Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 156 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
El grupo Conejo estaba a punto de entrar en su sexto y último periodo de discusión, todavía sin ninguna esperanza de abrirse paso. Quería ordenar mis pensamientos con calma y cuidado, así que, cuando Hirata y los demás salieron de nuestra habitación, me dirigí solo a la sala de reuniones. Como aún faltaba alrededor de media hora para que empezara la discusión, di por hecho que no habría nadie. Sin embargo, mis expectativas se vinieron abajo al notar una presencia.
—Ha debido de llegar pronto, ¿eh? —pregunté en voz alta.
Ichinose dormía profundamente en el suelo. ¿Por qué el simple hecho de verla así lograba tocar el corazón de un hombre de aquella manera? Ah, esto era peligroso. Muy peligroso. Como estaba tumbada de lado, podía verle los muslos llenitos con más claridad de lo habitual. También estaba aquella vista exquisita bajo su falda, de la que no conseguía apartar los ojos. Cualquier hombre al que no le gustara lo que veía en ese momento tendría que ser gay, o al menos sentir una fuerte preferencia por los hombres o algo así. Eh… supongo que en el mundo había toda clase de personas. Aun así, ningún hombre podía escapar por completo de esos impulsos.
Aunque sabía que no debía hacerlo, no pude evitar mirar sus muslos, luego sus piernas, después su rostro y luego sus pechos. Y otra vez sus muslos. Mientras mis deseos adolescentes se imponían a mi buen juicio, algo junto a la parte posterior de su cabeza llamó mi atención.
Era el móvil de Ichinose. Debía de haber estado usándolo justo antes de quedarse dormida.
Los teléfonos que nos habían asignado contenían bastante información. No solo desempeñaban un papel vital en esta prueba, sino que también permitían consultar ciertos detalles, como cuántos puntos tenía una persona. Por supuesto, para confirmarlo necesitabas el ID y la contraseña de cada uno. Pero, para evitar la molestia de iniciar sesión una y otra vez, algunos estudiantes simplemente dejaban guardada esa información. En otras palabras, si echaba un vistazo al móvil de Ichinose en ese momento, quizá podría averiguar todo tipo de cosas. Su situación económica, por ejemplo, o cuántos puntos tenía. Y ya había confirmado antes que Ichinose tenía su ID y su contraseña guardados en el dispositivo.
Me acerqué con cautela y cuidado, paso a paso.
—Uuh… ah…
Al reducir la distancia entre nosotros, Ichinose se removió ligeramente, quizá al percibir algún cambio en el ambiente. Pero volvió a quedarse dormida, y su respiración se relajó. Parecía que no la había despertado. Intenté acercarme de nuevo.
—Mmm…

¿Qué demonios estaba haciendo?
Aunque aquello fuera una forma eficaz de reunir información, si alguien me veía, pensaría que era un pervertido. ¿Y si Ichinose se despertaba? Se produciría un malentendido enorme. Aunque no había nada de malo en que entrara en la sala media hora antes, era raro quedarme allí esperando tan abiertamente mientras una chica dormía.
Bueno, no tenía nada de lo que sentirme culpable. Por tanto, mantendría la calma. Paso a paso, me acerqué a Ichinose.
—Uuh… um…
Murmuró algo incomprensible.
Esto no pintaba bien. Cada vez que me movía, Ichinose parecía empezar a despertarse. Como prueba, intenté mover el pie adelante y atrás en el mismo sitio, sin avanzar. Si Ichinose mostraba alguna reacción, asumiría que tenía un sueño excepcionalmente ligero. Dicen que mucha gente que duerme así es muy nerviosa…
Cric, cric. Adelanté el pie derecho y luego lo devolví a su posición original.
Dios, qué patético soy.
¿Por qué tenía que andar a hurtadillas de esta manera? Si alguien me viera ahora mismo, definitivamente me etiquetarían como un pervertido. Al darme cuenta de que mis actos eran completamente estúpidos, renuncié a intentar echar un vistazo a su móvil y, en su lugar, me alejé. Me senté al otro lado de la sala. Desde allí no podía vislumbrar el lugar oculto más allá de sus muslos. Tampoco creía que pudiera despertarla por accidente.
Lo más importante era que seguía siendo temprano. ¿Por qué demonios está aquí?, me pregunté.
Unos veinte minutos antes de que empezara el periodo de discusión, una música de tono adorable sonó por toda la sala. Venía del móvil de Ichinose.
—Mmm… —murmuró.
Ichinose, todavía con los ojos cerrados, cogió el teléfono. Desbloqueó la pantalla y detuvo la música, que al parecer era la alarma de su móvil. Aún con aspecto bastante somnoliento, Ichinose empezó a incorporarse. Casi de inmediato, reparó en mí.
Me pregunté si le incomodaría mi presencia, pero no pareció importarle en lo más mínimo.
—Oh, qué bien… _bostezo_… verte, Ayanokouji-kun. Perdona, ¿te ha sobresaltado mi alarma? —preguntó.
—Oh, no. Parece que has dormido bien.
—Ja, ja, ja, perdón por eso. Me he quedado frita. He dormido como un tronco. Aunque tú también has llegado pronto. ¿No faltan veinte minutos para la discusión?
—Debería preguntarte lo mismo. ¿Cuándo has llegado?
—Hace una hora, creo. Quería un poco de paz y tranquilidad. Como mis amigos están entrando y saliendo de mi habitación, hay bastante ruido.
Al parecer, aquel era el mejor sitio para echar una siesta.
—Además, quería ordenar mis pensamientos —añadió.
Más que parecer despejada por la siesta, daba la impresión de haber tenido una inspiración repentina.
—¿Con algún resultado? —pregunté.
—Más o menos.
Se puso de pie. Luego, por algún motivo, Ichinose se acercó y se sentó a mi lado. Los dos estábamos solos en la sala. La distancia entre nosotros se estaba reduciendo. Aunque no podía ocultar mi nerviosismo, Ichinose no pareció darse cuenta.
—Aún queda algo de tiempo hasta que empiece la discusión. ¿Por qué no charlamos un poco? Si no te molesta, claro —dijo.
—Oh, no, no me molesta. No me importa.
—Vale. La verdad, Ayanokouji-kun, es que quiero preguntarte algo. Les he hecho esta pregunta a todos mis compañeros de clase, incluidos los chicos. Pero llevo un tiempo pensando en preguntárselo también a las otras clases. Simplemente me pica la curiosidad. Ayanokouji-kun, ¿quieres ascender a la Clase A?
Me había estado preguntando qué querría preguntarme, pero resultó ser algo sorprendentemente corriente.
—Bueno, sí. Claro que quiero. He pensado en llegar a la Clase A. No, espera… supongo que sería más exacto decir que debo aspirar a la Clase A.
—¿Por la garantía de universidad o empleo? —preguntó.
En nuestra escuela, los estudiantes de las Clases A a D competían entre sí. El mayor privilegio —tener garantizado el acceso a cualquier centro educativo o trayectoria profesional— estaba reservado únicamente a los de la Clase A. Muchos podrían pensar que aquello sonaba a truco. El folleto de la escuela era bastante ambiguo, así que los detalles no estaban claros.
—Hoy en día no puedes entrar en la universidad ni conseguir trabajo así como así. Sobre todo trabajo —dije.
—Yo también lo creo. Pero ¿no crees que depositar demasiada confianza en el sistema puede ser peligroso? Hay algo en ese 99,9 % que no nos están contando. Algo peligroso —dijo Ichinose.
Ichinose se refería al índice del «99,9 % de acceso a estudios superiores y empleo» del que presumía la escuela. Tenía razón al hablar de posibles trampas ocultas. Supongamos que yo quisiera ser jugador profesional de béisbol, pero no tuviera experiencia jugando. ¿Cómo se las arreglaría la escuela para convertirme en profesional? Incluso con sus contactos, había límites. Y aunque jugaras habitualmente en la escuela, eso no garantizaba que fueras a llegar a profesional. Aunque te graduaras en la universidad o siguieras estudios de posgrado, eso no te garantizaba ningún futuro. En realidad, solo una fracción de personas lograba cumplir lo que se había propuesto.
Estadísticamente hablando, solo uno de cada seis estudiantes puede alcanzar sus sueños. Al principio, podría parecer un porcentaje alto, pero los datos son ambiguos y las estadísticas difusas. Ser jugador profesional de béisbol no es lo mismo que convertirse en una estrella de primer nivel. Si juntaras a todos los que entran dentro de la categoría de jugador profesional, incluidos los aprendices, tendrías unas novecientas o mil personas. Sin embargo, si el sueño es jugar como titular en el equipo y derrotar a tus rivales desde el primer intento, quizá solo puedan hacerlo cien personas como mucho. Y, por último, aunque consiguieras un puesto como titular, tendrías que seguir jugando contra tus rivales y ser siempre una pieza clave para el equipo.
En otras palabras, eligieras lo que eligieras, era poco probable que alcanzaras tu sueño. Y hacerlo era algo extremadamente difícil. Muchos estudiantes se limitan a continuar con vidas aburridas y tediosas, pagando de boquilla el sueño de turno mientras pasan los años. Para cumplir realmente un sueño hacen falta mucho esfuerzo y suerte.
—Pero esta escuela… Bueno, tiene una influencia increíble, ¿no? La mayoría de la gente que llega a alguna parte en la vida lo consigue porque alguien influyente la ayuda. ¿O es que a ti no te interesa eso, Ichinose?
—No, no estoy diciendo eso. Quiero graduarme en la Clase A. Tengo un sueño que quiero hacer realidad —respondió.
Aunque sonreía, sus ojos permanecían firmes y serios.
—El sistema de la escuela está muy bien, pero si no logras graduarte en la Clase A, es una señal de fracaso. Esta escuela gira en torno a la capacidad, y si tus capacidades no bastan para abrirte camino aquí, es poco probable que alguna vez te consideren parte de la élite. Los estudiantes son clasificados según una supuesta superioridad o inferioridad. Ahora mismo, entre tú y yo, Ayanokouji-kun, solo uno puede alcanzar su sueño. Ah, aunque también podríamos fracasar los dos.
Aunque estuviéramos charlando como amigos, solo uno de nosotros podía ganar.
—Habrás oído que hay excepciones a las reglas.
—¿Mmm? ¿Te refieres a cuando alguien consigue acumular veinte millones de puntos?
—Sí. No ha habido ni un solo estudiante en la historia de la escuela que lo haya logrado, pero en teoría es posible.
—Ah, sí, desde luego. Supongo que, si contamos con eso, es posible que los dos nos graduemos en la Clase A —respondió.
—Sea como sea, otra cuestión es si realmente puedes reunir veinte millones de puntos. Aunque saques buenas notas en los exámenes y ahorres tus puntos, probablemente no bastaría —dije.
Solo viendo esta prueba, parecía posible ganar una gran cantidad de puntos dependiendo de cuánto te esforzaras, pero solo habíamos tenido dos exámenes de ese tipo. A partir de ahora, era posible que se redujera el número de pruebas así, y que aumentaran las posibilidades de recibir penalizaciones.
—Es verdad. Incluso siendo extremadamente ahorrador, es poco probable que alguien consiguiera ahorrar siquiera la mitad —reflexionó Ichinose.
—Sí. La situación económica de la Clase D es especialmente horrible. Aunque Horikita está esforzándose al máximo, los puntos de la prueba de la isla todavía no se han ingresado. De hecho, es perfectamente posible que los perdamos en esta prueba —dije—. ¿Tú eres ahorradora, Ichinose? No me das la impresión de alguien que vaya justa.
—Mmm, quién sabe. Personalmente, a veces gasto puntos y a veces los ahorro, como haría cualquiera. Aunque esté en la Clase B, tampoco tengo tantos puntos guardados.
Ichinose respondió a mi pregunta con naturalidad. No vi ninguna señal de que me estuviera ocultando algo, pero…
—Ayanokouji-kun.
—¿Mmm?
Ichinose se volvió de repente hacia mí. Me miró directamente a la cara.
—Parece que lo viste hace un tiempo —comentó.
No pude apartar la mirada de sus hermosos ojos. Era casi como si me atrajeran hacia ellos. Ichinose era incluso más lista de lo que había imaginado. Supongo que había visto mis intenciones con total claridad.
—Perdona. Cuando estabas usando el móvil antes, vi la pantalla por casualidad. Me dio un poco de curiosidad, así que estaba pensando en preguntarte sobre ello.
—Ja, ja, no hace falta que te sientas culpable ni nada. No te estoy culpando. Quiero decir, sin duda son muchos puntos, ¿verdad?
Sí, lo eran. Antes de que terminara el primer trimestre, Ichinose ya había acumulado una cantidad absurda de puntos. Aunque yo hubiera guardado todos los puntos de clase que se repartían el primer día de cada mes y no hubiera gastado ni uno solo, aun así no habría podido ahorrar tanto.
—Pero no puedo darte detalles. Lo siento —añadió.
—No hace falta que te disculpes.
—Claro que, aunque hubieras conseguido esa información, Ayanokouji-kun, e incluso si se la contaras a Horikita-san, no irías soltándoselo a todo el mundo, ¿verdad? Quiero decir, aunque hayas visto mi móvil, si alguien más decidiera preguntar, no se lo dirías, ¿no?
—No tengo intención de contárselo a nadie. Además, puede que me equivocara. No voy a insistir.
Aunque insistiera, tampoco era como si fuera a conseguir una respuesta satisfactoria.
—¿Has encontrado una forma de ganar esto? —pregunté.
—Mmm, creo que sí. Al menos, creo que he encontrado una pista.
No creía que fuera a responder con sinceridad, pero Ichinose sonaba relajada y segura. Parecía el tipo de persona que actuaba por iniciativa propia y no perdía el tiempo.
—En ese caso, esta competición se reducirá a una batalla entre la A y la B, supongo.
—No lo sabremos hasta el final. Mi camino hacia la victoria es…
Justo antes de terminar su idea, los miembros de nuestro grupo empezaron a entrar en la sala, uno tras otro. Los estudiantes de la Clase A fueron los primeros en llegar, pero se sentaron sin dirigirnos siquiera un saludo.
—Oh, ¿qué es esto? ¿Ya estabas aquí, Ayanokouji?
—¿A solas con Ichinose-dono? Vaya, vaya, qué sospechoso. Un encuentro clandestino, diría yo.
Yukimura y El Profe me bombardearon a preguntas al entrar juntos en la sala. No podía saber con seguridad si estaban impacientes o deprimidos, pero parecía que habían renunciado a ganar. En cambio, los estudiantes de la Clase B parecían bastante relajados.
—Esto se acaba, ¿eh? Entonces, ¿has encontrado alguna pista? —preguntó Hamaguchi.
Me habló con amabilidad mientras esperábamos a que empezara la discusión final.
—Para ser sincero, no tengo ni idea. No hemos podido hablar mucho, así que tampoco hemos podido avanzar —dije.
Esa era mi respuesta oficial, pero yo ya había ejecutado la estrategia que llevaba preparando desde que empezó la prueba. Mi plan tenía que ver con los teléfonos que todos habíamos recibido de la escuela. Había intercambiado los móviles de los VIP como camuflaje. Kushida era la VIP del grupo Dragón, pero ¿qué pasaría si Kushida y Horikita intercambiaban los teléfonos? Si alguien espiaba su móvil, sospecharía que Horikita era la VIP.
Entonces, si un traidor enviaba el nombre de Horikita como respuesta, estaría cometiendo un error. Nosotros ganaríamos.
—Buenas noches. Me alegra veros a todos —dijo Ichinose con calidez.
Sonreía, como siempre. Preparé la trampa de inmediato. Después de todo, no sabíamos quién más podía tener una agenda oculta. Había estado esperando a que Ichinose hablara, y decidí interrumpir antes de que volviera a tomar la palabra.
—Eh, disculpad. Si a todos os parece bien…
—Hay algo que me gustaría preguntar…
Hamaguchi y yo empezamos a hablar al mismo tiempo.
—Oh, perdona. Adelante, Ayanokouji-kun.
—Oh, no. Ve tú primero. No me importa —dije.
Qué fastidio. Bueno, aquello no interfería con mi plan, pero cualquier imprevisto podía volverlo todo inestable. Decidí dejar hablar primero a Hamaguchi. Yo intervendría después, tras pensarlo bien. Entonces, Hamaguchi hizo añicos mis planes de una forma inesperada.
—Durante estos tres días he estado pensando en cómo podríamos alcanzar el resultado número uno —dijo.
Hamaguchi empezó a explicar su plan, que, sorprendentemente, se parecía mucho al mío.
—Hay una forma de que todos los presentes alcancemos el resultado número uno —continuó.
Un tenue destello de esperanza brilló en los ojos de todos.
—¿Eso es verdad, Hamaguchi?
—Sí. Se me ocurrió esta idea después de escuchar a todos los presentes, incluidos Ichinose-san y Machida-kun.
—No me lo creo. No hay manera de alcanzar el resultado número uno sin discutir —resopló Machida.
—Escuchémosle primero. Hamaguchi-kun no es de los que hablan sin pensar —ofreció Ichinose.
—Voy a enseñaros mi móvil. Por supuesto, la escuela nos envió a todos un correo. Creo que entendéis por dónde voy, ¿no? Como tenemos prohibido manipular o falsear de cualquier modo los correos que hemos recibido, no hay forma de engañarnos mutuamente. Por eso la respuesta es sencilla. Nos enseñamos los correos y averiguamos quién es el VIP. Así descubriremos la verdad.
—Eso es una estupidez. ¿Por qué iba nadie a enseñar su móvil solo porque tú lo digas? Alguien podría traicionarnos a todos en cuanto mostrásemos los correos. Nadie haría algo así —respondió Machida con frialdad.
Era un plan desesperado. Naturalmente, Machida-kun estaba atónito.
—Es cierto que, si el VIP sabe que podría ser traicionado, no enseñaría su móvil. Sin embargo, desde la perspectiva de alguien que no es el VIP, revelar su identidad no implica ningún riesgo. La prueba terminará pronto. Si no hacemos ningún movimiento, perderemos la oportunidad de ganar. Supongamos que hay una clase trabajando junta para proteger al VIP. Es cierto que ninguno de ellos enseñaría su móvil. Pero de esta manera es posible reducir la lista de candidatos.
—Aunque descubras la identidad del VIP o la clase a la que pertenece, en el momento en que alguien decida traicionarte, se acabó. El problema no se ha resuelto. ¿O estás sugiriendo que gana el primero que nos traicione? —replicó Machida.
Mediante la estrategia de Hamaguchi, era posible descartar con éxito quién no era el VIP. Pero eso era todo. Al final, la gente no iba a jugar limpio.
—En ese caso, por favor, guarda silencio y limítate a observar. Aunque no participes, Machida-kun, seguirá estando bien —respondió Hamaguchi.
Hamaguchi mostró a todos el correo que había recibido.
—Estoy de acuerdo con Hamaguchi-kun. Yo también enseñaré el mío.
Después de que Hamaguchi mostrara su móvil, Beppu, de la Clase B, hizo lo mismo. Aquello no parecía una idea improvisada del momento. Parecía una estrategia ideada por Ichinose. Curiosamente, su plan era exactamente igual al mío. Sin embargo, no sabía hasta qué punto lo había pensado ni cuáles serían sus movimientos. Si simplemente creía que todos seguirían la corriente, entonces aquello era, sencillamente, una temeridad.
—Creo que es una estrategia sorprendentemente buena. No tengo ninguna objeción —dijo Ichinose.
Sonriendo, Ichinose llevó la mano al móvil que guardaba en el bolsillo izquierdo de su falda.
—Llevo mucho tiempo dándole vueltas a esto, pero después de escuchar el plan de Hamaguchi, lo entiendo.
Ichinose sacó su teléfono. Decidí intervenir e interrumpirla antes de que pudiera ejecutar su estrategia.
—Vais en serio con esto, ¿eh? Bueno, si todos vais a apostar por ello, creo que yo también me sumaré —dije.
Antes de que Ichinose pudiera enseñar a todos el contenido de su correo, saqué mi propio móvil y lo ofrecí. Pero en realidad no era mi móvil; lo había intercambiado con el de otra persona.
—Ayanokouji-kun… ¿estás seguro de esto? —preguntó Ichinose.
—Claro. Después de escuchar a Hamaguchi, sinceramente no creo que tengamos otra opción. Se me da muy mal comunicarme, así que lo único que puedo hacer es mostraros la verdad —respondí.
—Espera, Ayanokouji. No hay forma de que una estrategia así funcione —dijo Yukimura.
Intentó detenerme, pero mostré a todos el correo de mi móvil. Todos vieron que yo no era el VIP. Una cantidad increíble de agua se acumulaba tras aquella presa invisible. Si se abría el más mínimo agujero, la presa se vendría abajo y nos arrastraría una corriente de agua embarrada. Mis actos abrieron ese agujero.

—Sí. Vale. Entonces tú no eres el VIP, Ayanokouji-kun.
—De acuerdo. Yo también enseñaré el mío.
Entre la gran cantidad de personas que seguían burlándose de la estrategia de Hamaguchi, una única chica aceptó. Era la persona que menos esperaba: Ibuki Mio.
—¿Estás loca? ¡No sacamos nada de esto! —gritó Manabe.
Sin embargo, la respuesta de Ibuki estaba bien razonada.
—Cualquiera que no sea el VIP o no esté en la misma clase que un VIP no gana nada si las cosas siguen así. La Clase B lo entiende. Si nos quedamos de brazos cruzados, no alcanzaremos a las clases que están por encima. Por eso están enseñando sus móviles. Estoy de acuerdo con su idea —respondió.
—Eso es…
—O tal vez tú eres la VIP —dijo Ibuki.
Ibuki no habló con Manabe como si fuera una aliada. Le habló como si se dirigiera a una enemiga.
—N-no. Yo…
—En ese caso, enseña tu móvil a todos.
Las palabras de Ibuki intimidaron a sus compañeras. Manabe y sus amigas, como si aceptaran la orden de Ibuki, mostraron sus teléfonos a todos. La caza del VIP había comenzado. Karuizawa sacó su móvil, que llevaba una correa, y lo entregó.
—Espera. ¿No es solo Ayanokouji-kun? ¿Tú también vas a seguir esto, Karuizawa? ¿Estás de acuerdo? —Yukimura estaba desconcertado.
—Lo hago por mí. Quiero esos puntos privados —dijo Karuizawa.
Su correo decía que no era la VIP. Karuizawa estaba libre de sospecha.
—Eh, entonces, ¿qué debería hacer yo? —murmuró El Profe.
—Piensa por ti mismo, Sotomura. Esto es voluntario.
—Eh… bueno, no quiero verme metido en esto, así que acabaré cuanto antes.
El Profe, al ver cómo había cambiado la marea, fue a por su móvil. Yukimura le agarró el brazo y lo detuvo.
—¿De verdad crees que enseñar tu móvil a todos es lo correcto? —preguntó.
—Sabes, llevas un rato muy nervioso. No serás tú el VIP, ¿verdad? —preguntó Ibuki.
La expresión de Yukimura se tensó.
—Eh, ¿en serio?
—Yukimura no es el VIP. Lo he oído antes —dije.
Sin embargo, algunos estudiantes soltaron una carcajada.
—¿Esperas que nos creamos eso? Podrías estar mintiendo.
Manabe lanzó una mirada de duda hacia Yukimura.
Si seguía negando que él fuera el VIP, solo despertaría más sospechas. Pero aún no podía mover ficha. Porque Yukimura era…
—Es demasiado pronto para sacar conclusiones. Yukimura-kun tiene razón —dijo Ichinose.
Una vez más, metió la mano en el bolsillo y sacó su móvil.
—Antes me dejé llevar un poco y perdí la oportunidad, pero os lo enseñaré ahora —dijo.
Ichinose demostró que no era la VIP.
—Espera, Ichinose. Antes dijiste que habías estado callándote algo hasta ahora, ¿no? —Machida no lo había olvidado, por supuesto.
—Ah, ¿eso? Tenía en mente lo mismo que ha dicho Hamaguchi antes y quería hablar de ello. Eso es todo.
—¿Lo mismo?
—Como representante de la Clase B, me da un poco de envidia que Hamaguchi-kun se me haya adelantado.
A esas alturas, todos salvo los estudiantes de la Clase A y Yukimura habían demostrado que no eran el VIP.
—…
Todos entendieron el significado del largo silencio de Yukimura. Machida y los demás estudiantes de la Clase A lo miraron con curiosidad.
—Vale. Os lo enseñaré. Solo tengo que enseñároslo, ¿no? —murmuró.
Yukimura, incapaz de soportar más la presión, sacó su móvil.
—Antes de hacerlo, quiero que me prometáis una cosa —dijo.
—¿Prometer? ¿A qué te refieres, Yukimura-kun?
—No quiero que nadie aquí se convierta en traidor. Especialmente vosotros, la Clase A. Quiero que saquéis vuestros móviles y los pongáis delante. Eso va por todos. Poned los teléfonos donde pueda verlos —exigió.
Dirigió la frase a Machida, que respondió con un resoplido.
—¿De qué estás hablando? —preguntó.
—Exactamente de lo que he dicho. Ni más ni menos.
—Bueno, vale. Como quieras. Si quieres ver mi móvil, aquí lo tienes.
Los estudiantes de la Clase A, que habían estado sentados a cierta distancia, se acercaron con calma y dejaron sus móviles sobre la mesa. Después de que lo hicieran, Yukimura hizo su movimiento, con aspecto abatido. Sacó su teléfono y lo encendió. Introdujo la contraseña de seis dígitos e inició sesión. Yukimura abrió el correo de la escuela y lo levantó para que todos pudiéramos verlo.
—Siento haberte mentido, Ayanokouji —murmuró.
La Clase D fue la más sorprendida por la revelación.
—Yo soy el VIP.
En la pantalla aparecía un correo distinto al de todos los demás.
—¿Qu...? Y-Yukimura-dono, ¡¿tú eres el VIP?! —balbuceó El Profe.
Parecía atónito, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Básicamente, aquello significaba que habíamos renunciado a los 500.000 puntos que la Clase D había ganado. Sin embargo, yo había intercambiado los móviles con Yukimura en secreto.
—Si hubiera sabido que las cosas acabarían así, habría hablado desde el principio…
Karuizawa parecía genuinamente conmocionada e inquieta. Al verla a ella y a El Profe, cualquiera pensaría que los dos jamás habrían imaginado que Yukimura fuera el VIP. Machida se puso de pie y examinó el móvil de Yukimura.
—El correo parece auténtico. Todos los demás correos personales son de Yukimura, así que no hay margen de error.
Machida, tras comprobar el correo privado de Yukimura y sus registros de chat, confirmó la verdad. Aun así, seguía pareciendo dudoso, e Ichinose intentó explicar la situación con calma.
—No hay forma de que sea falso. Al fin y al cabo, la escuela explicó las normas, ¿verdad? Copiar y transferir el correo está prohibido. Mientras el correo se haya enviado desde la dirección de la escuela, la probabilidad de que sea falso es del 0 %.
Tenía razón. Crear información falsa estaba estrictamente prohibido. Si rompías esa norma, te esperaba la expulsión.
Por tanto, todo lo expuesto allí tenía que ser la verdad.
—Entonces significa que definitivamente es Yukimura-kun.
Manabe asintió. Lo importante aquí era el proceso que había llevado a la revelación de Yukimura. Si la persona que sostenía ese móvil era de verdad el propietario del teléfono era irrelevante. En otras palabras, juzgar si aquel móvil pertenecía o no a Yukimura era una tarea sorprendentemente difícil. La idea de que alguien hubiera intercambiado los teléfonos no estaba fuera de lo posible.
Sin embargo, mostrar a todos el proceso de introducir la contraseña de seis dígitos y desbloquear el móvil era una historia completamente distinta. No había forma de que un estudiante conociera la contraseña del teléfono de otra persona. Todos reconocieron inconscientemente que Yukimura debía de ser el dueño del móvil. No era fruto de una deducción, sino de ideas preconcebidas.
—Lo siento, Yukimura-kun. Esto ha pasado porque se me ocurrió la idea en el último momento —murmuré.
—No, no pasa nada. Probablemente sea lo mejor. Pensaba que podría salir de esto mintiendo, pero me equivocaba. Estoy seguro de que tú, Sotomura y Karuizawa estaréis de acuerdo en que esto es lo mejor —dijo Yukimura.
Ahora todos pensaban en él como el tipo de persona que quería asegurarse puntos solo para sí mismo.
—Bueno, ahora todos conocéis la respuesta. Soy yo —dijo Yukimura.
Si superábamos la prueba todos juntos, todos los miembros de nuestro grupo recibiríamos 500.000 puntos. El resultado número uno, que al principio parecía imposible de alcanzar, ahora parecía estar a nuestro alcance. Ichinose asintió y suplicó a la Clase A con más fuerza que antes.
—Por favor. Cooperad con nosotros. No dejéis que el valor de Yukimura-kun sea en vano. No quiero que nos traicionéis.
—Hemos estado actuando siguiendo las instrucciones de Katsuragi-san desde el principio. No haremos nada por nuestra cuenta —respondió Machida.
Dijo eso, pero el grupo se dispersaría justo antes de que terminara la prueba. Durante esa ventana de treinta minutos, teníamos que confiar no solo en nuestros propios compañeros, sino también en estudiantes de otras clases.
—Quiero creer… No, creo en todos vosotros —rogó Yukimura con fervor.
Suplicó a todos, de todas las clases. Me pregunté si los estudiantes que habían pasado tanto tiempo juntos durante esos últimos días habrían empezado a formar lazos de amistad. Me pregunté si aceptarían los deseos de Yukimura y si todos colaborarían.
No. No lo harían. Estaba seguro.
Alguien traicionaría al grupo. No tenía ninguna duda.
Y si eso ocurría, quienes habían intercambiado los móviles —la Clase D— se alzarían con la victoria.
Yukimura también debía de creerlo. Imaginaba que prácticamente se estaba muriendo por contener la risa. Sin embargo, su alegría desapareció cuando el móvil empezó a vibrar con una llamada entrante. Presa del pánico, Yukimura se lanzó hacia delante para coger el teléfono, pero lo dejó caer. Por pura coincidencia, el móvil cayó boca arriba.
Como estaba en silencio, la mesa temblaba mientras seguía vibrando. En la pantalla del identificador de llamadas ponía «Ichinose». Ichinose, con el teléfono pegado a la oreja, nos miró a Yukimura y a mí.
—¿Qué estás haciendo, Ichinose? No tiene sentido llamar al móvil de Yukimura en un momento así —dijo Machida, con expresión suspicaz.
Solo Yukimura y yo entendimos lo que estaba pasando. Ella colgó en silencio.
—La escuela dijo que estaba prohibido alterar o copiar los correos. Eso es cierto. Por eso el correo que hemos visto era real. Sin embargo, no hay ninguna norma que diga que no puedas engañar a la gente con el propio teléfono. ¿Entendéis lo que quiero decir?
Ichinose cogió el móvil y me lo entregó.
—La persona a la que pertenece este móvil, el verdadero VIP… eres tú, ¿verdad, Ayanokouji-kun? Acabo de llamarte a ti, no a Yukimura-kun.
Había intercambiado números con Ichinose hacía tiempo. E incluso en el caso de que no lo hubiera sabido, habría investigado para estar segura.
—P-pero ¿no es raro? Yukimura desbloqueó el móvil delante de nosotros. Yo comprobé su historial de correo privado para asegurarme —dijo Machida.
—Todo eso era falso. Podría haber conseguido la contraseña con antelación con solo pedírsela a Ayanokouji-kun. Además, es posible replicar el historial de llamadas, los correos, las aplicaciones y demás, aunque requiere algo de esfuerzo —dijo Ichinose.
El rostro de Machida se tiñó de otro color, furioso. Me arrebató el móvil de las manos.
—No es fácil que la gente mienta así, sobre todo cuando la meta está al alcance. En los últimos momentos, ya sea por descuido o por nerviosismo, dejan algún tipo de abertura. Yukimura-kun mintió, y sus gestos y su comportamiento parecían distintos de cómo actúa normalmente.
Ichinose había visto por completo a través de mis intentos de engaño. Yukimura palideció mientras ella hablaba. Era dudoso que siquiera la estuviera oyendo.
—Nosotros también llevábamos un tiempo pensando en esto. Si el VIP estaba en vuestra clase, una opción sería intercambiar móviles. Podríais engañar a la gente mostrando la contraseña para desbloquear el teléfono.
Al parecer, Ichinose y los demás habían ideado la misma estrategia que yo.
—Pero, verás, esa estrategia tiene un punto débil: el número de teléfono. Aunque dupliques perfectamente todo, desde el historial de llamadas hasta las aplicaciones, no puedes cambiar el número. Hamaguchi y yo probamos una vez a intercambiar las tarjetas SIM para ver qué pasaba, pero las SIM están bloqueadas a sus respectivos teléfonos. Si las hubierais cambiado, no habría podido llamarte. No importa quién intercambie con quién: en cuanto oigo sonar el móvil, puedo encontrar al propietario. Si no pudiera hacer eso, no habría propuesto esta idea desde el principio —dijo Ichinose.
Ichinose y Hamaguchi habían ido dos pasos por delante. Probablemente lo habían organizado todo, acordando que Hamaguchi fuera quien sacara el tema. En un segundo, la verdad había salido a la luz.
—Lo hicisteis casi todo a la perfección. Pero no anticipasteis que nuestras SIM estuvieran bloqueadas a dispositivos concretos, ¿verdad? —se regodeó Ichinose.
Por los altavoces sonó un anuncio que nos informaba de que faltaban cinco minutos para que terminara el periodo de discusión. Nos dijeron que nos dispersáramos en los próximos cinco minutos y regresáramos a nuestras habitaciones.
—¡Maldita sea! —gritó Yukimura.
—Qué pena, Yukimura. Aunque ha sido un intento sorprendentemente bueno —dijo Machida.
Él y los demás se rieron, ahondando en la burla. Me miraron también a mí, cómplice del plan. Yukimura seguía visiblemente alterado y tembloroso, y lo mismo ocurría con el resto de la Clase C. Las Clases C y A parecían conmocionadas. Estoy seguro de que tenían muchas preguntas, pero las normas nos prohibían seguir hablando.
—En cualquier caso, hemos confirmado que Ayanokouji-kun es el VIP. Machida-kun, prométeme que apuntaremos al resultado número uno y que nadie traicionará a nadie —insistió Ichinose.
—Sí, por supuesto. Puedes confiar en mí. Vámonos —dijo Machida.
Los tres estudiantes de la Clase A salieron de la sala enseguida, antes que nadie.
—Hay mucho que ganar si colaboramos. Por eso jamás traicionaremos. Por eso quiero que vosotros, los de la Clase C, hagáis lo mismo. Por favor, aguantad solo treinta minutos —suplicó Ichinose.
Manabe y las demás asintieron y salieron de la sala. Yukimura miró el móvil que yo sostenía.
—Me equivoqué al aceptar tu plan. Esto es una mierda —soltó, furioso.
Uno tras otro, todos abandonaron la sala, dejándome a solas con Ichinose.
—Ahora lo único que podemos hacer es confiar en todos —dijo.
—Sí. Supongo —respondí.
—Estás muy tranquilo, Ayanokouji-kun. ¿No te preocupa?

—No especialmente. De todos modos, no puedo hacer nada más que confiar. Vuelvo a mi habitación.
No había nada que ganar quedándome allí.
—Oye, espera un segundo.
Ichinose puso una mano sobre mi hombro. En ese instante, noté la tensión entre nosotros.
—¿A quién se le ocurrió la idea de intercambiar los móviles? —preguntó.
—A Horikita, por supuesto.
—Ya veo. Por favor, dile algo a Horikita-san de mi parte. Dile que su plan ha sido todo un éxito.
—¿Todo un éxito? ¿No querrás decir una derrota aplastante? Hemos fracasado, y con todas las letras. Lo has visto todo.
—Ja, ja, ja. No esperabais que se nos hubiera ocurrido el mismo plan, ¿verdad?
—Lo siento. Siento haber intentado engañarte así, sobre todo después de aceptar ser tu aliado. ¿Estás enfadada?
—Claro que no. Nosotros seguimos adelante con nuestro propio plan sin decírtelo, así que estamos en paz.
—Ya veo. Si lo dices en serio, seguro que Horikita se sentirá aliviada.
Cogí mi móvil y me dirigí hacia la salida.
—E-espera, espera un segundo. Todavía no hemos llegado a la parte crucial —dijo.
—¿La parte crucial?
—Vamos. Eres sorprendentemente malo tratando con la gente, Ayanokouji-kun. Es cierto que las tarjetas SIM están bloqueadas a sus respectivos dispositivos. Pero hay una forma de liberar ese bloqueo. ¿No es así? Lo confirmé con Hoshinomiya-sensei. Me dijo que, con suficientes puntos, puedes desbloquear el dispositivo al instante —dijo Ichinose.
En ese momento, sentí una leve corriente eléctrica recorrerme la espalda.
—Después de que una falsedad sale a la luz, la mayoría de la gente toma la respuesta que viene después como la verdad. Se determinó que Yukimura-kun no era el VIP, incluso después de enseñar a todos cómo desbloqueaba tu móvil usando la contraseña. En cuanto esa mentira fue revelada, la verdad de que tú eras el VIP salió a la superficie. La tarjeta SIM fue el factor decisivo. Ahora nadie sospecharía que el VIP pudiera ser otra persona. Pero esa era la trampa. Yo dije que la idea de intercambiar teléfonos era una estrategia imperfecta, pero eso era mentira. Porque intercambiar teléfonos es extremadamente eficaz. Eso sí, para que funcione debe ser una trampa de doble capa. En ese caso, la verdad permanecerá en la oscuridad. Nadie tendría forma de determinar con un 100 % de precisión la identidad del verdadero VIP.
Ichinose había visto a través de mi plan. Había visto a través del plan que había detrás del plan. Se dio cuenta de la verdad que había mantenido oculta incluso a Yukimura. Primero, sabía que yo no era el VIP, pero que me había acercado a Yukimura fingiendo serlo. Como prueba, usé el móvil del verdadero VIP para contactar con él. Pero el verdadero objetivo —la auténtica VIP y dueña de aquel móvil— era Karuizawa.
Ella había ocultado ese hecho muy bien. La única persona a la que se lo había contado en secreto era Hirata. Al principio, Hirata nos lo ocultó tanto a mí como a Yukimura. Por eso fingió no saber quién era la VIP cuando hablamos de ello. Sin embargo, después de que supiera lo suyo y lo de Karuizawa, Hirata me contó la verdad. Luego, después de usar a Manabe para acosar a Karuizawa, aproveché la oportunidad para intercambiar nuestros móviles.
Por supuesto, repliqué el correo y el historial de llamadas, igual que hice con Yukimura. Naturalmente, después usé mis puntos para liberar el bloqueo de la SIM. Hacerlo no era ilegal y podía realizarse gratis en cualquier gran tienda. Puede que estuviéramos en un barco en alta mar, pero estaba seguro de que la escuela tendría algo preparado para reemplazar o reparar nuestros teléfonos en caso de que se dañaran. Por eso, mientras usaba el móvil de Karuizawa, pude trasladar también mi número.
Luego intercambié ese móvil con el de Yukimura. Por supuesto, le dije que era mi móvil, y él me creyó. Si mi engaño salía a la luz, se enfadaría muchísimo.
Una persona simple jamás habría notado que Yukimura y yo habíamos intercambiado los móviles. Una persona inteligente habría advertido el cambio y me habría acusado de ser el VIP. Pero nunca habría llegado a la conclusión de que Karuizawa era la verdadera VIP.
—Si el VIP no hubiera estado en la Clase D, ¿qué habrías hecho? —preguntó Ichinose.
—Lo mismo que tú. Habría intentado averiguar quién era el VIP, tomar prestado el teléfono de esa persona y tener otro preparado. Luego habría dado un paso al frente y habría afirmado ser el VIP yo mismo.
Si entonces el verdadero VIP se presentaba para señalar la mentira, la situación quedaría clara. Con que creyeran simplemente que Ichinose era la VIP, la prueba terminaría con el traidor cometiendo un error. En esa última situación, la Clase B no recibiría puntos, y la diferencia entre las clases se reduciría o aumentaría.
—Así que me han descubierto, ¿eh?
Ichinose empezó a sacar teléfonos de ambos bolsillos. Uno pertenecía al VIP de otro grupo de un estudiante de la Clase B, y el otro era el teléfono de un estudiante distinto que, muy probablemente, no era VIP.
—Esto es solo una predicción mía, pero basándome en cómo ha ido la discusión de hoy…
Ichinose escribió rápidamente un breve mensaje en su propio móvil.
—La verdadera VIP es Karuizawa Kei-san. ¿Me equivoco?
Me enseñó su teléfono. Ese era el mensaje de traición que iba a enviar a la escuela. Sin embargo, antes de que pudiera ocurrir nada, tanto mi teléfono como el de Ichinose sonaron al mismo tiempo.
«La prueba ha terminado para el grupo Conejo. Por favor, esperen al anuncio de los resultados».
—Ahh, supongo que alguien ha traicionado al grupo, ¿eh? Me pregunto si habrá sido la Clase A o la Clase C.
—¿Por qué pensaste que era Karuizawa? —pregunté.
—Por la misma razón que Yukimura-kun. Se ha estado comportando de forma extraña. Normalmente no parece preocuparse mucho por ti, Ayanokouji-kun, pero no dejaba de mirarte y se le tensaba la cara. Aun así, seguía existiendo la posibilidad de que no fuera la VIP, así que no podía enviar ese correo.
Al parecer, Ichinose había visto por completo a través de mi plan.
—¿Por qué no dijiste nada? Como mínimo, podrías haber expuesto mi mentira —dije.
Ichinose sonrió. La sonrisa que llevaba ahora quizá era la más auténtica que le había visto jamás.
—Es obvio. Si la Clase A o la Clase C cometen un error, eso es una victoria para nosotros. Desde el principio nunca tuve intención de alcanzar el resultado número uno ni de traicionar al grupo para obtener el resultado número tres. En el momento en que supe que el VIP no estaba en la Clase B, decidí que dejaría que otra clase nos traicionara. Creo que el traidor probablemente fue de la Clase A —dijo.
—¿Machida?
—No, no. Morishige-kun. Es miembro de la facción de Sakayanagi. Dudo que fuera a seguir calladamente el plan de Katsuragi. Probablemente pensó que, si acaso, le convenía más traicionar al grupo y quedarse con los puntos. ¿No crees?
Ichinose rió y me dio la espalda.
—Ayanokouji-kun, eres increíble. ¿Lo sabes? Nuestra conversación de ahora demuestra lo astuto que eres en realidad, ¿verdad?
—Deberías elogiar a Horikita. Ella solo me dio instrucciones, eso es todo.
Parecía que tendría que reevaluar a Ichinose Honami. Había logrado evitar los riesgos a conciencia mientras ideaba una estrategia que la llevaba a la victoria.
—Bueno, entonces me marcho. Sería malo que rompiéramos las reglas, ¿no te parece?
Sin embargo, en el momento en que Ichinose dijo eso, nuestros teléfonos emitieron un sonido particular. Sonó cuatro veces, rápidamente.
—¿Q-qué significa esto? —preguntó Ichinose.
Parecía completamente conmocionada mientras desviaba lentamente la mirada desde la pantalla de su móvil hacia mí.

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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 156
Estás leyendo el capítulo 156 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 10 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.