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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 362 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Aquel a quien llamaban diablo caminaba por un vasto desierto que se extendía interminablemente hasta el horizonte. El sol habría quemado vivo a un ser humano común; sin protección, su piel podría ampollarse, quemarse e incluso derretirse. Sin embargo, Lucifer no tenía reparos con el calor. No se quejaba de la profunda y cálida arena anaranjada ni de las suaves dunas salpicadas de pequeñas manchas oscuras de piedra. Simplemente las recorría con calma. Varias colinas rocosas y pequeñas montañas se alzaban sobre el suelo del desierto; sus superficies oscuras y dentadas contrastaban marcadamente con las suaves dunas que las rodeaban. El cielo estaba parcialmente nublado, con suaves vetas blancas que se extendían sobre un fondo azul pálido; el sol era plenamente visible cada vez que Lucifer miraba hacia arriba. Fue un día hermoso, a su manera. Mientras el diablo caminaba por el desierto y su calor abrasador, transcurrían horas y horas. Las nubes se espesaban y se deslizaban ante el sol. El sol se hundía cada vez más, hasta desaparecer y ser reemplazado por la luna y las estrellas. Cayó la noche y el color de la arena se volvió pálido, casi blanco. Finalmente, Lucifer se detuvo. De pie en medio del desierto infinito, simplemente miró hacia abajo. Luego golpeó suavemente el suelo con el pie derecho. Pasó un segundo. Luego otro. En el tercer día, el suelo empezó a temblar. Los corales de arena se desprendieron y se deslizaron, desprendiéndose de las montañas y las dunas. Al poco tiempo, el punto donde Lucifer había tocado empezó a agrietarse. Luego se abrió. Montones y montones de arena cayeron en la fisura como una cascada de granos blancos que se desbordaban en una oscuridad sin fondo. Un momento después, sin dudarlo, Lucifer dio un paso adelante y se dejó caer en esa oscuridad total. No tardó mucho en caer con un impacto atronador que lanzó olas de arena hacia afuera. Estaba completamente oscuro, y la arena que seguía cayendo desde arriba ya se estaba volviendo más delgada; cada grano que intentaba caer sobre él se incineró. Con un pequeño movimiento de su mano, apareció una minúscula mota de luz blanca. Flotó desde su palma abierta hacia el aire. El orbe era pequeño... pero su brillo iluminaba todo a su alrededor. Lucifer vio un túnel tallado en piedra que se extendía interminablemente en la distancia, dividiéndose y conectándose con otros túneles. Entonces entrecerró los ojos y se dio la vuelta. Allí nos esperaba un callejón sin salida: una enorme, colosal y antigua puerta de madera, cubierta de extrañas runas. Las runas eran enigmáticas, retorcidas y estratificadas, el tipo de marcas que fácilmente podrían darle escalofríos a cualquiera. Si Azriel hubiera estado aquí y las hubiera visto, habría categorizado esas runas como... Tanto Runas de Dios como Runas del Vacío. Sí. De dos tipos. Porque cuando Lucifer se concentraba en ciertos símbolos, un dolor de cabeza brutal y punzante le atravesaba el cráneo y lo obligaba a apartar la mirada, con su expresión tensándose por la incomodidad. Entonces, en lugar de mirar las Runas de Dios, Lucifer se centró en las Runas del Vacío, o, como otros aparte de Azriel las llamaban, el lenguaje del vacío. Sus ojos se entrecerraron aún más mientras leía. Los océanos serán nuestra sangre. Las montañas serán nuestros huesos. Pero no ganarás. No avanzarás. Así que lucha. Lucha. Lucha hasta el final. Lucha hasta que nuestro héroe caiga junto a nosotros y se una a los que perdimos. Lucha hasta que su última gota roja se filtre en las grietas de la tierra. Yacemos bajo él. Enterrados bajo huesos, enterrados bajo sangre, enterrados bajo una maldición. Custodiamos el sello porque debemos. Permanecemos aquí porque no podemos irnos. Guardianes. Prisioneros. Ambos. Para siempre. Ni vencedores ni perdedores. El rostro de Lucifer no cambió. "Cuarta Autoridad." Gritó con voz pesada y autoritaria. No quedaba rastro del comportamiento que había mostrado tras conocer a Azriel. Era como si ese episodio nunca hubiera ocurrido. Una vez más, lo miraba todo con la misma fría neutralidad, con la misma mirada orgullosa de siempre. "Cuarta Autoridad." Llamó de nuevo. Pero no llegó nada. No apareció ningún panel. No hubo respuesta del anfitrión de este mundo copiado. Cuando levantó la vista, solo había oscuridad. Así de profundo se encontraba en el planeta. Volvió a mirar las runas. Dio un paso hacia la puerta. Extendió la mano derecha, sus dedos se acercaron a la madera antigua. Justo antes de que sus dedos pudieran tocarlo... Esa misma mano explotó como un fuego artificial negro, un estallido de sangre pura de obsidiana. Lucifer seguía sin reaccionar. Antes de que pudiera derramarse más sangre negra, su mano derecha se regeneró al instante. Suspiró solemnemente. Todo ello... Todo... Poco a poco todo empezó a tener sentido. Las condiciones de su voto del alma. La Segunda Autoridad. El Gran Emperador Espíritu Divino de la Estrella. La diosa de la muerte. ...Y ese ser que había puesto el voto del alma—esta maldición—sobre él. Finalmente estaba juntando todas las piezas. Las alas negras de Lucifer se desplegaron desde su espalda. Levantó la mirada hacia las estrellas invisibles y entrecerró los ojos... Luego batió sus alas una vez... Y voló hacia arriba. * * * Había una ruina enorme y antigua excavada directamente en la ladera de un acantilado colosal, como si una ciudad entera, olvidada, hubiera estado allí antes de caer al abismo. Templos —ventanas arqueadas, columnas desmoronadas y terrazas devoradas por el musgo y el tiempo— se aferraban a la piedra como fantasmas. La mayor parte de la estructura estaba semienterrada bajo capas de tierra y hierba, como si el mundo mismo hubiera intentado reclamarla. Flores blancas y zonas verdes cubrían los niveles superiores, mientras que las partes inferiores se perdían en un profundo y oscuro abismo. La caída era escarpada e interminable, llena de una niebla arremolinada que ocultaba lo que yacía muy abajo. El cielo estaba pálido y brumoso, con una suave luz dorada filtrándose a través de un velo de nubes. En el sendero de piedra, frente a las ruinas, se sentaba una figura solitaria. Parecía pequeña, casi insignificante comparada con la magnitud del acantilado y la ciudad excavada. Contemplaba en silencio la vasta cara tallada de la roca. El hombre vestía túnicas blancas y una máscara de lobo blanca, con cuernos como astas que sobresalían de su cabeza. Entonces una sombra cayó sobre él. Una voz suave pero potente llegó a sus oídos mientras el viento aullaba, haciendo ondear su cabello y túnica plateados. "Es como lo predijiste, Emperador Pólux. El Señor Lucifer está en camino." La voz pertenecía a un hombre. Se oyeron pasos en el sendero musgoso antes de que el dueño de esa voz se acercara a Pollux. Pólux giró la cabeza y lo miró. El hombre era anciano y de aspecto inquietante, con un aura inquietante, casi de no-muerto. Su larga y alborotada cabellera blanca estaba recogida sueltamente en la parte superior, cayendo en mecaones enredados alrededor de su rostro y hombros. Una larga barba blanca como la nieve le llegaba hasta el pecho, dándole la apariencia de un sabio anciano. Su piel era pálida y cadavérica. Su rostro estaba demacrado, con profundas arrugas y ojeras. Tenía marcas en la frente, dispuestas casi como tatuajes rituales, que acentuaban su presencia oculta. Vestía una túnica ceremonial andrajosa, una prenda oscura y desgastada que parecía más antigua que la mayoría de las naciones. La tela estaba deshilachada en los extremos, colgando en tiras deshilachadas. Intrincados patrones, posiblemente místicos, estaban grabados en el pecho y la falda de la túnica. Alrededor de su torso, múltiples cuerdas y cordones ornamentales se enrollaban y se superponían como ataduras sagradas. Su postura era ligeramente encorvada, pero había una alerta depredadora en la forma en que estaba parado. "Segunda Autoridad..." Pólux murmuró. La Segunda Autoridad sonrió, descarada y mordaz, mientras se acariciaba la barba. "Tuve una conversación bastante larga con la Cuarta Autoridad", dijo. "Pero todo parece ir bien. Finalmente ha cedido a mi convencimiento y está de acuerdo con el plan, y con nosotros". Volviendo la cara y mirando hacia el acantilado, Pollux suspiró detrás de la máscara. No existe un 'nosotros'. La única razón por la que trabajaría con alguien de tu despreciable raza es porque algunos de nuestros objetivos coinciden. "Jo, jo. Tu odio hacia mí... ¿Se debe simplemente a la discriminación racial, o a lo que le pasó a este mismo mundo en el que vivimos?" Pólux volvió su rostro hacia la Segunda Autoridad. No se equivoquen, Segunda Autoridad. Una vez que alcancemos nuestros objetivos, esta alianza temporal terminará... y su vida también. Un traidor desleal a los suyos no vivirá mucho. La Segunda Autoridad se rió entre dientes. "Y sin embargo, aquí estamos los dos. Seguimos vivos." Pólux resopló y apartó la mirada. La Segunda Autoridad entrecerró los ojos. "Aun así... que de verdad haya llamado a Lord Lucifer...", murmuró. "Significa que Madre decía la verdad. Y puede que tenga razón en muchas de las otras cosas que dijo. Hasta ahora, no estaba convencido. Pensaba que era solo un chico despistado; su actuación era simplemente asombrosa. Pero... ¿de verdad estará bien así?" "No lo sé", respondió Pólux. La Segunda Autoridad sonrió débilmente. "¿El gran emperador Pólux no lo sabía?" "Las estrellas no se atreven a hablar de él", dijo Pólux en voz baja. El rostro de la Segunda Autoridad también se endureció. Madre dice que es de antes de nuestra época, y apenas hay menciones de él. Si alguien lo investigara, no encontraría nada. Su nombre, su rostro, su raza... nada se sabe. Sería como buscar algo que no existe. Y, sin embargo, existe. No lo olvides: por alguna razón, ahora mismo está débil. De lo contrario, me habría matado en cuanto lo hice sufrir. "¿Y si eso también es una actuación?" —Deja de inquietarte, Segunda Autoridad. Me deja un sabor amargo. La Segunda Autoridad frunció el ceño y lo miró. Deberías estar tan inquieto como yo. Solo te basas en lo que crees y esperas que sea verdad, pero deberías cuestionar las cosas más... ¿Por qué es un humano débil? ¿Por qué están tan conectados con Madre? ¿Por qué... por qué Madre, por qué los Diez Ancianos, mantuvieron oculta tal existencia? Si realmente es débil... ¿por qué no le ha dicho ya a Lord Lucifer que desvele su verdadera fuerza? No deberíamos precipitarnos en esto. "¿Prisa?" Pólux se burló y miró a la Segunda Autoridad con los ojos entrecerrados. ¿Qué prisa? Llevo siglos esperando este momento. Me permití ser esta copia, mientras resido en mi propio mundo, que ha caído en manos de su engañosa raza, solo para ahora trabajar con uno de esa raza, solo para poder finalmente cumplir mi deseo. No me digas que tenga más paciencia, Segunda Autoridad. La Segunda Autoridad suspiró. "Es como dijiste... Ambos tenemos nuestros objetivos aquí. Ambos tenemos un deseo que queremos cumplir. Es por eso que nosotros..." ——creó una copia de un 'Mundo Prohibido', rompiendo innumerables reglas, traicionando a la Corte Divina, traicionando a sus razas... porque ese Mundo Prohibido contiene un fragmento del Sello Divino antes de que el vacío lo absorbiera. Y ustedes buscan la copia. Intentan descifrar el fragmento copiado. Bueno, los felicito. Al menos, no son tan insensatos como para arriesgar lo que yace dentro del fragmento real y atreverse a luchar contra la verdadera... Aun así, incluso si la Segunda Autoridad y la Cuarta Autoridad trabajaron juntas para crear este Mundo Prohibido, no tiene sentido, ya que el gran Emperador Divino del Espíritu Estelar también fue copiado, y el fragmento del Sello Divino. Los dos juntos aún no tienen suficiente poder. Una voz fría, pesada e inquietante resonó a través de la piedra mientras ambos se giraban y se tensaban de inmediato. La Segunda Autoridad entonces sonrió. "Así que has venido, Señor Lucifer." Lucifer flotaba en el aire, con las alas negras desplegadas, mirándolos con abierta hostilidad. "Parece que estás empezando a recuperarte por tu cuenta. Como era de esperar", dijo Pollux. —Bueno, Madre dijo, ¿no?... El Señor Lucifer se interpondría en nuestro camino y usaría su poder para ayudar a un ser que jamás nos permitiría tener el fragmento. Lucifer entrecerró los ojos. "Aun así, todavía no comprendo el significado de tus acciones, Emperador Pólux. Ni el tuyo, Segunda Autoridad." Lentamente, descendió hasta tocar el suelo. Se quedó frente a ellos con una postura tranquila, casi relajada, con las manos cruzadas a la espalda. ¿Qué pueden ganar ustedes dos al abrir un simple fragmento del Sello Divino? ¿Venganza? ¿Poder? Ninguno de los dos puede surgir al abrirlo. Lo único que harían sería... "Traerá consigo un solo ser de la Raza Divina", dijo Pollux. "Un efecto secundario de abrir un fragmento del Sello", añadió la Segunda Autoridad con una sonrisa amable y paternal. "¿De verdad pensaste que, de todos los fragmentos tragados por el vacío y esparcidos por los reinos, pasé por todos estos problemas para nada?" Los ojos de Lucifer se entrecerraron aún más ante las palabras de Pólux. "¿Quieres decir... que sabes quién quedará libre si rompes ese fragmento?" preguntó en voz baja. "Por supuesto que sí", respondió Pólux. "...Madre... Madre de la Muerte... te lo dijo, ¿no?" Pólux guardó silencio. —Pero ella ya sabe quién yace dentro de ese fragmento. —La voz de Lucifer se volvió más tensa. Quienquiera que esté dentro tiene un poder que necesitas. Y... ¿por qué te ayudaría? ¿Qué es lo que buscas? —Es un simple deseo mío —dijo Pólux solemnemente. Eso es todo lo que quiero. Aunque tenga que tomar la mano de la raza que destruyó la mía... es un deseo que debo cumplir a cualquier precio. El viento aulló de nuevo a su alrededor. Pero, al parecer, necesitamos una llave especial. Y el único que la posee es un humano llamado Azriel Crimson. Sin embargo, no podemos simplemente arrebatársela en su patético estado actual. Debe haber una condición que debe cumplirse, dijo Madre. La única manera de que ese fragmento se desbloquee... es cuando ese humano se desbloquee. Y tú eres quien posee ese poder, Lord Lucifer. Lentamente, los ojos de Lucifer se abrieron de par en par. Su rostro palideció mientras la Segunda Autoridad continuaba. "Pero entonces la pregunta es: ¿cómo lo obligamos a tomarnos en serio? ¿Cómo nos aseguramos de que te llame?" La sonrisa del anciano se torció. Al final, fue sencillo. Debido a su debilidad, al Emperador Pólux le resulta fácil llevarlo a una situación desesperada: una en la que no le queda más remedio que reconocernos, dejar atrás su ignorancia y enfrentarnos como es debido, haciéndote desvelar su secreto. "Quieres que lo abra..." murmuró Lucifer. "Mamá... les contó todo a ambos... pero ¿cómo lo sabe...? No debería..." —Jojo. Es correcto, Señor Lucifer —dijo la Segunda Autoridad. "...Ustedes... ustedes son tontos", susurró Lucifer. "Dejar que tu avaricia te consuma tanto... No entiendes lo que estás haciendo." Dio un paso atrás, haciendo que la Segunda Autoridad inclinara la cabeza. "Parece que la Cuarta Autoridad decía la verdad, ¿eh? Tu orgullo y ego inagotables... no se ven por ningún lado desde que conociste a ese mocoso. ¿Cómo es que eres tan manso por un simple humano?", se burló el anciano. Comenzó a caminar hacia Lucifer, su sonrisa se volvió más malvada, más retorcida. Dime, Señor Lucifer... de los tres, eres el mayor, ¿verdad? Me hizo pensar... ¿cuántos años tienes exactamente? ¿Eres quizás... alguien que vivió incluso durante la legendaria Guerra Santa Antigua? "...!" Los ojos de Lucifer se congelaron. Permaneció inmóvil por un instante, y luego los entrecerró de nuevo al mirar a la Segunda Autoridad. "¿Por qué lo ayudas, Segunda Autoridad?", preguntó Lucifer. "¿Cuál es tu deseo? ¿Aliarte con otro, traicionar a la Corte Divina, traicionar a tu propia raza?" La sonrisa del anciano se suavizó. Mi deseo... no tiene nada que ver con el fragmento, Señor Lucifer. Tiene todo que ver con ese chico. Verá... ella me dijo algo. Algo muy interesante. Ese chico... puede concedernos a los de la Raza Divina algo que ya no puedo recibir. Sus dedos se apretaron. "Un nombre." Los ojos de Lucifer comenzaron a temblar. La Segunda Autoridad de repente parecía menos un monstruo misterioso y más un anciano frágil y desesperado cuando dio un paso adelante y agarró ambos brazos de Lucifer. Tú mismo lo sabes, Señor Lucifer... La Corte Divina es neutral. No nos gusta creer ciegamente ni seguir a nuestros padres, y ellos fueron lo suficientemente generosos como para liberarnos de eso, para permitirnos encontrar nuestro propio camino. Pero a cambio de esa libertad, debemos asumir la responsabilidad de los "escenarios". Y los únicos que pueden otorgarnos los nombres de la Raza Divina... son nuestros padres, los Diez Ancianos. Pero eso no es algo que pueda pedir. Renuncié a ese derecho. Cualquier dios que se una a la Corte Divina bajo nuestros Doce Tiranos debe renunciar al derecho a ser nombrado. Como mucho, podemos recibir un título. Sin embargo... ¡Madre... Madre de la Muerte fue aún más generosa que las demás! ¡Sabía lo que estaba pasando! ¡Sabía que caminaba hacia un camino oscuro! ¡Y vino con otra solución! ¡Me habló de ese chico! ¡Que podía hacer lo que nuestros padres hicieron! ¡Que podía darme un nombre...! "Segunda Autoridad..." susurró Lucifer. "Pero me siento incómodo", admitió el anciano con voz temblorosa. Ese chico... ¿qué tiene de especial? ¿Para darnos un nombre a nosotros, los dioses? ¿Un simple humano? ¿Por qué está sellado su poder? ¿Qué tiene de especial con Madre y los demás? Lo sabes, ¿verdad? Madre... Madre de la Muerte... lleva desaparecida bastante tiempo. Me inquieta. De verdad, profundamente. Lucifer tragó saliva con fuerza. —Segunda Autoridad. Emperador Pólux —dijo en voz baja, mirándolos a ambos. No sigas con esto. No es el fragmento lo que más me preocupa, sino... esa cosa. Ese ser. Ni siquiera es humano. No lo creo. No creo que su fuerza esté realmente sellada. No es alguien que te conceda un nombre por bondad. Él... él será el fin de todos nosotros. Aún hay tiempo para revertir esto. Las condiciones... sí, mientras ustedes dos se desistan de este plan, todo puede corregirse. Pero su intento de advertirles sólo se encontró con la mirada fría de Pollux y la expresión oscura y cerrada de la Segunda Autoridad. "¿No te dio un nombre por bondad?", repitió el anciano. "Mamá me lo contó todo, ¿recuerdas? Me dijo que él... te dio un nombre." "...!!" Ante esa mirada muerta y plana, Lucifer saltó hacia atrás, apretando los dientes. "No permitiré que esto suceda." Pólux caminó hacia el lado de la Segunda Autoridad y tarareó suavemente. "Lo admito, eres un oponente temible", dijo. Pero esta vez no tienes ninguna posibilidad. Tienes que ser tú quien desbloquee al humano, y serás tú. El rostro de Lucifer se endureció y su expresión se oscureció. "Aunque me enfrenten juntos, esto solo los llevará a la muerte", dijo con frialdad. "Tú, una mera copia. Y tú, un traidor de los dioses. No saldrás victorioso. Encontrarás el final de tu camino aquí mismo". "Entonces ¿qué pasa si el verdadero se une?" Otra voz cortó el aire. El rostro de Lucifer se quedó sin color cuando se giró. Allá... Allí estaba Pólux. Otro Pólux. Un Pólux mucho más fuerte. Este no llevaba máscara, revelando un rostro hermoso y divino. A diferencia de la copia, cuya piel era pálida y suave como la de un maniquí, este parecía un ser de carne y hueso. —Te preguntabas cómo ambos tenían el poder suficiente para crear una copia de un “Mundo Prohibido”, ¿no es así, Lord Lucifer? —dijo el verdadero Pollux en voz baja. -Bueno... fue porque les presté el mío.
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Estás leyendo el capítulo 362 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 22 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.