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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 448 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Yelena, ¿qué te pasa?" Una expresión de preocupación cruzó el rostro de Lumine al volverse hacia ella. Yelena había dejado de caminar. Su cuerpo temblaba violentamente, como si un frío invisible la hubiera invadido desde dentro. Al observarla con más detenimiento, Lumine vio que sus dientes castañeteaban. Su rostro palideció y, por mucho que lo intentara, ya no podía mantener la compostura. Inmediatamente, Lumine le agarró la mano. Casi siseó. Hacía un frío que te dejaba con ganas de vomitar. "¡Yelena!" El pánico se reflejó en su voz mientras tomaba también la otra mano de ella y se colocaba frente a ella. ¡Reacciona, Yelena! "¡No puedo...!" Su voz temblaba. Cerró los ojos con fuerza, con una expresión de absoluto terror. ¿Qué había sucedido exactamente? Simplemente habían seguido el camino al que ella [instinto] los había llevado. Entonces, sin previo aviso, ella terminó así. Lumine no solo estaba desconcertado. Cada vez se sentía más aprensivo. "L-Lumine..." balbuceó Yelena, con la voz quebrándose. "T-tenemos que irnos... ¡ahora...! ¡Ahora!" "¿Q-qué...?" Antes de que pudiera siquiera asimilar sus palabras, Yelena lo agarró e intentó apartarlo, alejándolo de la dirección en la que estaba mirando. Lumine permaneció paralizada mientras luchaba por arrastrarlo lejos. "¿P... por qué? Yelena, cálmate y háblame con calma." Intentó hablar con voz suave, pero Yelena solo negó con la cabeza. Miró más allá de él, observando con temor lo que fuera que lo esperaba a sus espaldas. —Algo… —susurró—. Algo muy… muy malo está ahí fuera. Mi [instinto] no nos estaba guiando hasta allí. Nos estaba advirtiendo. Sus dedos se apretaron alrededor de su mano. "No quiero que vayas allí... p-por favor... ¡vámonos...!" Lumine nunca la había visto así antes. Parecía como si estuviera a punto de llorar. Lentamente, echó un vistazo hacia atrás. Pero no sintió nada. "...¿Entonces es algo maligno?", murmuró. —¡Es realmente malvado! —gritó Yelena—. No sé qué es, pero si vamos allí, ¡no acabará bien para nosotras! ¡Por favor, Lumine! Sonaba tan desesperada que él casi obedeció. Pero Lumine apretó los labios y se mantuvo firme. ¿Qué habría pasado si no hubiera ido con Yelena, como en los bucles anteriores? ¿Habría regresado ella también entonces? ¿O habría seguido adelante sola? No. Lumine podía saberlo. Yelena no estaba tan aterrorizada por su propia vida. Ella estaba aterrorizada por su culpa. Y, sin embargo, Lumine ya sabía que aquello era un bucle fallido. Se había preparado para la posibilidad de la muerte. Para el sacrificio. En aras del conocimiento, ya había aceptado que tal vez tendría que exponerse al peligro. Así que la respuesta debería haber sido sencilla. Debería seguir adelante, a pesar de las súplicas de Yelena. Entonces, ¿por qué fue tan difícil rechazarla? Esa respuesta también fue sencilla. Porque amaba a Yelena. Y ver sufrir a la persona que amaba... Verla morir... Eso era lo peor que podía imaginar. 'Simplemente... ¿por qué está pasando esto?' ¿Qué había hecho para merecer esto? No. Eso no era lo que más frustraba a Lumine. Lo que realmente le atormentaba era la idea de tener que arrastrar a su amiga de la infancia, la chica a la que amaba más que a nadie, a una situación de peligro simplemente porque era demasiado débil e impotente para encontrar otro camino. Yelena no merecía semejante crueldad por su parte. Y él no la merecía. Así que, mientras ella seguía suplicando, Lumine solo pudo dedicarle una sonrisa resignada. Entonces, sin previo aviso, extendió la mano y le dio unas palmaditas en la cabeza. Yelena guardó silencio. Después de eso, su mano se detuvo un momento, y las palmaditas se suavizaron hasta convertirse en suaves caricias en su cabello. —Lo siento —dijo en voz baja. Yelena estaba congelada. Durante unos segundos, se quedó allí de pie, sintiendo el calor de sus dedos sobre su cuero cabelludo. Luego lo miró, con los ojos temblorosos y las lágrimas ya resbalando por sus mejillas. "...Eres mala, Lumine." —Lo sé —dijo con voz suave—. Pero no tengo otra opción. ¿Recuerdas lo que te dije? Necesito que confíes en mí sin dudarlo. Yelena desvió la mirada, esforzándose por controlar sus emociones mientras apretaba los labios. "¿Sabes lo afortunado que eres de tener a una mujer como yo...?" "Soy la persona más afortunada del mundo, sí." "Soy el mejor amigo de la infancia que podrías haber tenido, ¿verdad?" "En efecto. Eres el mejor." "Cualquiera que no fuera yo ya te habría dejado." "Lo sé. Te estaré eternamente agradecido —y eternamente en deuda contigo— por la suerte que tengo." Yelena sorbió por la nariz. —Entonces... —murmuró ella, sin mirarlo todavía—. Cuando terminemos con este escenario... consiénteme mucho, ¿de acuerdo? Al ver lo adorable que se veía en ese momento, la sonrisa de Lumine se volvió mucho más sincera. Sus ojos se suavizaron, arrugándose con una calidez serena. "Entonces tenemos una promesa." No tardaron en dejar atrás el laberinto interminable y llegar a la entrada arqueada de lo que Lumine y Yelena solo podían describir como el coliseo subterráneo del que tanto habían oído hablar. El sendero los condujo hacia lo que parecían ser las gradas, donde la gente de este mundo debió haberse reunido en algún momento para ver la arena que se extendía abajo. Aun así, las piernas de Yelena no dejaban de temblar. Lumine, atrapado entre la alegría, la vergüenza y la culpa, siguió tomándole la mano, en parte para consolarla y en parte para consolarse a sí mismo. Y así, cuando dieron su primer paso hacia las gradas, ambos se quedaron paralizados. Como si un rayo hubiera recorrido sus cuerpos. Se quedaron allí parados como tontos, tomados de la mano, congelados por el horror y la repulsión. Justo al borde de sus pies había sangre seca. Lo que antes había sido un charco se había oscurecido, formando una mancha incrustada en la piedra. Y en el centro, un brazo amputado, cubierto por una armadura que ocultaba la piel y la mano. Parecía el brazo de un caballero. El olor a sangre y carne aún flotaba en el aire. Ambos palidecieron al verlo tendido justo delante de ellos. Yelena apretó la túnica de Lumine con una mano mientras le sujetaba los dedos con la otra. —¿Estás... estás segura...? —susurró—. Nosotros... aún podemos volver... El miedo volvió a temblar en su voz, y Lumine apretó los dientes, ahogándose en la vergüenza y el autodesprecio por haberla hecho pasar por esto. «Aunque le diga que vuelva sin mí, nunca me hará caso». Quizás Yelena ya sabía cuál sería su respuesta. Sus dedos se soltaron de su túnica. Bajó la mirada, resignada, pero apretó aún más la mano que tenía él. "Vamos... vamos." "S-sí..." Pasaron por encima del brazo amputado y se adentraron más en las gradas. Con cada paso, su horror aumentaba. Había miembros esparcidos sobre la piedra, colocados de forma extraña en ciertos puntos, como si no hubieran sido desechados al azar, sino dispuestos. Ninguno de los dos dijo nada. Simplemente avanzaron a la fuerza, paso a paso, hasta llegar al borde mismo de las gradas. Y entonces les robaron el aliento. Allá... Allá... Era difícil describir la maldad que vieron. Lumine sintió que sus sentidos casi lo abandonaban. Su cuerpo vaciló y retrocedió unos pasos tambaleándose antes de que el grito de Yelena resonara en el aire. Le agarró la mano con tanta fuerza que parecía que iba a aplastársela. Y, sin embargo, Lumine se dio cuenta de que él estaba haciendo lo mismo. "Oh dioses..." Se llevó la mano libre a la boca, contemplando la escena que tenía ante sí con puro pavor. El estadio... Fue... Era como un lienzo de sangre y carne. Y lo que más llamaba la atención eran las hileras de estacas. Filas ordenadas. Cada una atravesada con una cabeza cortada. Los ojos de Lumine se habían desenfocado sin que él se diera cuenta. Su mirada vagó por la carnicería, pasando por la sangre, los cuerpos, la blasfema disposición de la muerte... Hasta que se detuvo. Había una figura familiar sentada en el centro de la arena. Inmóvil. Meditando. En el corazón de ese acto de maldad indescriptible. Entonces Lumine y Yelena finalmente se encontraron con la mirada de la figura. Y en ese momento, Yelena comprendió de qué le había estado advirtiendo su [instinto]. No la sangre. No la sangre. Ni las extremidades cercenadas ni las cabezas ensartadas. No. Su [instinto] había ignorado todo eso. Porque el verdadero mal estaba sentado en el centro de la arena, mirándola fijamente con ojos carmesí llenos de una calma terrible y familiar. Lumine y Yelena contuvieron la respiración. "...¿No?"
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Estás leyendo el capítulo 448 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.