Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 75 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Después de volver a mi dormitorio, me tumbé en la cama y me quedé viendo la televisión sin prestar demasiada atención. Tenía la mente medio en blanco, dejándome llevar por el descanso. Entonces recibí un correo de Sakura.
«Si mañana faltara a clase, ¿qué crees que pasaría?»
«¿A qué te refieres?»
Aunque mi respuesta había sido breve, esperé un rato a que contestara.
«¿Qué estás haciendo ahora mismo?»
Eso fue lo que respondió. Le dije que estaba solo en mi habitación.
«Si no te importa… ¿podríamos vernos ahora? Estoy en la habitación 1106.»
«Si pudieras mantener esto en secreto y no decírselo a nadie… me ayudarías mucho.»
Recibí esos dos mensajes seguidos, casi como si estuviéramos chateando en vez de escribiéndonos correos. Me pregunté qué pretendía exactamente. Estuve a punto de preguntarle por qué, pero dejé de escribir. Si metía la pata, podía seguir mandándome mensajes y luego sería más difícil ir a verla. Tuve la intuición de que lo mejor sería hablar cara a cara, así que rehíce mi respuesta.
«Voy para allí en unos cinco minutos.»
Después de enviarla, fui a coger el abrigo, pero me detuve. Estando en el mismo dormitorio, seguramente bastaría con salir en chándal. Me encaminé hacia la habitación de Sakura. La planta de arriba… es decir, la zona donde vivían las chicas. Era la primera vez que ponía un pie allí. El colegio no prohibía expresamente que los chicos entraran. Aunque alguien me viera subir, no habría problema. De hecho, los chicos populares solían ir por allí a pasar el rato y divertirse.
Aunque se nos permitía bastante libertad, la entrada estaba prohibida a partir de las ocho de la tarde. Naturalmente, ir a la planta de las chicas en plena noche estaba terminantemente prohibido.
Pulsé el botón del ascensor. Cuando las puertas se abrieron, Horikita estaba dentro.
Qué mala suerte.
—…………
Por alguna razón, fui incapaz de moverme. Me quedé plantado allí. Si te cruzabas con un conocido, era difícil decidir si aquello era buena o mala fortuna.
—¿Qué pasa? ¿No vas a entrar? —preguntó.
Mientras me miraba, intentó cerrar las puertas.
—Ah, sí. Entro…
Aunque tenía la sensación de que aquello era una mala idea, subí y pulsé el botón de la undécima planta. Vi que el de la decimotercera también estaba encendido. Esa debía de ser la planta de Horikita. Por alguna razón, tuve la extraña sensación de que me observaba desde detrás.
—Hoy vuelves tarde, ¿no? —pregunté sin mirarla. El silencio era insoportable.
—He salido a comprar. ¿No lo ves?
Oí el roce de unas bolsas de plástico.
—Ahora que lo dices… tú cocinas por tu cuenta, ¿verdad?
Parecía que el ascensor subía más despacio de lo normal. Aún íbamos por la sexta planta. Haber recibido una invitación clandestina para ver a una chica era una situación de lo más estresante. La incomodidad me obligaba a decir algo.
—Esta no es la décima planta. ¿Te parece bien?
¿Por qué demonios me preguntaba por la décima planta? ¿Qué intención tenía?
—Para alguien que odia meterse en problemas, estás siendo sorprendentemente activo con este asunto. O quizá tengas algún motivo oculto.
Horikita estaba tanteándome claramente.
—Si tienes algo que decir, dilo sin rodeos.
—Vas a ver a Sakura, ¿verdad? —preguntó.
—No.
Lo negué al instante, aunque me pregunté si Horikita habría visto a través de mí.
—Bueno. Supongo que no es asunto mío adónde vayas.
Entonces no me preguntes. Eso era lo que quería decirle, pero me lo guardé para mí.
Tras una eternidad, por fin llegamos a la undécima planta en completo silencio. Salí del ascensor procurando mantener la calma. No miré atrás.
—Perdona la intromisión… —dije ante la puerta de Sakura.
—Pasa.
Me recibió con ropa informal.
—Entonces, ¿qué necesitabas de mí?
—Eh… Ayanokouji-kun, ¿recuerdas lo que me dijiste antes? Dijiste que no estaba obligada a presentarme, aunque fuera testigo. Y también que no tenía sentido obligarme a declarar.
Se refería a la vez que me encontré con Sakura por casualidad. Asentí ligeramente.
—Yo… al final es que no tengo ninguna confianza en mí misma.
—¿Te refieres a hablar delante de otras personas?
—Se me ha dado fatal desde hace mucho… No se me da bien hablar delante de los demás. Si mañana me piden que declare delante de los profesores, no creo que tenga la confianza necesaria para responder como es debido. Así que…
—¿Así que estás pensando en faltar a clase?
Sakura asintió levemente antes de dejarse caer y apoyar la frente sobre la mesa.
—Aaahhh. En serio… ¿por qué soy tan inútil? —se encogió sobre sí misma, claramente avergonzada. Era la primera vez que la veía así.
—Sakura, eres más intensa de lo que parece, ¿eh?
La diferencia entre la Sakura que tenía delante y la que veía normalmente me dejó descolocado. Más que eso, me sorprendió de verdad.
—¿Eh?
Al darse cuenta de que me había mostrado esa faceta suya, Sakura se sonrojó y negó con la cabeza.
—¡N-no! ¡Yo no soy así para nada!
Así que también podía mostrarse tan expresiva. Jamás lo habría imaginado, teniendo en cuenta la cara apagada que solía llevar.
—Oye, ¿puedo preguntarte una cosa? ¿Por qué me has llamado a mí? Kushida, o cualquier otra persona, sería más amable y más fácil de tratar.
—Porque… contigo no me dan miedo los ojos, Ayanokouji-kun…
¿Eh? ¿Qué quería decir con eso? Desde luego, yo no tenía unos ojos aterradores ni nada parecido, pero…
—Si lo que buscas es alguien con quien hablar, Kushida es mucho más cálida y sociable. Además, tiene muchísimos amigos.
—Ah, no. No me refiero a los ojos que yo vea por fuera. Me refiero a… a las pupilas, muy al fondo. Si miras a alguien fijamente a los ojos, lo entiendes. Lo siento, no sé explicarlo bien.
Así que era algo parecido a percibir la verdadera naturaleza de una persona. Si alguien me miraba a los ojos, ¿vería que no tengo sustancia y que carezco de ambición? Era un asunto bastante complicado.
—Es solo que… cuando veo a un hombre… aunque parezca amable… de repente me entra miedo.
Quizá fuera una perspectiva muy propia de una chica. Que se sintiera incómoda con los hombres podía ser algo natural, pero en Sakura aquella expresión de terror era anormalmente intensa. Pensándolo bien, recordé el día en que fuimos a arreglar su cámara digital…
Desde luego, era cierto que, en general, hombres y mujeres diferían en fuerza física y resistencia. Pero algunas chicas eran excesivamente conscientes de ese hecho y vivían con un miedo desmedido. Me pregunté si en el pasado de Sakura habría ocurrido algo que explicara ese temor tan profundo hacia los hombres.
¿Por qué demonios me había puesto a analizarla por mi cuenta? Como de costumbre, sentí un poco de asco de mí mismo.
—Sé que lo correcto sería limitarme a contar lo que vi. Pero, por más que lo intento, no consigo imaginármelo… ¿Cómo voy a hablar con tanta seguridad?
Estaba tan preocupada que había acudido a un estudiante como yo en busca de ayuda. Seguramente llevaba varios días dándole vueltas. Incluso con mi ayuda, seguía pareciendo atormentada.
—Si quieres dejarlo, ¿quieres que hable yo por ti?
—¿No te vas a enfadar?
—Ya te lo dije antes, ¿no? Si te obligáramos a declarar, no tendría ningún sentido.
Sakura era una testigo muy valiosa, pero eso no convertía automáticamente su testimonio en algo incuestionable. Puede que ni siquiera influyera en el resultado. Aun así, si faltaba, Sudou podría enfadarse. Probablemente debería intentar convencerla para que participara, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo.
—Eh… ¿Tú qué crees que sería lo mejor, Ayanokouji-kun?
—Creo que deberías hacer lo que tú quieras, Sakura.
Probablemente esperaba una orientación más concreta, pero por desgracia eso era lo máximo que podía ofrecerle. Yo no era una persona especialmente destacable, y desde luego no estaba cualificado para guiar a nadie. No era lo mío.
—Ya… Supongo que pedirte ayuda así debe de ser una molestia… Es que de verdad no valgo para nada. A lo mejor por eso ni siquiera soy capaz de hacer un solo amigo por mi cuenta.
Sakura se encogió de hombros y sonrió con amargura. Parecía sentir repulsión por sí misma.
—Sakura, yo creo que no tardarás nada en hacerte amiga de alguien.
—Lo siento. No sé cómo expresar bien lo que siento… Tú pareces llevarte muy bien con mucha gente, Ayanokouji-kun. Te envidio un poco.
—No es así.
Por lo visto, Sakura creía que yo tenía muchos amigos y que me lo pasaba muy bien.
—Puede que me esté pasando al decir esto, pero creo que tú y yo somos algo así como amigos. Lo somos.
Sakura y yo nos quedamos mirándonos.
—¿Somos amigos? ¿De verdad? —susurró.
—Si tú no lo ves así, Sakura, entonces es otra cosa.
—No… Me hace feliz… oírte decir eso —respondió Sakura, aunque seguía pareciendo algo desconcertada.
Empecé a darme cuenta de que, si la gente no hablaba cara a cara, nunca llegaba a percibir cómo era realmente la otra persona. Me sorprendió descubrir ese lado inesperado de Sakura. Si dejara salir esta faceta suya con más frecuencia, seguramente haría amigos enseguida. Sinceramente, bastaría con un pequeño cambio para que todo mejorara mucho. Pero supuse que, para ella, incluso un pequeño cambio debía de ser difícil. Lo que para una persona puede parecer algo insignificante, para otra puede resultar muy complicado, según cuáles sean sus problemas.
—Gracias por venir a verme hoy —dijo Sakura.
—No ha sido nada. Puedes llamarme cuando quieras.
Si con eso podía aliviar aunque fuera un poco la carga que llevaba Sakura, entonces ya valía la pena. Dejaría en sus manos decidir si iría o no al colegio al día siguiente. Pensando que la conversación había terminado, me levanté para irme, pero Sakura seguía pareciendo decaída.
—¿Tienes planes para esta noche? Quiero decir, ¿ahora mismo? —pregunté.
—¿Ahora mismo? No, no tengo nada planeado. O más bien… no he hecho ningún plan.
Mm. Hasta a mí me dio un poco de pena oír a alguien decir algo así.
—Entonces, ¿por qué no sales un rato conmigo? Claro, solo si no te molesta.
Decidí ser un poco atrevido e invitar a Sakura. Ella se tensó, casi como si hubiera olvidado la hora y de repente recordara que tenía que estar en algún sitio importante. Parecía no haber entendido lo que quería decir. Y entonces, sin vacilar, se levantó de golpe.
—¿Eh?
Al incorporarse de un salto, se dio con las rodillas en la mesa y se dobló sobre sí misma de dolor. Las gafas salieron despedidas de su cara.
—Eso sí que ha tenido que doler. ¿Estás bien? —pregunté.
—¡E-estoy perfectamente!
No resultaba demasiado convincente; el dolor era tan fuerte que estaba al borde de las lágrimas. Recogí sus gafas. Tal como pensaba, no tenían cristales. Se las devolví. Le temblaban las manos al cogerlas, y me dio las gracias. Sakura estuvo luchando contra el dolor durante cerca de un minuto, hasta que por fin se calmó y se quedó quieta.
—¿A-adónde quieres ir? —preguntó.
Estaba en guardia, pero no entendía por qué. Quizá pensara que yo era algún ligón de esos que intentan camelarse a las chicas. Si era así, era mala señal.
—No lo he pensado mucho. Solo me apetecía dar una vuelta, ya sabes. Ah, pero no me gustan los sitios con mucho calor…
Sakura respondió con cautela, como si midiera muy bien sus palabras.
—Si no te importa… hay un sitio al que me gustaría ir. ¿Te parece bien?
—¿Eh? Sí, claro, no me importa. Guía tú.
La verdad es que el lugar me daba igual; solo quería cambiar de aires y hablar un poco. Si Sakura tenía algún sitio al que prefería ir, entonces todo iba según lo previsto.

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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 75
Estás leyendo el capítulo 75 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 22 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.