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Leer Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 513 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Se sentaron juntos bajo las estrellas; el aire nocturno les azotaba, gélido y amargo, y solo el tenue calor del té en sus manos les ayudaba a combatir el frío. Era perfecto para el estado de ánimo de Shen Yu. Contar su historia lo había agotado de maneras que jamás habría imaginado. Nunca antes de Jin le había contado a nadie lo que sabía, no desde su perspectiva de esta manera, ni siquiera a Ge. Era algo crudo y doloroso, incluso después de tanto tiempo. Era una admisión de debilidad. Una debilidad que la Espada Inconquistable no podía, no debía tener. Una parte de él se preparaba para una reacción negativa de Jin. Otra parte temía no haber dicho nada, en lugar de dañar su reputación ante su nieto. Había muchos que preferían verlo morir en la cima de la montaña que verlo caer de ella. “Siempre me pregunté por qué” dijo Jin finalmente, con la mirada fija en el horizonte. “Por qué te importaba. Por qué te desviviste tanto por un simple niño huérfano, por qué me elegiste a mí en lugar de a tu plan para tu legado. Se volvió hacia Shen Yu y le dedicó una leve sonrisa. “Me alegro de habernos conocido, abuelo. Y me alegro de haber podido ayudar, aunque no lo supiera”. En sus ojos no había reproche ni condescendencia. Sus brazos se extendieron y rodearon a Shen Yu. Eran gruesos y fuertes, demasiado musculosos para un cultivador, y parecían murallas de una fortaleza. Fue como cuando Qinxiao lo abrazó. Incluso la Espada Inconquistable, por un instante, dejó de estar alerta y pudo descansar. Shen Yu se dejó llevar por el contacto, su respiración entrecortada por un instante antes de disipar la vacilación. Simplemente abrazó a su hijo, que, a pesar de todo, había resultado ser un buen hombre. Quizás más tierno y gentil de lo que un verdadero cultivador debería ser. Y, sin embargo, esa ternura tenía su razón de ser. Una ternura que impulsó tanto a las Bestias Espirituales como a los cultivadores a emprender un camino para cambiar el mundo según la visión de Jin. No por ingenuidad, pues había presenciado los verdaderos males del mundo, sino porque comprendió que podía ser mejor que el statu quo. Cai Xiulan lo expresó mejor. Se suponía que los cultivadores debían desafiar a los Cielos. ¿Qué eran si ni siquiera podían desafiar a la Tierra? Se separaron al instante. El mundo se veía borroso, pero Shen Yu se secó las lágrimas de los ojos. “Entiendo por qué. Si algo les pasara a Meimei y Zhuye, no sé qué haría” susurró Jin. “¿Renunciaría a tener hijos para siempre? No lo sé. Es fácil opinar sobre cómo deberían ser las cosas cuando uno no sufre. Pero abuelo, hay una parte de tu historia que no entiendo. Dijiste que lo arruinaste. Que fueron tus acciones las que provocaron que todo terminara así, pero no veo cómo eso puede ser cierto. Las palabras de Jin fueron a la vez un bálsamo para su alma y una flecha para su corazón. Casi se apartó de su nieto, con los ojos muy abiertos. La ira le subió al pecho. “¡No fue culpa de Qinxiao!”, ladró Shen Yu. No podía ser culpa suya. Ella era mejor que eso; sin embargo, su furia se congeló al ver el rostro de Jin. Estaba tranquilo. No reaccionó al arrebato de Shen Yu, ni a la intención que lo oprimía. “No dije que fuera culpa suya” respondió Jin sin rencor. Cargó con la ira de Shen Yu y no le guardó rencor por ello. Podía ver en los ojos de Jin que sabía que sus palabras serían dolorosas… pero todo sin malicia. “Entonces, ¿quién debería asumir la culpa del monstruo en que se convirtió?” preguntó Shen Yu. “Él era mi responsabilidad. Mis decisiones me llevaron a ese punto. “Si hubiera matado a uno de tus vasallos cuando era niño, ¿lo habrías disciplinado?” preguntó Jin. Shen Yu hizo una mueca ante la pregunta. La respuesta era una que ya conocía, incluso tan lejana a ese pasado. Sus vasallos eran como familia para aquellos a quienes debía proteger. Había jurado protegerlos, y ni siquiera su hijo estaba exento de ese juramento. "Sí." “¿Intentaste enseñarle sobre los Honrados Fundadores de la Secta de la Espada Nublada? ¿Intentaste enseñarle rectitud y honor?”, siguieron las preguntas, y Shen Yu se preguntó a dónde iba todo esto. “Sí” respondió Shen Yu. “Pero debí haber insistido más. Debí haberlo obligado a escuchar… “¿Y habría interiorizado esas lecciones? ¿O simplemente las habría resentido aún más? ¿Me obligó a cambiar de opinión?” Shen Yu hizo una pausa. La observación de Jin era aguda, penetrando directamente en algo que Shen Yu consideraba absoluto. Se quedó sin palabras. “¿Luchaste todas sus batallas por él? ¿Aplastaste a cualquiera que se atreviera siquiera a mirarlo? ¿Apoyaste a tu hijo, incluso cuando hizo algo mal?” Shen Yu no lo había hecho. Negó con la cabeza, sin decir palabra. “Entonces parece que fuiste mucho menos permisivo con él que muchos otros Jóvenes Amos. Jóvenes Amos que nunca ven las consecuencias. Jóvenes Amos que corren a los brazos de papá y papá les resuelve todos sus problemas; e incluso entonces, algunos de esos problemas no resultan ser tan malos, ¿verdad?” No lo hicieron. Incluso alguien muy querido por Shen Yu podría haber sido así. El hermano Ran era el heredero de una de las familias nobles más grandes y prominentes del Imperio. Su padre le había dado todo lo que deseaba. Su madre lo adoraba. Su hermana mayor lo trataba como a su propio primogénito; incluso los sirvientes de la casa le prodigaron atenciones al Joven Maestro la única vez que lo visitaron. Para Shen Yu, había sido realmente sorprendente la cantidad de mimos que todos le proponían. Podría haber vivido toda su vida sin conocer ninguna dificultad. Jamás le habrían dicho que no. La disciplina era un concepto totalmente ajeno para él hasta que se unió a la Secta de la Espada Nublada, según admitió él mismo. Sin embargo, cuando abandonó su nido y el mundo finalmente le mostró su verdadera cara, sin nadie en quien apoyarse más que en sí mismo… el “princesito mimado” prosperó. No solo prosperó, sino que llegó a encarnar la voluntad de los Fundadores Honrados, un hombre que no despreciaba a quienes eran inferiores a él, sino que, por el contrario, los impulsaba a estar a su lado. El alma de Shen Yu se estremeció ante la calma implacable de las palabras de Jin. Estas atravesaron una coraza de acero y penetraron con cautela en un santuario del alma de Shen Yu, un lugar sagrado donde yacían sus verdades. Una verdad, grabada a fuego en él aquel día: que la culpa era de Shen Yu. “Bu me echó la culpa” susurró. “Mi hijo me echó la culpa de todo lo que pasó. Sus pensamientos seguían siendo crudos y deshilachados, una herida abierta, una mancha en la espada de Shen Yu. “¿Te culpó él? ¿O te culpaste tú mismo por cómo resultaron las cosas?” respondió Jin. Una vez más, las palabras hirieron profundamente. El pecho de Shen Yu latía con fuerza. Buscó una respuesta… y no la encontró. Nunca antes se había hablado de esta parte de su vida. Nunca se había puesto en tela de juicio, y Shen Yu cortó de raíz cualquier discusión antes de que pudiera empezar. Simplemente fue algo que fue. “No lo sé” dijo Shen Yu. “¿Qué edad tenía Bu cuando sucedió?” La pregunta volvió a sorprenderle. “Cincuenta y siete” respondió Shen Yu, pero incluso mientras lo decía… se dio cuenta de a qué se refería Jin. En el corazón de Shen Yu, solo veía a un muchacho, un muchacho descarriado por sus propias decisiones. No a un hombre. No a alguien lo suficientemente mayor como para tomar sus propias decisiones y cometer sus propios errores. Él veía a Jin, dos décadas menor, más como un adulto que como el hijo al que había visto crecer. Dolía. Era una agonía. Pero en el fondo de esa agonía… había algo más. Algo casi desesperado. “¿Fue simplemente un capricho del Cielo, entonces?” preguntó Shen Yu con voz ronca. No lo sé. No estuve allí. Pero sé que tenías el mismo deseo que todo buen padre. El mismo deseo que yo tengo para mi hijo. Quizás un poco más de disciplina en la infancia habría mejorado las cosas al final. Y quizás no habría servido de nada. Es posible no cometer errores, realizar cada acción a la perfección… y aun así perder. Así es la vida. Sus palabras denotaban una sabiduría que trascendía su edad. En los ojos de Jin se vislumbraba una pizca de cautela. La cautela, y sus propias preocupaciones sobre el futuro, brillaban con claridad. Pero también, en esa profundidad verde, se hallaba la resolución. Jin había dicho que había renunciado al cultivo, pero aún conservaba la voluntad de un cultivador. “Esa es una existencia cruel” murmuró Shen Yu. “Así es. Pero fuiste tú quien me dijo que siguiera adelante. Que la vida es cruel… pero no tenemos por qué aceptar esa crueldad. Tenemos que luchar contra ella, aunque el final sea inevitable.” Shen Yu soltó una risita débil al oír sus propias palabras de vuelta. Sentía el corazón ardiendo, en un torbellino de emociones. Se sentía… agotado. “No lo sé. No sé cuál es la verdad. Si me han estado culpando durante todos estos años… o si esos sentimientos eran correctos.” Fue una sensación desagradable. Las palabras de Jin, pronunciadas con tanta calma, calaron hondo en la Espada que era Shen Yu. Su Qi se estremeció. Casi deseó que hubiera una batalla. Casi deseó que Jin le hubiera dado la razón, que lo hubiera culpado, que se hubiera sentido decepcionado de él, en lugar de ser como el hermano Ge. Razón serena y mesurada. Sin reproches, solo compasión. No sabía qué hacer. Había pasado tanto tiempo sabiendo que era su culpa, sabiendo que Bu y Qinxiao lo culpaban, que cualquier pensamiento contrario le sacudía el alma. ¿Cuál era la verdad? ¿Esos sentimientos que sentía provenían de Bu o de sí mismo? ¿Cuál era la verdad? Sintió un hombro presionando contra el suyo. “Aquí estoy si me necesitas” dijo Jin con voz firme. “Puede que te hayas enfrentado solo a los Cielos… pero esto no son los Cielos. Shen Yu no apartó a Jin. Se quedaron en aquella azotea toda la noche. Hasta que el sol estuvo en lo alto del cielo, mientras Shen Yu se perdía en sus recuerdos, hasta que el dolor finalmente lo obligó a apartar la mirada. Shen Yu no encontró respuesta aquel día. La culpa y la vergüenza eran casi insoportables. Pero, de algún modo, la presencia a su lado hacía soportables los pensamientos.
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Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 513

Estás leyendo el capítulo 513 de Cuidado con el pollo (Novela), un novela. Jin Rou quería ser un cultivador que desafiara a los cielos y superara todos los límites. Desafortunadamente para él, murió, y ahora estoy atrapado aquí. ¿Jóvenes maestros arrogantes? ¿Tribulaciones celestiales?… Este capítulo tiene publicado el 25 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Cuidado con el pollo (Novela) tiene 643 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.