Leer Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 40 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Instintivamente, Duke no quería que nadie supiera que Saul, con quien se había enfrentado una vez, estaba siendo ahora muy reutilizado por Mentor Kaz.
"Entonces ten por seguro que no hay forma de que pase la primera prueba. ¿No has visto lo hambriento de magia que parecía durante la clase de runas? No importa lo rápido que alguien aprenda, si no puede lanzar ninguna hechicería, ¿de qué sirve?". Doze, todavía amargado por haber sido reprendido por Saul, habló con clara hostilidad.
Incluso añadió maliciosamente: "Por lo que dijo el maestro Gudu, cualquier aprendiz que suspenda la prueba será castigado. Quién sabe, ¡quizás Saul vuelva a ser un sirviente! ¿Verdad, Rocky?"
"Sí", respondió Rocky con tristeza.
"¿Ah?" La voz de Jenna tenía un tinte de lástima. "Eso es un poco triste, sin embargo."
"Sí", añadió Rocky rápidamente.
Al ver a su amigo echar miradas furtivas a Jenna, Doze puso los ojos en blanco.
Justo cuando el grupo cotilleaba animadamente, se abrió la puerta de la habitación 603.
La charla cesó al instante.
Saul salió del dormitorio, se dirigió a la vecina habitación 604 y llamó a la puerta. Llamó a Keli, que estaba inmersa en sus estudios.
"¿Consiguió la torre algún nuevo aprendiz?"
"¿Hmm? Sí, ¿por qué?" Keli, que aún sostenía un grueso rollo de pergamino, miró a Saul con sorpresa. "No creí que te importaran ese tipo de cosas".
"¿Hay alguien entre ellos con una fuerte afinidad oscura?" preguntó Saúl.
Keli extendió las manos sin expresión, y el pergamino golpeó el marco de la puerta con un sonido sordo. "¿Y crees que a mí me importan esas cosas?".
Saúl volvió a quedarse sin palabras ante Keli y no pudo evitar reírse.
"Me imaginé que tendrías curiosidad por un nuevo genio".
"Nuestro progreso ya ni siquiera es comparable. Volveremos a hablar cuando alguien nos alcance", dijo Keli, enarcando una ceja hacia Saul, con una mano bajo la barbilla. "Pero pareces muy curioso. ¿Quieres que lo averigüe por ti?"
"No es necesario."
Con una mirada misteriosa, Saúl se cruzó de brazos y se marchó, dejando a Keli allí de pie, completamente desconcertada.
"¿A qué demonios está jugando? ¿Intenta torturar mi curiosidad?"
Keli frunció los labios, pensativa, pero cuando vio a alguien caminando hacia ella por el rabillo del ojo, se metió dentro y cerró la puerta de un portazo.
Duke se llevó todo el peso de aquel portazo, y la sonrisa amistosa de su rostro se agrió al instante.
Detrás de él se oyó una carcajada burlona que le hizo apretar los puños y desear abrir la puerta de un golpe.
Pero a estas alturas, todo el mundo sabía que Keli se había convertido en la favorita del mentor Guduo. A menudo la traía para que recibiera instrucción directa y personal.
Era un nivel de trato especial con el que la mayoría de los aprendices sólo podían soñar.
Entre los nuevos aprendices, corría el rumor de que ella sería la primera en ascender al Segundo Rango e incluso podría alcanzar pronto el Tercer Rango.
Innumerables personas ansiaban acercarse a ella. Hasta el más mínimo recurso de ella podía bastar para ayudar a alguien a sobrevivir a las pruebas de aprendiz.
Sin embargo, Keli, por alguna razón insondable, sólo quería estar cerca de Saul.
Toda su calidez y alegría estaban reservadas únicamente para él.
Sin quererlo, esto no hizo sino aumentar el resentimiento que los demás sentían hacia Saúl.
Pero al propio Saúl, el blanco de todo este resentimiento, no podía importarle menos.
3:30 a.m.
Saúl abrió los ojos de golpe. La bruma del sueño se disolvió como una marea en retirada y la claridad volvió a su mente.
Hacía unos días, su antiguo criado George le había entregado una copia de la lista de turnos.
Hoy le ha tocado a Brown, uno de los lacayos de Sid, limpiar los pasillos.
Saul se vistió rápidamente, sacó el Ojo del Sonido Fantasma cuidadosamente conservado y salió del dormitorio.
Brown, más alto que Saul por una cabeza, se encorvaba mientras empujaba un carro por el pasillo inclinado de la torre oeste.
De vez en cuando le tiraba del cuello.
La temperatura dentro de la torre no era baja, pero el frío parecía omnipresente.
Desde que aquel maldito Saul se había convertido en un maldito aprendiz, Brown se vio obligado a volver a las tareas de limpieza de los pasillos.
Era el trabajo de mayor riesgo entre los sirvientes. Algunos salían en mitad de la noche y nunca volvían. Podían ser diez días. Podían ser meses. La gente simplemente desaparecía.
"Bastardo con suerte, ese George. Ya besando a Saúl. "
George había sido reasignado por el delegado y ya no participaba en los turnos de limpieza de medianoche.
Ahora todos los sirvientes masculinos comprendieron que Jorge se había agarrado a la pierna de Saúl.
Inmediatamente cambiaron de tono, elevando al otrora intimidado George a un pedestal.
George dormía ahora en el extremo opuesto del dormitorio, ocupando el lugar original de Brown.
Brown, al haber perdido estatus, no era acosado abiertamente, pero todo el trato especial que antes tenía había desaparecido. Tuvo que hacer un trabajo que antes no tocaba.
Y eso significaba peligro.
Aun así, Brown no estaba completamente desprevenido. Cuando se trataba de estos traicioneros turnos nocturnos, tenía poca confianza en su supervivencia.
Desde que Saúl se había convertido en aprendiz, aquel aprendiz de Segundo Rango no había vuelto a buscarle. Pero antes de eso, el mismo aprendiz le había regalado una herramienta que le había salvado la vida.
Brown volvió a tirar de su cuello y metió la mano bajo él para tocar una pequeña cuenta perfumada.
Era una cuenta translúcida, del tamaño de un pulgar, ensartada en un cordón negro. En su interior había un diminuto insecto negro, suspendido como el ámbar.
Brown no sabía lo que era, pero el aprendiz de Segundo Rango le había asegurado que el abalorio podía protegerle de las amenazas espectrales ordinarias.
Había sido un pago por adelantado por atormentar a Saúl.
Por desgracia, una vez que Saúl abandonó las filas de los sirvientes, aquel aprendiz ya no le sirvió de nada, pues Brown nunca volvió a reconocerlo, y mucho menos a tomarlo como sirviente personal.
Si las cosas hubieran salido de otra manera, hasta el mayordomo le habría hecho una reverencia.
Dejando a un lado la amargura, Brown sintió un poco de satisfacción. Con este objeto mágico, no había perdido del todo.
Sin embargo, la euforia que le produjo la cuenta no duró mucho. La inquietante atmósfera de la torre no tardó en agobiarle de nuevo.
"¿Cuándo diablos podré irme de este lugar olvidado de Dios? Si hubiera sabido que estaría atrapado como sirviente para siempre, debería haber vuelto a cultivar en la aldea".
Arrepentirse no tenía sentido, sólo agotaba su voluntad.
Brown dejó escapar un largo suspiro y siguió empujando el carro.
Permaneció callado mientras doblaba la esquina hacia el sexto piso.
De repente, las ruedas del carro se atascaron en una grieta entre las piedras. Por mucho que empujara, no se movían.
"¿Y ahora qué demonios?" Brown se puso en cuclillas, molesto, tratando de levantar la rueda.
Fue entonces cuando vio un pie pisar la piedra justo delante del carro.
Un descalzo espantosamente pálido, casi morado, delgado y huesudo.
A continuación, otro pie aterrizó a su lado, orientado en dirección contraria, con el talón hacia él.
Los dos pies eran perfectamente opuestos.
Diablos, no.
A Brown ya no le importaba el carro. Sacó la perla perfumada de debajo del cuello y la levantó por encima de su cabeza, con los ojos entrecerrados, rezando para que le protegiera del horror que tenía ante sí.
No pasó nada durante un tiempo.
Abrió un ojo.
Y se le erizaron todos los pelos del cuerpo.
Ahora estaba rodeado de pies descalzos. Alrededor de él y de los pies del carro, por todas partes.
Cada uno era un par desparejado, uno hacia delante y otro hacia atrás. No había dos pares iguales. Algunos pertenecían a adultos, otros a niños, otros a Ancianos.
"Hhh hhh"
Brown temblaba con cada respiración.
La escena que tenía ante sí era totalmente grotesca.
Pero aún más aterrador que el horror era la familiaridad.
Ya lo había visto antes.
Cuando tenía diez años.
Los bárbaros habían invadido su aldea, recogiendo todo ser viviente que encontraban.
Tanto personas como animales fueron partidos en dos, uno hacia delante y otro hacia atrás, empalados en estacas y dejados colgando en el aire.

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Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 40
Estás leyendo el capítulo 40 de Diario de un Mago Muerto (Novela), un novela. Saul se adentra en un mundo mágico lleno de misterios espeluznantes y crisis mortales. Decidido a sobrevivir, decide superar todos los obstáculos y convertirse en mago. Sin embargo, en este mundo aterrador, tanto los… Este capítulo tiene publicado el 13 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Diario de un Mago Muerto (Novela) tiene 1037 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.