Leer Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 84 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Kaz regresó al pasillo una vez más.
Su espalda ligeramente encorvada parecía aún más pequeña y frágil contra el imponente telón de fondo de la enorme torre de magos.
Saul levantó la vista.
La torre gris oscuro se alzaba ante él.
La mitad inferior de la torre solo tenía paredes sólidas, sin ventanas. Saul no sabía cuántos pisos había, pero se daba cuenta de que la torre no era más baja que un rascacielos moderno.
Majestuosa e imponente, solemne y digna.
Las marcas del tiempo le añadían un aire misterioso e histórico.
Pero para los aprendices, a quienes no se les permitía salir libremente, este lugar parecía más una prisión.
Al ver alejarse al mentor Kaz, Saul apartó rápidamente la melancolía.
Se frotó las manos, prácticamente babeando, mientras se inclinaba hacia esas hermosas flores, dignas de crédito.
Aunque no encontrara ninguna que diera frutos blancos, las azules o rojas también le servían, Saul no era exigente.
Caminó por el borde del campo, buscando un capullo que le “encajara”.
Pronto, Saul vio uno que le pareció especialmente bonito.
El tallo era recto y el capullo estaba hinchado, parecía lleno de vida.
Además, al acercarse, la flor se movió visiblemente, inclinando la cabeza hacia él.
Saúl lo decidió inmediatamente: esa era la elegida.
Memorizó la ubicación y el aspecto de la flor y luego se volvió hacia la cabaña de madera.
Mientras caminaba, sintió una extraña sensación en el tobillo, como si algo le rozara.
Miró hacia abajo y vio un fino zarcillo negro que se extendía desde el suelo, tan fino como una brizna de hierba.
Era suave y terso, difícil de distinguir si era una planta o un animal.
Pero cuanto más lo miraba Saúl, más familiar le resultaba.
Entonces lo comprendió: ¿no era ese el mismo zarcillo negro que había visto en el foso pantanoso de la habitación del mentor Rum?
Ahora era mucho más pequeño, ¡pero su aspecto era casi idéntico!
¡Así que el zarcillo era real después de todo!
Entonces, ¿qué hay de ese pantano negro? ¿También era real? ¿Este hermoso y tranquilo jardín estaba realmente sobre tierra firme?
Al recordar la imagen de un cadáver siendo arrastrado bajo tierra por ese zarcillo, Saúl sintió un escalofrío en el cuero cabelludo. Esa extraña sensación de roce ahora parecía un gusano peludo trepando por la pernera de su pantalón.
Rápidamente levantó el pie y salió corriendo hacia la cabaña de madera que había a la entrada del jardín para pedir ayuda al jardinero.
A través de la ventana, Saul vio al jardinero sentado dentro, de espaldas a él.
Tenía los brazos rígidos, extrañamente rígidos.
“Gar... “intentó llamar Saul, sintiendo que algo le envolvía la pierna de nuevo.
Pero antes de que pudiera terminar la palabra, un grueso tentáculo negro, tan ancho como un muslo, se disparó frente a él y se enroscó alrededor de su brazo izquierdo, tirando de él violentamente hacia la tierra.
El suelo, que momentos antes parecía sólido y seco, se derrumbó como barro.
...
Tierra suelta y guijarros se precipitaron sobre Saul.
Por más que luchaba, no podía evitar caer.
Al fin, dejó de resistirse, cerró los ojos con fuerza y agudizó los sentidos.
Comenzó a recitar el hechizo “Aliento abrasador”, dispuesto a golpear con una ráfaga cualquier cosa que se le acercara.
Entonces, la resistencia desapareció. Saúl, cubierto de barro de la cabeza a los pies, aterrizó con un fuerte chapoteo en un charco de lodo.
El tentáculo negro que le envolvía el brazo también desapareció.
Pero no se produjo el ataque esperado.
Saul se levantó del barro y se limpió la cara con las manos embarradas.
“¡Pffft!”.
Como había abierto la boca para recitar el hechizo, le había entrado una buena cantidad de barro asqueroso.
Al abrir los ojos, no vio nada más que oscuridad total, ni siquiera podía ver su propia mano delante de la cara.
El agujero que había sobre su cabeza parecía bloqueado por algo, ya que no entraba la luz del sol.
A tientas en la oscuridad, Saul se puso de pie. No chocó con nada.
El suelo bajo sus pies estaba empapado y desigual, y podía oír algo retorciéndose debajo.
Una cosa viscosa, resbaladiza por el barro, se deslizó por su tobillo, haciendo que Saul retrocediera asustado, y casi vuelve a caer en el fango.
En la oscuridad, cada sonido y cada contacto se amplificaban.
Lo desconocido le ponía los pelos de punta.
Saul se obligó a calmarse y utilizó su herramienta más familiar, la meditación, para examinar su entorno.
Pero, para su sorpresa, la meditación semiinmersiva, que siempre le había ayudado a detectar el peligro, no reveló nada.
Ni espíritus. Ni anomalías.
Limpio, inquietantemente limpio.
Justo entonces, algo volvió a moverse bajo sus pies.
Con una sacudida, Saul retrocedió.
Al girar la mano hacia atrás, golpeó algo duro: piedra.
Parecía una plataforma elevada sobre el barro.
La superficie estaba húmeda, pero era mejor que estar de pie en el fango.
Apoyándose con ambas manos, Saul se subió a la plataforma para escapar de los tentáculos.
¡Shh!
¡Shh!
¡Shh!
¡Shh!
En el momento en que se puso de pie sobre la plataforma, se encendieron linternas en sus cuatro esquinas, iluminando el espacio subterráneo.
El techo estaba a al menos tres metros de altura.
Tuvo suerte de haber caído en el barro y no haber golpeado el suelo firme, o esos tentáculos negros, en su caída.
La tierra de arriba se mantenía de alguna manera en su sitio. Aparte de un poco de tierra desmoronada y grava, nada más había caído con él.
A la luz de las linternas, ahora podía ver una zona espaciosa. Aparte de la plataforma en la que se encontraba, el resto estaba lleno de lodo grisáceo y negro.
Unos tentáculos negros y retorcidos, ¿o eran enredaderas?, se movían entre el lodo. Aparte de la ausencia de cadáveres, la escena era idéntica a la que había visto en la habitación del mentor Rum.
Los tentáculos negros no parecían hacer daño a los seres vivos. Solo le habían rozado las extremidades, pero no le habían atacado.
Aun así, ¿por qué le habían arrastrado hasta allí?
“Uf... el barro se me ha metido por el cuello. Qué asco. Tengo que aprender Limpiar como próximo hechizo.
Saul se quitó la túnica exterior, evitando con cuidado la parte más sucia, y se limpió la cara con un trozo de tela más limpio.
“En realidad... quizá debería dar prioridad a Luz. Sin él, estoy prácticamente ciego en sitios como este.
Las linternas familiares aliviaron el miedo de Saul al espacio subterráneo.
Su presencia significaba que este lugar seguía formando parte de la torre del mago. Pero el polvo y el musgo de la plataforma sugerían que hacía mucho tiempo que no se utilizaba.
Al volverse, Saul finalmente se fijó en la disposición de la plataforma.
Era cuadrada, de unos cinco metros de lado, con dos bancos de trabajo en el centro. Había cristales rotos esparcidos por todas partes.
Se acercó y vio un hueco entre las mesas, lo suficientemente grande como para que cupiera un adulto medio.
“Alguien debe de haber hecho experimentos aquí... pero, por alguna razón, abandonaron el lugar”.
Sus huellas embarradas estropeaban el musgo oscuro que cubría la plataforma.
Rodeó el borde de la plataforma. Más allá había más lodo, que se extendía más allá del alcance de la luz de la linterna. Desde la distancia parecía tierra, pero no se veía ningún camino claro para salir.
“No me parece seguro adentrarme en esa dirección”. Saul miró hacia arriba. “Quizá debería intentar salir trepando”.
Intentó levantar uno de los bancos de trabajo. Era pesado, pero manejable.
De pie sobre ella, no llegaba al techo. Pero si apilaba ambas mesas, tal vez podría agarrarse al suelo que había encima.
Con suerte, encontraría un punto donde apoyar los pies o una forma de pedir ayuda.
Aunque el jardinero podría venir a buscarlo si tardaba demasiado, Saul no era de los que se quedaban esperando a que los rescataran.
Agarró un extremo de la mesa y empezó a arrastrarla hasta su sitio.
¡Screeeee!
Se oyó un chirrido agudo cuando las patas rozaron la plataforma de piedra, dejando marcas negras.
El ruido pareció agitar el lodo circundante, que empezó a burbujear.
Saul se quedó paralizado y observó con atención.
Aunque los tentáculos aún no le habían hecho daño, no se sentía capaz de luchar contra algo tan enorme y misterioso.
Unos tentáculos negros se alzaron del lodo, retorciéndose y extendiéndose hacia la plataforma, pero parecían estar restringidos de alguna manera, incapaces de alcanzar la plataforma.
Saúl esperó y, una vez que estuvo seguro de que aquellas cosas no subirían, reanudó el traslado de la mesa.
Entonces, plop, algo aterrizó en su hombro izquierdo.
Y algo frío y resbaladizo se deslizó por su mejilla.
Se quedó paralizado. Sus ojos se desplazaron lentamente hacia la izquierda.
Algo parecido a una maraña de algas se movía en su hombro.
No, no tenía dientes, solo pequeños tentáculos filiformes, todos negros. Si no fuera por su pequeño tamaño, se parecerían a los enormes que había en el lodo.

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Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 84
Estás leyendo el capítulo 84 de Diario de un Mago Muerto (Novela), un novela. Saul se adentra en un mundo mágico lleno de misterios espeluznantes y crisis mortales. Decidido a sobrevivir, decide superar todos los obstáculos y convertirse en mago. Sin embargo, en este mundo aterrador, tanto los… Este capítulo tiene publicado el 27 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Diario de un Mago Muerto (Novela) tiene 1037 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.