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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 54 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Después de una agradable cena en el comedor de la residencia, volví a mi habitación. Allí, saqué el móvil y comprobé mi saldo restante. El total de mi cuenta apareció en la pantalla. Tenía 8.320 puntos privados. No había cambiado desde esa mañana. Teniendo en cuenta que habíamos empezado el año escolar con 100.000 puntos, era una cantidad increíblemente baja. Casi me había arruinado con tal de comprar el punto que Sudou necesitaba para aprobar. —Estaría genial que nos dieran esos 87 puntos —murmuré. Convertidos, los puntos equivalían a unos 8.700 yenes. Aunque no era una mejora enorme, seguía siendo bastante dinero. Mientras trasteaba con el móvil, la puerta se abrió de golpe. —¡Sálvame, Ayanokouji! —Sudou estaba allí, con la cara colorada como un tomate. —¿Por qué estás aquí? Bueno, olvida eso, ¿cómo has entrado? Había echado el pestillo al volver a la habitación. No se me había olvidado, porque lo tenía por costumbre. ¿Acaso Sudou había derribado la pared o algo así? Para asegurarme, comprobé la puerta y vi que no estaba rota. Tenía un aspecto completamente normal. —Esta es la habitación donde se reúne nuestro grupo, ¿no? Ike y los demás hicimos copias de las llaves. ¿No lo sabías? Los demás del grupo también tienen una llave. Hizo girar la tarjeta llave entre los dedos. —Acabo de enterarme de este dato de suma importancia —refunfuñé. Parecía que mi habitación ya no era un lugar seguro. La gente podía irrumpir cuando le viniese en gana. —Bueno, olvida eso por ahora. ¡Estoy en un apuro serio! ¡Tienes que ayudarme! —exclamó. —No, no puedo olvidarlo. Dame la llave. —¿Qué? ¿Por qué? La compré con mis propios puntos. Es mía. Qué argumento tan ilógico. Aunque uno cometa un delito sin saberlo, sigue siendo un delito. La amistad no significa permitir automáticamente que los demás hagan lo que quieran. —Si necesitas consejo o estás preocupado por algo, ¿por qué no se lo preguntas a Ike o a Yamauchi? —No puedo preguntarles a ellos. Son unos idiotas. Sudou se dejó caer al suelo con un golpe sordo. —Compra una alfombra, ¿quieres? Me duele el trasero —murmuró. No tenía puntos para gastar en decoración de interiores. Aunque al parecer mi habitación había sido designada como el punto de encuentro del grupo, no nos habíamos reunido ni una sola vez desde la fiesta. Aunque saliera a comprar una alfombra, habría sido el único sentado en ella. Solo imaginármelo ya era surrealista. Mientras me levantaba para preparar té, sonó el timbre de la puerta. Kushida, la chica más popular de la Clase D, asomó la cabeza por la entrada. Estaba tan mona como siempre. Vio a Sudou, que seguía sentado en el suelo. —Ah, Sudou-kun ya está aquí —dijo. —Oye, Kushida, quiero preguntarte algo. ¿Tienes también una copia de la llave de mi habitación? —Sí, la tengo. Para poder reunirnos aquí… Espera, ¿no lo sabías, Ayanokouji-kun? Sacó una tarjeta llave del bolso y me la enseñó. No encontré ninguna diferencia entre su llave y la mía. Eran exactamente iguales. Al parecer, Kushida pensaba que yo había dado permiso para hacer esas copias. —Ehmm, bueno… ¿Te la devuelvo? Me tendió la llave con gesto de disculpa. —No, está bien. No tiene sentido si eres la única que la devuelve. Sudou no parece querer entregar la suya. Tampoco estaba mal que Kushida tuviera una llave, ¿verdad? Supongo que en la parte más fantasiosa de mi cerebro, darle una llave hacía que pareciese mi novia. Los hombres somos realmente unos arteros. —Ya que Kushida también ha venido, ¿podemos pasar al tema que nos concierne? —preguntó Sudou. —Muy bien, supongo que no hay manera de evitarlo. Entonces, ¿de qué necesitas hablar? No podía echarlos a los dos sin más. Sudou empezó a hablar despacio, con expresión cabizbaja. —Ya sabes que nuestra tutora me llamó hoy, ¿verdad? Pues es que… Hmm… La verdad es que… puede que me suspendan. Por mucho tiempo, además. —¿S-suspendido? Era inesperado. Comparado con su comportamiento de principios de año, Sudou había sido bastante formal últimamente. No se dormía en clase ni hablaba durante las lecciones, y le iba bien en las actividades del club. —¿Insultaste a Chabashira-sensei, por casualidad? —pregunté. Sudou se había alterado cuando Chabashira-sensei le impidió ir al entrenamiento de baloncesto. Teniéndolo en cuenta, quizás había dicho algo imprudente. —No es eso. —Entonces ¿qué? ¿La agarraste por el cuello y la amenazaste de muerte o algo así? —Tampoco es eso. Otra negación. No me lo esperaba. —Probablemente es peor de lo que estás pensando… Mis dos primeras suposiciones habían sido bastante graves, así que si era algo peor que eso… —¡Ah, ya lo sé, Ayanokouji-kun! ¡Le dio una paliza brutal a Chabashira-sensei y luego le escupió! —exclamó Kushida. —Eso es horrible. O sea, ¡tus ideas descabelladas son demasiado terribles, Kushida! —¡Ja, ja, es broma! Sudou-kun no llegaría tan lejos. Aunque esperaba que Sudou lo negase de inmediato, parecía impactado por el chiste de Kushida. Era la prueba de que algo iba realmente mal. —¿Qué ha pasado? —pregunté. —La verdad es que ayer me lié a ostias con unos tíos de la Clase C. Y me han suspendido. La suspensión es probablemente mi castigo. Kushida también se quedó impactada con las palabras de Sudou. Me lanzó una mirada. No podía asimilar de inmediato que Sudou se hubiese metido de nuevo en un lío. —¿Les pegaste? Entonces, ehmm, ¿por qué lo hiciste? —pregunté. —Para que quede claro, no fue culpa mía, ¿vale? Los capullos de la Clase C empezaron e intentaron buscar pelea conmigo. Yo simplemente reaccioné a la situación y les di la vuelta a las tornas. Luego dijeron que fui yo quien empezó la pelea. Son unos mentirosos de mierda. Sudou todavía no había ordenado bien sus pensamientos. Aunque entendía la esencia de lo que decía, aún desconocía los detalles de la pelea ni cómo había empezado. —Espera un momento, Sudou-kun. ¿Puedes empezar de nuevo e ir un poco más despacio? —Kushida le animó a calmarse e intentó que nos contase la historia. —Lo siento, supongo que me salté al final y dejé muchas cosas. Sudou respiró hondo y empezó de nuevo. —Estaba hablando con el asesor del club sobre ser titular en el torneo de verano. Había oído que Sudou era bueno en baloncesto, pero no esperaba que fuese a convertirse en titular tan pronto. —¿Titular? ¡Es increíble, Sudou-kun! ¡Enhorabuena! —Bueno, nada está decidido todavía. Es solo una posibilidad por ahora. —Aun así, es asombroso. Acabamos de empezar las clases. —Sí, supongo. De hecho, era el único alumno de primero nominado para ser titular. Pero tampoco es que esté decidido. En fin, cuando volvía a la residencia, Komiya y Kondou, que están en el club de baloncesto conmigo, me llamaron al edificio especial. Dijeron que querían hablar conmigo de algo. Podría haberlos ignorado, pero es que de vez en cuando hablo con esos dos. Pensé que sería mejor escucharlos. Así que fui a quedar con ellos, ¿no? Y entonces estaba ese tío Ishizaki, esperándome. Es amigo de Komiya y Kondou. Dijeron que no podían soportar que alguien como yo, de la Clase D, hubiese sido elegido titular. Me amenazaron y me dijeron que dejara el baloncesto o me esperaba mucho dolor en el futuro. Me negué a dejarlo, les di una paliza y aquí estoy. Era una explicación bastante apresurada, pero entendí el mensaje. Al parecer Sudou estaba satisfecho con su relato. —O sea que te pusieron a ti como el malo, Sudou-kun. Sudou-kun asintió, todavía con cara de exasperación. Así que los alumnos de la Clase C habían sido los primeros en provocar, y cuando su intento de amenazar a Sudou fracasó, habían recurrido a la fuerza. En otras palabras, un acto de violencia. Sin embargo, Sudou era un luchador experimentado, así que había logrado superarles por completo sin esfuerzo. Claro que ellos habían resultado heridos. Como no había pruebas de lo que había pasado, habían mentido al día siguiente y contado a los responsables de la escuela que Sudou les había pegado sin motivo. —Si la Clase C fue quien empezó, entonces Sudou-kun no tiene la culpa. —¿A que sí? Es que no lo entiendo. ¡Tampoco me puedo creer a esa profesora! —Deberíamos hablar con Chabashira-sensei mañana. Deberíamos decirle que no fue culpa de Sudou-kun —dijo Kushida. Las cosas probablemente no serían tan sencillas. Sudou debía de haberle contado ya a la escuela lo mismo que nos había contado a nosotros. Pero como le faltaban pruebas claras que respaldaran su versión, la escuela podría decidir castigarle igualmente. —Sudou, ¿qué dijeron cuando oyeron lo que pasó? —Que me daban hasta el martes que viene para aportar pruebas. Si no puedo hacerlo, dirán que tengo la culpa y me suspenderán hasta el verano. Además, toda la clase perderá puntos también. Al parecer la escuela había decidido esperar a que hubiese pruebas. Sin embargo, Sudou parecía más preocupado por sus sueños de baloncesto que por su suspensión o por la pérdida de puntos de nuestra clase. Supongo que no soportaba la idea de desperdiciar su juventud. —¿Qué debería hacer? —Sudou-kun, no le mentiste al profesor, ¿verdad? O sea, es extraño. No te creyeron aunque dijiste que no habías hecho nada malo. ¿A que sí? Me dio pena Kushida. Me miró buscando que la confirmase, pero no pude responder como ella quería. —Bueno, me pregunto si es tan sencillo como eso. No creo que sea tan simple. —¿Cómo que te preguntas? ¿Es que dudas de mí? —Bueno, la escuela no se fía de ti, ¿verdad? No sería tan raro que alguien de tu clase, como Kushida, por ejemplo, te apoyase aunque estuvieses mintiendo. Al fin y al cabo, no quieren que sus puntos bajen. —Bueno… puede que tengas razón en eso, supongo. Nuestros problemas actuales no se resolverían simplemente descubriendo quién había empezado. Quizás esos tres alumnos podrían enfrentarse a una suspensión de una semana ellos mismos, como castigo. Esos tres tíos habían afirmado que les habían pegado. Sin una prueba irrefutable de que Sudou no tenía la culpa, definitivamente sería castigado. Eso significaba solo una cosa. —Aunque la otra parte sea la culpable, es muy probable que Sudou cargue también con parte de la culpa. —¿Qué? ¿Por qué? Fue legítima defensa propia, ¿no? ¿A que sí? ¿Cómo?! Sudou, claramente incapaz de entenderlo, golpeó la mesa. Los hombros de Kushida se tensaron por la reacción. —Perdón, es que me he enfadado un poco. —Al ver la expresión asustada de Kushida, Sudou se disculpó avergonzado. —Pero… ¿por qué cargaría Sudou-kun con parte de la culpa? —Sudou les pegó, pero ellos no le pegaron a Sudou. Creo que eso es una parte importante. En tal caso, alegar legítima defensa es difícil. Si hubiesen ido a por ti con un cuchillo o un bate de metal, creo que las cosas habrían sido bastante diferentes. La legítima defensa significa que tienes derecho a defenderte de ataques repentinos y peligrosos contra tu persona. Así que no creo que podamos alegar realmente que esto fue legítima defensa. ¿Cuánta consideración se tendría en cuenta en esta situación? —Y-yo no lo entiendo, aun así. Me enfrenté a tres personas. ¡Tres! Eso parece suficientemente peligroso. Probablemente tendrían en cuenta el número de personas, pero era un caso delicado. Si la escuela estuviese dispuesta a darle más peso al número de personas que le habían atacado, Sudou podría ser declarado inocente. Sin embargo, era peligroso ser optimista. —Creo que la escuela puede haber ofrecido una prórroga porque les ha resultado difícil tomar una decisión en este momento. En cuanto a las pruebas actuales, la clave estaba en las heridas que Sudou le había causado a esos tres alumnos. —Supongo que su plan es castigar severamente a Sudou por haberles pegado, ¿no? —dijo Kushida. —Quien denuncia primero tiene ventaja. El testimonio de la víctima puede funcionar como prueba. —Sigo sin entenderlo. ¡El que es la víctima soy yo! ¡Una suspensión no es ninguna broma! Si me castigan por esto, olvídate de ser titular. ¡Ni siquiera podré jugar en el torneo! Esos alumnos de la Clase C habían permitido deliberadamente que Sudou les golpease para hundirle. Querían destruir las posibilidades de Sudou de convertirse en titular, aunque eso significase que ellos mismos podrían enfrentar algunas restricciones. Eso era lo que yo imaginaba que era su plan, después de todo. —Hablemos directamente con esos tres alumnos de la Clase C y pidámosles que sean honestos. Si sienten que lo que hicieron estuvo mal, seguramente se sentirán culpables por ello. ¿A que sí? —Esos tíos no son idiotas. No van a ser honestos. Maldita sea, ¡no los perdonaré jamás! ¡Malditos inútiles! Sudou cogió un bolígrafo de la mesa y, con un chasquido fuerte, lo partió en dos. Entendía que tenía la sangre hirviendo, pero ese era mi bolígrafo… —Si explicar la situación no va a funcionar, necesitaremos encontrar una prueba irrefutable —dije. —Sí. Estaría bien que hubiese alguna prueba que demostrase que Sudou-kun no tiene la culpa. Eso estaría muy bien, porque entonces nuestro sufrimiento acabaría. Sin embargo, Sudou no negó nada. Parecía estar pensando profundamente. —Puede que haya algo, aunque. Puede que solo sea un malentendido por mi parte, pero cuando estaba peleando con esos tíos sentí algo… raro. Como si alguien estuviese cerca, observándome. No parecía estar del todo seguro. —¿Así que puede que haya un testigo? —pregunté. —Sí, eso creo. Aunque no tengo pruebas de que hubiera alguien allí. Un testigo. Hmm. Si alguien lo había visto todo, sería una gran noticia para nosotros. Sin embargo, dependiendo de cómo fuesen las cosas, podría hundir aún más a Sudou. Por ejemplo, si el testigo solo había visto el desenlace de la pelea, eso podría significar el fin de Sudou. —¿Qué debería hacer? —preguntó. Sudou escondió la cabeza entre las manos. Kushida rompió el pesado silencio. —Hay dos maneras de demostrar tu inocencia, Sudou-kun. La primera es simplemente conseguir que esos chicos de la Clase C admitan que mintieron. Como tú no tienes la culpa, probablemente lo mejor es conseguir que lo reconozcan. Eso era absurdamente idealista. —Como ya he dicho, es imposible. No van a admitir que mintieron. Como decía Sudou, si confesaban haber mentido solo para meterle en problemas a alguien, probablemente acabarían ellos mismos suspendiéndose. —La otra idea es encontrar al testigo del que hablaste, Sudou-kun. Si alguien vio la pelea por casualidad, deberíamos poder llegar al fondo del asunto. Bueno, ese era probablemente nuestro único plan realista. —¿Y cómo piensas buscar a este testigo? —¿Preguntando a la gente una por una? O podríamos simplemente dirigirnos a cada clase en conjunto —dijo Kushida. —Estaría bien que alguien simplemente se presentase, pero… Como llevábamos hablando bastante tiempo, empecé a rebuscar en el armario. Saqué los sobres de café y té instantáneo que había comprado en la tienda de la escuela. A Sudou no le entusiasmaba mucho el café, de todas formas. Después de poner el agua a calentar, lo puse todo sobre la mesa. —Esto puede sonar un poco descarado, pero… ¿podéis no contarle esto a nadie? —preguntó Sudou con timidez. Cogió una taza y empezó a soplar para enfriarla. —¿E-eh? ¿No quieres que se lo digamos a nadie? —preguntó Kushida. —Si se corre la voz, llegará definitivamente al equipo de baloncesto. No quiero que eso pase. Lo entendéis, ¿verdad? —Sudou, aun así, yo… —Por favor, entiéndelo, Ayanokouji. Si no puedo jugar al baloncesto, no tengo nada —suplicó Sudou, poniéndome las manos en los hombros. Aunque no se corriera la voz, esto no iba a mantenerse contenido. Si la gente se enteraba de que Sudou había usado la violencia, lo más probable era que no le aceptasen en el equipo. —Pero ¿no hablarán los alumnos de la Clase C de cómo Sudou-kun fue violento? Quiero decir, eso les favorecería, me parece. Eso era exactamente lo que yo pensaba. No sería extraño que hablasen entre ellos sobre ello, ya que eso les ayudaba a ellos y nos perjudicaba a nosotros. Sudou volvió a esconder la cabeza entre las manos, como diciendo: “¡Pero vamos, hombre!” —¿Y si la voz ya se ha corrido? —No, en esta fase probablemente solo lo está discutiendo la escuela y las personas implicadas. —¿Por qué lo crees así? —preguntó Sudou. —Si esos tíos de la Clase C hubiesen tenido intención de correr el rumor, probablemente ya lo habríamos oído. Los representantes de la escuela habían recibido una denuncia y habían llamado a Sudou después de clase. No había habido ninguna noticia sobre el incidente esa tarde. Como mínimo, la voz probablemente no se había corrido mucho. —¿Así que de momento estamos a salvo? ¿Cuánto duraría eso, sin embargo? Aunque la escuela emitiera una orden de silencio, la voz acabaría por correrse. Pronto se extendería. Ahora mismo, lo único que podía decir con certeza era… —Sudou-kun, creo que sería mejor que guardaras las distancias —dijo Kushida. Parecía entenderlo todo. —Sí. No sería bueno que el acusado tomase iniciativas —respondí, dándole la razón a Kushida. —Pero, si os dejo esto a vosotros… —No creo que sea dejárnoslo. Queremos que confíes en nosotros, Sudou-kun. No sé cuánto podremos hacer, pero haremos todo lo posible. ¿De acuerdo? —dijo Kushida. —Muy bien. Sé que es una molestia para vosotros, pero os lo dejo en vuestras manos. Parecía entender que solo complicaría las cosas si se involucraba. —Bueno, volvamos a nuestras habitaciones. Siento haber irrumpido aquí. —No te preocupes. Solo me parece raro que hayáis hecho copias de las llaves. Sudou deslizó la llave de vuelta a su bolsillo; no iba a devolverla. Quizás debería poner un candado a mi puerta. —Hasta mañana, Kushida. —Sí, hasta luego, Sudou-kun. Sudou-kun se fue con cara algo triste. Su habitación estaba solo a unas pocas puertas. —Bueno. ¿No vuelves a tu cuarto, Kushida? —pregunté. —Tengo algunas cosas de las que quería hablar contigo, Ayanokouji-kun. No parecías muy entusiasmado con ayudar a Sudou-kun. Mientras Kushida me miraba con ojos inquietos, sentí el repentino impulso de abrazarla. Estiré la espalda e intenté sacudirme esos pensamientos. —Es que no hay mucho que pueda hacer. Solo puedo responder a la versión de Sudou. Si fuese Horikita o Hirata quien estuviera aquí, probablemente podrían dar consejos expertos. —Puede, pero Sudou-kun vino a ti, Ayanokouji-kun. Vino a ti antes que a Horikita-san, Hirata-kun, o incluso a Ike-kun. —No sé si alegrarme por eso o no. —Hmm. Por un instante, la mirada de Kushida se volvió gélida, lo que me desconcertó. Recordé que Kushida en cierta ocasión me dijo directamente que me odiaba. Siempre llevaba una sonrisa amable, así que a veces lo olvidaba. Pero podría quemarme si lo olvidaba del todo. —Creo que sería mejor que hicieras más esfuerzo por integrarte, Ayanokouji-kun —dijo. —Lo intento, más o menos. Solo que no he podido. Como ahora mismo, que no tuve el valor de prometer que ayudaría. Ella no compartía mi ansiedad por comer solo en el comedor. Aun así, Kushida probablemente entendía cómo me sentía. —Kushida, tú sí vas a ayudar, ¿verdad? —Por supuesto. Somos amigos. Entonces ¿qué harás tú, Ayanokouji-kun? —¿Recuerdas cuando dije que sería mejor hablar con Horikita o Hirata? Pues bien, Sudou odia a Hirata, así que Horikita es la opción obvia. Aunque dudaba de que siquiera Horikita pudiese dar con un plan lo bastante bueno para resolver este problema. —¿Crees que Horikita-san nos ayudará? —No lo sé. Tendremos que preguntarle y ver. No creo que se quede callada sin hacer nada mientras la Clase D se hunde. Probablemente. Me faltaba convicción. Después de todo, estábamos hablando de Horikita. —Sé que estás intentando esquivar la pregunta, pero tú también ayudarás. ¿Verdad, Ayanokouji-kun? Creía haber conseguido llevar la conversación hacia otro lado, pero Kushida la retomó rápidamente. —¿Está bien si soy inútil? —No serás inútil. Estoy segura de que serás útil de alguna manera. Aunque no especificó claramente en qué forma sería útil. —¿Entonces qué deberíamos hacer? Sudou-kun dijo que no serviría de nada, pero creo que sería bueno hablar con los tres alumnos con los que se peleó. A decir verdad, soy amiga de Komiya-kun y los demás. Por eso, quizás sea posible convencerles. Hmm, aunque puede ser arriesgado. Kushida no podía descartar la idea de una conversación. —Es arriesgado. Aparte de la cuestión de quién empezó la pelea, esos tres se lo contaron a la escuela. Eso significa que llevan ventaja. Además, sencillamente no creo que funcione, dado que fueron ellos quienes empezaron. Conseguir que admitieran haber mentido a la escuela no sería fácil. Si la escuela se enteraba, la Clase C se enfrentaría a una sanción grave. No harían algo tan imprudente. —Bueno, entonces supongo que buscar al testigo es nuestra mejor apuesta. Eso probablemente sería igual de difícil que convencer a esos tres para que dijeran la verdad. Sin ningún detalle en que basarse, encontrar al testigo sería casi imposible. Ir preguntando “¿Visteis algo?” sería una pérdida de tiempo y esfuerzo. Por mucho que le diera vueltas, no se me ocurría ninguna solución. ![](/api/get-image/af9c2d53-1612-4422-a807-0fc3be6aab31.webp/chapters/false)
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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 54

Estás leyendo el capítulo 54 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 12 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.