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Leer ¡Camino Marcial! (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Xianghai, la Ciudad Amurallada, peluquería Wu Jun. "Ah Wen", lo llamó el hombre gordo con un cigarrillo entre los labios mientras sostenía un fajo de billetes arrugados. Tras contar unos cuantos, añadió: "Este mes trabajaste veintiséis días, a cinco por día. Son ciento treinta en total". Li Xiuwen tomó el dinero, lo contó con calma y, apartando dos billetes de diez, dijo: "Hermano Jun, sobran veinte". "Oí decir a tu tía que querías aprender artes marciales. Quédatelos; al fin y al cabo, somos paisanos del mismo pueblo y los que venimos de fuera debemos cuidarnos entre nosotros", respondió el gordo esbozando una sonrisa tras dar un par de caladas a su cigarrillo. "Muchas gracias, hermano Jun. ¿Podré volver después de Año Nuevo?", preguntó Li Xiuwen. "Claro que sí. Aunque haciendo trabajillos esporádicos, ¿cuándo demonios vas a juntar para la cuota de una escuela?". "Ni yo mismo lo sé...". "Tengo un contacto, ¿te interesa?". "¿Qué clase de contacto?". "Tengo un amigo metido en la banda de los Héroes Unidos. Crecimos juntos desde críos y vinimos juntos del Reino de Sheng...". "Hermano Jun, soy muy cobarde, no me atrevo a meterme en una banda...". "¿Eres cobarde y aun así quieres aprender artes marciales? ¿Acaso no se aprende a pelear para liarse a golpes?". "Yo soy diferente. Yo quiero aprender artes marciales para tener la opción de no pelear". "Maldita sea, pues hasta tiene sentido...". "Le agradezco la buena intención, hermano Jun. ¡Que tenga un Año Nuevo muy próspero y lleno de riquezas!". Li Xiuwen empujó la puerta de cristal amarillento de la peluquería y salió a la calle estrecha y sombría. "Estar metido en una banda deja más dinero, es verdad; pero sin el respaldo del Camino Marcial ni un pez gordo que te cubra las espaldas, uno allí no es más que otro don nadie tirado en la cuneta". "Si tienes mala suerte, terminas de carne de cañón en una guerra callejera o de chivo expiatorio cuando un jefe comete un crimen... y ahí se acabó tu vida". "Además, jamás había oído hablar de esa tal banda de los Héroes Unidos; seguro que es una banda de pacotilla sin futuro alguno". No era que Li Xiuwen se negara rotundamente a entrar en el bajo mundo. En estos tiempos, unirse a una banda era prácticamente la única oportunidad que tenía un don nadie para salir adelante y destacar. Sin embargo, al menos hacía falta contar con algún capital propio para afianzarse antes de dar el paso, no fuera a ser que terminase bajo tierra nada más incorporarse. Las alas de hierro de un avión de pasajeros a reacción cubrieron el cielo al surcar el firmamento de la Ciudad Amurallada, retumbando con un estruendo ensordecedor. En las calles donde las aguas residuales corrían a raudales tras la lluvia, las luces de neón parpadeaban. Ni siquiera el apetitoso aroma de los fideos con bolas de pescado de Chao Ji, el local contiguo a la peluquería, lograba enmascarar el hedor húmedo y rancio que impregnaba desde hacía tiempo el aire de la Ciudad Amurallada. Una gota de lluvia le cayó justo entre las cejas. "Está lloviendo". Li Xiuwen se limpió el agua, se aseguró el dinero en el bolsillo y echó a trotar a paso ligero. Al cruzar por la calle Guangwang, sus pasos se hicieron aún más veloces. Aquellos individuos que pululaban por la calle envueltos en bocanadas de humo y cabeceando, los autodenominados "cazadores del dragón", le provocaban una náusea puramente visceral. «Cazadores del dragón» era el refinado apodo con el que los propios toxicómanos se llamaban a sí mismos (efectos del opio o la heroína). En comparación con el bullicio y la prosperidad del mundo exterior, la Ciudad Amurallada no era grande. Sin embargo, en aquel diminuto palmo de tierra se hacinaban tal vez cientos de miles, o incluso cerca de un millón de almas. Nadie conocía la cifra exacta. Vagabundos, gentes de toda calaña y condición, criminales fugitivos, forajidos del Gran Círculo... La Ciudad Amurallada era como una bestia insaciable, devorando sin descanso a soñadores como Li Xiuwen, que habían llegado a Xianghai persiguiendo una quimera, una ilusión irrealizable. ... En la calle Longjin, en una modesta vivienda de planta baja sin número visible en la fachada, un letrero carcomido por el moho anunciaba: "Fábrica de Fideos Chen Ji". Li Xiuwen atravesó la cortina de lluvia, se quitó la camisa junto a la entrada para escurrirle el agua y entró en la casa. Una oleada de vapor ardiente lo envolvió al instante, volviendo el aire, ya de por sí cálido y húmedo, todavía más asfixiante. En aquel cuartucho de menos de treinta metros cuadrados, varios chicos y chicas, algunos con el torso desnudo y otros en camisetas raídas, faenaban sin parar. Uno de ellos estaba sentado a horcajadas sobre una gran vara de bambú, rebotando con fuerza para prensar un bloque de masa; otros, frente a una máquina vetusta, aplanaban la masa en finas láminas y luego la cortaban en tiras delgadas que iban apilando a un costado. Ese era el hogar de Li Xiuwen: un taller familiar clandestino en las entrañas de la barriada, dedicado a la elaboración tradicional de fideos zhusheng. No necesitaban licencia, no pagaban impuestos al gobierno colonial y empleaban exclusivamente mano de obra infantil; los costos de producción eran irrisorios. Las condiciones higiénicas eran alarmantes, pero el precio imbatible lo compensaba todo ante el mercado. Por ello, aquellos fideos zhusheng terminaban nutriendo los estómagos de innumerables comensales en multitud de restaurantes fuera de la barriada. Al cruzar el pequeño taller se llegaba a la zona habitable, un rincón de menos de diez metros cuadrados. Desde el baño, separado tan solo por una cortina, una mujer de unos treinta y pocos años asomó la cabeza y sonrió: "Hoy has vuelto bastante temprano". La mujer era Li Ying, la dueña de la fábrica de fideos y además su tía de sangre. "Ya casi es Año Nuevo, así que el hermano Jun nos dejó salir antes". "En la cocina queda algo de arroz en cazuela de barro". "De acuerdo, comeré en un rato". Li Xiuwen se dirigió a su dormitorio, un cuartucho de almacenamiento de menos de tres metros cuadrados, y sacó el dinero que guardaba escondido debajo de su camastro. "Dos mil... ya casi reúno la cuota de iniciación para el maestro". Sacó un viejo cuaderno de calendario con las hojas amarillentas; en cada página tenía pegados recortes de periódico con los anuncios de reclutamiento de las diversas escuelas marciales de la Ciudad Amurallada. "Escuelas célebres como la del Tigre y la Grulla, la Reverencia al Buda, el Simio Blanco o el Hilo de Hierro quedan totalmente fuera de mi alcance. Entre la ofrenda formal de presentación, la matrícula anual, los gastos mensuales de comida y los obsequios obligatorios para las tres grandes festividades y los dos cumpleaños del maestro...". "Si uno quiere aprender artes marciales con ellos, no baja de diez mil billetes al año". "En estos tiempos, un trabajo decente dentro de la barriada apenas paga trescientos al mes...". "¡Eso no es enseñar artes marciales, es un robo a mano armada!". "Opciones baratas también las hay, desde luego...". "Lugares como el Club del Puño de Hierro o la Academia del Puño Rompemontañas no exigen ofrenda de iniciación; basta con pagar cien billetes al mes de mensualidad". "Pero a juzgar por lo que observé vigilándolos estos días, los viejos maestros de esas academias no parecen tener auténtica destreza marcial. ¡El propio líder del Club del Puño de Hierro ni siquiera pudo hacer frente a siete u ocho maleantes de poca monta!". "¡Si ni siquiera eres capaz de noquear a diez tipos a la vez, ¿para qué diablos abres una escuela marcial?!". Tumbado en la cama, Li Xiuwen repasó mentalmente las docenas de anuncios hasta que finalmente acotó su elección a dos escuelas. "La Escuela de la Garza Nocturna enseña el estilo de la Garza Nocturna. Esta disciplina destaca por sus movimientos impredecibles y sutiles cambios constantes, derivados de la célebre rama de la Grulla Blanca". "La Escuela Sihai enseña el estilo de la Arena Marina: posturas amplias, ataques abiertos y técnicas arrolladoras y feroces... aunque no consta que posea el renombre de un linaje ilustre". "La cuota de iniciación en la Escuela de la Garza Nocturna es de tres mil trescientos, con una mensualidad de setecientos; en la Escuela Sihai piden tres mil por la iniciación y quinientos al mes". "Por prestigio y reputación, la Garza Nocturna es claramente superior. Su director, el maestro Ye, combatió hasta la novena plataforma de la tercera división en la Gran Arena de Jiulong, y está a un paso de alcanzar la cuarta división". "Huang Sihai también es un peleador de Tercera División, solo que la fama del estilo de la Arena Marina en las calles deja bastante que desear, y además el viejo es un avaro consumado". "En cuanto reúna el dinero que me falta, iré a probar suerte primero en la Escuela de la Garza Nocturna". Al dejar a un lado el calendario, con un leve pensamiento, la conciencia de Li Xiuwen se proyectó hacia un antiguo templo en lo profundo de una cordillera. En su interior se erigía un altar sagrado. En el nicho reposaba un incensario cubierto de cardenillo; sus paredes internas estaban colmadas de ceniza acumulada, aunque no ardía en él ninguna ofrenda. En la cara exterior del recipiente relucían tres sobrias líneas de caracteres dorados grabados al fuego: \[Li Xiuwen\] \[Arte marcial: Ninguno\] \[Etapa: Ninguna\] En efecto, Li Xiuwen era un transmigrador. Un mes atrás, recibió un puñetazo del hermano Ji, uno de los Trece Guardianes de la calle Longjin, y cayó inconsciente. Al despertar, bajo aquella súbita revelación de que "solo hoy sé quién soy en verdad", despertó la sabiduría de su vida pasada y descubrió aquel incensario arraigado en su mente. La función de aquel artefacto era sumamente sencilla: por cada disciplina marcial que aprendiera, podía encender una varilla de incienso. Con un entrenamiento constante y diligente, el incienso se consumía poco a poco. Una vez extinguida la brasa por completo, el dominio del arte quedaba consumado. Dicho de forma sencilla: todo logro era permanente, sin cuellos de botella ni estancamientos. Ahora que todo estaba listo, la única dificultad radicaba en carecer de un maestro que lo guiara a cruzar el umbral del aprendizaje. Li Xiuwen abrió con desgano el ejemplar del periódico Ming Pao que había comprado de camino. Era una publicación centrada exclusivamente en la cultura y el ecosistema del Camino Marcial, editada bajo el patrocinio del señor Ming, la máxima autoridad de la Ciudad Amurallada. 【¡Arranca el rodaje de la secuela de "Historias de Dragones y Tigres"! El "Señor Long", el especialista en artes marciales número uno de Xianghai, perfecciona su técnica y salta desde un décimo piso sin protección alguna, ¡resultando completamente ileso!】 【¡Duelo a muerte en el edificio Yile! El inspector Lei desafía una lluvia torrencial de balas y liquida a cinco forajidos del Gran Círculo armados con fusiles AK que disparaban a discreción!】 【¡Llega a su clausura el torneo anual "Cruce del Río"! Tras el enfrentamiento marcial entre un centenar de escuelas de la Ciudad Amurallada, ¡Su Cha, el discípulo principal de la Escuela del Tigre y la Grulla, se consagra como el nuevo campeón marcial supremo!】 \----- • Novela: ¡Camino Marcial! (武道!) • Título en inglés: Martial Dao! • Autor: Tian Li (田隶) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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Estás leyendo el capítulo 1 de ¡Camino Marcial! (Novela), un novela. Ciudades amuralladas, fumaderos de opio, distritos rojos, casinos, tríadas, grandes detectives... Li Xiuwen transmigró a Xianghai, bajo el dominio del gobierno colonial. En este mundo, aún permanecen los vestigios del… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. ¡Camino Marcial! (Novela) tiene 107 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.