Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 80 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Cuando sonó la campana que marcaba el final de las clases, Horikita y yo nos levantamos.
—¿Te has preparado para esto, Sudou-kun?
—Sí… Estoy bien. Nací preparado.
Como si estuviera mentalizándose para lo que le esperaba, Sudou cerró los ojos y cruzó los brazos. Pero al cabo de unos segundos volvió a abrirlos lentamente.
—Puede que me llaméis idiota integral y os riais de mí, pero yo soy como soy. Si tenéis algo que decir, decidlo ahora.
—No hagas nada por tu cuenta. De hecho, escuchar ahora mismo sería lo inteligente, ¿no te parece?
—Joder, siempre vas de superior, tía.
Viéndolos así, sí que parecía que se llevaban como el perro y el gato. Pero, como mínimo, Sudou no odiaba a Horikita. Si la odiara, habría rechazado de plano su ayuda, por muy ventajosa que fuese su propuesta.
—Hazlo lo mejor que puedas, Horikita-san. Sudou-kun.
Horikita no respondió en absoluto, pero Sudou apretó el puño para mostrar su determinación. Me giré para comprobar cómo estaba Sakura, que seguía sentada, con el cuerpo rígido. Se levantó, con los labios temblándole ligeramente.
—Sí… estoy bien. Gracias…
Sakura estaba mucho más tensa de lo que esperaba. Si ya estaba así antes siquiera de que empezara la reunión, puede que no fuera capaz de hablar con claridad.
—Vamos. Daremos mala impresión si llegamos tarde.
La discusión estaba programada para las cuatro de la tarde. Ya eran las tres y cincuenta. No podíamos permitirnos ir con calma. Cuando los cuatro llegamos a la sala de profesores, uno de los docentes nos hizo un gesto para que entráramos.
—¡Yuju! ¡Hola, alumnos de la Clase D!
La tutora de la Clase B, Hoshinomiya-sensei, nos recibió con aquel saludo tan despreocupado.
—Parece que ha pasado algo bastante increíble, ¿eh?
Le brillaban los ojos, como si disfrutara metiendo las narices en los asuntos ajenos. Bueno, de hecho, era exactamente así.
—¿Qué estás haciendo esta vez? —murmuró Chabashira-sensei.
—Ay, no. ¿Ya me has pillado?
Chabashira-sensei fulminó con la mirada a Hoshinomiya-sensei cuando esta salía de la sala de profesores.
—Siempre que te escabulles, me entra la sospecha.
Hoshinomiya le guiñó un ojo con aire encantador, como diciendo: «Uy, me has descubierto».
—Entonces supongo que no puedo unirme, ¿no?
—Claro que no. Sabes de sobra que los de fuera no pueden participar.
—Jo, qué pena. Bueno, da igual. Supongo que el resultado se sabrá dentro de una hora.
Chabashira-sensei empujó a Hoshinomiya-sensei de vuelta a la sala de profesores con bastante contundencia.
—Bien, ¿nos vamos? —nos preguntó.
—No iremos a hacerlo en la sala de profesores, ¿verdad?
—Claro que no. Este instituto tiene normas bastante complicadas, pero en casos así se llega a una resolución entre el tutor de la clase implicada, las partes interesadas y el consejo estudiantil.
Horikita se quedó inmóvil en cuanto oyó las palabras «consejo estudiantil». Chabashira-sensei se giró y lanzó una mirada afilada al rostro de Horikita.
—Si quieres echarte atrás, ahora es el momento, Horikita.
Sudou, que no entendía por qué Horikita reaccionaba así, puso cara de desconcierto. Casi parecía que tuviera un enorme signo de interrogación flotando sobre la cabeza. Como siempre, nuestra profesora había revelado un detalle importante en el último momento.
—Iré. Estoy bien.
Horikita me lanzó una rápida mirada. Probablemente quería decir algo como: _«No te preocupes por mí_». Salimos de la sala de profesores de la primera planta y subimos tres pisos hasta la cuarta. Junto a la puerta había una placa que decía «Sala del Consejo Estudiantil». Chabashira-sensei llamó, y entramos.
Aunque Horikita había vacilado, nos siguió enseguida. Dentro, habían dispuesto unas mesas largas formando un rectángulo. Los tres alumnos de la Clase C ya habían llegado y estaban sentados. A su lado se encontraba un profesor con gafas, de unos treinta y tantos años.
—Perdón por la espera —dijo nuestra sensei.
—Aún no ha llegado la hora acordada. No hace falta disculparse.
—¿Ya os conocéis?
Ni Sudou, ni Horikita, ni yo conocíamos a aquel profesor.
—Este es Sakagami-sensei, el tutor de la Clase C. Bien.
Un único alumno varón sentado al fondo de la sala atrajo la atención de todos.
—Él es el presidente del consejo estudiantil.
El hermano mayor de Horikita, sin dedicarle siquiera una mirada a su hermana, repasaba los documentos que tenía sobre la mesa. Horikita fijó los ojos en él durante un instante, pero al darse cuenta de que él ni siquiera reparaba en su presencia, bajó la mirada y se sentó frente a los alumnos de la Clase C.
—Entonces, me gustaría tratar ahora el incidente violento ocurrido el martes pasado con los miembros del consejo estudiantil, las partes implicadas y sus respectivos tutores. Puede iniciar la sesión la secretaria del consejo estudiantil, Tachibana.
La secretaria Tachibana, una mujer de pelo corto, hizo una leve reverencia.
—Por supuesto, dada la magnitud de este conflicto, habrá momentos en los que el presidente del consejo estudiantil intervendrá directamente. Este caso tiene varios aspectos inusuales. Por lo demás, la mayor parte del procedimiento será llevada por Tachibana, como es habitual.
—Estoy bastante ocupado, así que hay asuntos que dejaré en otras manos. Pero, por norma general, prefiero ocuparme yo mismo de estas cuestiones, ya que se me ha confiado la dirección de este consejo estudiantil.
—Entonces, ¿todo esto es pura casualidad? —dijo Chabashira-sensei con una sonrisa, pero el hermano mayor de Horikita no se inmutó.
Quien no podía ocultar su temblor, en cambio, era Horikita. Horikita, la hermana pequeña, quiero decir. Teniendo en cuenta que eran hermanos, las probabilidades no estaban de nuestra parte. De hecho, no pude evitar pensar que la situación nos era extremadamente desfavorable, porque aquí Horikita no podía demostrar la capacidad que solía mostrar. Nuestras expectativas habían quedado completamente hechas añicos.
Si el presidente del consejo estudiantil intervenía, no podríamos hacer nada, nos gustara o no. Había ingresado en la Clase A y, casi de inmediato, había asumido el cargo de secretario del consejo estudiantil. En diciembre de su primer año se convirtió en presidente tras recibir un apoyo aplastante en las elecciones. Aunque era lógico que algunos alumnos de cursos superiores mostraran su descontento, nuestra situación actual, sin escapatoria posible, no hacía sino confirmar lo extraordinarias que eran sus capacidades.
La secretaria Tachibana resumió la situación de ambas partes de una forma fácil de entender. No hacía falta ninguna explicación adicional.
—Con base en los hechos expuestos, queremos que aclaren cuál de las dos versiones es la verdadera.
Tras terminar la exposición y la introducción del procedimiento, la secretaria Tachibana dirigió la mirada hacia nosotros, los de la Clase D.
—Komiya-kun y otros dos miembros del club de baloncesto fueron al edificio especial después de que Sudou-kun los citara allí. Afirman que allí fueron golpeados unilateralmente. ¿Es eso cierto?
—Lo que han dicho esos tíos es mentira. El que recibió la llamada para ir al edificio especial fui yo —dijo Sudou—. Aquel día, después del entrenamiento, Komiya y Kondou me dijeron que fuera al edificio especial. La verdad, me dio bastante pereza, pero también pensé que podía ser porque siempre se mostraban hostiles conmigo. Así que fui a verlos.
Sudou no era precisamente alguien que hablara con rodeos. Normalmente, la forma tan brusca que tenía de expresarse habría disgustado a Horikita, pero a juzgar por cómo temblaba, no estaba escuchando nada. Sakagami-sensei, el tutor de la Clase C, lo miró con los ojos muy abiertos, sorprendido.
—Eso es mentira. Fue Sudou-kun quien nos llamó al edificio especial.
—¡No me toques los cojones, Komiya! ¡Fuiste tú el que me llamó, capullo!
—No pareces recordar cuál es tu posición aquí.
Sudou, irritado, golpeó impulsivamente el escritorio. Un silencio inmediato se extendió por la sala.
—Por favor, cálmate, Sudou-kun. De momento solo estamos escuchando lo que ambas partes tienen que decir. Komiya-kun, a ti también te pedimos moderación, y que no interrumpas.
—Pff, vale…
—Ambas partes insisten en que fue la otra quien los citó, así que las versiones entran en conflicto. Sin embargo, hay un punto en común. Hubo una disputa entre Sudou-kun, Komiya-kun y Kondou-kun, ¿correcto?
—Yo no lo llamaría disputa. Sudou-kun siempre está buscándonos bronca.
—¿«Buscándoos bronca»?
—Como Sudou juega mejor al baloncesto que nosotros, siempre está alardeando de ello. Nosotros entrenamos dando todo lo que tenemos, pero no hace ninguna gracia que nos deje en ridículo. Así que solemos chocar bastante.
No conocía en detalle las actividades de Sudou en el club, pero al ver cómo se le marcaban las venas en la frente, era bastante evidente que estaban mintiendo. A continuación, la secretaria Tachibana se dirigió a Sudou.
—No hay ni una sola palabra cierta en lo que ha dicho Komiya. Esos tíos solo están celosos de mi talento. Cuando entreno, no paran de estorbarme. Esa es la verdad.
Como era natural, ambas partes sostenían que la culpa era de la otra.
—Ya hemos escuchado las quejas de ambas partes, pero ahora debemos emitir un juicio a partir de las pruebas recogidas.
—Sudou-kun nos dio una paliza. Fue una agresión completamente unilateral.
La Clase C parecía empeñada en centrar la discusión en sus heridas. Y, desde luego, los tres tenían la cara amoratada. Eso era innegable.
—Eso es mentira. Ellos atacaron primero. Fue en defensa propia.
—Oye, Horikita —susurré a Horikita, que seguía muda y con la cabeza baja.
La situación pintaba realmente mal. Si queríamos evitar que Sudou acabara precipitándose, teníamos que actuar cuanto antes. Pero ella no reaccionó en absoluto. Era como si tuviera la mente en blanco. ¿La sola presencia de su hermano tenía de verdad un efecto tan grande?
Recordé de pronto la escena en la que los vi hablar detrás del dormitorio. No entendía del todo la profundidad del asunto, pero sospechaba que Horikita había perseguido a su hermano, extraordinariamente talentoso, matriculándose en el mismo instituto para conseguir que él reconociera sus capacidades. Pero, al margen de sus esperanzas y de su talento, la hermana pequeña de la Clase D seguía estando muy lejos de su hermano, el presidente del consejo estudiantil de la Clase A. Para demostrar su valía, primero tendría que elevarse hasta el mismo escenario que él ocupaba.
—Si la Clase D no tiene más pruebas que presentar, ¿les importaría que continuáramos con el procedimiento?
Si el consejo estudiantil y los profesores seguían sentados en completo silencio, era casi seguro que el veredicto sería despiadado. Para impedirlo, necesitábamos que Horikita reaccionara. Sin embargo, la pieza más importante de nuestro lado se marchitaba y encogía ante la presencia de su hermano mayor.
—Parece que no hay objeciones, por lo que hemos oído hasta ahora.
El presidente del consejo estudiantil habló por fin. El hermano mayor de Horikita daba la impresión de querer llegar a una conclusión cuanto antes.
—Independientemente de quién citara a quién, el hecho es que hubo una pelea unilateral entre Sudou y los otros alumnos. Las lesiones que presentan lo dejan claro. No nos queda más remedio que llegar a una conclusión basándonos en eso.
—¡E-espera! ¡No puedo aceptar eso! ¡Es solo que esos tíos eran unos enclenques!
En el mismo instante en que Sudou soltó aquellas palabras, vi sonreír a Sakagami-sensei.
—Entonces, ¿puede considerarse realmente defensa propia cuando luchas contra oponentes con una diferencia de fuerza tan desigual?
—P-pero, oye. ¡Me enfrentaba a tres personas! ¡Tres personas!
—Pero los únicos heridos son los alumnos de la Clase C.
La situación iba a peor. Me resigné a que probablemente me mataran más tarde por hacer aquello, pero me levanté despacio de la silla plegable y me coloqué detrás de Horikita. Extendí los brazos y le agarré con fuerza los costados.
—¡Hyaah…!
Horikita soltó un grito anormalmente femenino. Pero no era momento de prestar atención a eso. Como seguía sin recuperar el sentido común, la sujeté con más fuerza y le hice cosquillas.
—E-espera. ¡P-para, para!
Por muy afectada o aturdida que estuviera una persona, si estimulabas suficientemente el cuerpo, volvía en sí. Aunque no quisiera. Los profesores parecieron quedarse un tanto desconcertados por mis actos, pero en aquel momento me daba igual. Cuando consideré que la había espabilado lo suficiente, la solté. Horikita, con aspecto de estar a punto de llorar, me fulminó con una intensidad sorprendente. Había tenido que forzarla, pero sabía que era necesario devolverla a su estado habitual.
—Espabila, Horikita. A este paso vamos a perder. ¡Tienes que pelear!
—Tch…
Horikita miró a la Clase C, luego al profesor y por último a su hermano, como si por fin entendiera la situación en la que nos encontrábamos. Pareció darse cuenta de lo desesperada que era.
—Disculpe. ¿Puedo hacer una pregunta?
—¿Le importa, presidente?
—Se lo permito. Sin embargo, la próxima vez responda con más rapidez.
Horikita se levantó lentamente de la silla.
—Antes ha dicho que Sudou-kun os llamó al edificio especial. Pero, exactamente, ¿a quién llamó Sudou y por qué?
Komiya y los otros alumnos de la Clase C se miraron entre sí, como si pensaran: «¿Por qué pregunta eso ahora?».
—Respondan.
Horikita añadió esas dos últimas palabras para reforzar su tono agresivo al interrogar. La secretaria Tachibana lo permitió.
—Kondou y yo no sabemos por qué nos llamó. Cuando habíamos terminado por ese día y nos estábamos cambiando, nos dijo que quería hablar con nosotros un momento. ¿No sería simplemente porque no le caíamos bien?
—Entonces, ¿por qué estabas exactamente en el edificio especial, Ishizaki-kun? Tú no perteneces al club de baloncesto, así que no tienes relación con este caso. Diría que tu presencia allí resulta bastante extraña.
—Eso es… Fui por precaución. Corrían rumores de que Sudou era violento. Además, físicamente está mejor que nosotros. Tenía que ir, ¿no?
—O sea, que pensabais que la situación podía volverse violenta.
—Sí.
Respondieron al unísono, casi como si hubieran esperado esa pregunta. Parecía que los alumnos de la Clase C se habían preparado a conciencia para esta reunión.
—Ya veo. Así que llevasteis a Ishizaki-kun como guardaespaldas, porque tenía fama de pelear bastante bien. Por si surgía alguna emergencia.
—Era para protegernos. Solo eso. Además, no sabíamos que Ishizaki-kun tuviera fama de ser bueno peleando. Simplemente lo considerábamos un amigo de confianza.
Horikita escuchó sus respuestas en silencio, como si estuviera ejecutando distintas simulaciones en su cabeza. Luego pasó inmediatamente a la siguiente jugada.
—Tengo ciertos conocimientos de artes marciales, aunque solo hasta cierto punto. Sé que, cuando te enfrentas a varios enemigos, la victoria se vuelve exponencialmente más difícil. Por eso no entiendo cómo fuisteis derrotados con tanta facilidad, cómo pudo ser una pelea tan unilateral, cuando llevabais con vosotros a alguien tan hábil luchando como Ishizaki-kun.
—Porque no teníamos intención de pelear.
—El factor principal que desencadena una pelea es el choque de la «energía» entre los oponentes. Si no tienes intención de pelear, o si eres una persona no violenta, la probabilidad de salir herido debería ser muy baja. Sobre todo siendo tres personas.
La opinión de Horikita era muy objetiva, basada en pruebas, normas y su propia lógica. En el otro extremo, Komiya respondió con su propia arma: pruebas tangibles.
—Esa forma de pensar no se aplica a Sudou-kun. Es excepcionalmente violento. Aunque nosotros no quisiéramos pelear, él sería violentamente despiadado de todas formas. Eso fue lo que pasó.
Se retiró la gasa que le cubría la mejilla y dejó al descubierto los rasguños que tenía debajo. Por muy razonables que fueran los argumentos de Horikita, su herida constituía una prueba visual poderosa.
—¿Ya han terminado con sus alegaciones, Clase D? —dijo fríamente el hermano mayor de Horikita.
Había permanecido callado mientras Horikita exponía sus argumentos, pero sus palabras fueron escasas y heladas. Su expresión parecía decir que, si eso era todo lo que teníamos que decir, habría sido mejor no decir nada.
—Es cierto que Sudou hirió a los otros alumnos. Sin embargo, fue la Clase C quien empezó la pelea. Hay una alumna testigo que vio todo el incidente y puede dar fe de ello.
—Entonces, Clase D… ¿podría entrar su testigo?
Sakura, inquieta y claramente nerviosa, entró en la sala del consejo estudiantil. Miraba al suelo, como si temiera el peligro.
—1-D, Sakura Airi-san.
—Había oído algo sobre un testigo, pero ¿es una alumna de la Clase D? —soltó Sakagami, el tutor de la Clase C, con una risita mientras se limpiaba las gafas.
—¿Hay algún problema, Sakagami-sensei?
—No, no, por favor. Continúe.
Sakagami-sensei y Chabashira-sensei intercambiaron una mirada.
—Puede comenzar su testimonio, Sakura-san, si es tan amable.
—S-sí, de acuerdo… Bueno… yo…
Se quedó callada. Siguió un silencio. Diez segundos. Veinte segundos. Sakura fue bajando cada vez más la mirada, y su rostro se volvió progresivamente más pálido.
—Sakura-san…
Horikita, incapaz de soportarlo más, se dirigió a ella. A diferencia de antes, sus palabras no parecieron llegarle.
—Parece que no presenció nada. Seguir con esto sería solo una pérdida de tiempo.
—¿Por qué tanta prisa, Sakagami-sensei?
—Quiero agilizar esto. Si perdemos el tiempo, mis alumnos saldrán perjudicados. Son el corazón alegre de su clase, así que no me cabe duda de que sus muchos amigos están preocupados por ellos. Además, se esfuerzan por mejorar en baloncesto, y les estamos privando de un valioso tiempo de entrenamiento. Como profesor, no puedo pasar eso por alto.
—Ya veo. Probablemente tenga razón en eso.
Cabría pensar que Chabashira-sensei se pondría del lado de la Clase D, pero no parecía ser el caso. Al contrario, asintió como si estuviera de acuerdo con Sakagami-sensei.
—Desde luego, tiene razón en que esto es una pérdida de tiempo, así que supongo que no nos queda otra. Puedes bajar ya, Sakura.
Chabashira-sensei le ordenó a Sakura que se retirara, casi como si hubiese perdido el interés. Los miembros del consejo estudiantil no propusieron aplazar nada ni nada por el estilo. Lo que se respiraba en aquella sala dejaba claro que la Clase D estaba derrotada. Sakura cerró los ojos con fuerza, como si no pudiera soportarlo más, como si lamentara su propia debilidad. Incluso Sudou, Horikita y yo sentimos que aquello era demasiado para Sakura y, en el fondo, nos resignamos.
Entonces ocurrió.
Una voz inesperada resonó por toda la sala.
—¡Yo sí vi claramente lo que pasó!
Sin duda era la voz de Sakura, aunque tardé unos segundos en reconocerla como tal. Lo que más me impactó fue el volumen.
—Los alumnos de la Clase C fueron los que pegaron primero. ¡No hay ninguna duda!

Las palabras de Sakura tenían una fuerza que desmentía la imagen que había mostrado al principio. Habló con una desesperación tan palpable que daban ganas de creer en su verdad. Al menos, yo la creí.
Sin embargo, como un hechizo, el efecto solo duró unos pocos minutos. Si quienes la escuchaban mantenían la calma, no les resultaría difícil ver a través de aquello.
—Disculpen, ¿puedo decir algo? —preguntó Sakagami-sensei, levantando la mano.
—Normalmente se les pide a los profesores que hablen lo menos posible, pero esta situación es demasiado lamentable. Presidente del consejo estudiantil, ¿le importa?
—Se lo permito.
—Respecto a lo que ha dicho, Sakura-kun, no diré que necesariamente desconfío de usted. Sin embargo, hay una cosa que me gustaría preguntarle. Ha comparecido como testigo, pero lo ha hecho bastante tarde. ¿Puedo saber por qué? Si realmente vio algo, lo normal habría sido que diera un paso al frente mucho antes.
Sakagami-sensei insistió exactamente en el mismo punto que había señalado Chabashira-sensei.
—Eso es… bueno, es que… no quería verme involucrada…
—¿Por qué no quería verse involucrada?
—Porque no se me da bien hablar con otras personas…
—Ya veo. Lo entiendo. Sin embargo, me gustaría añadir otra cosa. No se le da bien hablar con otros y, aun así, cuando la semana ya estaba casi acabando, decidió presentarse como testigo. ¿No le parece extraño? Desde mi punto de vista, da la impresión de que la Clase D ha fabricado en secreto una historia y la está utilizando a usted como falso testigo para dar un testimonio inventado.
Tras intercambiar unas palabras entre ellos, los alumnos de la Clase C respondieron que ellos también pensaban lo mismo.
—Eso… yo solo… estoy diciendo la verdad…
—Por muy malas que sean sus habilidades sociales, salta a la vista que no está testificando con convicción. ¿Es porque la atormenta la culpa, porque sabe que lo que dice es en realidad mentira?
—N-no, no es eso…
—No la estoy culpando. Probablemente la obligaron a mentir por el bien de su clase, para salvar a Sudou-kun. ¿No es así? Si ahora da un paso al frente y nos confiesa honestamente lo que ha pasado, no será castigada.
Los ataques psicológicos implacables del profesor no dejaban de llegar. Naturalmente, Horikita levantó la mano.
—No es así. Es cierto que a Sakura-san no se le da bien hablar delante de otras personas. Sin embargo, precisamente porque presenció el incidente está hoy aquí. De otro modo, lo más probable es que no estuviera, aunque se lo hubiéramos pedido. Además, si hubiéramos necesitado a alguien capaz de hablar con aplomo, ¿no cree que habríamos buscado a otra persona?
—No lo creo. En la Clase D hay estudiantes excelentes, como usted, Horikita-san. Elegir como testigo a alguien como Sakura-san les permite transmitir una sensación de realismo que usted misma no podría ofrecer.
Seguramente Sakagami-sensei no se creía de verdad lo que estaba diciendo. Pero, respondiéramos lo que respondiéramos, yo estaba convencido de que haría lo que fuera por cerrarnos el paso. Tal y como había sentido desde el principio, el testimonio de un alumno de la Clase D no tenía suficiente peso. Por muchas veces que insistiéramos en la verdad, nos dirían que mentíamos. Si el testimonio venía de alguien de nuestro lado, no lo aceptarían.
¿Nos habíamos quedado sin opciones?
Sakagami-sensei esbozó una sonrisa hostil mientras empezaba a volver a sentarse.
—Si queréis pruebas… ¡os las daré!
Sakagami-sensei se quedó inmóvil al oír las palabras de Sakura.
—Por favor, no forcemos más esta situación. Si realmente hubiera habido pruebas, las habría presentado mucho antes…
Sakura golpeó con fuerza la mesa con la mano y dejó caer encima varias piezas pequeñas y rectangulares que parecían trozos de papel.
—¿Qué es eso?
Como había sacado algo más que palabras, la expresión de Sakagami-sensei se endureció por primera vez.
—¡Esto demuestra que yo estaba en el edificio especial aquel día!
La secretaria Tachibana se acercó a Sakura. Aunque dudó un instante, finalmente extendió la mano hacia lo que había dejado sobre la mesa. No, no eran papeles como yo había creído. Eran fotografías.
—Presidente.
Tras mirar las fotos, la secretaria Tachibana se las entregó al presidente del consejo estudiantil. El hermano mayor de Horikita, después de observarlas unos momentos, las dejó sobre la mesa para que pudiéramos verlas. En ellas aparecía Sakura, pero aquella Sakura mostraba una expresión encantadora que se parecía y no se parecía a la Sakura que teníamos delante. Era la idol, Shizuku.
—Yo… estaba buscando lugares donde no hubiera nadie para poder hacerme fotos. En las imágenes también aparecen la fecha y la hora, así que eso demuestra que yo estaba allí cuando dije.
La fecha de las fotografías indicaba claramente que habían sido tomadas al atardecer, una semana antes. Coincidía con la hora a la que Sudou y los demás terminaban sus actividades del club aquel día. Horikita y yo soltamos una exclamación involuntaria al ver aquella nueva prueba. También empezaron a apreciarse cambios en los tres alumnos de la Clase C, que hasta entonces habían interpretado el papel de víctimas. Estaban temblando a la vista.
—¿Con qué hizo estas fotos? —preguntó Sakagami-sensei.
—Con una cámara… digital.
—La fecha puede alterarse con bastante facilidad en una cámara digital. Si ha manipulado estas fotos en un ordenador, podría haberlas fijado en la fecha y hora del incidente. Esto no constituye una prueba suficiente.
—Pero, Sakagami-sensei, ¿no cree que esta foto es diferente?
El hermano mayor de Horikita deslizó una de las fotografías que aún no habíamos visto y se la entregó al profesor.
—¿E-esto…?!
La imagen mostraba la pelea en sí; no hacía falta ponerse quisquilloso con la hora. La luz del atardecer bañaba el pasillo con un tono sombrío. La fotografía parecía captar justo el momento posterior a que Sudou golpeara a Ishizaki.
—Creo que después de ver… esto, creerá que yo estaba allí.
—Gracias, Sakura-san.
Aquella foto había salvado por completo también a Horikita. Rescatar una situación tan enormemente desfavorable…
—Ya veo. Bien, parece estar diciendo la verdad sobre haber presenciado el incidente. Eso sí debo aceptarlo. Sin embargo, con esta foto no puedo determinar cómo empezó la situación. Esto no demuestra que viera todo el incidente.
Era cierto: la imagen daba la impresión de que la pelea ya había terminado. No podíamos llamarla una prueba definitiva.
—Entonces, ¿qué le parece, Chabashira-sensei? ¿Por qué no buscamos un punto intermedio? —preguntó Sakagami-sensei.
—¿Un punto intermedio?
—Estoy convencido de que Sudou-kun mintió en su declaración.
—¡Cabrón!
Sudou se levantó de golpe, como si estuviera a punto de salir despedido de la silla, pero al final se sujetó los propios brazos y logró contenerse.
—Por mucho que sigamos discutiendo, nunca llegaremos a un acuerdo. Nosotros no cambiaremos nuestro testimonio, y su parte tampoco va a ceder ni a admitir que conspiraron con la testigo. En otras palabras, esto no va a terminar. Será un ciclo interminable de acusar al otro de mentir. Además, la fotografía es demasiado poco concluyente como para considerarse una prueba definitiva. Por tanto, propongo una solución intermedia. Creo que los alumnos de la Clase C tienen parte de culpa en lo ocurrido. Eran tres contra Sudou, y uno de ellos tiene antecedentes de peleas, lo cual también es un problema. Así que propongo dos semanas de suspensión para Sudou-kun y una semana para mis alumnos. ¿Qué les parece? La gravedad del castigo es distinta, por supuesto, pero creo que se ajusta a la diferencia en las lesiones sufridas.
El hermano mayor de Horikita permaneció en silencio mientras escuchaba a Sakagami-sensei. Parecía que la Clase C estaba dispuesta a ceder solo hasta cierto punto. Si no hubiéramos tenido el testimonio y las pruebas de Sakura, probablemente Sudou habría sido suspendido durante más de un mes. Pedir menos de la mitad de eso suponía una concesión considerable.
—¡No digas tonterías! ¡Esto no es ninguna broma! —rugió Sudou.
—Chabashira-sensei, ¿qué opina? —Sakagami-sensei ni siquiera miró a Sudou.
—Parece que ya hemos alcanzado una conclusión lógica. No hay motivo para rechazar la propuesta de Sakagami-sensei —dijo Chabashira-sensei.
Desde luego, su propuesta era un compromiso razonable. Horikita alzó la vista hacia el techo, como si estuviera repasando en silencio todo lo ocurrido hasta entonces. Por mucho que nos resistiéramos, sin una prueba concluyente Sudou no sería absuelto por completo. Horikita lo había sabido desde el principio.
Había llegado a la conclusión de que necesitábamos alcanzar un compromiso.
Para ser una alumna de la Clase D, Horikita era realmente impresionante.
Sin embargo, si aspiraba a llegar a la Clase A, no podía rendirse aquí.
No pensaba intervenir hasta el final, pero decidí echar una mano, quizá en parte por respeto al valor que Sakura había mostrado antes.
—Horikita, ¿de verdad ya no nos queda ninguna opción? —pregunté.
—……………
Horikita no respondió. Bueno, ¿acaso le quedaban ya palabras?
—No soy muy listo, así que no se me ocurre ninguna solución. Sin embargo, creo que probablemente deberíamos aceptar el compromiso que nos ha ofrecido, Sakagami-sensei.
—Exacto —respondió Sakagami-sensei con una sonrisa, subiéndose las gafas por el puente de la nariz.
—No tenemos ninguna prueba definitiva de la inocencia de Sudou. Supongo que debería decir que esa prueba simplemente no existe. Si este incidente hubiera ocurrido en un aula o en la tienda, habría habido más alumnos alrededor para verlo y probablemente existiría alguna prueba sólida. No hay constancia de que nadie presenciara esta escena. Como ocurrió en el edificio especial, donde no había nadie, no podemos hacer nada.
Suspiré profundamente y negué con la cabeza. Miré fijamente a Horikita a los ojos, y ella me devolvió la mirada. Hablé como si aceptáramos la derrota.
—Entiendo por qué estamos teniendo esta discusión. Por mucho que insistamos en lo contrario, la Clase C no va a admitir que mintió. Y Sudou tampoco va a admitir que lo hiciera. Esto de verdad no sería más que un ir y venir constante. Sinceramente, estamos llegando a un punto en el que habría preferido que esta discusión ni siquiera hubiese tenido lugar. ¿No estás de acuerdo?
Horikita bajó la mirada. Me pregunté qué estaría pensando. Si se quedaba con el sentido superficial de mis palabras, todo acabaría ahí.
—Entonces, eso es todo, ¿verdad? Bien, representante de la Clase D, Horikita-san. Denos su opinión al respecto.
Sakagami-sensei había interpretado mis palabras al pie de la letra. En otras palabras, como una declaración de derrota. Para la Clase C, la victoria consistía en evitar que Sudou fuera absuelto. La expresión del profesor indicaba que se consideraba vencedor en este enfrentamiento.
—Lo entiendo… —respondió Horikita, levantando poco a poco la vista.
—¡Horikita! —gritó Sudou.
Era el rugido de un hombre que, por encima de todos, no quería admitir la derrota. No podía hacerlo. Sin embargo, Horikita no se detuvo ahí. Siguió con sus palabras finales.
—Creo que Sudou, que provocó el incidente, tiene un problema. Nunca se detiene a pensar en sus actos, y causa molestias a todos los que lo rodean. Tiene antecedentes de meterse en peleas. Es el tipo de persona que alza la voz y los puños en cuanto algo no le gusta. Si ocurre un altercado como este, bueno, debería ser obvio quién lo ha causado.
—¡O-oye!
—Debes entenderlo, Sudou. Tu actitud es la causa de todo esto.
Horikita lanzó a Sudou una mirada tan feroz que parecía querer superar incluso la propia agresividad de él.
—Por eso no tenía ninguna motivación para ayudar a Sudou-kun al principio. Sabía que, aunque me obligara a tenderle la mano, volvería a repetir los mismos errores una y otra vez.
—Una respuesta muy sincera. Parece que el asunto está zanjado, ¿no creen?
—Muchas gracias. Puede sentarse ya —dijo la secretaria Tachibana a Horikita.
Siguió un momento de silencio. Después llegó el grito claramente irritado de Sudou. Y aun así, pasados cinco, luego diez segundos, Horikita no volvió a sentarse.
—¿Puede sentarse ya? —Tachibana le pidió de nuevo que tomara asiento, como si sospechara que Horikita no la había oído.
Sin embargo, Horikita seguía de pie. Clavaba la mirada en los profesores, observándolos fijamente.
—Debe reflexionar sobre sus actos. Pero no por este caso concreto. Cuando digo que debe reflexionar, me refiero a que debe mirar atrás y pensar en su comportamiento pasado. En lo que respecta a este incidente en particular, sin embargo, no creo que Sudou-kun hiciera nada malo. Esto no fue un desgraciado suceso ocurrido por casualidad. Estoy convencida de que fue un movimiento deliberado por parte de la Clase C. No tengo ninguna intención de aceptar la derrota dócilmente.
Horikita rompió el largo silencio con aquellas palabras altivas.
—Entonces… ¿qué quieres decir exactamente?
Por primera vez, el hermano mayor de Horikita miró directamente a su hermana menor. Horikita no se encogió ante su mirada. Probablemente sentía que ese no era el momento de asustarse, que tenía que mostrarse valiente delante de Sakura. O quizá ya veía el camino hacia una resolución final.
—Si no lo ha entendido, lo diré una vez más. Sostenemos que Sudou-kun es completamente inocente. Por tanto, no podemos aceptar su suspensión del instituto, ni siquiera por un solo día.
—Ja, ja… ¿Qué se supone que debería decir? ¿Que lo hicimos intencionadamente? Vaya acusación tan absurda. Parece que la hermana pequeña del presidente del consejo estudiantil no puede evitar soltar disparates.
—Sudou-kun es la víctima, tal y como ha testificado la testigo. Les ruego que no cometan un error en su juicio.
Los alumnos de la Clase C empezaron a protestar a gritos.
—¡No digáis tonterías! ¡La víctima soy yo!
Arrastrado por los gritos, Sudou elevó también la voz. Las objeciones estallaron por todas partes. Todo el mundo entendía que así no íbamos a llegar a ninguna solución.
—Basta. Seguir con esta discusión no sería más que una pérdida de tiempo.
Horikita Manabu nos miró como si no fuéramos más que un grupo intercambiando mentiras en una pelea de barro.
—Lo que he aprendido hoy es que cada parte sostiene una versión exactamente opuesta a la de la otra. En ese caso, una de las dos partes está difundiendo una falsedad sumamente maliciosa.
¿La D o la C? ¿Qué clase estaba mintiendo al instituto? Si ese hecho se hacía público, las consecuencias serían peores que una simple suspensión.
—Os lo preguntaré, Clase C. ¿Nos habéis mentido hoy?
—¡C-claro que no!
—¿Y vosotros, Clase D?
—No hemos mentido. Todo lo que hemos dicho es verdad.
—Entonces nos reuniremos de nuevo aquí mañana a las cuatro de la tarde para una nueva vista. Si para entonces no se ha establecido con claridad qué parte ha mentido, o si nadie admite su culpa, emitiremos un juicio basándonos en las pruebas recogidas hasta el momento. Por supuesto, en ese caso puede que tengamos que considerar la posibilidad de la expulsión de este instituto. Eso es todo.
Tras pronunciar esas palabras, el hermano mayor de Horikita dio por terminada la sesión. Si el caso iba a reabrirse a las cuatro del día siguiente, el margen de tiempo para encontrar nuevas pruebas era mínimo.
—¿Sería posible disponer de un poco más de tiempo antes de reanudar esto? —preguntó Horikita levantando la mano.
No había protestado, pero sí había hecho una propuesta.
—Si este asunto requiriera más tiempo antes de una nueva vista, el presidente del consejo estudiantil habría concedido un margen adecuado. En otras palabras, el tiempo otorgado debería ser suficiente para este caso. Las prórrogas solo se conceden en circunstancias especiales —respondió Chabashira-sensei, cruzándose de brazos.
Parecía que había entendido perfectamente la intención del consejo estudiantil.
Nos indicaron que nos fuéramos. Todos salieron de la sala del consejo estudiantil con gesto de insatisfacción. Sakura parecía a punto de romper a llorar cuando Sakagami-sensei se acercó a ella. Le dijo algo muy cruel.
—Quiero que reflexiones sobre el hecho de que muchos alumnos se verán implicados por tus mentiras. Además, si crees que vamos a ser indulgentes contigo solo porque te pongas a llorar, entonces me temo que eres una necia. Deberías avergonzarte.
Sakagami-sensei y sus alumnos se marcharon dejando aquellas palabras flotando en el aire. Los alumnos de la Clase C siguieron quejándose repetidamente de las mentiras de la testigo mientras salían, casi como si quisieran que Sakura los oyera. Un silencio absoluto envolvió la sala del consejo estudiantil inmediatamente después. Sakura, tratando de reprimir la voz lo mejor posible, rompió a llorar.
—He intentado con todas mis fuerzas hablar durante la reunión, pero ¿de verdad tenemos alguna posibilidad, Horikita?
—No pienso rendirme. Seguiré luchando hasta el final para respaldar tu testimonio —dijo Horikita.
—Entiendes que no vamos a resolver este problema solo por ser cabezotas, ¿no? ¿No acabará eso perjudicando a más gente?
—No tengo intención de perder. Bien, debo retirarme.
Dicho eso, Horikita se dio la vuelta y se marchó. Sudou fue tras ella. Yo salí de la sala del consejo estudiantil junto a Sakura.
—Lo siento, Ayanokouji-kun… Si hubiera dado un paso al frente desde el principio, todo habría salido bien, pero… Todo ha acabado así porque no tuve valor.
—Habría terminado igual, incluso aunque hubieras dado un paso al frente desde el principio. Habrían intentado desacreditar tu testimonio simplemente porque la testigo era de la Clase D. El resultado habría sido el mismo.
—¡Pero…!
Si sospechaban que Sakura era una mentirosa, probablemente no podría salvar a Sudou ella sola. Desbordada por la emoción, Sakura empezó a llorar a lágrima viva. Si Hirata estuviera allí, seguramente le habría ofrecido un pañuelo con amabilidad.
Curiosamente, la escena me recordó al momento en que Horikita se había derrumbado brevemente al reencontrarse con su hermano. Era una sensación intensa de déjà vu.
¿Por qué el mundo estaba dividido entre ganadores y perdedores?
Yo ya había sido testigo de muchas victorias y derrotas, y había visto lo estrechamente unidas que parecían estar la alegría y la tristeza a esos resultados. No podía dejar sola a Sakura, así que decidí esperar hasta que pudiera moverse.
—¿Aún sigues aquí?
El hermano mayor de Horikita y la secretaria Tachibana salieron de la sala del consejo estudiantil. Tachibana empezó a cerrar la puerta con llave.
—¿Qué piensas hacer?
—¿A qué te refieres? —pregunté.
—Pensaba que, al venir aquí con Suzune, sacarías a relucir algún tipo de plan maestro.
—No soy precisamente Zhuge Liang ni Kuroda Kanbei1. No tengo ningún plan.
—Entonces, cuando Suzune afirmó que Sudou era completamente inocente, ¿solo se dejó llevar?
—¿Quieres decir que exageró? No lo creo.
—Ya veo.
Por extraño que parezca, aunque mis intercambios con el hermano de Horikita hasta ese momento habían sido breves, la conversación siguió. Aunque en nuestro primer encuentro me había causado una mala impresión, ahora me resultaba fácil hablar con él. Quizá era lo esperable en alguien que había escalado hasta convertirse en presidente del consejo estudiantil. Comprendía a las personas mejor que la mayoría.
—Y en cuanto a lo que has dicho tú, Sakura.
El hermano de Horikita se volvió hacia Sakura, que ya había contenido el llanto.
—El testimonio presencial y las pruebas fotográficas tienen cierto peso durante una deliberación. Sin embargo, ten muy presente que el valor que damos a esas pruebas depende de cuánto confiemos en su credibilidad. Hagas lo que hagas, la legitimidad de tus pruebas se reduce por el simple hecho de que eres una alumna de la Clase D. Por muy detallada que sea tu declaración, no podemos aceptarla como verdad al cien por cien.
En otras palabras, estaba llamando mentirosa a Sakura.
—Y-yo… yo solo… dije la verdad…
—Si no puedes demostrarlo, no es más que palabrería.
Sakura bajó la cabeza, frustrada, y volvió a echarse a llorar.
—Yo la creo. Creo en el testimonio de Sakura —dije.
—Como es alumna de la Clase D, es natural que quieras creerla.
—No he dicho que quiera creerla. He dicho que la creo. No es lo mismo.
—Entonces, ¿puedes demostrarlo? ¿Puedes demostrar que no miente?
—Eso no depende de mí. Lo demostrará tu hermana. Si Sakura no está mintiendo, encontrará la manera de convencer a todos.
El hermano de Horikita soltó una leve risa y sonrió, como si pensara que algo así era imposible.
Después de que él y Tachibana se marcharan, me acerqué a Sakura, que seguía sin poder moverse.
—Vamos. Levanta la cabeza, Sakura. No sirve de nada seguir llorando para siempre.
—Pero… todo es culpa mía… Hic.
—No has hecho nada malo. Solo has dicho la verdad. ¿No?
—Pero… yo…
—Te lo voy a repetir una vez más. No has hecho nada malo.
Me agaché un poco para poder mirarla a los ojos. Ella volvió a bajar la cabeza, como si no quisiera que nadie viera sus lágrimas.
—Yo creo en ti. Te agradezco que hayas venido hoy aquí. Gracias a ti, ahora tenemos una oportunidad de salvar a Sudou y a nuestros compañeros de clase.
—Pero… yo… ¿No he sido completamente inútil?
¿Cuán poca confianza podía tener esa chica en sí misma?
—Creo en ti porque eres mi amiga.
Puse una mano sobre su hombro. Girándola un poco a la fuerza, intenté hacer que me mirara a los ojos.
Se lo repetí con convicción. Le dije:
—Hazlo por ti misma.

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Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 81
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 80
Estás leyendo el capítulo 80 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 23 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.