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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 446 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"¿Lumine? ¿Me oíste?" Lumine miró a Celestina con expresión desorientada y asintió sin darse cuenta. "...Sí." '¿Así que incluso... incluso decir que viajé en el tiempo me cuesta la vida?' —De repente estás pálida —dijo Celestina, entrecerrando los ojos. "Como si hubieras visto un fantasma." Lumine tragó saliva, sintiendo la lengua en su boca —todavía intacta esta vez— e intentó ofrecerle una sonrisa tranquilizadora. "Ah, no. Estoy bien. De verdad." 'Me siento enferma.' "Si tú lo dices..." No parecía convencida. Por un instante, la Heredera de Hielo se escabulló, y Celestina lo miró con genuina preocupación. Pero antes de que pudiera decir nada más, Lumine esbozó una amplia sonrisa. 'Me siento enferma.' "Ahora iré a salvar a Azriel, así que aguanta un poco, ¿de acuerdo?" 'Me siento enferma.' "¿Eh? Sí, supongo, p-pero..." 'Me siento enferma.' Antes de que pudiera decir una palabra más, Lumine saltó y desapareció. 'Me siento enferma.' "Oye..." La voz de Yelena lo alcanzó casi de inmediato. "¿Te pasa algo, Lumine? Te ves muy pálido." —Primero Celestina, ¿y ahora tú? —dijo Lumine, forzando una risa—. En serio, no te preocupes. Estoy perfectamente bien. "Pero..." "Nada de peros. Confía en mí, ¿de acuerdo?" Yelena le pellizcó la manga de la túnica, con la mirada ansiosa fija en él. Aquello le partió el corazón a Lumine, pero aun así le dedicó otra suave sonrisa. 'No sé qué hacer...' Reprimiendo las náuseas que le subían por la garganta, junto con la ansiedad que le arañaba la piel, Lumine la miró. "¿No dijiste que ibas a revisar algo?" "Ah." Sorprendida por el recordatorio, Yelena asintió tímidamente. "Sí... pero..." Dudó. "Creo que sería mejor si fuera contigo." Lumine negó con la cabeza y de repente la agarró con fuerza por ambos hombros. "No. Te sientes incómodo porque tu [instinto] te está diciendo algo, ¿verdad? Entonces vamos a comprobar juntos cuál es el problema." Sorprendida por su firmeza, Yelena casi aceptó en el acto. Un leve rubor tiñó sus mejillas antes de que negara con la cabeza apresuradamente. "¡No, no, no! ¡Tienes que ir a salvar a Azriel! Se lo prometiste a Celestina. ¡Yo me encargaré de lo que sea que esté mal!" "No." Lumine la rechazó rotundamente. No puedo salvar a Azriel. Estoy atrapado en un bucle. Si llego demasiado rápido, la criatura del vacío me mata. Si tardo demasiado, nos mata a todos. Y Azriel se suicidará, o el príncipe Lioren lo matará. Lo que necesito ahora mismo es información. Pistas. Cualquier cosa que me ayude a entender cómo salir de este lío... En otras palabras... En este bucle, ya había decidido renunciar a salvar a nadie. «No hay otra opción. Necesito más información. Quizás el instinto de Yelena pueda ayudarme. También necesito empezar a calcular el momento en que el ángel llegue con su mensaje sobre el desafío y el descanso de cinco horas». —Azriel puede esperar ahora mismo, Yelena —dijo Lumine en voz baja—. Prefiero ocuparme de lo que sea que tu [Instinto] nos esté advirtiendo antes de que nos tome por sorpresa. Yelena lo miró fijamente a los ojos. Casi al instante, comprendió que no había forma de convencerlo de lo contrario. Aun así, cada gesto de su rostro reflejaba el profundo odio que sentía por esa decisión. "No apoyo esto, Lumine..." Lumine sonrió levemente, como si ya supiera que ella diría eso. 'Yo tampoco...' —Pero bueno —dijo Yelena finalmente—. Espero que este sea el indicado. "...Gracias, Yelena." Con Yelena a la cabeza, confiando únicamente en su [Instinto], apenas hablaron. Lumine se dio cuenta de que le disgustaba que la hubiera seguido. No estaba enfadada, exactamente. Más bien inquieta. Preocupada de una manera que se esforzaba por no demostrar. Recorrieron pasillo tras pasillo, pasando por espacios abiertos donde antes había puertas, cada una de las cuales conducía a cámaras vacías sumidas en el silencio. Habían cruzado varias más cuando ambos se detuvieron de repente. Voces. "¿Te has vuelto loco sin querer? ¿Cómo demonios has podido llegar tan lejos?" La voz pertenecía a una mujer que ambos reconocieron. Lumine y Yelena intercambiaron una mirada de sorpresa. Estaban de pie junto a una esquina, ocultas a la vista. Con cautela, miraron a su alrededor. Al final del pasillo se encontraban dos figuras. "¿No es eso...?" —Anastasia —susurró Yelena. "Y..." "Caleus." Anastasia tenía los brazos cruzados, con la irritación reflejada en su rostro. Golpeaba el suelo repetidamente con un pie, con un ritmo seco e impaciente. Caleus, en cambio, se apoyaba contra la pared con una expresión tranquila, casi inexpresiva, como si nada de aquello le importara. —No tenía otra opción —dijo Caleus—. Azriel y Lioren están involucrados. Y parece que no solo Lioren, sino también Azriel, son mucho más astutos y despiadados de lo que esperaba. Ambos vendrán a por mí. Como seguramente ya han salvado a Jasmine y Celestina, ellos también lo saben. Así que no me queda más remedio que arriesgarlo todo. Un último esfuerzo. Anastasia lo miró fijamente. "Aun así... te das cuenta de que te has ganado la enemistad de todo el mundo, ¿verdad?" "¿Supongo?" Parecía completamente despreocupado. La expresión de Anastasia se torció de frustración. «Joder. Eres tan estúpido», escupió. «No solo colaboraste con el enemigo, sino que contactaste con decenas de participantes que ahora deambulan por este laberinto subterráneo, buscando matar a Azriel o a cualquiera que esté en la clasificación. Contactaste con un alto mando del ejército revolucionario. Y, de alguna manera, incluso convenciste a Sir Felix para que trabajara contigo». Su voz se volvió más fría. «Te has ganado la enemistad de todos. Tendrías suerte si yo fuera quien te matara aquí y ahora». Lumine sintió que sus ojos se abrían de par en par. Yelena se puso rígida a su lado. Caleus simplemente se encogió de hombros. "Ya te lo dije. Decidí arriesgarlo todo. Azriel es un problema. De esta forma, o se distraerá o morirá, lo cual me beneficia por ahora." Su expresión no cambió. "El alto comandante es solo una distracción para ganar tiempo, aunque me disguste, ya que quiere que Jasmine muera. Pero Sir Felix y yo queremos que Jasmine se salve. Aunque es un Caballero Carmesí, prefirió confiar en mí antes que en Azriel." Un leve y amargo tono de diversión se asomó en su voz. "Esto demuestra hasta qué punto esos caballeros desprecian a su indigno príncipe. Y, sin embargo, aprecian lo suficiente a su princesa como para traicionar a su propio clan." Al oír esas palabras, algo ardiente y violento surgió en el interior de Lumine. Enojo. Pánico. Su mirada se agudizó antes de que pudiera controlarse. En ese mismo instante, Yelena lo agarró y lo arrastró de vuelta detrás de la esquina. Al final del pasillo, Anastasia y Caleus giraron la cabeza bruscamente hacia ellos. Sus cuerpos se tensaron. Sus armas espirituales aparecieron en sus manos. El corazón de Lumine se estrelló contra sus costillas. Yelena le tapó la boca con la mano, silenciándolo por completo. Su rostro ardía, en parte por la vergüenza de su error y en parte por la humillante sensación de la suave palma de ella contra sus labios. —¿Qué crees que estás haciendo, idiota? —susurró con furia, con la voz temblorosa al borde de un grito—. ¿Quieres que nos atrapen y nos maten? Quédate quieto, ¿de acuerdo? Lumine retrocedió bajo su mirada fulminante y asintió, con temor y rapidez. Yelena lo miró fijamente por un instante, como si estuviera decidiendo si podía confiar en que no lo arruinaría todo. Luego, lentamente, retiró la mano. Ellos escucharon. —De acuerdo —dijo Anastasia, chasqueando la lengua—. Haz lo que te dé la gana. No deberíamos quedarnos aquí más tiempo. Este lugar está lleno de gente. Podrían descubrirnos. —Estoy de acuerdo —respondió Caleus—. ¿Y qué harás? "¿Qué es lo que intentas preguntar?" "Quédate conmigo, Ana." "No me llames así, joder. Y no. Joder, me dan ganas de vomitar. Me voy." "...Muy bien." Hubo una pausa. "Me pareció un apodo bonito." Incluso desde donde se escondían, Lumine podía percibir la amargura que se escondía tras el tono tranquilo de Caleus. Luego se oyeron pasos. Tanto Lumine como Yelena se estremecieron. Los pasos se hicieron más fuertes por un momento. Entonces, por suerte, comenzaron a desvanecerse. Solo cuando el sonido desapareció por completo, ambos soltaron el aire que contenían. La pareja se había ido en dirección contraria. Lumine fue tragado. 'Yo... no puedo creerlo.' No. Así que esta era la razón. Debería haber prestado más atención a todas esas advertencias sobre los grandes clanes. Debería haberlas tomado en serio. Pero aún así... Miró a Yelena. Ella le devolvió la mirada con una expresión pesada y preocupada, que reflejaba la suya. "Nosotras..." comenzó Yelena con vacilación. "Deberíamos detenerlos, ¿verdad?" Lumine estuvo de acuerdo. Por supuesto que aceptó. Pero- 'Esto tiene que ser una broma, ¿verdad? Esto no puede ser real.' ¿No solo tenía que resolver todo lo demás, sino también esto? Los participantes que buscan a Azriel y a todos los demás en la tabla de clasificación. Un alto comandante del ejército revolucionario avanzando por el laberinto. Sir Felix, un Caballero Carmesí, traicionando al Clan Carmesí. Jasmine y Celestina siguen en peligro. Azriel está siendo atacado desde todos los flancos. ¿Qué se supone que debo hacer? Cuanto más pensaba en ello, más frío sentía en el cuerpo. Esto no tiene gracia. En serio, esto no tiene gracia. ¿No fue solo Azriel? ¿Nadie estaba a salvo? Sus manos se cerraron lentamente formando puños. 'No... tengo que abandonar este bucle.' La sola idea le revolvió el estómago. "Solo espero que no haya un número fijo de veces que pueda volver." Porque en ese momento, no había manera de que pudiera salvar a nadie. No en este bucle. Así no. Lumine contuvo el aliento y se obligó a serenar su expresión antes de volver a mirar a Yelena. "¿A esto nos llevó tu [instinto]?" Era extraño, pero considerando lo inusual de su Habilidad Única, no del todo imposible. De hecho, Lumine estaba agradecido. Al seguir a Yelena, había descubierto otro obstáculo que de alguna manera tendría que superar. O eso creía él. "No." Yelena negó con la cabeza. Su rostro se ensombreció mientras miraba por el pasillo, y luego señaló en otra dirección completamente distinta. "Esto... no tenía nada que ver con adónde me decía mi [instinto] que fuera." El rostro de Lumine palideció. Por un instante, cerró los ojos y luchó contra el impulso de gemir. 'Sé lo que quiere Yelena.' Deberían regresar. Deberían salvar de alguna manera a Celestina y Jasmine. Deberían advertir a Azriel. Deberían detener a Caleus. Deberían detener a Sir Felix. Deberían detener a los participantes. Deberían detener al alto comandante. Deberían parar todo. Pero había demasiado. Demasiado y poco tiempo. Entonces Lumine abrió los ojos. "¿Puedes confiar en mí sin pedirte demasiado esta vez, Yelena?" Yelena lo miró con preocupación. Entonces, sonrió suavemente. "Por supuesto", dijo ella. La calidez de su voz disipó un poco su miedo. Lumine exhaló. "Entonces, por favor... llévame adondequiera que tu [instinto] te diga que vayas." Yelena asintió. Y así lo hizo. Siguieron caminando. Pero mientras avanzaban por el laberinto subterráneo, un pensamiento persistía entre ellos... ...¿Quién era Anastasia en realidad? La arena era una ruina de estacas. Sobre ellas colgaban las cabezas de los Maestros caídos, aquellos que habían muerto allí a manos del mismísimo Azriel. La sangre corría negra bajo ellas. Trozos de carne se aferraban a la madera astillada. El aire estaba impregnado del hedor a vísceras, hierro y putrefacción; una visión espantosa y miserable que habría hecho que la mayoría de los hombres cayeran de rodillas antes incluso de llegar al centro. Y sin embargo, alguien lo atravesó. No. No alguien. La sombra de una persona. Recorrió el sendero trazado entre las estacas, deslizándose entre la carnicería con una calma antinatural. No miró las cabezas cercenadas a ambos lados. No se detuvo en los rostros: algunos desfigurados hasta quedar irreconocibles, otros congelados en el último y terrible instante de sus vidas, con los ojos desorbitados por el terror puro. La sombra alcanzó el centro de la arena. Luego, lentamente, continuó su camino hacia el lugar por donde Azriel había entrado por primera vez al coliseo. La colosal puerta permanecía allí, sellada. Una sola mirada a aquello produjo un dolor tan humillante que la sombra bajó la cabeza. Por un instante, permaneció inmóvil. Entonces, con cuidado, alzó la mirada. Había otra estaca delante de la puerta. Uno que Azriel había fallado. Se alzaba solitaria en medio del camino, justo delante de la prodigiosa puerta cubierta de runas antiguas. Y ensartada en ella estaba la cabeza del niño al que Azriel Crimson había disparado. La sombra lo miró fijamente en silencio. Entonces, con una voz quebrada por el dolor, habló. "Dante... ¿es este realmente el momento más propicio para hacer esto?" La voz de la figura sombría era casi monótona, pero un trasfondo melancólico la inquietaba. Una penumbra densa y opresiva que parecía impregnar cada palabra. Otra voz respondió desde atrás, visiblemente irritada. ¿Qué mejor momento que cuando el mismísimo Dios del Tiempo está a punto de actuar? ¡Je! Tú y yo hicimos un trato, ¿recuerdas? Ya ha pasado más de medio año, si contamos el tiempo que pasamos en este escenario. "..." "Y ahora es el momento de cobrar." Por un instante, la sombra no dijo nada. Entonces, un suave suspiro escapó de sus labios. "...Bueno." Una risa inquietante surgió a sus espaldas. "No te preocupes. Tengo la intención de cumplirlo, siempre y cuando tú hagas lo mismo." Siguió un breve silencio. Entonces Dante pronunció su nombre. "No."
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 446

Estás leyendo el capítulo 446 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.