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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 390 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Así que realmente estás a cargo del comité del festival, ¿eh?" Leo asintió con la cabeza mientras permanecía de pie frente a su profesor, al frente del aula. "Ya les he asignado sus tareas a todos", dijo. "También decidí que tendremos reuniones regulares después de clases, todos los días, para que podamos discutir cualquier tema que sea necesario". "Ya veo..." El profesor lo observó por un momento. "Te lo estás tomando en serio." Su expresión se suavizó. Colocó ambas manos sobre los hombros de Leo, radiante de emoción. A su alrededor, los compañeros de Leo estaban divididos en grupos, preparándose para el festival de fin de curso. Sin embargo, a pesar del ajetreo, la sala se había quedado en silencio; todos escuchaban atentamente la conversación. "Finalmente decidiste formar parte de un equipo", dijo con voz temblorosa. "Nunca pensé que vería este día." Parecía que estaba a punto de llorar. Leo, en cambio, parecía querer desaparecer. "¿Puedes soltarme ahora?" —Ah, claro, claro. Había olvidado lo sensible que te pones cuando la gente te toca... o habla demasiado alto cerca de ti... o, ya sabes, simplemente está cerca de ti. —Rió nerviosamente, y luego se animó como si no se hubiera dado cuenta de su expresión. "¡Pero aun así! ¡Supongo que al menos hemos logrado dar un paso positivo después de todos estos años! ¡Estoy deseando contárselo a mi terapeuta…!" "Maestro." "Sí. Lo siento." Ella lo soltó de inmediato. En el instante en que vio la mirada fría de Leo, comenzó a sudar y retrocedió como si se hubiera acercado demasiado a un animal salvaje. Leo miró a sus compañeros. Al unísono, volvieron a concentrarse en su trabajo: con la cabeza gacha y las manos ocupadas, actuando como si se esforzaran al máximo, como si prefirieran ir a la guerra antes que ser descubiertos espiando. Leo suspiró. —¿Qué va a hacer nuestra clase para la fiesta de fin de curso? —preguntó en voz baja, asegurándose de que solo el profesor pudiera oírlo. Cada clase tenía que aportar algo. La profesora sonrió, visiblemente complacida. "Están planeando una casa embrujada." "Qué cliché." "Sí, pero..." Miró a los estudiantes al otro lado de la sala, donde cortaban papel y tela, dibujaban diseños y se reunían en grupos para discutir y planificar. Realmente estaban trabajando duro. "Apuesto a que será divertido." "...Quizás", dijo Leo con su habitual tono inexpresivo. La mirada del profesor volvió a posarse en él, con la misma expresión amable. "Les vendría bien tu ayuda." Leo negó con la cabeza. "Lo dudo. Y aunque pudieran, jamás lo querrían." Sabía perfectamente cómo lo veían sus compañeros de clase. Y, naturalmente, eso fue enteramente culpa suya. No es que se arrepintiera. "Yo no estaría tan seguro", dijo el profesor. Leo la miró confundido, pero ella solo sonrió con más cariño, como si hubiera estado esperando esta conversación durante años. "Después de todos estos años, aunque nunca logré enseñarte nada realmente, he aprendido esto: tiendes demasiado rápido a creer que los demás te ven como un monstruo del que deben mantenerse alejados." "..." "Apuesto a que si te esfuerzas un poco, te darás cuenta de lo equivocado que has estado." Leo volvió a mirar a los estudiantes. Por un instante, casi le creyó. Pero entonces... "¿De verdad importa?" ¿Y qué si hubiera podido ser amigo de ellos? Si hubiera querido eso, podría haber sido amigable desde el primer día. Podría haber sido popular. Podría haber coleccionado sonrisas e invitaciones como si fueran trofeos. "Por supuesto que sí." La profesora ni siquiera pareció sorprendida. "Interpretar al villano durante años, sabiendo que no eres esa persona, resulta agotador." Leo entrecerró los ojos. "Lo único que quiero es que me dejen en paz. ¿Cómo me convierte eso en un villano?" Su sonrisa se tensó, apenas un poco. "Si de verdad querías que te dejaran en paz, podrías haberlo pedido amablemente a tus compañeros. Pero ni siquiera lo intentaste, ni siquiera desde el primer día." Eso era cierto. Y Leo ni se molestó en negarlo. Eres increíblemente inteligente, pero esa inteligencia tiende a aislarte, ¿verdad? Estás terminando la secundaria, y aunque el bachillerato no sea muy diferente, sigue siendo el final de una etapa de tu vida. Estoy segura de que, en el fondo, tú también deseas un cambio. Ella volvió a poner una mano sobre su hombro. Leo frunció el ceño de inmediato, pero a ella no pareció importarle. Al contrario, sonrió con aún más descaro. Deja de intentar parecer tan guay y maduro todo el tiempo. Está bien divertirse de vez en cuando. Sobre todo a tu edad. Nadie te va a culpar. Entonces ella lo soltó y pasó junto a él. —Voy a prepararme un café —dijo por encima del hombro—. Y aunque lo dudo, espero que lo que he dicho te haga reflexionar, al menos un poco. Leo la vio marcharse. La puerta se cerró con un clic tras ella. Exhaló. "Nadie puede meterse en sus propios asuntos." Luego volvió a mirar a sus compañeros y suspiró de nuevo. "Delegado de clase." "¿Eh...? ¡S-sí!" La delegada de la clase —una chica con coletas— se levantó tan rápido que su silla rozó el suelo. Parecía sorprendida, nerviosa y pálida, como si Leo la hubiera elegido para ejecutarla. La forma en que lo miraba la hacía parecer una coneja encerrada en una jaula con un dinosaurio. —¿Cuál es la temática de la casa encantada? —preguntó Leo. "¿E-nuestro tema?" Sus ojos se movieron rápidamente. "Ehm... bueno... supongo... ¿todo?" "¡Sí, de todo!", intervino alguien de inmediato. "¡Simplemente asústalos con todas las cosas que dan miedo!" Otros se sumaron de inmediato. "¡Zombis!" ¡Fantasmas! "¡Monstruos!" "¡Oh, definitivamente monstruos ensangrentados!" "¡Oh, qué guay! Espera, ¿cómo vamos a hacer sangre falsa?" En cuestión de segundos, toda la clase se iluminó. Las ideas volaron por la sala. La gente empezó a discutir sobre los accesorios, el maquillaje, el vestuario y los efectos de sonido. El aula se llenó de ruido, y muy rápido. Mientras tanto, la delegada de la clase no dejaba de mirar a Leo como si esperara que él lo detuviera en cualquier momento. Observó el caos durante unos instantes y luego volvió a mirarla. "Si no hay un tema, si es simplemente una mezcla de todo, costará más", dijo Leo con voz lo suficientemente clara como para que todos lo oyeran. "Vestidos diferentes, materiales diferentes, decoraciones diferentes. Y si de verdad quieres que dé miedo, tiene que estar bien hecho. Si no tienes un plan sólido, el profesor o el consejo estudiantil lo clausurarán inmediatamente." El efecto fue instantáneo. La sala quedó en silencio. La emoción se desvaneció como un globo pinchado. Siguieron los murmullos —al principio suaves, luego más fuertes— y los estudiantes se desplomaron en sus asientos con rostros de tristeza. Querían darlo todo. Querían libertad. Querían hacer lo que les pareciera genial. "Entonces..." murmuró alguien. "¿Qué se supone que debemos hacer?" La delegada de la clase volvió a mirar a Leo, ansiosa, pero con un destello de esperanza en los ojos, como si él pudiera realmente salvarlos. Leo solo se encogió de hombros. "Elaboren un plan." Lo dijo como si fuera obvio. Luego se dio la vuelta y salió del aula sin decir una palabra más.
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 390

Estás leyendo el capítulo 390 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 20 de abril de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.