Leer Cloudless Sky (Novela) Capítulo 108 online gratis en español
🏴 Grupo: ACS✍️ Traducción: ACS
⚠️ Advertencia: Contenido para mayores de 18 años. Incluye escenas de carácter sexual explícito. Se recomienda discreción al lector.
―¡Haa, ah...!
Luego, sobrevino la eyaculación, con el interior moviéndose de un lado a otro. Como para demostrar que no había hecho nada en medio mes, el color del semen era más oscuro.
―Ah, ugh...
Mientras la fuerza recorría la parte inferior del cuerpo de Soram, Tae-un también sintió una intensa estimulación. Su pene, que había doblado su cintura sin poder evitarlo, comenzó a eyacular. Solo después de empezar a eyacular dentro de Soram recordó que no había condón. Quizás él mismo lo había relegado a un rincón de su mente.
Después de que ambos terminaron de eyacular, solo quedó el sonido de respiraciones agitadas donde antes habían fluido gemidos frescos.
―Lo siento. Lo hice dentro.
―Da igual... De todas formas, tenía que raspar el gel cada vez...
Y antes de darse cuenta, sus labios volvieron a unirse y sus penes recuperaron su fuerza. Los dos pares de ojos que se encontraron estaban completamente nublados por la excitación. Era la misma mirada de aquellos días en que su amanecer solía ser prolongado.
\*\*\*
―Ugh, ah, aah, en, ah... ah.
Era como si hubieran regresado al verano pasado. El aire húmedo de la temporada de lluvias les impedía pensar en nada más cuando estaban solos, y sus movimientos se volvían aún más intensos al escuchar el estruendoso sonido de la lluvia y los truenos. Esa se había convertido en su forma habitual de tener relaciones sexuales.
Cuando los labios quedaban a la vista, besaban; cuando la nuca les llamaba la atención, mordían allí; y dondequiera que encontraran un punto en la piel que les resultara atractivo, mostraban los dientes. Lo mismo ocurría con Soram. Dejó una marca de mordisco firme en el cuello de Tae-un, numerosas huellas de manos en su espalda y le jalaba los hombros para morderle donde quisiera, ya fuera la clavícula o cualquier otra parte.
En aquel entonces, cuando ambos eran curiosos e intrépidos, y ahora, al reencontrarse medio mes después, con sus propias reflexiones intensificadas, era difícil determinar cuál de las dos situaciones era más intensa.
―Soram-ah, hoo, ugh, haa.
Tae-un también sabía que el sexo en el que las respiraciones se aceleraban por ambos lados, como si fueran a asfixiarse, no era común. Cuando Soram estaba en la habitación contigua al dormitorio, cuando iban a trabajar y comían juntos, y cuando podía alcanzarlo y tocarlo, había pensado: "¿Y si mezcláramos nuestros cuerpos tranquilamente al menos una vez?", pero ahora, no había lugar para eso.
Y esta sería también la razón para todo sexo intenso.
―Ja, ¿no duele?
―Está bien. Je, porque se siente bien...
Cuando intentó disminuir un poco el ritmo, Soram negó con la cabeza y protestó.
―Ah, no. No, para, más, más, hazlo por mí. Ah, ah.
El agujero, ya de por sí abierto, se puso rojo, y las nalgas y los muslos, que habían sido impactados continuamente, temblaban sin cesar, pero Soram seguía pidiendo "más".
Estaba impaciente, como si ese momento fuera el último, y se esforzaba al máximo para llegar al final, incluso si eso significaba llevar su cuerpo al límite. Sabía que era una idea descabellada, pero cuando se trataba de Soram, Han Tae-un no tenía más remedio que comportarse como un paciente delirante una y otra vez. Sobre todo ahora, cuando la razón en su cabeza no funcionaba debido al calor.
¿Adónde intentas ir solo otra vez? Reflexionó sobre sus palabras entre jadeos. Soram no pareció oírlo. En cambio, la mano de Tae-un, la habilidad activada por la voluntad del que despertaba, atrajo a Soram hacia sí.
―¡Heuk...!
Soram cerró los ojos con fuerza y contorsionó todo su rostro. La parte más profunda finalmente se relajó flácidamente. Tae-un penetró en ese interior como si se estuviera grabando a sí mismo.
―¡Hik, ha, Tae-un, ah, heuk!
El sexo lo hizo poseer por completo a la otra persona en ese instante. Sin embargo, también lo volvió impaciente, como abrazar la arena con ambos brazos y quedarse parado frente a las olas. Porque Soram ya había desaparecido sin decir palabra mientras lo sostenía así en sus brazos.
Tae-un apoyó los codos en el suelo. Soram estaba atrapado dentro de su cuerpo. Sintiendo que aún no era suficiente, lo agarró del torso con ambas manos.
―¡Ah, heuk, aah! ¡Ah, ah, ah! ¡Kik, ah!
Soram ya no podía articular palabra. La dificultad del acto sexual se reflejaba en las lágrimas que corrían por su rostro. Mientras tanto, debió de haberse frotado los ojos, pues la zona alrededor de ellos estaba hinchada y roja.
―Heu, más, haz más...
Tae-un bajó la cabeza y se acercó a él. La avalancha de emociones desconocidas era incontrolable. ¿Por qué le palpitaba todo el pecho como si hubiera tragado alcohol caliente?
Los brazos de Soram rodearon la cabeza que había estado inclinada con extrañas emociones. Tae-un pasó sus brazos por detrás de la espalda de Soram y lo atrajo con fuerza. Entonces, escuchó un hipo cerca de su oído.
―Tú, eh. ¿Estás llorando?
―Ah, no, es porque lo siento demasiado.
―...
El pene que se frotaba entre los estómagos de Soram y Tae-un ya había eyaculado un líquido turbio dos veces más. Tae-un, quien se lo había limpiado en el estómago blanco con la mano y lo sostenía en ella, comenzó a moverse de nuevo.
Enredados en un lío en el piso, el pene de Tae-un nunca salió del interior de Soram ni por un momento. A partir de cierto punto, ambos se empujaron mutuamente sin siquiera darse cuenta, no solo del piso, sino también de dónde estaban.
―Haa, heu, ah...
Soram ni siquiera pudo volver la cabeza a su sitio y yacía temblando con las piernas abiertas de par en par a ambos lados. Sobre su cuerpo, los hombros de Tae-un, que de alguna manera se había quitado toda la ropa durante el acto sexual, lo cubrían.
Debajo, las yemas de los dedos, levantadas sobre la ancha espalda húmeda de sudor, resbalaron. Otra línea rosada se añadió a lo largo del camino donde las ásperas yemas de los dedos habían arañado y pasado.
―Jin Soram, ... Jin Soram.
Tae-un también se impulsaba a sí mismo acercándose más a la otra persona. Cuando ambos estaban en un estado de euforia e incapaces de conversar, su apariencia a veces era como la de dos cuchillos frotándose entre sí, generando chispas.
Quizás la impaciencia de Soram se había contagiado. La impaciencia lo impulsó a aplicar más fuerza en sus manos y a realizar movimientos más violentos, penetrando en el interior. Como si intentara meter a la otra persona a la fuerza entre sus brazos.
Urgente y desesperado, como si no hubiera una próxima vez.
Esta era, sin duda, la última vez por hoy. Soram ya había agotado sus fuerzas, y Tae-un, que había estado imparable desde el principio, también jadeaba como si hubiera corrido una larga carrera. Sin embargo, aún le quedaba algo de energía acumulada.
Tae-un eyaculó una vez más mientras atraía a Soram completamente hacia sus brazos.
―¡Heu, hace calor, ah...!
El exhausto Soram también experimentó un leve orgasmo. Fue un orgasmo provocado por la euforia del semen extendiéndose en su interior, más que por la excitación transmitida por el movimiento del pene. Soram temblaba de placer, completamente desaliñado.
Mientras aún estaba embriagado por el resplandor posterior, Tae-un lo abrazó fuertemente y dijo:
―Jin Soram, no te vayas.
Con la cabeza hundida entre las manos, añadió una última súplica desesperada.
―Quédate aquí.
Soram ni lo apartó de sus brazos ni le devolvió el abrazo. Cerca de su oído se oyó un leve susurro del viento en lugar de gemidos, pero no pudo distinguir qué era.
Un deseo desesperado crea un milagro.
Ese dicho, que se refería a todos los que despertaron en todo el mundo, se volvió urgente para Tae-un en ese preciso momento.
\*\*\*
Soram, vestido con una bata blanca que le habían dado en el baño, salió lentamente mientras se secaba el pelo mojado con una toalla. Tae-un lo había llevado al baño, pero no quería confiarle la tarea de lavarse el interior, que goteaba por no haber usado condón.
La cama se mantuvo limpia involuntariamente gracias a que había pasado varias horas trabajando en el suelo. Soram enterró su cuerpo en ella con un golpe seco.
Con solo girar la cabeza para mirar el reloj, vio que marcaba las cuatro. Faltaba aproximadamente una hora para el primer tren a Busan.
Debería volver. Aun así, esto ha resuelto muchos sentimientos que persistían.
Dos prendas de ropa bien dobladas fueron colocadas junto a la mirada de Soram con un golpe seco. Luego, Tae-un se sentó, inclinando el colchón.
―Ponte la ropa.
―Tu sentido común es malo...
―Ni siquiera las has desplegado para ver qué son.
Incluso sin fijarse en lo que eran, el hecho de que hubiera elegido una camiseta blanca y unos vaqueros de su propio armario ya era imperdonable.
Tae-un, que había lavado antes que Soram, se había ido a la sede central. De ahí trajo ropa nueva para que Soram se cambiara y la mochila que había usado cuando vino a Seúl la última vez.
―¿Te secaste el pelo?
―Sí.
―No oí el sonido del secador de pelo.
Entonces, ¿por qué preguntas si ya lo sabes?
―Lo sequé con una toalla.
Ignorando las insistencias para que lo secara bien, Soram le dio la espalda a Tae-un. Las cosas que ya eran molestas ahora lo eran cien veces más.
Tae-un puso su mano bajo el hombro de Soram y lo ayudó a sentarse. Luego le dio el vaso de agua que había traído a Soram, quien se balanceaba como un muñeco de globo y emitía un sonido de "heuheheu".
―Tienes la garganta seca. Bebe.
Mientras bebía a grandes tragos la taza, Tae-un miraba a Soram. Y tan pronto como dejó la taza, le habló.
―¿Cómo está tu cuerpo?
―Ya te lo dije. Hoy me encuentro muy bien.
Ni siquiera ese efecto había aliviado por completo el dolor provocado por el sexo, pero, a pesar de tener cuerpos entrelazados como si fueran a destrozarse mutuamente, su estado era relativamente estable. Si descansaba un rato, las secuelas no serían demasiado graves al día siguiente. En ese momento, Soram también sintió que no se debía simplemente a su condición.
―¿Todo estuvo bien en la sede central?
―Ha habido algunos cambios desde que te fuiste. El entrenamiento ha aumentado mucho bajo el liderazgo del Director-nim, y la frecuencia e intensidad de los incidentes han aumentado repentinamente, así que hay mucho trabajo. ¿Qué tal Busan?
―Mmm... No estoy seguro del entrenamiento desde que me escapé, pero el aumento en la frecuencia de las grietas y la conversión a mazmorra más rápida son similares.
―Ah, y también corre el rumor de que sabías de antemano que el entrenamiento iba a aumentar, así que te escapaste a Busan.
―¡¿Cómo lo supieron?! ¡Son todos muy listos!
Le ardía la garganta solo de hablar un poco más. Parecía que se le había agrietado de tanto gritar y llorar. Soram vació la taza que quedaba. Tae-un miró a Soram con expresión inexpresiva y dijo:
―...Existe algo llamado la Ley de Heinrich.
―Abandoné la escuela secundaria.
―No, no es una teoría que aparezca en los libros de texto ni nada por el estilo.
Soram miró a Tae-un con una expresión que indicaba que estaba dispuesto a escuchar con atención y dejar que las palabras fluyeran por su boca. Tae-un suspiró y dijo lo que tenía que decir.
―Es una teoría que postula que antes de que ocurra un desastre importante, se producen 29 accidentes menores con la misma causa, y antes de eso, hay 300 incidentes de advertencia.
―Ajá. Eso es difícil de decir.
―Espero que sea solo una preocupación innecesaria, pero creo que esto podría ser similar a la situación actual de la grieta.
―La Ley de Heinrich se acuñó para señalar la falta de gestión en la respuesta inicial, así que ¿no es diferente? Las divisiones no se pueden evitar, aunque intentemos detenerlas.
―Es posible prepararse para reducir los daños... ¿Qué? ¿Lo sabías? ¿Por qué fingiste no saberlo?
―Como tenías la cara de un recién llegado que, después de mucho tiempo, le planteaba sus preocupaciones al jefe de equipo, me dio pereza ocuparme del asunto.
El enfoque era bueno, y algunos aspectos resonaban hasta cierto punto, pero la Gran Grieta no podía explicarse con estadísticas tan evidentes. Si hubiera sido posible, lo habría descubierto en su vida anterior, cuando fue director durante un tiempo. Soram sonrió soñolienta, entrecerrando los ojos.
―Si ocurre un gran desastre, protejan Seúl.
―...De acuerdo. Trabajaré duro, incluso por tu parte.
Seguramente piensa que si se abre una grieta a gran escala, será en Seúl. Soram dio una respuesta vaga y se acurrucó para volver a recostarse. Tae-un le puso la mano junto a la cabeza.
―Tengo algo más que mostrarle al jefe de equipo-nim.
―¿Qué es?
Con la otra mano, cubrió el dorso de la mano de Soram, que sostenía el vaso de agua. Acababan de tener un contacto más intenso, pero que le sujetaran la mano era diferente. El corazón de Soram dio un vuelco por un instante, y para negarlo, murmuró para sí mismo que su mano era innecesariamente grande y caliente.
En ese instante, sintió una repentina sensación de frío en la palma de la mano.

Continúa leyendo
Cloudless Sky (Novela)
Capítulo 109
Cloudless Sky (Novela) Capítulo 108
Estás leyendo el capítulo 108 de Cloudless Sky (Novela), un novela. Jin Soram, el cazador mejor clasificado de la Sede Central de Gestión del Fenómeno de la Grieta de Corea del Sur, es más fuerte y más perezoso que nadie. En cuanto llega a la oficina, se mete bajo una manta y se queda… Este capítulo tiene publicado el 10 de agosto de 2026, Traducido por el grupo ACS. Cloudless Sky (Novela) tiene 181 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.