Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 121 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Horikita volvió unos diez minutos después, reincorporándose a la inquietante atmósfera del campamento. La causa era el humo oscuro que salía de detrás del retrete portátil. Era demasiado pronto para que hubieran encendido la hoguera, y además el lugar era bastante raro.
—¿Qué es ese humo? ¿Qué demonios ha pasado? —gritó Ike.
Mientras me reunía con Horikita, también alcancé a Ike, que estaba claramente presa del pánico. Le pregunté qué ocurría.
—Esto es grave. ¡Hay fuego! ¡Fuego! ¡Algo está ardiendo detrás del váter!
Todas las chicas que habían estado haciendo cola frente a las duchas ya no estaban allí. Debían de haberse ido en cuanto oyeron el alboroto.
—No veo a Ibuki. Puede que el fuego sea cosa suya. ¿Dónde está? —preguntó Horikita.
—Se ha dado cuenta del incendio y ahora anda por ahí.
Corrí hacia la zona de detrás del retrete portátil y vi allí a Hirata y a varios más. Ibuki también estaba. Horikita pareció a punto de llamarla, pero se contuvo al verla. La expresión de Ibuki era demasiado auténtica. No podía ocultar su desconcierto ante el fuego.
—¿Eso significa que no ha sido ella?
Horikita estaba consumida por la duda. Si de verdad habían robado la tarjeta llave, Ibuki tenía que haber sido. Si se había declarado un incendio, entonces Ibuki tenía que haberlo provocado. Aun así, Ibuki seguía allí, en el lugar de los hechos, y parecía sinceramente sorprendida por el fuego.
Cuando miré más de cerca, la fuente del humo parecía un montón de papeles. Parte seguía siendo legible, pero la mayor parte se había convertido en hollín. Durante un instante no entendí qué era.
Sin embargo, al fijarme en los trozos que aún podían leerse, por fin lo entendí.
—¿Han quemado el manual? —preguntó Horikita.
—Sí. Eso parece. ¿Quién haría algo así?
—No dejan de pasar cosas… —murmuró Horikita en voz baja, bajando la mirada.
—La responsabilidad es mía. El manual estaba en mi mochila. Dejamos las mochilas apiladas delante de la tienda y no pensé que alguien fuera a robar nada a plena luz del día. Pero antes que nada, tenemos que apagar bien este fuego…
En vez de buscar al culpable, Hirata se dirigió al río para apagarlo. Mientras llenaba nuestras botellas de plástico con agua, murmuraba para sí mismo con expresión sombría.
—¿Por qué? ¿Quién podría hacer algo así? ¿Por qué no podemos simplemente llevarnos todos bien?
Hirata aplastó la botella de plástico con todas sus fuerzas. Aquel cambio en su personalidad daba bastante miedo. Hirata, el líder eterno de nuestra clase, el que se esforzaba sin descanso por mantener la paz, estaba cargando con un peso terrible.
—No creo que necesites cargar tú solo con todo esto —intenté consolarlo.
Se levantó y respondió con un quedo:
—Gracias.
—Tenemos que… hablar bien de este incidente.
—Sí. La mayor parte de la Clase D ha visto el fuego. Seguro que querrán saber la verdad.
Hundido, Hirata cogió el agua que había sacado y regresó al campamento.
—Eh, ¿quién ha hecho esto? ¿Tenemos un traidor en nuestra clase? —preguntó Karuizawa.
Cuando volvimos, nos la encontramos encabezando el enfrentamiento entre chicos y chicas, que se miraban con hostilidad.
—¿Por qué sospecháis de nosotras? ¿Acaso esto no es un asunto completamente distinto al incidente de la ropa interior?
—Eso no lo sé. ¿No cabe la posibilidad de que hayáis quemado algo para despistarnos?
—Dejad de tocar las narices. ¡Como si fuéramos a hacer algo así!
—Esperad un momento, todos. Por favor, calmaos. Hablemos de esto —gritó Hirata.
Me dio el agua y ocupé su lugar, apagando lo que quedaba del fuego. Hirata fue de inmediato al centro del corro e intentó actuar como mediador. Quizá fuera el estrés acumulado desde el incidente de ayer con la ropa interior, pero ambos bandos estaban muy alterados y no daban señales de calmarse. Parecía que bastantes alumnos de la Clase D querían empezar allí mismo una caza del culpable.
—En cualquier caso, no hay que preocuparse por que el fuego se extienda.
Agité las botellas vacías dos veces, luego tres. Unas cuantas gotas de agua cayeron sobre los restos humeantes. Levanté la vista.
—¿Lluvia, eh?
Las gotas empezaron a caerme sobre las mejillas. Las nubes eran aún más oscuras que antes, prueba de que estaba a punto de empezar un chaparrón. En otra situación, todos nos habríamos unido como uno solo para superar este último apuro. Pero ahora, chicos y chicas estaban atrapados en un enfrentamiento tenso. Permanecían de pie, fulminándose con la mirada.
—Esto no tiene sentido. En serio, esto es lo peor. Primero ladrones de ropa interior y ahora pirómanos en nuestra clase. De verdad que esto es lo peor.
—¡Os seguimos diciendo que no hemos sido nosotras! ¡¿Hasta cuándo vais a seguir sospechando de nosotras?!
La pelea no iba a resolverse nunca. Solo seguiría y seguiría sin fin. Hirata debería haber intervenido y parado aquello, pero por alguna razón se había quedado allí plantado, aturdido. ¿Estaría preguntándose quién podía ser el culpable?
—Oye, Kanji, no veo a Ibuki por ninguna parte.
Yamauchi se había dado cuenta de que Ibuki había desaparecido. Yo también noté que una de las mochilas había desaparecido.
—Quizá la persona que ha provocado el fuego…
—Es bastante sospechoso. Si el fuego se ha declarado justo entonces, eso significaría que…
Los chicos dirigieron sus sospechas hacia Ibuki, e incluso las chicas empezaron a expresar sus dudas. Sin embargo, antes de que pudiéramos llegar a ninguna conclusión, la lluvia empezó a caer. Y con fuerza.
—Oh, no, esto es malo. Hablemos luego. Sería un desastre que acabáramos todos empapados.
Ike y los demás, presa del pánico, empezaron a meter a empujones la comida y el equipaje dentro de las tiendas.
—¡Hirata, dinos qué hacemos!
Ike llamó a Hirata, pero él siguió quieto en el mismo sitio. Continuaba mirando al vacío y no se movía ni un centímetro. Mientras tanto, el sonido de la lluvia no dejaba de crecer. Empecé a preocuparme un poco por la situación. Me acerqué a Hirata, pero no dio señales de haberse percatado de mi presencia.
—¿Por qué… por qué está pasando esto? Es igual que entonces…
Murmuró algo en voz baja. No entendí qué quería decir, pero desde luego no parecía algo trivial. Aquello no se parecía en nada al Hirata tranquilo y sereno de siempre.

—¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Por qué he estado haciendo todo esto hasta ahora?
—¡Eh, Hirata! ¿Qué estás haciendo? —gritó Ike.
No estaba claro siquiera si lo había oído. Le puse suavemente una mano en el hombro. Pareció sobresaltarse, pero se dio la vuelta poco a poco.
—Ike te está llamando —le dije.
—¿Eh?
La cara de Hirata carecía por completo de vida. Estaba pálido. Cuando Ike volvió a llamarlo por segunda vez, Hirata empezó a recuperar poco a poco la cordura. Por fin se dio cuenta de que había empezado a llover.
—Lluvia…
—Te vendría bien ayudar a Ike y a los demás. Tenemos que evitar que se moje todo.
—S-sí. Tenemos que encargarnos de todo rápido.
—Ayanokouji. ¿Hirata está bien? —preguntó Sudou.
—Parece estar en shock. Supongo que será por todas estas cosas que van saliendo mal una detrás de otra.
—Mira, en secundaria había este estudiante modelo de familia rica. Tenía un montón de responsabilidades pesadísimas, ¿sabes? Total, que cargó tanto sobre sus hombros que un día terminó derrumbándose. Después de eso, su clase se convirtió en un caos absoluto.
—¿Crees que con Hirata hay señales de algo así?
—Bueno, decir que va a tener un colapso sería exagerar, pero creo que sí hay peligro.
Me pregunté si no sería simplemente la imaginación desatada de Sudou, pero sonaba sorprendentemente acertado. Desde que empezó este examen especial, Hirata había asumido un montón de responsabilidades. Estos problemas hacían que los que habíamos tenido en la escuela parecieran poca cosa. El entorno que Hirata había mantenido con tanto cuidado estaba cambiando sin duda. El robo de la ropa interior de Karuizawa y el alboroto por el incendio habían vuelto a Hirata tan inestable y tempestuoso como el propio tiempo.
—De momento, ocupémonos del equipaje.
Nos pusimos manos a la obra y ayudamos a los demás a guardarlo todo. Por suerte, logramos ponerlo a salvo bastante deprisa.
—Vale. Ya está todo preparado.
No me sorprendió que Ibuki hubiera desaparecido, pero Horikita también se había esfumado. Según mis cálculos, las probabilidades estaban al cincuenta por ciento, pero parecía que las cosas avanzaban de forma favorable. Fijé la vista en el camino que conducía directamente a la playa y puse el pie en el sendero.

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Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 121
Estás leyendo el capítulo 121 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 3 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.