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Leer Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) Capítulo 107 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Cuando Aivrel llegó a la habitación del bebé, el lugar ya era un caos. Las sirvientas se agrupaban alrededor de la cuna de roble, con expresiones de pánico, mientras Elena permanecía acurrucada en sus pañales, llorando a más no poder. Su rostro, habitualmente rosado y tierno, había adquirido un aterrador tono rojo purpúreo; su diminuto cuerpo temblaba con violencia bajo la tela y cada sollozo venía cargado de un dolor desgarrador. Aivrel se adelantó con rapidez, y sus ojos azul hielo se volvieron serios al instante. Se puso de puntillas, extendiendo la mano por encima del alto barandal… Bueno, el barandal de la cuna no era en realidad tan alto; es solo que cierta persona era bastante baja. Extendió la mano para tocar la frente de Elena. Estaba espantosamente caliente. Aivrel concentró un poco su conciencia, enviando un sutil hilo de maná de atributo hielo al interior del cuerpo de la pequeña. Al segundo siguiente, sintió un caos y un frenesí familiares dentro del cuerpo de Elena. Era la señal de la erosión de maná. "Así que, después de todo, es erosión de maná...” Aivrel murmuró para sí misma con el ceño fruncido. Hacía tiempo que había activado la barrera elemental que envolvía a toda la aldea. El entorno de maná dentro del asentamiento era mucho más estable que en el mundo exterior. Teóricamente, la probabilidad de una erosión de maná debería haber sido extremadamente baja. Sin embargo, Elena aun así se había visto afectada. Esto solo podía significar una cosa. Esta bebé, de menos de un año, era mucho más sensible a las fluctuaciones de maná que la gente común. Su afinidad innata con el maná… ¡era probablemente incluso mayor de lo que Aivrel había imaginado! "Lord Ale…” La voz de la sirvienta Martha tembló, con los ojos enrojecidos: "La señorita… ¿qué le ocurre? ¿Es una enfermedad repentina?” Las demás sirvientas a su alrededor también lanzaron miradas asustadas y preocupadas. "No es una enfermedad.” Aivrel sacudió la cabeza: "Es erosión de maná… más parecido a un envenenamiento, excepto que el 'veneno' es maná caótico.” "¡Erosión de maná!” "¡Oh, cielos!” Los rostros de las sirvientas se volvieron palidos al instante. Aunque no eran elementalistas, habían escuchado esos aterradores rumores. Las personas corrompidas por el maná se vuelven locas y mutan, convirtiéndose finalmente en monstruos. "Entonces… ¿entonces qué hacemos?” La voz de Martha era casi un llanto. "No se preocupen. Yo puedo encargarme.” Aivrel las tranquilizó. Sujetó la pequeña mano que ardía en fiebre. Disfrazada como maná de elemento agua, una corriente de poder de color azul pálido fluyó lentamente desde su palma. Aquel maná caótico, abrasador y corrosivo, al entrar en contacto con el poder de Aivrel, se disolvió rápidamente como la nieve bajo un sol abrasador. El tinte rojo purpúreo de la piel de Elena se desvaneció a un ritmo visible, y su temperatura abrasadora también comenzó a descender. De manera gradual, los violentos temblores disminuyeron y los llantos desgarradores se transformaron en sollozos intermitentes. Pero esto solo era tratar los síntomas. Purificar la erosión existente no evitaba que el tenue pero persistentemente presente maná caótico del aire continuara afectando a esta pequeña vida demasiado sensible. Tras una breve contemplación, Aivrel movilizó silenciosamente una capa más profunda de poder de su avatar marioneta. Usando este recipiente como anclaje, extrajo un rastro de la esencia de agua contenida en el Colgante del Fénix, lo mezcló con la voluntad protectora de su propia ley de hielo y lo tejió en una bendición espiritual, envolviendo en silencio a Elena. Esta bendición era invisible e intangible, pero equivalía a una sólida capa de protección, aislando el caótico maná exterior mientras nutría con suavidad la frágil vitalidad de la bebé. Los sollozos de Elena se volvieron cada vez más silenciosos. Finalmente, se convirtieron en pequeños hipos cargados de lágrimas. Su tez había regresado por completo a la normalidad. Sus largas pestañas, húmedas y pegajosas por las lágrimas, temblaban levemente con su respiración ya estabilizada, mientras su suave y pequeña mano sujetaba inconscientemente el dedo índice de Aivrel. Al ver esto, las sirvientas a su alrededor exhalaron un suspiro de alivio colectivo. "Bien, ya está bien.” La voz de Aivrel también se suavizó. Intentó retirar con delicadeza su dedo índice, pero la pequeña mano de Elena lo apretó con aún más fuerza, y su garganta emitió un gruñido de insatisfacción. Aivrel se sintió un tanto impotente. Controlando con cuidado su avatar marioneta, contrajo ligeramente el dedo antes de lograr liberarlo por fin. Sin embargo, al perder el contacto de la yema del dedo, Elena se detuvo un instante, luego frunció su pequeña boca y, sin previo aviso, soltó otro fuerte "¡Buaaa!" y comenzó a llorar de nuevo, sonando aún más agraviada que antes. Aivrel se quedó estupefacta, sin saber qué hacer por un momento. El cielo sabe que, sumando su vida pasada y esta, tenía muy poca experiencia lidiando con bebés que lloraban. En su vida anterior, ni siquiera había tenido novia. Las sirvientas se adelantaron a toda prisa. Martha intentó cargar a Elena, dándole palmaditas en la espalda y tarareando suavemente una canción de cuna. Pero la pequeña no quería saber nada de eso. Se retorcía en los brazos de Martha, llorando todavía más fuerte. Aquellos grandes ojos azul zafiro miraban con lágrimas hacia Aivrel, mientras sus dos brazos claros se estiraban al azar como si buscara un abrazo. La expresión de Martha se volvió un tanto peculiar. Miró a la llorosa señorita, luego a la chica de cabello plateado que permanecía un poco rígida a su lado. Tras dudar por un momento, susurró: "Lord Ale… la señorita… parece que solo quiere que usted la cargue.” El cuerpo de Aivrel se tensó ligeramente. Por lo general, sí que jugaba a menudo con Elena cuando la bebé estaba despierta, atrayendo su atención con maná de atributo agua o pequeños adornos hechos de cristales de hielo, y de vez en cuando le pellizcaba la mejilla con torpeza. ¿Pero cargarla verdaderamente en sus brazos para calmarla? Nunca había hecho eso en realidad. Sin embargo, al mirar ese pequeño rostro enrojecido y surcado por las lágrimas, y al escuchar los fuertes llantos que amenazaban con levantar el techo, Aivrel finalmente suspiró con resignación. Extendió los brazos y tomó el suave y diminuto cuerpo de los brazos de Martha. Una escena sorprendente se desarrolló. En el momento en que aterrizó en el abrazo de Aivrel, el llanto de Elena cesó abruptamente, dejando solo sollozos intermitentes y resoplidos. Entornando sus ojos llorosos, como un pequeño animal que actúa por instinto, husmeó y se acurrucó en el pecho de Aivrel, frotando su cabecita contra ella mientras su boca se movía inconscientemente, haciendo tenues sonidos de succión. Aivrel: … Lo sentía, pero realmente no tenía de eso. Espera, no, sí tenía, pero era falso. Al sentir aquella desvergonzada acción de buscar comida en sus brazos, un raro rastro de incomodidad asomó en su rostro. Aivrel solo pudo ajustar su agarre de forma un tanto torpe, permitiendo que Elena se acomodara mejor, mientras que con la otra mano le daba palmaditas en la espalda al bebé de manera un poco rígida. Pero tal vez la posición no era la correcta; los sonidos de husmeo en sus brazos comenzaron a elevarse de nuevo gradualmente. Su pequeño ceño se frunció, amenazando con desatar una segunda oleada de lágrimas. Martha observaba ansiosa desde un lado, sin atreverse a intervenir precipitadamente, y solo pudo susurrar un recordatorio: "Lord Ale… tal vez… ¿podría cantarle una canción de cuna? A la señorita le encanta quedarse dormida con canciones de cuna.” ¿Cantar una canción de cuna? El cerebro de Aivrel se quedó en blanco. Su vida pasada había sido la de un tipo rudo estándar; en esta vida, era una ‘distante’ Bruja de Hielo. ¿Canciones de cuna? ¡Ni siquiera se sabía la melodía de ninguna! No iba a ponerse a cantar ‘Duérmete niño, duérmete ya’, ¿verdad? Dejando de lado que no recordaba la letra completa, el solo hecho de imaginarse a sí misma cantando ‘mamá siempre te protegerá’ con esta voz infantil le hacía sentir escalofríos. Pero la pequeña en sus brazos ya no se conformaba con solo sollozar; comenzó a emitir sollozos que prometían un llanto en toda regla. En su urgencia, y sin saber qué cable se le cruzó en la cabeza, una melodía de un recuerdo lejano y casi olvidado surgió de repente en su mente y se deslizó directamente de sus labios: "En las montañas muy lejanas, más allá del mar, vivía un grupo de pequeños pitufos azules…" Aivrel: … ¡Por todos los cielos! ¡¿Qué demonios estoy cantando?! ¡¿Quién usa esto para arrullar a un niño?! En el momento en que las palabras salieron de su boca, Aivrel se arrepintió, gritando internamente. Sin embargo, la Elena en sus brazos detuvo su llanto de golpe. Los gemidos cesaron. Levantó sus ojos de largas pestañas, todavía húmedos, y su mirada azul zafiro observó a Aivrel con fijeza, aparentemente cautivada por esta tonada tan extraña pero animada. ¿Eh? ¿Eso funcionó? ¿De verdad funciona? Aivrel se quedó atónita. Armándose de valor, y con una resignación de ‘ya que estamos en esto, da igual’, continuó tarareando con su voz clara, infantil, pero deliberadamente suavizada. No estaba segura de la letra, pero recordaba bastante bien el ritmo: "Son alegres y listos, son traviesos y ágiles…" "…" Escuchando esta extraña canción de cuna, el tenso y pequeño cuerpo de Elena se relajó gradualmente. Apoyó su carita contra el hueco del cuello de Aivrel, y su respiración se volvió lenta y constante. Para cuando Aivrel terminó de tararear ‘trabajaron juntos y usaron sus cerebros para derrotar al malvado mago’, incluso unos leves ronquidos ya provenían de sus brazos. Elena se había quedado dormida. Los rastros de lágrimas aún permanecían en sus mejillas, pero las comisuras de su boca estaban inconscientemente un poco arqueadas hacia arriba, y su pequeña mano sostenía de forma suelta un mechón del cabello plateado de Aivrel. Aivrel dejó de cantar, mirando al bebé que dormía plácidamente en sus brazos, y su expresión gélida se suavizó involuntariamente. No la volvió a recostar. En su lugar, simplemente la sostuvo así, meciéndola suavemente en la silenciosa habitación de la que las sirvientas ya se habían retirado sin hacer ruido, tarareando ocasionalmente una o dos notas de la melodía de su vida pasada. Fuera de la ventana, el viento y la nieve aullaban, y la marea de maná todavía se agitaba inquieta en el distante cielo del norte. Pero en esta habitación cálida, Aivrel sintió como si el tiempo se hubiera detenido de repente. … Esta calamidad de las bestias sin precedentes continuó durante tres días y tres noches a lo largo de la frontera norte, sin mostrar el menor indicio de disminuir. Durante estos tres días, Aivrel pasó la mayor parte del tiempo en la Mansión del Voto de Nieve. Desde que purificó la erosión de Elena y le otorgó la bendición, la pequeña parecía haberla tomado como su fuente de seguridad, volviéndose cada vez más apegada. Si Aivrel salía de su vista aunque fuera por un momento, lloraba inquieta, y solo se calmaba cuando la cargaba o se acercaba. Aivrel incluso comenzó a sospechar, un tanto impotente, si Elena la habría confundido con su madre. Qué situación tan absurda, una ‘loli mamá’. Por fortuna, la presión defensiva de la aldea era casi inexistente. Incluso estando distraída cuidando a Elena, tenía suficiente margen para enfocar la mayor parte de su atención en el campo de batalla a diez kilómetros al norte. Tres días de combate de alta intensidad ya estaban pasando factura incluso a los elementalistas, quienes mostraban signos de fatiga. Pero Aivrel podía percibir que, durante las continuas y feroces batallas, el maná de atributo hielo alrededor de Igor se estaba volviendo más condensado y active. La resonancia entre su alma y los elementos se estaba profundizando, mostrando tenues indicios de estar condensando una segunda impronta elemental. De repente, Aivrel sintió algo y miró hacia el noreste. Desde el bosque al noreste de la llanura nevada, dos bestias mágicas de alto rango excepcionalmente poderosas cargaban hacia la posición fortificada, una tras otra. La primera era una bestia mágica similar a un oso cubierta de escamas parecidas a rocas, seguida por una bestia serpentina, de color púrpura oscuro por completo, cuyas escamas brillaban con relámpagos. Pero pronto, Aivrel notó algo anormal. Estas dos bestias mágicas no estaban cargando juntas; ¡una estaba persiguiendo a la otra! La bestia con forma de oso presentaba heridas profundas que dejaban al descubierto sus huesos, y sus movimientos eran tambaleantes, claramente al límite de sus fuerzas. Mientras que, en los ojos de la serpiente perseguidora, destellaban la codicia y el frenesí. Justo cuando estaban a punto de irrumpir fuera del bosque, la bestia serpentina aceleró de repente. Su cuerpo de color púrpura oscuro salió disparado como un relámpago, enroscándose con fuerza alrededor de la bestia con forma de oso. Una fuerza aterradora estalló. La bestia oso dejó escapar un aullido agónico, con el sonido de huesos triturados claramente audible, y pronto quedó en silencio. ¡Inmediatamente después, la bestia serpentina abrió sus fauces colmilludas y comenzó a devorar con frenesí el cadáver de la bestia oso! Con cada bocado, su aura se elevaba y tumores irregulares se abultaban bajo sus escamas púrpura oscuro, mientras los relámpagos parpadeaban salvajemente. En un abrir y cerrar de ojos, se transformó en un capullo de carne gigante. Esta serie de cambios ocurrió en menos de un minuto. Para cuando los elementalistas notaron la conmoción en el distante linde del bosque, el capullo de carne ya había comenzado a hincharse. "¡No puede ser!" En el muro de la fortaleza, Ashlyn, quien había agotado su maná y estaba descansando, exclamó con una expresión que cambiaba drásticamente: "¡Devoró a un semejante de alto rango e intenta ascender! ¡Deténganlo, rápido!" La mirada de Igor se agudizo. El gélido maná a su alrededor estalló con violencia. Saltó desde la fortaleza, cargando hacia el bosque. Su espada larga de cristal de hielo trazó una trayectoria afilada en el aire, portando el poder de la escarcha mientras arremetía con fiereza contra el capullo de carne que se expandía desbocado. ¡Shhh—! La hoja se hundió profundamente en el capullo. Una sangre inmunda de color negro purpúreo brotó a chorros. Un rugido de dolor y furia provino del interior del capullo. ¡Las ondas sonoras se convirtieron en una onda de choque tangible, haciendo explotar al instante a docenas de bestias de maná circundantes! Carne y sangre inmundas salpicaron por todas partes, y luego, bajo la atracción de alguna fuerza extraña, se mezclaron con el maná contaminado altamente concentrado del aire, ¡transformándose en corrientes de torrentes sangrientos y mugrientos que surgieron con locura hacia la hendidura del capullo! El rostro de Igor cambió drásticamente. Sintió un aura corrosiva extremadamente peligrosa proveniente del maná en oleada e inmediatamente retrocedió sin dudarlo. En el momento en que se retiró, el maná en oleada envolvió por completo al capullo. ¡Entonces, el capullo explotó! Un monstruo todavía más horrible que antes apareció ante la vista de todos. Conservaba vagamente la forma principal serpentina, pero su cuerpo se había hinchado varias veces más. Su cabeza había tomado la forma de la cabeza de un oso, completada con cuernos viciosos. Escamas de color púrpura oscuro cubiertas con destellos de relámpagos. Sus pupilas verticales eran rojas como la sangre, llenas de un puro deseo destructivo, contemplando con codicia a los elementalistas dentro de la barrera. En su mirada, había de hecho un indicio de inteligencia naciente. "¡¡Roar——!!" Con su furioso rugido, el cielo en varios kilómetros a la redonda se oscureció al instante. Nubes espesas y negras se reunieron y agitaron sobre el monstruo, llenas de relámpagos púrpura. Una presión mucho más aterradora y caótica que la de cualquier bestia mágica anterior se extendió, barriendo los alrededores como una tormenta, haciendo temblar el alma de cada elementalista presente. En el muro de la fortaleza, Ashlyn apretó con más fuerza la empuñadura de su espada, con su pálido rostro grave como nunca antes: "Un demonio…" La mirada de Aivrel se agudizo ligeramente. Miró a los elementalistas que se enfrentaban a un enemigo formidable y suspiró para sus adentros. Parece que la suerte de Igor y los demás verdaderamente no era muy buena.
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Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) Capítulo 107

Estás leyendo el capítulo 107 de Contrato de la Bruja de Hielo (Novela), un novela. “Con la protección como mi espada; con el deber como mi escudo”. “Hacia donde apunte la espada, la injusticia caerá; hasta donde llegue la escarcha, el inocente será protegido”. “Si rompo este juramento—” “¡Que el hielo… Este capítulo tiene publicado el 20 de julio de 2026, Traducido por el grupo Nishino. Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) tiene 205 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.