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Leer Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 41 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Era el malvado rito sacrificial de los bárbaros. Empoderados por fuerzas malignas, las heridas de los muertos, cortados por la mitad, se sellaban con barro y ceniza. No fluía sangre, solo se veían medias caras retorcidas por la desesperación. Una mitad miraba fijamente a la hoguera, la otra a la noche profunda. Brown estaba inmovilizado en el fango, con la boca tapada con la mano de su hermana. Los dos yacían uno al lado del otro en el pantano, con el rostro cubierto de barro espeso, dejando solo dos pequeños orificios para respirar y una rendija minúscula para ver el mundo exterior. Ni siquiera se atrevían a derramar lágrimas por miedo a que las gotas saladas lavaran el barro y revelaran su presencia. Eso se convirtió en la pesadilla eterna de Brown. Nunca había imaginado que algún día volvería a presenciar una escena así. Claramente habían pasado años. Pensaba, creía de verdad, que lo había olvidado hacía mucho tiempo. Brown temblaba mientras se agarraba la cabeza, se tapaba los oídos y apretaba los ojos con fuerza. No se atrevía a mirar, a ver si esos pies opuestos pertenecían a cuerpos partidos. Su mano derecha aún agarraba el cordón negro atado a la cuenta perfumada, rezando para que pudiera alejar esos recuerdos aterradores. “Brown.” De repente, una voz familiar le susurró al oído. “Ya está todo bien, hermanito. ” Brown dejó de temblar. Lentamente, levantó la cabeza. “Hermana... hermana... ” Una chica del pueblo, de aspecto sencillo, sonrió con ternura a su hermano. Al ver su rostro pálido, continuó consolándolo con suavidad. “No pasa nada, hermanito. Ya se” han ido todos. ” “Ke-ke-ke-ke... Pero los dientes de Brown comenzaron a castañear violentamente y sus labios perdieron todo su color, volviéndose mortalmente pálidos. “Hermana... ” La chica del pueblo lo miró desconcertada y dio un paso adelante, extendiendo una mano cubierta de barro. “Hermano, ¿de qué tienes miedo? ” Brown cayó al suelo con un golpe sordo. Intentó retroceder, pero sus miembros estaban rígidos, incapaces de moverse ni un centímetro. ¿Cómo no iba a tener miedo? Su hermana no había sobrevivido a aquella masacre. No, su hermana no había muerto en aquella masacre. Había muerto a manos de su propio hermano menor. ... Los hermanos escondidos en el barro no habían escapado de los agudos sentidos de los bárbaros. Pero antes de que pudieran ser descubiertos, un grupo de aprendices de mago llegó por casualidad, interrumpiendo la inminente matanza. Llegaron en carruajes desde lejos. Al verlos, los bárbaros entraron en pánico y huyeron apresuradamente, sin siquiera llevarse todas sus ofrendas sacrificiales. Afortunadamente, esos bárbaros no escaparon de la justicia. Uno de los aprendices se lanzó en su persecución. Entre truenos y relámpagos, Brown observó con asombro cómo los bárbaros, antes arrogantes y con crueles sonrisas, quedaban reducidos a montones de carbón negro. Brown abrió los ojos como platos. A pesar del agua fangosa que le escocía, se negó a parpadear. Aguantó el dolor y observó cómo el aprendiz regresaba al carruaje y se acercaba lentamente a él y a su hermana. Los hermanos salieron gateando del barro y cayeron de rodillas, agradeciendo al mago por salvarles la vida. Pero más allá de la gratitud, un nuevo y incontrolable deseo se encendió en el corazón de Brown. Había llegado un punto de inflexión en su destino. Si podía seguir a este hombre, ¿podría convertirse también en mago? Brown se vio a sí mismo volando por los aires, matando sin esfuerzo a sus enemigos. Convertirse en mago: ¡esa era la vida que se merecía! Pero el sueño no duró mucho. Se hizo añicos de forma cruel. Tras las desesperadas súplicas de su hermana, el mago accedió a llevárselos. Pero solo a uno. El otro se quedaría atrás. Porque, según dijeron, solo había sitio para uno más en el carruaje. Brown no lo entendía. Había dos carruajes: uno abarrotado con más de una docena de niños y otro más espacioso, en el que solo iban los dos magos. Y, sin embargo, el único carruaje en el que les permitieron subir era el que estaba abarrotado. Viajar con los magos era una forma de blasfemia. El mago que manejaba los rayos se volvió hacia su compañero y le preguntó: “¿Te llevas al chico? Parece que tiene potencial”. Pero el mago pálido señaló con firmeza a la hermana de Brown. “No. Quiero una sirvienta. ” “Las sirvientas no sirven para mucho. ” El mago pálido insistió: “No lo entiendes. Una sirvienta representa la justicia. ” El mago de los rayos se encogió de hombros, sin protestar más, y sorprendentemente aceptó la decisión. El rostro de Brown se volvió aún más pálido que el del mago. ¿Iba a quedarse atrás? Miró a su hermana con impotencia. ¡Dilo! ¡Rápido! ¡Diles que me lleven! ¡Quédate tú aquí! ¡Dilo! Siempre me has querido. ¡Siempre me has dado lo mejor! ¡Dilo! ¡Deja que me lleven y, cuando sea mago, volveré a por ti! Pero la chica que siempre lo había protegido ahora solo bajaba la cabeza, retorciendo el dobladillo de su camisa con manos temblorosas. Estaba dudando. Brown no podía creerlo. Se agachó en silencio, sintiendo ya la desesperación. Al ver a su hermano encogido sobre sí mismo, la chica finalmente tomó una decisión. Abrió la boca, temblando, con la voz llena de amor y tristeza. “Mi... mis señores, por favor... llévense a mi hermano... ” ¡Clang! No pudo terminar. Una piedra la golpeó en la nuca y la tiró al suelo. Brown se quedó mirando, en estado de shock. Ella se agarró la herida sangrante y lo miró, con incredulidad en los ojos. Esa conmoción se convirtió rápidamente en furia. Estaba enfadada. Pero Brown nunca se había sentido tan lúcido. Tan lúcido. Ella estaba enfadada, así que ya no le cedería el puesto. Dio un paso adelante sin emoción. ¿Cuánta fuerza podía tener un pobre chico? Enderezó la espalda, respirando con dificultad, y miró con ojos esperanzados a los magos que habían observado con calma todo lo que había sucedido. “Señores, ahora solo quedo yo. ” El mago pálido se pellizcó la nariz como si Brown apestara a suciedad. “Je, vinimos a reclutar aprendices y nos encontramos con una bestia”. El mago del rayo no dijo nada. Ambos se dieron la vuelta y regresaron al carruaje, sin impedir que Brown se subiera por su propio pie al vagón de los niños. ... Los recuerdos afloraron. Su hermana, a quien una vez había destrozado, estaba ahora de nuevo ante él con un rostro perfecto. “Esto es una ilusión”, se dijo Brown. “No puede seguir viva. Después de todos estos años, ni siquiera su fantasma vendría a por mí”. Creía que ya no era aquel niño pequeño que se aferraba a su hermana con terror. Solo una ilusión... ¿De verdad creía que podía asustarlo? Brown levantó la cabeza y miró fijamente a la cara de su hermana, levantando el puño. “No te tengo miedo. ¿Qué puedes hacer ahora? ” Su hermana sonrió. Por supuesto, sus labios. ¿Por qué eran tan perfectos? Mirando fijamente los labios rojos, Brown volvió a levantar el puño. Una mano lo agarró con firmeza. Brown levantó la vista y vio a Sid de pie ante él, mirándolo con frialdad. ¡Así que era una ilusión! Tenía que ser una prueba del maestro Sid. Por eso la cuenta perfumada no había surtido efecto. “¡Mi señor! “Brown sonrió”. ¿He pasado la prueba?
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Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 41

Estás leyendo el capítulo 41 de Diario de un Mago Muerto (Novela), un novela. Saul se adentra en un mundo mágico lleno de misterios espeluznantes y crisis mortales. Decidido a sobrevivir, decide superar todos los obstáculos y convertirse en mago. Sin embargo, en este mundo aterrador, tanto los… Este capítulo tiene publicado el 23 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Diario de un Mago Muerto (Novela) tiene 1037 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.