Leer Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo! (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En el momento en que le mostré el oso a la niña, todo se detuvo.
El traqueteo. El temblor.
Solo pude observarla, con el corazón latiendo con fuerza, mientras sus ojos negros permanecían fijos en el oso de peluche, sin parpadear.
Puede que no lo quiera, pero por ahora basta para detenerla.
El oso tenía ese efecto...
Y eso era exactamente lo que quería mientras daba un paso hacia ella.
—¿Te gusta? Se ve lindo, ¿verdad?
Sacudí ligeramente el oso de peluche mientras mis ojos recorrían la habitación. Estaba casi vacía; solo lo esencial ocupaba el lugar: una cama, un armario y un pequeño escritorio. La habitación se sentía más como un trastero que como un dormitorio.
Nada más.
También era mucho más pequeña que las otras habitaciones que había cruzado para llegar hasta aquí.
Parecía más bien un armario de almacenamiento convertido en dormitorio.
—¿Oso...?
La niña inclinó la cabeza mientras miraba el oso de peluche, parpadeando con sus grandes ojos.
Sonreí antes de acercarme un poco más a ella.
—Sí, un osito de peluche.
Los pequeños detalles, junto con todo lo que había escuchado, me decían todo lo que necesitaba saber sobre su situación. Mientras me acercaba y me inclinaba lentamente para encontrar su mirada, acerqué el oso hacia ella.
—Tócalo.
—...¿Puedo?
Se veía dudosa.
No, no solo dudosa... también parece asustada.
Apreté los labios mientras lo acercaba más.
—No te preocupes. No te haré daño.
Aunque tampoco podría...
—El oso tampoco te hará daño.
—¿De verdad?
La niña extendió su pequeña mano hacia el oso.
Y entonces—
Su mano finalmente tocó el peluche, y sus pequeños ojos comenzaron a abrirse con sorpresa.
—Suave...
—¿Verdad?
Acerqué más el oso hacia ella.
—Puedes quedártelo si quieres.
Sentí un leve pinchazo en el corazón al ofrecérselo. No era precisamente barato, pero al pensar en los puntos que pronto recibiría por las ventas del juego, me sentí mucho más tranquilo.
Además, necesitaba hacer esto para preservar mi vida, así que...
—...
La niña dudó un momento. Pero luego, al ver que realmente quería dárselo, extendió las manos para tomarlo e intentar atraerlo hacia sí.
Al mismo tiempo, la negrura de sus ojos comenzó a aclararse.
...
La palabra clave:
Intentar.
En el momento en que sus dedos tocaron el oso, este no se movió.
Permaneció firme en mi agarre.
—¿Eh?
Miré el oso, atónito.
Luego la miré a ella.
—No, espera...
La oscuridad en los ojos de la niña reapareció mientras me observaba, y un peso sofocante oprimió mi pecho.
Por un segundo, no pude respirar. Su mirada me atravesaba de forma asfixiante.
Me esforcé por recuperar el aliento.
—No, no... no estoy mintiendo.
Intenté empujar el oso hacia ella mientras soltaba el agarre, pero entonces me di cuenta de que no podía.
Mis manos...
Se negaban a soltar el oso.
Mierda.
De pronto recordé la descripción del objeto, y mi estómago se hundió.
¡Traqueteo! ¡Traqueteo!
Una vez más, el entorno comenzó a sacudirse.
La habitación volvió a temblar. Las cortinas se agitaban, y el sonido de pasos fuera de la puerta se volvía cada vez más fuerte y pesado.
Los sirvientes...
Venían.
Me mordí el labio mientras miraba el oso de peluche en mi mano.
Suéltalo. Suéltalo.
Una oleada de ansiedad me recorrió. Jamás en mi vida pensé que mi supervivencia dependería de algo tan simple como soltar un oso de peluche.
Y aun así, aquí estaba, exactamente en esa situación.
¡Traqueteo!
El temblor se intensificó, y los pasos detrás de la puerta se volvieron cada vez más apresurados.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, retumbando en mi mente.
Ba... thump. Ba... thump.
Pero incluso pese a todos mis intentos, mis manos se negaban a soltar el oso.
Era como si estuvieran pegadas a él.
Me giré hacia la puerta. Los sirvientes se acercaban. No tenía otra opción.
Desesperado, me mordí la lengua.
—...¡!
En el instante en que lo hice, el dolor atravesó mi boca como fuego.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!
No me contuve. Mordí con más fuerza, mi rostro retorciéndose de dolor.
Pero justo en ese mismo instante, el traqueteo se detuvo.
—Hehe.
Una suave risita, casi inocente, resonó en el silencio.
Los pasos se detuvieron.
Giré la cabeza.
Allí, sobre la cama, la niña estaba jugando con el oso de peluche. Sus ojos negros, que antes eran completamente oscuros, comenzaban a aclararse, y parecía... casi feliz.
—...Hehe.
Su risa era ligera, como si no hubiera salido de ella en mucho tiempo.
Por un breve momento, olvidé el dolor en mi boca.
El brillo en sus ojos era como el de alguien que había encontrado algo que nunca antes había visto.
Era casi como si... esta fuera la primera vez que jugaba con un oso de peluche.
Quizá realmente sea así.
Miré hacia los sirvientes junto a la puerta. Sus rostros estaban ocultos, sus cuerpos parecían sombras. Podía sentir su presencia allí, esperando, pero no se movían.
Este lugar... la razón por la que no tienen rostro...
Entonces lo entendí.
Esto era una reconstrucción de sus recuerdos del pasado. Los sirvientes no tenían rostro porque ella no podía recordar ninguno, y lo mismo se aplicaba a sus padres, que solo aparecían como pieles vacías colocadas en los platos.
En ese sentido...
Ella era la clave de todo.
—¿Te gusta...?
Y cuando hice esa simple pregunta, vi que volvía a mirarme.
La oscuridad en sus ojos seguía allí, pero era mucho menor que antes.
Sostuve su mirada mientras ella sostenía la mía.
Finalmente, apretando el oso de peluche con fuerza, asintió con su pequeña cabeza.
—...Sí.
—¿De verdad?
Le sonreí mientras retiraba mi mano.
—Entonces puedes quedártelo.
—...
La niña parpadeó, bajando la mirada hacia el oso.
—¿Puedo?
—Claro.
—¿De verdad?
—De verdad.
—¿De verdad? ¿De verdad?
—Sí.
—...
Tras una breve pausa, una sonrisa floreció en el rostro de la niña mientras abrazaba el oso con fuerza. La oscuridad en sus ojos casi había desaparecido por completo.
Mientras la observaba, extendí la mano hacia ella.
—¿Tienes hambre?
—...?
Su mirada volvió a mí, confundida.
Recordé lo que había dicho antes y continué:
—Escuché que tenías hambre. Puedo darte comida. ¿Quieres?
—¿Comida?
—...Sí.
Las pequeñas manos de la niña se apretaron alrededor del oso por un momento, luego se relajaron ligeramente. Se llevó las manos al estómago, y fue entonces cuando noté lo delgados que eran sus brazos. Volví a fruncir los labios.
Finalmente, extendió su pequeña mano hacia mí.
Abrí la boca, pero pronto la cerré mientras tomaba su mano.
Estaba fría.
—Vamos.
La guié suavemente hacia la puerta.
—Te llevaré a comer.

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Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo! (Novela)
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Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo! (Novela) Capítulo 75
Estás leyendo el capítulo 75 de Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo! (Novela), un novela. [Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo!] Odio el terror. Desde el sonido de los pasos a toda velocidad detrás de mí, hasta los susurros suaves pero inquietantemente fríos que se enroscan en… Este capítulo tiene publicado el 7 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Desarrollador de juegos de terror: ¡Mis juegos no dan tanto miedo! (Novela) tiene 290 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.