arrow_back

Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 29 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Salí de la biblioteca y fui tras Kushida. Quería agradecerle el esfuerzo que había hecho para organizar el grupo de estudio y, además, disculparme. Por otra parte, quería hacer todo lo posible para llevarme bien con una chica tan mona, ¿sabes? Saqué el móvil y busqué el contacto de Kushida. Aunque era la segunda vez que la llamaba, me ponía nervioso contactar con ella. El teléfono sonó dos veces, luego tres. Sin embargo, no lo cogió. ¿No se había dado cuenta de que la llamaba? ¿O es que se negaba a contestar? Kushida no estaba por el campus, así que seguí buscándola. Al entrar al edificio de la escuela, creí distinguir a alguien que se le parecía por detrás. Ya eran cerca de las seis de la tarde, así que los únicos que deberían quedar por allí eran los que participaban en actividades extraescolares. Bueno, estábamos hablando de Kushida. Seguramente estaba esperando a alguna amiga íntima que terminase el club. Decidí seguirla. Si estaba ocupada, ya hablaría con ella más tarde. Con eso en mente, continué adelante. Saqué unas zapatillas de interior de las taquillas del pasillo, pero no encontré rastro de Kushida. ¿La había perdido? Eso creía, hasta que escuché el leve repiqueteo de unos zapatos. La seguí escaleras arriba hasta el segundo piso. El sonido de los pasos continuó hasta el tercero. El nivel siguiente era la azotea, ¿no? Los alumnos podían usarla durante la hora del almuerzo, pero debería estar cerrada después de clase. Aunque me pareció extraño, subí las escaleras intentando disimular mi presencia lo mejor posible, por si acaso estaba quedando con alguien. Entonces me detuve a mitad de camino. Había alguien ahí arriba. Me apoyé con cuidado en la barandilla y espié por la rendija de la puerta de la azotea. A través del hueco, distinguí a Kushida. No había nadie más con ella. ¿Estaba esperando a alguien? Una cita en un lugar tan apartado… ¿Sería posible que estuviese esperando a su novio? De ser así, podría verme acorralado por todos lados. Mientras me debatía sobre cómo escabullirme, Kushida dejó lentamente su mochila en el suelo. Y entonces… —¡Aaah, qué desesperante! Su voz sonó tan grave que no parecía en absoluto la de Kushida. —¡Es que me saca de quicio! Dios, qué irritante. Sería mejor que se \_muriese\_… Refunfuñaba para sí misma, como si recitara las palabras de algún tipo de hechizo o maldición. —Ugh, odio a las niñas estiradas y engreídas que se creen muy guapas. ¿Por qué tiene que ser tan zorra? Una chica tan podrida como ella no puede darme clases de ninguna manera. ¿Estaba Kushida molesta con… Horikita? —¡Ah, es lo peor! ¡Es lo peor, lo peor, lo peor! ¡Horikita, eres un fastidio! ¡Eres un maldito fastidio! Sentí que había vislumbrado otra faceta de aquella chica de carácter apacible, la más popular de nuestra clase. Probablemente no quería que nadie más viese ese lado más oscuro. Una voz en mi cabeza me susurró que era peligroso quedarse allí. Sin embargo, surgió una pregunta extraña. ¿Por qué había accedido a trabajar conmigo si sentía tanto odio hacia Horikita? A estas alturas, Kushida debería conocer a la perfección la personalidad y el comportamiento de Horikita. Podría haberse negado a ayudar, o simplemente haberle dejado el grupo de estudio a Horikita, o haberse desentendido del asunto de cualquier otra forma. ¿Por qué obligarse a formar parte del grupo de estudio? ¿Quería llevarse bien con Horikita? ¿O quería acercarse a otro de los participantes? Nada tenía sentido. No lograba explicar sus motivos. No. Quizás había dado señales de ello desde el principio. No había pensado mucho en ello antes, pero teniendo en cuenta el estado en que se encontraba en ese momento, tenía una corazonada. Tal vez Kushida y Horikita… En cualquier caso, necesitaba alejarme de allí. Kushida probablemente no quería que nadie más escuchase su diatriba1. Aún ocultándome, intenté marcharme rápidamente. ¡Pum! Había dado una patada a la puerta con mucho más estruendo del que pretendía. Había sido inesperadamente ruidoso, la verdad. Kushida se tensó y dejó de respirar. En un instante me había convertido en su enemigo. Se giró y clavó su mirada en mí. Me había visto. Tras un breve silencio, Kushida preguntó con frialdad: —¿Qué… estás… haciendo aquí? —Me he perdido un poco. Lo siento. Lo siento, lo siento. Ya me voy. Kushida me miraba fijamente, dejando claro que veía a través de mi obvia mentira. Nunca había visto una mirada tan intensa. —¿Lo has oído? —preguntó. —¿Me creerías si te dijera que no? —respondí. —Ya veo… Kushida bajó los escalones a paso decidido. Apoyó su antebrazo izquierdo en la base de mi cuello y me empujó contra la pared. Su tono de voz, sus actos, todo en ella era completamente distinto a la Kushida que yo conocía. Esta nueva Kushida lucía una expresión aterradora que casi podía compararse con la de Horikita. —Si le cuentas a alguien lo que acabas de oír, no te lo perdonaré. Sus palabras eran de hielo, y no me parecieron una amenaza vana. —¿Y si lo hiciera? —En ese caso, le diría a todo el mundo que me has violado —dijo. —Eso sería una denuncia falsa, ya sabes. —No pasa nada. No sería falsa. Sus palabras tenían peso y poder, y me dejaron sin respuesta. Mientras hablaba, Kushida me agarró la muñeca derecha y abrió lentamente mi mano. Empujó mi palma contra su suave pecho. —¿Qué estás haciendo? —pregunté. Intenté retirarme a toda prisa, pero ella presionó el dorso de mi mano. —Tus huellas están en mi ropa. Eso es una prueba de mi acusación. Hablo en serio. ¿Lo entiendes? —Lo entiendo. De verdad. Así que suéltame la mano. ![](/api/get-image/ecbf852a-7803-4852-b355-a861af6e6107.webp/chapters/false) —Voy a guardar este uniforme en mi habitación sin lavarlo. Si me traicionas, se lo entregaré a la policía. La fulminé con la mirada durante un rato mientras ella mantenía mi mano presionada contra ella. —Es una promesa —dijo. Kushida se apartó de mí. Aunque era la primera vez que tocaba el pecho de una chica, me di cuenta de que no recordaba la sensación. —Oye, Kushida. ¿Cuál de las dos es la verdadera tú? —Eso no es asunto tuyo. —Ya veo. Bueno, me estaba preguntando una cosa. Si odias a Horikita, no tienes por qué involucrarte con ella, ¿no? Sabía que probablemente no le gustaría esa pregunta, pero sentía curiosidad por sus motivaciones. —¿Acaso es malo querer caerle bien a todo el mundo? ¿Entiendes lo difícil que es conseguirlo? No puedes saberlo, ¿verdad? —preguntó. —Bueno, yo no tengo tantos amigos, así que supongo que no. Desde el primer día de clase, Kushida había hecho el esfuerzo de intercambiar datos de contacto, de invitar a salir y, por supuesto, de hablar con la pesimista Horikita. Era fácil imaginar lo difícil y agotador que debía de ser eso. —Al menos en apariencia, quería dar la impresión de llevarme bien con Horikita. —Pero el estrés de eso no dejaba de acumularse, ¿eh? —Sí. Aunque es lo que quiero de la vida. De esa manera, mi existencia tiene sentido. —Respondió sin vacilar. Kushida tenía una forma de pensar muy particular. Sus propias reglas internas le exigían acercarse a Horikita. —Déjame decirte algo, ya que tengo la oportunidad. Los chicos sombríos y corrientes como tú me dan una repulsión absoluta. La fantasía de una Kushida adorable que había albergado hasta entonces se había hecho añicos, pero en realidad no me había llevado un gran chasco. La mayoría de las personas tenían tanto una cara pública como una privada e interior, al fin y al cabo. Sin embargo, sentí que Kushida estaba diciéndome la verdad y mintiéndome al mismo tiempo en ese momento. —Solo es una suposición, pero ¿tú y Horikita os conocíais de antes de este año? ¿Quizás fuisteis a la misma escuela en el pasado? En el instante en que lo dije, Kushida se estremeció. —Qué… no sé de qué hablas. ¿Horikita-san ha dicho algo de mí? —soltó. —No, yo tenía la impresión de que era la primera vez que os conocíais. Pero algo me parecía raro. —¿Raro? Recordé la primera vez que Kushida me había hablado. —Aprendiste mi nombre solo cuando me presenté por primera vez, ¿verdad? —¿Y qué? —respondió Kushida con sequedad. —Bueno, ¿cómo supiste el nombre de Horikita? Por aquel entonces, ella no se había presentado a nadie todavía. El único que lo sabía era Sudou, pero dudo que lo hubieras conocido para entonces. En otras palabras, Kushida no habría tenido la oportunidad de aprender el nombre de Horikita. —Te acercaste a mí para espiarla, ¿verdad? —Cállate de una vez. Escucharte hablar me irrita, Ayanokouji-kun. Solo quiero saber una cosa. ¿Juras que nunca le contarás a nadie lo que has descubierto aquí hoy? —Lo juro. Aunque lo hiciera, nadie me creería. ¿Verdad? Había pretendido guardarme ese pensamiento para mí, pero terminé soltándolo sin querer. Toda la clase confiaba en Kushida y la adoraba. La diferencia entre nosotros era como la noche y el día. —De acuerdo. Te creo, Ayanokouji-kun. —Kushida cerró los ojos y exhaló lentamente—. Horikita-san es bastante peculiar, ¿verdad? —Sí, yo diría que es realmente peculiar. —Los demás no influyen en ella, o más bien, mantiene las distancias con todos. Es todo lo contrario a mí. Kushida y Horikita eran realmente polos opuestos. —¿Sabes, Ayanokouji-kun? Tú eres el único al que Horikita-san se abre. —Espera un momento. Ella no se abre a mí. Para nada. —Aun así, parece que confía en ti más que en nadie. De todas las personas que he conocido, Horikita parece la más desconfiada con los demás y, al mismo tiempo, la más segura de sí misma. Desde luego no confiaría en alguien sin valía, por muy increíblemente amable que fuese. —¿Entonces crees que tiene buen ojo para la gente? —Por eso dije que te creía. Ayanokouji-kun, en el fondo eres indiferente hacia los demás, ¿verdad? No recordaba haber hecho nada que le hiciera pensar así, pero Kushida parecía segura de su valoración. —No es un juicio descabellado. En el autobús, no mostraste ningún interés en cederle el asiento a aquella señora mayor. Ah, así que era de eso de lo que hablaba. Se había fijado en lo que ocurrió ese primer día. Había comprendido que yo no tenía ninguna intención de ceder mi asiento. —Si de verdad me crees, no difundirás rumores sin fundamento —dije. —Si estuvieras tan seguro, no me habrías tocado el pecho. —Bueno, es que… Estaba muy confundido. Me entró el pánico por un momento. Su expresión severa se disolvió en una de impaciencia. —Entonces, Kushida, ¿estaría en lo correcto si te considerase el tipo de chica que deja que los chicos le toquen el pecho? Me dio una patada en el muslo con toda la fuerza que pudo. Preso del pánico, me agarré a la barandilla. —¡Oye, ten cuidado! ¡Podría haberme caído y haberme hecho daño de verdad! —¡Te he dado una patada porque has dicho una estupidez! —soltó Kushida, con la cara encendida de rabia. —Oye, espera un momento. Seguía pareciendo furiosa. Kushida subió los escalones con paso enfadado, recogió su mochila y regresó luciendo una enorme sonrisa. —Volvamos juntos —dijo alegremente. —Ah. Claro. Su actitud había cambiado de forma drástica, como sacada de _Dr. Jekyll & Mr. Hyde_2. Tan drástica que me pregunté si había tenido una pesadilla. Volvía a ser su alegre yo de siempre. No podía distinguir cuál de las dos Kushida era la real.
Classroom of the Elite (Novela)

Continúa leyendo

Classroom of the Elite (Novela)

Capítulo 30

Siguiente Capítulo ›

Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 29

Estás leyendo el capítulo 29 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 17 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.