al patio junto con mi padre; él agarró una espada de madera que tenía guardada y me la entregó.
—Bien, quiero que golpees ese árbol. Dale con toda tu fuerza, ¿de acuerdo? —Okay.
Agarré la espada con una mano y corrí en dirección al árbol. Golpeé el tronco y la madera de mi arma se sacudió, llevando el impacto hasta mi brazo. Volteé a ver a mi padre; me miraba fijamente con una ceja levantada, como si yo hubiera hecho algo mal.
No entendía realmente qué debía hacer. Golpeé el árbol justo como él me dijo.
Seguí golpeando la corteza lleno de impotencia. Sentía cómo la ira iba llenando mi cuerpo. Hasta que mi padre me detuvo.
—Muy bien, Hiroshi. Quiero que me digas, ¿qué aprendiste de todo esto? —¿Aprender? —Exactamente. —N-no lo entiendo. ¿Qué quieres decir con eso, padre? —Como te acabo de preguntar, ¿qué aprendiste? El arte de la espada no es solo mover tu arma como un palo cualquiera. Piensa en tu arma como una extensión de tu cuerpo, algo que puede lastimar y proteger al mismo tiempo. ESO hace a un espadachín. El enorme conocimiento y la responsabilidad que se pone en nuestras espaldas y con los que debemos cargar.
Mi padre sonrió todo el tiempo mientras decía esas palabras.
\[“El conocimiento y la responsabilidad que se pone en nuestras espaldas...”\]. Una frase que lograría recordar toda mi vida, incluso en el día de mi muerte.
Al escuchar a mi padre decir eso, mis ojos se llenaron de emoción nuevamente. Con una sonrisa amigable, me devolvió la espada de madera y yo volví a golpear el tronco del árbol, pensando en diferentes situaciones en las que podría estar usando esa extensión de mi cuerpo.
Los días pasaban. Mi padre y yo entrenábamos diariamente, tanto con la espada como en mi estado físico. Corríamos alrededor del sector noreste. Luego, practicábamos los golpes e incluso teníamos combates simulados.
Mi madre, sin embargo, estaba sumamente preocupada por mi salud física. Decía que entrenar de esa manera a mi edad era demasiado peligroso, pero mi padre no escuchó sus palabras y seguimos practicando a diario.
Un día, mi madre salió temprano de casa, acompañada por Arisha, la criada. Quise ir con ella, pero me dijo que me quedara con mi padre, pese a que su mirada al decir eso no parecía muy convincente. Mi padre y yo entrenamos por unas horas, almorzamos, y yo ya estaba preparado para seguir con la rutina. Pero él tenía otros planes.
—Hiroshi, luego de almorzar, iremos a la Zona Comercial juntos. —¡¿En serio?!
En mi cabeza me imaginaba una situación preparada en la que yo pelearía con sus compañeros de aventura. Caminamos por el reino rumbo a la Zona Comercial. Mi padre no me revelaba nuestro destino, pese a la enorme cantidad de veces que le pregunté; su única respuesta era: "Es un secreto" o "Pronto lo sabrás. Sé paciente".
Era un niño impaciente, he de admitirlo. Mientras caminábamos nos topamos con varios soldados reales; mi emoción por acercarme a ellos era inimaginable. Corrí en su dirección. Su armadura plateada, reluciendo bajo el resplandor del sol, me fascinaba. No tenía palabras para describir mis sentimientos en ese entonces.
A diferencia de mi padre —quien llevaba una coraza negra, unos guantes, unas botas y una "capa" hecha con la piel de un monstruo que derrotó hace unos años—, los soldados reales llevaban una capa azul junto con una armadura plateada de cuerpo completo; los cascos no permitían ver sus rostros.
—Mis disculpas, señor. Mi hijo está... muy emocionado por los guardias reales. —No hay por qué disculparse, ¿señor...? —Sekkatsu. Mark Sekkatsu.
Mi padre hizo una reverencia, poniendo la mano sobre su pecho. El caballero estuvo a punto de devolver el saludo, hasta que su actitud cambió por completo.
—Ugh. Aléjese de mi vista, traidor.
Mi padre levantó la vista con un semblante serio y molesto. Me agarró de la mano y me alejó del guardia.
—¿P-papá? ¿Q-qué pasó? ¿Por qué ese guardia te llamó traidor? —N-no es nada, hijo. Son... asuntos que nunca atendí en su momento.
Luego de eso, nuestra caminata se volvió silenciosa. Al llegar a la Zona Comercial, las miradas de todos se concentraban en nosotros. Murmullos por aquí y por allá. Mi padre aceleró el paso, un poco cabizbajo y enojado.
Llegamos a una tienda. Mi padre entró rápidamente y cerró la puerta a sus espaldas. Suspiró con fuerza, logrando relajarse por fin. Volteó, me miró y me dirigió una sonrisa; me tomó de la mano y me guio hacia el interior del local.
—¡Oh! Señor Sekkatsu, es bueno verle de nuevo. ¿Qué le puedo ofrecer hoy? ¿Una nueva coraza? ¿Unas botas encantadas? ¿O tal vez quiera algo más personalizado?
Un hombre de baja estatura, con una barba muy pronunciada adornada con trenzas, salió a recibirnos.
—Es un gusto volver a verte, Egil. A decir verdad, quería que le prepararas algo para mi hijo. —¡¿Su hijo?! Santísima madre de la creación. No puedo creer que el joven Sekkatsu haya crecido tanto. —¡JAJAJAJA! Tranquilo, Egil. Solo quiero adelantarme a su futuro y otorgarle una buena espada. —Oh, señor Sekkatsu. Siempre sorprendiéndome. Venga, venga. Déjeme mostrarle nuestros productos.
El pequeño hombre nos llevó a la parte trasera de la tienda. Varias estanterías se alzaban ante nosotros, repletas de diferentes armas. Había hachas, espadas, dagas, cuchillos y demás cosas que, en su momento, no pude reconocer.
Mi padre hablaba con Egil sobre varios asuntos. Yo me dediqué a caminar y observar el arsenal. De todas las armas, solo un par atrajo mi atención: unas hermosas dagas de filo rosa, de aspecto muy peculiar, con la empuñadura completamente negra. Estuve contemplándolas por un buen tiempo, hasta que mi padre me llamó.
—Mira, hijo. Esta espada es maravillosa. —Me alegra oír sus halagos, señor Sekkatsu.
Miré la espada que mi padre sostenía. Era larga, forjada en un metal puro con diseños en la hoja, y poseía una empuñadura de metal enrollada en cuero.
—¿Y bien? ¿Qué te parece?
Levanté los hombros. No sabía qué responder. Mi padre me miró confundido.
—Ya viste algo que te gusta, ¿verdad?
Asentí y lo guié hacia las dagas que vi antes. Mi padre las tomó; no eran tan largas como la espada, pero su tamaño era ideal y otorgarían una buena velocidad de movimiento. Empezó a moverlas, cortando el aire.
—Dime, Egil. ¿Qué son estas cosas? —Uuh, veo que su hijo tiene buen ojo. Esas, señor Sekkatsu, son las dagas de Kyu Shing. Hechas en el mismísimo Continente Demoníaco, con un material que solo existe en ese lugar. El diamante Kyu Shing, duro como el metal e incluso más resistente. Aunque... hay un tema sobre esas armas; me las han devuelto veinte veces hasta el día de hoy, algunos clientes me han dicho que están malditas...
Mientras mi padre escuchaba la historia de Egil, yo me dedicaba a ver las dagas deslumbrar. Eran sumamente hermosas.
—Dime, Hiroshi. ¿Qué ves en estas dagas? —¿Qué veo?
Mi padre asintió. No entendía la pregunta del todo, pero conociéndolo, debía tener un trasfondo. Dudé en mi respuesta por unos segundos.
—Me veo a mí mismo. —Ya veo.
Mi padre sonrió ante esa respuesta. Agarró la espada que me había mostrado instantes atrás y llevó ambas armas al mostrador.
—M-mi señor. ¿E-está seguro de que quiere llevarse esas? —Por supuesto. Mi hijo será el responsable de ellas, al fin y al cabo. —D-de acuerdo... Le daré también una lista de los antiguos dueños. Ellos podrán darle más información sobre esas dagas.
Mi padre pagó por las armas, un par de cinturones y una armadura igual a la suya. Iniciamos nuestro camino a casa; la gente nos observaba de nuevo, pero esta vez mi padre lucía en completa paz. Al llegar a nuestro hogar, me pasó la mano enguantada por la cabeza mientras me sonreía.
—Oh, ya han llegado.
Mi madre también había regresado de su pequeña salida. Estaba sentada en la sala, tomando un poco de té. Desde las escaleras, apareció una pequeña pantalla de humo.
—¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡NIÑOS Y NIÑAS! ¡AQUÍ SE PRESENTA LA GRAN Y MARAVILLOSA... NITORI MOONLAGGER!
Mi tía Nitori apareció dando un pequeño salto.
—Oh, no...
La poca paz que mi padre sostenía era perceptible, y acababa de perderla.

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El Alma de la Eternidad (Novela)
Capítulo 5
El Alma de la Eternidad (Novela) Capítulo 4
Estás leyendo el capítulo 4 de El Alma de la Eternidad (Novela), un novela. Hiroshi Sekkatsu, hijo de Mark Sekkatsu y Tsugumi Moonlagger, nacido en el Reino Loreanti. Desafiará al mundo con sus habilidades mágicas y su dominio de la espada. Pero… ¿Será suficiente? Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2021. El Alma de la Eternidad (Novela) tiene 18 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.