Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 107 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
Cuando nos acercamos al borde del bosque, vimos la playa y al numeroso grupo de alumnos de la Clase C que estaba allí. Ni Horikita ni yo habríamos podido imaginar la escena que teníamos delante.
—No puede ser… Todo esto… ¿Es siquiera posible?
Incluso contemplando aquel espectáculo muy real con sus propios ojos, Horikita no dejaba de repetir la palabra «imposible». Yo sentía lo mismo. Habían instalado baños portátiles y duchas provisionales. Pero además tenían una lona para protegerse del sol, una barbacoa, sillas y una sombrilla. También había aperitivos y bebidas. Todo lo necesario para pasar el rato con comodidad y buena vida estaba allí. Nos llegó el olor del humo de la carne haciéndose, y se oían risas. Unas motos acuáticas surcaban la orilla. Los alumnos disfrutaban del mar, gritando de emoción. A ojo, debían de haberse gastado unos 150 puntos o más.
—¿Qué demonios está haciendo la Clase C? ¿No piensan ahorrar puntos?
Era la única explicación. Aquello iba más allá de darse un capricho.
—Vamos a echar un vistazo. Me pregunto qué está pensando la Clase C.
Salimos de entre los matorrales y fuimos hacia la playa. Uno de los chicos nos vio y llamó a otro que estaba cerca. No distinguíamos bien su cara porque estaba reclinado en una silla. Uno de ellos se acercó corriendo.
—Eh… Ryuuen-san quiere veros —dijo. Por lo vacilante de su voz, o bien estaba asustado o bien era apático por naturaleza.
—Gobierna a sus compañeros como si fuera un rey. Parece casi una recepción real. ¿Qué hacemos?
—Tú decides, Horikita.
—Está bien. Me interesa saber qué pretende. Vamos.
Acompañamos al chico. Cuanto más nos acercábamos al mar, más nos llegaba el delicioso olor de la carne hecha.
—Esto es totalmente absurdo.
Nuestra clase no parecía tener ni idea de cómo disfrutar unas vacaciones. Nos acercamos al hombre que dirigía aquel paraíso hedonista.
—Pensaba que alguien estaba husmeando por aquí. Así que erais vosotros. ¿Qué queréis de mí?
—Veo que te va bastante bien. Esto parece una fiesta bastante ostentosa.
Ryuuen, bronceado y vestido con bañador, estaba tumbado en su silla. Nos mostró los dientes blancos con una sonrisa.

—Pues eso mismo. Estamos disfrutando de las vacaciones de verano.
Abrió los brazos con orgullo, exhibiendo todo aquel despliegue.
—Esto es una prueba. ¿Entiendes lo que significa? No parece que hayas entendido las normas…
A Ryuuen no le sentó bien que le señalaran su aparente ineptitud. Más bien parecía decepcionado.
—Qué impresión. ¿Eso significa que incluso a un enemigo como yo venís a ofrecerle ayuda?
—Cuando el que está arriba es incompetente, los de abajo son quienes sufren. Resulta patético —dijo Horikita.
Ryuuen sonrió sin más y cogió la botella de agua que tenía al lado de la radio.
—¿Cuántos puntos habéis gastado? Lo digo para poder disfrutar de algo así.
—Mmm. Bueno, no he hecho un cálculo exacto —respondió Ryuuen con total naturalidad—. Tch. Ya está templada. Oye, Ishizaki. Tráeme agua fría. Ahora mismo.
Ryuuen vació sobre la arena el agua que le quedaba en la botella, casi como una provocación. Ishizaki, que hacía un momento estaba jugando al voleibol, se puso nervioso y salió corriendo a por otra. Dentro de la tienda había una montaña de cajas de cartón, seguramente llenas de comida y agua. Sakazaki se asomó a una nevera portátil junto a las cajas.
—Como veis, estamos disfrutando de nuestras vacaciones de verano. No somos vuestros enemigos. ¿Lo entendéis?
Horikita, incapaz de comprender su comportamiento, se llevó los dedos a la frente y frunció el ceño como si le doliera la cabeza.
—Estamos intentando advertírtelo. Eres idiota.
—¿Cuál de los dos es el idiota? ¿Yo? ¿Tú?
Ryuuen no aceptaba insultos sin más; se los devolvía a Horikita.
—¿Quieres intentar sobrevivir en esta isla desierta con este calor de mierda? No me hagas reír. La Clase D, la peor de todas, tiene que tragarse hambre, calor y un esfuerzo inútil solo para ahorrar unos miserables 100 o 200 puntos de clase. Me parto.
Ishizaki volvió corriendo, sudando a mares, con el agua en la mano. Le pasó una botella fría a Ryuuen. Sin embargo, Ryuuen se la lanzó de vuelta.
—He dicho agua fría. Esta está templada.
—P-pero yo…
—¿Mmm?
Las pupilas de Ryuuen eran como las de una serpiente. Ishizaki se quedó rígido. Recogió la botella y echó a correr de nuevo hacia la tienda.
—Esta prueba va de aguante, ingenio y cooperación. Probablemente era imposible para ti desde el principio. Ni siquiera eres capaz de organizar un plan decente.
No había manera de que aguantaran una semana después de haber gastado puntos así. Antes o después, su vida allí se convertiría en un infierno. Las lonas, las sombrillas, las sillas y todo lo demás acabarían siendo un estorbo.
—¿Cooperación? No me hagas reír. La gente se traiciona con una facilidad ridícula. La gente miente. Las relaciones construidas sobre la confianza no funcionan. Solo puedes confiar en ti mismo. Si ya habéis terminado con vuestro reconocimiento, marchaos. Aunque, si queréis, aquí sois bienvenidos. Podéis divertiros a vuestro gusto, ya sea comiendo carne o montando en moto acuática. ¿O prefieres divertirte conmigo de otra manera? Puedo hacer que preparen una tienda para uso privado.
—No es precisamente la clase de respuesta que esperaría de alguien que nos declaró la guerra.
—Detesto esforzarme. ¿Paciencia? ¿Ahorrar? Estás de broma.
Ishizaki volvió una vez más y le entregó otra botella. Ryuuen destapó la botella y bebió a grandes tragos.
—Así es como hago las cosas. Ni más ni menos.
—Muy bien. Entonces haz lo que quieras. A nosotros, en el fondo, nos viene bien.
Horikita había cambiado de idea. La Clase C no iba a convertirse en nuestro enemigo aquí, así que dejaba de ser un problema.
—Sudar solo para evaluar a las otras clases es un fastidio.
Horikita se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo.
—Hay una cosa más. Conoces a Ibuki, ¿no?
—Sí. Es de mi clase. ¿Qué pasa con ella?
—Tiene la cara hinchada. ¿Quién le hizo eso?
Aunque casi estaba convencida de que él era el responsable, lo preguntó a propósito de forma indirecta.
—Ah. Así que salió corriendo de aquí de repente. Al final fue a pedir ayuda a otra clase, ¿eh? Qué chica más patética.
Ryuuen soltó un bufido de desprecio y volvió a reclinarse en la silla.
—En este mundo hay idiotas inútiles. Un gobernante no necesita subordinados que desobedezcan órdenes. Decidimos que yo usaría los puntos de la clase como me diera la gana. Así son las cosas. Además, no tiene ningún sentido alzar la bandera de la revolución contra la clase dominante.
—En otras palabras, Ibuki-san se enfrentó a ti cuando quisiste gastar puntos.
—Sí, podría decirse así. Por eso recibió un castigo leve.
Hizo un gesto como si le diera una bofetada a alguien. Así que Ryuuen sí la había golpeado.
—Otro chico también me desafió, así que lo hice echar. He oído que no se murió, así que supongo que andará por ahí comiendo hierba e insectos para sobrevivir.
No era una forma de hablar de alguien a quien consideraras un amigo. Pero ahora lo entendía del todo. Aunque Ibuki faltara al pase de lista, a la Clase C no le importaría. Por eso Ryuuen no se preocupaba ni por sus compañeros ni por salir a buscarlos.
—Tú… os gastasteis todos los puntos el primer día, ¿verdad? —preguntó Horikita.
Aunque gastaras los 300 puntos asignados, no había penalización alguna. El efecto práctico era nulo.
—Sí, tal como has dicho. Los gasté todos.
Su estrategia consistía en quedarse a cero puntos para anular los elementos negativos. Desde luego, era algo inesperado, pero tenía un precio muy alto. Sin puntos, la Clase C quedaría en el último puesto. Aunque lograran adivinar la identidad del líder de todas las demás clases, solo podrían alcanzar un máximo de 150 puntos.
—Si Ibuki está con vosotros, será mejor que la echéis. Si la colmáis con vuestra torpe compasión, tendréis una persona más para la que preparar agua, comida y sitio donde dormir. En fin, si no podéis manejarlo, puede volver aquí. Si se arrastra por el suelo y me suplica, la perdonaré. Tengo un corazón generoso.
Perdonaría su desafío si volvía a someterse a su control. Parecía bastante seguro de que lo haría. Y es que a Ibuki le resultaría muy difícil sobrevivir sola una semana entera en una isla desierta.
—Qué forma de pensar tan cortoplacista. Ahora estás encantado gastando puntos, pero ¿qué piensas hacer cuando se acabe la fiesta?
—Ja, ja, ja. ¿Qué debería hacer? A ver… Supongo que la gente vulgar y corriente solo puede pensar de forma vulgar y corriente. Estáis desesperados por proteger los puntos que os han dado. Buscando a los líderes por todas partes, aferrándoos a los puntos de control, sudando mientras corréis por el bosque. Absolutamente ridículo.
A pesar de que le habíamos planteado hechos concretos, Ryuuen seguía riéndose sin mostrar ni el más mínimo indicio de nerviosismo.
—Bien. Vámonos, Ayanokouji-kun. Si me quedo aquí más tiempo, voy a acabar encontrándome mal.
—Hasta luego, Suzune.
—No sé de dónde has sacado eso exactamente, pero no me llames por mi nombre con tanta familiaridad.
Estaba claro que Ryuuen había investigado.
—Bueno, a mí me gustan las mujeres con carácter. Al final conseguiré que te sometas a mí. Y cuando llegue ese momento, será el placer definitivo.
Al decir eso, Ryuuen se tocó la entrepierna por debajo del bañador, con la clara intención de provocar a Horikita. Horikita, con los ojos llenos de desprecio, le dio la espalda y se marchó. Yo eché a correr tras ella, pero me detuve un instante para mirar el barco de pasajeros atracado junto al muelle. Vi a alumnos nadando en el mar, jugando al voleibol y a las banderas en la orilla, celebrándolo todo con barbacoas. También vi la tienda donde estaban almacenando la comida.
Ryuuen parecía plenamente satisfecho de burlarse de las normas de la escuela.
—La Clase C no importa. Su autodestrucción nos beneficia.
—Eso parece. Al fin y al cabo, ya han gastado todos sus puntos.
Aunque les quedara algo, como mucho serían unas pocas decenas. La ausencia de dos alumnos en el pase de lista se encargaría de tragárselos.
—Tengo ganas de ver qué harán cuando empiecen los problemas.
—Por desgracia, la Clase C probablemente no va a tener problemas durante esta prueba.
—¿Y por qué no? ¿Cómo piensan aguantar sin puntos?
—Ese era el objetivo inicial de Ryuuen. Nos dieron 300 puntos como fondos para disfrutar de una semana de vacaciones, y no es algo imposible en absoluto. Por mucho que ahorremos en comida, tenemos que renunciar a los artículos de lujo. La escuela estableció las normas teniendo eso en cuenta.
Horikita asintió.
—Así que deberíamos ahorrar todo lo que podamos —dijo.
—Sí. Pero Ryuuen es distinto. No ve más allá de sus narices, y mucho menos más allá de una semana.
—¿Cómo que no ve más allá de sus narices?
—Supón que la prueba terminara hoy. ¿Y entonces qué? ¿Crees que este viaje se convertiría de repente en unas vacaciones perfectas?
—Eso… Bueno, vale. ¿Y qué? Si estás a cero puntos…
—Es muy simple. Haría lo mismo que hizo Kouenji.
—¿Eh?
—Su estado físico era malo y mentalmente estaba inestable. En ese caso, lo mejor es retirarse. Si todos hicieran lo mismo, podrían volver al barco de pasajeros y seguir con su vida normal. Eso es lo que querían decir con disfrutar al máximo de las vacaciones de verano: hacerlo sin pasar penalidades.
Claro que la escuela podría rechazarnos si fingíamos estar enfermos. 300 puntos daban de sobra para disfrutar libremente de unas vacaciones de un día y una noche. Pero antes o después, la factura llegaría.
—Así que en realidad renunció a la prueba desde el principio… —murmuró Horikita.
Puede que no fuera más que una teoría. Quizá Ryuuen simplemente odiaba las cosas engorrosas, o quizá quería evitar el desgaste mental y conservar fuerzas físicas. O quizá pretendía mejorar la moral de la clase.
—La prueba va, literalmente, de libertad. La forma de pensar de Ryuuen es una manera de afrontarla. Parece que Ibuki y otro estudiante se rebelaron, y por eso la Clase C perderá veinte puntos al día. Como sabía que iba a perder esa cantidad cada jornada pasara lo que pasara, ideó una estrategia drástica.
Como no sabía cuándo había decidido Ryuuen gastar todos los puntos de la Clase C, solo podía hacer conjeturas.
—Deberíamos pensar en una forma de recuperar puntos sin rendirnos. Ryuuen está equivocado, sin ninguna duda. No puedo comprenderlo de ninguna manera —dijo Horikita.
Supongo que era verdad. Desde luego, si sus palabras de antes eran sinceras, no podíamos predecir las acciones de Ryuuen, cuyas maniobras parecían orientadas a un objetivo muy poco común. Cualquiera con dos dedos de frente vería con cierta inquietud sus planes extravagantes. Una vez dejamos atrás la playa, me volví para mirar la orilla una vez más.
—¿Una estrategia de cero puntos, eh? Ya veo. Es bastante interesante.
Si pudiéramos silenciar sin más las opiniones disidentes de nuestros compañeros, sería un método bastante interesante. Al fin y al cabo, esta prueba no consistía solo en ahorrar puntos dentro de nuestro propio grupo. Si queríamos ganar, también teníamos que trazar una estrategia.

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Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 108
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 107
Estás leyendo el capítulo 107 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 29 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.