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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 118 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Noté algo extraño en la mejilla, cálido y rígido. Ese calor me dio un asco instantáneo. Intenté estirar el cuello y apartar la cara, pero no podía moverme. El brazo de alguien me sujetaba con fuerza. —¿Q-qué…? Me desperté incómodo. Y, al instante, me vi en una situación espeluznante. Sudou estaba dormido, con las dos piernas echadas sobre mi cara. —Suzune… ya no puedo aguantar más… —murmuró. —¡Aaaah! Solté un grito y me zafé del férreo agarre de Sudou. —Joder, cállate… ¿Qué coño? Ayanokouji, no me despiertes así. Aquel tipo acababa de intentar imponerme una experiencia traumática. Desde luego, me había confundido con otra persona. Aun así, tampoco era el tipo de cosa por la que uno se pone a chillar en medio de un grupo de tíos en plena noche… Mi reloj de pulsera marcaba que aún no eran ni las seis de la mañana, pero el sueño ya se me había quitado. Salí de la tienda para alejarme de aquel aire húmedo y sofocante. Una vez fuera, me di cuenta de que el paisaje había cambiado por completo respecto a ayer. —Entonces… ¿soy afortunado o un desgraciado? Parecía que los problemas estaban a punto de empezar justo cuando se alzaba el telón del sexto día de nuestro examen especial. El cielo estaba cubierto, gris y encapotado. Debía de haber llovido por la noche, porque el suelo estaba salpicado de charcos y zonas de barro. Tenía pinta de que iba a ponerse a llover con fuerza, probablemente a primera hora de la tarde. Por supuesto, el tiempo tenía que torcerse justo al final del examen. Una lluvia ligera no habría sido problema, pero podía caer un chaparrón acompañado de fuertes vientos. En el peor de los casos, tendríamos que movernos. Habría que hacer muchas cosas, como revisar otra vez las piquetas de la tienda y encargarnos del equipaje. A medida que más gente se daba cuenta del tiempo que hacía, cundió el pánico. Al final, juntamos la comida que habíamos recolectado con la comida de emergencia que habíamos comprado con puntos. Había habido bastantes quejas por estar viviendo de una forma tan austera, pero como era el penúltimo día, parecía que todos querían apretar los dientes y aguantar hasta el final. —Me alegro. No ha habido ningún incidente —dijo Hirata. Y era verdad. Si hubiéramos tenido otro problema como el robo de ropa interior, probablemente no habríamos disfrutado de un ambiente tan cooperativo. Los chicos que habían estado montando guardia delante de la tienda de los chicos dormían ahora como troncos. Aquella había sido la medida disuasoria que se nos ocurrió para evitar que se repitiera el robo de la ropa interior. Hirata reunió a un gran grupo de alumnos y les dio unas últimas palabras de ánimo. También empezó a dividir a la gente en equipos para salir a buscar comida una última vez y poder pasar el día. Si hoy conseguíamos suficiente, no haría falta gastar puntos. Podría decirse que era un momento decisivo. Todos nos reunimos alrededor de Hirata. —¿Sería mejor que fuéramos también? —preguntó Ike, ya sentado junto al río con la caña de pescar en la mano. —No. Ike-kun, Sudou-kun, quiero que vosotros dos sigáis pescando. No tenemos tiempo para enseñarles a los demás cómo hacerlo. Después de decidir cómo actuar, Hirata formó los grupos pidiendo voluntarios. Por supuesto, yo no levanté la mano, pero decidió incluirme como apoyo. El grupo estaba formado por Horikita, Sakura, Yamauchi y, sorprendentemente, Kushida. La salud de Horikita seguía pareciendo tan mala como siempre, pero estaba aguantando bien. Los que la rodeaban no se daban cuenta de que se encontraba mal. —¿Por qué te han dejado atrás? ¿Qué pasa con tu grupo habitual de amigas? —le preguntó Horikita a Kushida. Ahora que lo pensaba, no veía a ninguna de las amigas de Kushida. —Ah, bueno… es que… Kushida le susurró algo al oído a Horikita, como si le preocupara que los chicos pudiéramos oírlo. —Bueno, la verdad es que Mii-chan está con la regla. Siempre se encuentra fatal cuando le viene. Así que sus otras amigas están con ella en la tienda. Yo estaba al lado de Horikita, así que lo oí por casualidad. —Aunque no se encuentre bien, sigue siendo un fenómeno fisiológico natural. No debería ser para tanto. Supongo que aun así es comprensible. Sin embargo, ¿por qué has elegido a propósito nuestro grupo? Seguro que tenías otras opciones. Horikita estaba interrogando a Kushida de esa forma porque la detestaba. Horikita, en el fondo, no soportaba a casi nadie, pero especialmente a Kushida. ¿Por qué? Pues por una razón muy simple: al parecer, Kushida odiaba a Horikita. Siempre había sentido una incomodidad particularmente extraña entre ellas dos. Kushida Kikyou tenía una cara oculta, una diferencia tan drástica con su imagen habitual que podía insultar a otras personas con total calma. Sin embargo, yo solo había descubierto eso por casualidad. La Kushida del día a día era, en esencia, una chica amable, alegre y mona a la que le encantaba ayudar a los demás. A menos que fuera por celos, no pensarías que pudiera haber estudiantes a los que no les cayera bien. Pero yo sabía que Horikita no era del tipo que sentiría celos de alguien como Kushida. Los filósofos se estrujan la cabeza con preguntas difíciles como: «¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?». La gallina nace literalmente del huevo, pero entonces ¿no significa eso que el huevo fue primero? Yo no sabía si fue Horikita la que empezó a odiar a Kushida o al revés, ni cuándo había comenzado todo aquello. —Quería hablar contigo, Horikita-san, y pensé que esta era una buena oportunidad. Ya sabes, durante este viaje apenas hemos hablado, ¿verdad? Bueno, en cuanto anochezca, volvamos para acostarnos. Aunque Kushida entendía que no la soportaban, y aunque ella también odiaba a Horikita, quería intentar hacerse amiga suya. Si el objetivo de Kushida era hacerse amiga de todos en clase, no podía evitar tratar con Horikita. —No tengo tanto tiempo libre como para gastarlo contigo innecesariamente. —Qué mala eres, Horikita-san. Con lo mona que estás cuando duermes. Horikita pareció irritarse un poco por aquella burla tan rara de Kushida. En cualquier caso, yo iba a buscar comida con el resto del grupo. —Oye, Ibuki. ¿Por qué no vienes tú también? —Justo cuando íbamos a partir, llamé a Ibuki, que estaba descansando bajo un árbol. —¿Yo? —Hoy es el último día. Si no te apetece, no voy a obligarte. —Vale. Tengo una deuda de gratitud con la Clase D… Sí, os ayudaré. Ibuki se colgó la mochila al hombro. Yamauchi parecía encantado. —¡Eh, genial, genial! ¡Esto ya parece un harén y todo! —gritó. Cuantas más chicas había en comparación con los chicos, más feliz era Yamauchi. Horikita no tenía ninguna razón para negarse, así que se internó en el bosque sin decir nada. —Este bosque da mal rollo… O más bien debería decir que da miedo, y además hace calor y hay mucha humedad. El cielo estaba nublado, y el bosque era completamente distinto al de ayer. La visibilidad era especialmente mala. Yamauchi, con enormes manchas de sudor bajo los sobacos, se abanicaba desganado con la ropa del chándal. —¿No tienes calor, Sakura? —preguntó. Yamauchi llevaba un rato tramando cómo hablar con Sakura. Pero tenía la vista clavada en sus pechos, y era evidente que lo único que quería era mirarle las tetas. —¿Eh? A-ah, no pasa nada. Estoy bien. Sakura se inclinó hacia delante, como intentando esquivar indirectamente la mirada de Yamauchi. Se dice que las chicas son sensibles a la mirada lasciva de los hombres. En el caso de Sakura, tenía mucha experiencia en ese terreno, así que era especialmente sensible. —Karuizawa fue muy cruel ayer, ¿verdad? Y eso que tú solo estabas siendo tan amable al defender a Ayanokouji, Sakura. —Ah, eh… Yamauchi pretendía parecer amable al hablar con Sakura, pero tanto su mirada como el tema de conversación tenían la sutileza de una bomba estallando. —Yamauchi. Te vendría bien prestar atención a las copas de los árboles. Puede que haya fruta. Además, aquí los árboles son bastante altos, así que hay que ir con cuidado —dije. —S-sí. Claro. Así conseguí, al menos en parte, evitar que Yamauchi siguiera mirando a Sakura con lujuria. Aun así, un tío salido hasta la médula no iba a perder fuelle tan fácilmente. —Se acercan nubes de lluvia desde el suroeste. La tormenta llegará incluso antes de lo que imaginábamos. Según cómo se desarrollaran las cosas, sería mejor evitar mojarnos a toda costa. La lluvia volvería más peligrosa nuestra misión de recolección. Si nos sorprendía en medio del bosque, podíamos quedarnos atrapados o lesionarnos. Y si eso pasaba, perderíamos una gran cantidad de puntos. —Mmm… Buscamos comida mientras avanzábamos en silencio. Kushida alternaba miradas entre Horikita y yo, como absorta en sus pensamientos. Por supuesto, Horikita la ignoraba por completo. —¿Qué te pasa, Kushida-chan? —preguntó Yamauchi, que se había fijado en su comportamiento raro. —Ayanokouji-kun y Horikita-san os habéis llevado bastante bien desde el principio, ¿no? Estaba pensando cuál podría ser la razón. —Buena pregunta. ¿Por qué sois tan cercanos, al final? Kushida había sacado un tema problemático. —En realidad no nos llevamos tan bien —dije. —Siempre lo niegas, pero sí os lleváis bien. Ahora mismo vais caminando uno al lado del otro. Podían decir lo que quisieran, pero no era como si yo fuera especialmente consciente de eso ni nada parecido. —Ah. Creo que puede que haya encontrado algo que Ayanokouji-kun y Horikita-san tenéis en común —dijo Kushida. —¿Algo en común? ¿El qué? —Pues, a ver, míralos bien, Yamauchi-kun. ¿No notas nada? —¿Mmm? Yamauchi se acercó muchísimo, hasta dejar la cara a apenas un centímetro de la mía. Después fue corriendo hacia Horikita y se asomó a sus ojos. Idiota, si te acercas tanto… ¡Plaf! La mejilla de Yamauchi recibió una bofetada. Fue una bofetada maravillosamente despiadada, de esas que daría una actriz humillada en pleno drama ardiente. Después de un golpe de tal calibre, Yamauchi se estremeció y soltó un grito. Se agachó, encogido y dolorido. No dijo nada, pero sus ojos parecían preguntarle a Horikita: «¡¿Por qué me haces algo así?!» —¡P-pero qué haces?! —Te has acercado demasiado. Recuerda respetar mi espacio personal. Era como aquella vez que Ike se le insinuó a Horikita. La verdad, cualquiera se sentiría incómodo si un chico que no te gusta te acercara la cara hasta ese extremo. —Ja, ja… L-lo siento, Yamauchi-kun. He sido yo quien ha causado el problema. ¿Estás bien? —preguntó Kushida. —T-tú sí que eres amable, Kushida… Yamauchi cogió la mano que Kushida le tendía y se puso de pie, todavía con la mejilla roja. Ibuki observó la escena con una expresión ligeramente sorprendida. Probablemente no veía este tipo de intercambio idiota muy a menudo en la Clase C. —¿Q-qué era eso en común que has visto, Kushida? —Pues, ¿no lo ves? ¡Casi nunca les veo reírse! Eso es. Es como… no creo haber visto jamás sonreír a Ayanokouji-kun ni a Horikita-san. Kushida había señalado algo bastante inesperado, como si asumiera que aceptaríamos sus palabras sin más. En el caso de Horikita, yo sí la había visto sonreír muchas veces cuando se burlaba de alguien, pero en su sonrisa nunca había el menor rastro de afecto. —Desde luego, es verdad que nunca he visto sonreír a Horikita. Pero yo sí he sonreído, ¿no? —Te he visto poner una sonrisa amarga, sí, pero nunca una sonrisa de verdad, de las que salen del fondo del corazón. Nunca te he visto reírte tanto que tengas que agarrarte la tripa, Ayanokouji-kun. ¿O es que simplemente nunca me has mostrado esa faceta tuya? Me miró desde abajo con una ligera expresión de disgusto. El corazón empezó a latirme con fuerza. El pulso se me disparó. Aunque estábamos en una isla desierta, un perfume dulce y agradable me cosquilleó la nariz. Avergonzado, aparté la mirada. —En gran parte es genética. Es la diferencia entre la gente que sonríe mucho y la que no sonríe nada. —Mmm. No creo que me guste mucho esa explicación, aunque sea verdad. Bueno, seguramente la genética no lo era todo. La felicidad también podía verse influida por el entorno en el que uno había crecido. —¿Y si practicamos sonreír una vez? ¿Qué os parece? —De momento, empecemos por registrar la zona —dijo Horikita. —¿Eh? ¿Lo de sonreír? —¿Cuánto rato piensas seguir de charla? Tenemos que buscar comida, ¿no? —dijo Horikita con severidad. Su tono fue tajante. Nos ordenó a todos que nos dispersáramos de inmediato. —Nada de actuar por vuestra cuenta. Buscad por parejas. Y tened muchísimo cuidado. Vamos, Ayanokouji-kun. Horikita me llamó y eché a andar con ella. —Ah… Ah… —¿Mmm? —Sakura parecía quedarse rezagada detrás de nosotros, con los hombros caídos. —¡Ven a buscar con nosotros, Sakura! —gritó Yamauchi. Me hizo un gesto de pulgar arriba. Supuse que soñaba con aprovechar aquella oportunidad. —¡Tengo muchas ganas de trabajar contigo, Ibuki-san! Kushida, la única que quedaba sin pareja, se juntó con Ibuki. Ibuki era una chica bastante seca y antisocial, pero si estaba con Kushida probablemente no habría problemas. —Horikita, ¿qué piensas hacer con el tema de la tarjeta llave? —pregunté. —La llevo siempre encima. Horikita metió la mano en el bolsillo del abrigo para mostrarme que la tenía. —Cuando actualicemos el dispositivo, me mezclaré entre los alumnos que haya reunido Hirata-kun para que nadie se dé cuenta. Ibuki-san y los demás no deben saberlo. Bueno, en realidad no me preocupaba esa parte. Como era algo que requería ser meticuloso, seguramente lo manejaría bien. —¿Me la dejas ver un segundo? —¿Eh? ¿Aquí? —De hecho, aquí viene bien. En el campamento base sería demasiado sospechoso. —Puede ser, pero ¿qué piensas hacer después de verla? Le expliqué la situación a Horikita mientras me miraba con desconfianza. —La verdad es que me había callado hasta ahora. Antes estaba con Sakura, así que puede confirmarlo, pero el primer día vimos a unos alumnos que tenían algo parecido a una tarjeta llave. Le conté a Horikita lo de Katsuragi delante de la cueva y la tarjeta que llevaba. —Pero no sé si de verdad era la tarjeta llave. No la vi bien. Quiero decir, seguramente te reirías si ahora dijera en broma que igual lo que llevaba era una tarjeta telefónica, ¿no? —Eh, sí. Si tuvieras pruebas, sería un gran hallazgo. Horikita, aparentemente convencida por mi razonamiento, se dio la vuelta para no ser vista por Ibuki y sacó la tarjeta con sigilo. La cogí y examiné el anverso y el reverso. La parte de atrás tenía la típica banda magnética. Y, tal como había dicho Chabashira-sensei, en la parte delantera aparecía el nombre «Horikita Suzune», prueba de que ella era la líder. Por mucho que lo intentara, no habría podido despegar el nombre y sustituirlo por otro. —¿Y bien? ¿Es la misma tarjeta que tenía Katsuragi-kun? —No. Aunque… qué raro. Pensaba que al verla lo sabría, pero… creo que es de un color distinto al que recuerdo. —Puede que las tarjetas llave tengan colores diferentes según la clase. —Sí, pero no tenemos pruebas suficientes para hacer una valoración firme. Si nos equivocamos, no habrá vuelta atrás. Cuando intenté devolvérsela, la tarjeta se me cayó sin querer. Golpeó el suelo. —¡Ah! Solté una exclamación alarmada, pero Horikita la recogió al instante. La guardó otra vez en la chaqueta, aunque ya habíamos llamado la atención. —¿Qué pasa? —preguntó Kushida. Ibuki también nos miró. —No, nada. Es que me ha sorprendido un bicho. Perdón, perdón. Mientras me disculpaba, Horikita me lanzó una mirada terrorífica. —P-perdón… Horikita se alejó furiosa de mí. —¿Te ha dado calabazas? —preguntó Yamauchi con una sonrisa burlona. —Mira, Yamauchi. Tengo que pedirte una cosa. ¿Puedes venir un segundo? —¿Qué pasa? Ya sabes que mi tarifa para asesoramiento amoroso es alta, ¿no? —El suelo por aquí está lleno de barro por la lluvia, ¿verdad? Quiero que cojas un poco y se lo restriegues a Horikita en el pelo. ¿Puedes hacerlo por mí? —¿Eh? ¡P-pero si hago algo así, me mata! ¡Ni de coña! Por supuesto, ya sabía que no iba a aceptar a la primera. Pero para mí sería demasiado raro hacerlo personalmente. Pensaba que un gamberro como Yamauchi sí podría lanzarse a hacer una tontería así. —Escucha, tío. Por mucho que digas que estás enfadado con Horikita, intentar vengarte así no mola nada. —Si lo haces, estoy dispuesto a ofrecerte la dirección de correo de Sakura. —¡¿Quéé?! —¿Y bien? —¿L-la dirección de Sakura? ¡Tío! E-Entonces supongo que tendré que hacerlo, ¿no? El chico que vivía por amor había decidido morir por amor. Aquella resolución era asombrosa. —¿De verdad lo vas a hacer? Si me estás mintiendo, no acepto. Cuando asentí, Yamauchi cogió un buen puñado de barro y se acercó por detrás a Horikita. Si no hubiera estado encontrándose mal, seguramente se habría dado cuenta, pero ahora no podía prestar atención a lo que la rodeaba. Kushida e Ibuki se fijaron en el extraño comportamiento de Yamauchi y lo observaron con expresiones desconcertadas. Yamauchi lo hizo. Cubrió el precioso pelo negro de Horikita con barro. Después se lo extendió y restregó con ambas manos. Bueno, tampoco hacía falta pasarse tanto… —¡Ja, ja, ja, ja! ¡Estás llena de barro, Horikita! ¡Qué risa! Yamauchi se rio y señaló a Horikita como un crío pequeño. Horikita, como si no acabara de comprender la situación, se quedó quieta unos instantes. Luego se levantó, agarró el brazo con el que Yamauchi la señalaba y actuó sin decir una sola palabra. Yamauchi solo alcanzó a soltar un breve y confuso «¿Eh?» antes de que Horikita lo lanzara por los aires.
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Estás leyendo el capítulo 118 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 2 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.