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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 323 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando Azriel descendió, un arco de niebla negra se abalanzó hacia él. Al mismo tiempo, trece arcos azules cayeron del cielo. Flexionó las rodillas, tensando los músculos mientras el maná fluía por sus tendones. Su aura lo envolvió como una segunda armadura. Su expresión era aguda e inquebrantable. 'De acuerdo, igual que en el Bosque de la Eternidad.' Aunque aquello hubiera sido un sueño, esto también era un sueño. Un rayo rojo recorrió su cuerpo, dejando rastros de hielo aún adheridos a su piel, y las puntas de su cabello, pálidas como la escarcha. Gradualmente, el rayo carmesí se transformó, desvaneciéndose en blanco. Algo nuevo sucedía esta vez: en lugar de extenderse por todo su cuerpo, el rayo se concentró, apretando sus pies hasta formar un par de botas relucientes. Un rayo blanco las envolvió como una armadura. El arco negro chocó con el azul. Por un instante se entrelazaron, lanzando chispas negras y azules en todas direcciones, antes de explotar en una nube de colores mezclados, como fuegos artificiales en el cielo nocturno. '¡Ahora!' Azriel se mudó. La explosión había dejado una estrecha abertura que conducía directamente al abismo, y él la tomó sin dudarlo. En un instante, desapareció de la vista, borrado de la existencia. Al momento siguiente, se encontraba en el aire frente al abismo, con el Devorador del Vacío alzado para partirla en dos. Un instante después, el suelo donde había estado parado se cubrió de hielo. Una estela blanca se elevó a través de la bruma negra y azulada, dejando tras de sí un agujero humeante. Un repentino calambre le atenazaba las piernas; no le dolía, pero era lo suficientemente extraño como para inquietarlo. Lo ignoró, apretando los dientes mientras se balanceaba hacia abajo. Para su consternación, la criatura abisal se apartó por poco, esquivándolo. Él lanzó un tajo horizontal de inmediato, pero una de sus colas se abalanzó sobre él, y la espada de piedra que sostenía interceptó su golpe. Cambió a Devorador del Vacío, recibiendo el impacto de frente. La resistencia se manifestó por un instante; luego, un rayo blanco serpenteó a lo largo de la hoja, partiéndola en dos. El fragmento cercenado humeaba con un ardor gélido. Otra cola se abalanzó sobre él, pero esta vez no la cortó. Antes de que la gravedad pudiera arrastrarlo hacia abajo, Azriel giró de forma antinatural en el aire, plantando un pie sobre la hoja que se aproximaba. Se impulsó con una patada, ganando así unos preciosos segundos en el aire. Al instante, docenas de colas se lanzaron a la vez, cada una blandiendo una espada de piedra dentada. Azriel apretó la mandíbula mientras las desviaba en rápida sucesión: cortando algunas, parando otras. Unas pocas se colaron, rasgando su armadura pero sin lograr romperla. Entonces, al recibir otro golpe, atrapó la hoja con su mano enguantada y la usó para impulsarse hacia arriba. Ya sobre el abismo, la gravedad comenzó a hacer efecto, pero Azriel actuó primero, conjurando una cadena de hielo que se enroscó alrededor de su brazo libre. Lo arrojó hacia abajo. Demasiado lenta para escapar, la abisal quedó atada, los gélidos lazos envolviéndola a ella y a sus colas. Azriel tiró con fuerza, apretando el agarre, y luego desinvocó a Devorador del Vacío. Como un loco, la abrazó antes de que pudiera liberarse. Con un tirón salvaje, la arrastró consigo. Azriel sonrió. "Bueno... esto sin duda es romántico, ¿no?" Un relámpago blanco la recorrió de pies a cabeza. Su cabello se erizó, crepitando con estática mientras arcos de electricidad saltaban al abismo, sacudiéndola. El hielo comenzó a extenderse por su cuerpo, congelándose sobre las grietas de su caparazón pétreo. De la grieta irregular donde debería haber estado una boca, manaba sangre negra, revolviéndole el estómago a Azriel. Un alarido monstruoso y gutural brotó de ella, un sonido tan penetrante que le hizo sangrar por los oídos. Entonces atacaron. Se estrellaron de cabeza contra el suelo con una violenta detonación de hielo y polvo, cuya onda expansiva arrasó los edificios cercanos y destrozó muros de piedra congelada. Azriel se dio la vuelta, gimiendo. 'Definitivamente sentí esa...' Apoyando las manos en el suelo, conjuró una nueva capa de hielo, inundándola de relámpagos. Pero la abisal ya levitaba de nuevo, sin que sus pies tocaran la tierra. Grietas se extendieron por todo su cuerpo. Justo antes de atacar, un escalofrío de pavor la recorrió. Se apartó bruscamente” por muy poco” cuando la pluma pasó zumbando, atravesándola y saliendo por el otro lado. Azriel chasqueó la lengua hacia adentro. 'Por poco no le da al núcleo de maná. ¡Maldita sea...! Incluso debilitando su cuerpo, sigue siendo rápida.' Un nuevo agujero se abrió en su cuerpo, del que brotó sangre negra. La pluma volvió a lanzarse, pero esta vez la atrapó; su mano restante se alzó con una espada de piedra, desviando el ataque. Colas erizadas la rodearon, lanzando más espadas hacia la pluma, obligándola a retroceder. Azriel lanzó un rayo blanco. En respuesta, ella le arrojó todas las espadas que le quedaban. Sus ojos se abrieron de par en par. 'Oh, no.' Saltó hacia el tejado de una casa cercana, pero no fue lo suficientemente rápido. Una cola lo atrapó en el aire y le azotó el estómago. Su coraza espiritual se resquebrajó. El golpe lo lanzó como un muñeco de trapo, dejando una profunda huella en la calle antes de detenerse. La sangre brotaba de su estómago como si el impacto lo hubiera desgarrado. Azriel se levantó rápidamente. El abismo se movió como si anticipara su próximo movimiento. Y Azriel corrió. Sí, corrió. Las espadas se abalanzaron sobre él, y la tierra tembló bajo los latigazos de sus colas, quebrando el hielo a su paso. Pero Azriel era veloz, lo suficientemente veloz como para desaparecer de su vista sin apenas esfuerzo. La molesta pluma lo seguía flotando, dando vueltas perezosamente sobre su cabeza. Sus púas estaban ahora resbaladizas por la sangre negra, la mancha tan profunda que parecía que la pluma misma se había vuelto negra. Gotas repiqueteaban sobre el suelo helado, oscureciendo el hielo como tinta. Azriel le echó un vistazo. "Asegúrate de avisarme si viene." Invocó la Elegía de Átropos en su mano y exhaló suavemente. "Bueno... supongo que debería usarlo mientras Mirius no esté aquí." Se sentó y pulsó un pequeño botón en la empuñadura de la Aguíla del Desierto. El cargador se desprendió parcialmente. Sí, una revista. Ese era uno de sus muchos y peligrosos secretos. Azriel extrajo el cargador por completo, dejando al descubierto su contenido: balas blancas y brillantes. No solo estaban cargadas, sino que estaban almacenadas. Su mirada se detuvo en ellos un instante antes de bajar la vista hacia la herida en su estómago. "Ah. Claro." La sangre seguía filtrándose. Cerró la boca de golpe y volvió a concentrarse en el cargador. Sacó la primera bala, haciéndola girar entre los dedos. Una leve sonrisa torcida se dibujó en sus labios. "...Hola, as bajo la manga." Esa única bala... esa era la que iba dirigida a Mirius. La que jamás vería venir. Azriel había dedicado días a concentrar todas sus reservas de maná en la creación de dos balas de este tipo. La primera ya se había usado contra Mirius, tal como estaba planeado. Nunca tuvo la intención de matarlo directamente, sino solo de hacerle creer que Azriel había agotado su as bajo la manga. El verdadero truco residía en el orden de los disparos: la primera bala, letal, seguida de una deliberadamente débil que apenas podía dañar a un Experto. Si Azriel hubiera disparado de nuevo la Elegía de Átropos después de eso, Mirius habría creído que se había quedado sin ases. En ese momento se dispararía la tercera bala, la que aún tenía en la mano. La que podría acabar con él. Mirius desconocía que las balas pudieran almacenarse. Azriel se había asegurado de darle esa impresión. Pero no podía desperdiciarlo ahora. No hasta que Ranni hubiera debilitado a Mirius lo suficiente como para que no pudiera esquivar. La presa le sería arrebatada limpiamente de sus manos. Azriel sacó el resto de las balas, lo suficientemente potentes como para dañar a un Experto y probablemente también para herir a un Abisal. Las cargó en un orden preciso, colocando la bala asesina al final, y luego volvió a colocar el cargador en su sitio. Un ceño fruncido asomó a su frente. "Ahora... ¿por qué demonios no me ha atacado todavía?" Había un rastro de sangre que lo conducía directamente hacia él. Claro, era rápido, pero no había llegado muy lejos. La tierra comenzó a temblar violentamente. El hielo se resquebrajó en todas direcciones: algunos fragmentos se astillaron, otros se desplomaron en pedazos desde las altas agujas heladas. Azriel retrocedió un paso, invocando a Devorador del Vacío en su mano derecha mientras mantenía la Elegía de Átropos en la izquierda. La molesta pluma se cernió sobre su cabeza, luego se inclinó hacia arriba, mirando al cielo. Azriel siguió la mirada hacia donde apuntaba, y su expresión se ensombreció. "Ah... claro. Se me había olvidado que podías hacer eso." El abismo volvió a quedar suspendido en el aire, aunque no como antes. No flotaba en el sentido tradicional. En cambio, estaba suspendida por docenas de colas, cada una anclada al suelo como extremidades monstruosas. Más colas brotaban de su espalda, pecho, piernas y su único brazo restante, todas blandiendo espadas de piedra dentadas. Se alzaba a al menos treinta metros del suelo, la luz de las estrellas derramada sobre su cuerpo destrozado pero de una belleza inquietante. Azriel retrocedió lentamente, frunciendo el ceño. Las colas con espadas se juntaron, retrayéndose como si se prepararan para lanzarlas. Los ojos de Azriel se abrieron de par en par. Se balancearon. Cayó al instante, desplomándose contra el suelo. Las espadas silbaron a escasos centímetros de su rostro, pulverizando todo a su paso. Decenas de edificios quedaron reducidos a cenizas en un único y devastador ataque. Una buena parte del pueblo simplemente dejó de existir. Azriel se levantó lentamente, con una postura tensa y cautelosa. A su alrededor, solo quedaban montones de hielo hecho añicos. Exhaló, y su aliento se disipó en el aire gélido. Esta vez, iba a darle de lleno. Azriel miró la molesta pluma... y la envió lejos. Lejos. Hacia Nol. En lugar de esquivar, Azriel blandió a Devorador del Vacío contra las colas que se abalanzaban sobre él. Siguió blandiendo como un poseso, desatando docenas de arcos negros en rápida sucesión. Los arcos chocaron violentamente contra las colas, manteniéndolas a raya por un instante. En esa fracción de segundo, Azriel aprovechó la oportunidad y se lanzó hacia adelante. Los arcos negros se separaron, perdiendo la batalla, pero no sin antes dejar rastros de rosas carmesí que florecían sobre las colas abisales. Volvieron a abalanzarse sobre él, pero ya era demasiado tarde. Azriel se deslizó bajo ellos, su sombra pasó justo por encima de él, y el hielo le salpicó la espalda. No se detuvo. Siguió avanzando, acercándose al abismo. Justo delante de sus "piernas", atacó, pero la extremidad se elevó bruscamente, esquivando el golpe, antes de caer con una fuerza demoledora. Azriel chasqueó la lengua y saltó hacia atrás, pero otra cola lo azotó por la espalda, lanzándolo por los aires. En pleno vuelo, una tercera cola se abalanzó sobre él. Giró de forma antinatural, dejándola rozar a su lado, luego vino otra, y otra, hasta que docenas lo atacaban a la vez. Azriel los esquivó todos. Cada impacto partía el hielo en violentas explosiones, y las ondas de choque esparcían fragmentos en todas direcciones. El bombardeo era implacable, pero ninguno lo alcanzaba. Era simplemente demasiado rápido. 'Lo único que necesito es un buen tiro.' Un solo golpe al núcleo de maná. Pero el abisal también era rápido. Rápido, resistente e inteligente. Azriel dudaba que pudieran ganar contra cualquier otro Experto. ¿Pero para él? No tenía la menor duda. Ganaría. Lo sabía. La verdadera pregunta era cuándo. Aunque su resistencia se agotara, aunque su maná se vaciara, aunque le arrancaran ambos brazos, aún así ganaría. El problema era cuánto tiempo tardaría. Podía seguir esquivando, atacando las piernas sin cesar, pero ya sabía que el abisal aún guardaba habilidades que no había revelado. No hacía falta que lo hiciera... todavía no. Porque así como Azriel estaba seguro de la victoria, también lo estaba el abisal. Era absurdo, casi cómico. Ninguno de los dos se estaba esforzando al máximo. Esquivó otra cola y le cortó una pata. Luego otra. Y otra más. La lluvia de colas se transformó también en una tormenta de espadas, pero Azriel siguió zigzagueando entre ellas, cortando siempre que podía. Si el demonio aún hubiera luchado a su lado, esta batalla habría sido diez veces más difícil. Pero ahora, enfrascados en este duelo, ambos bandos conocían la verdad: lucharían en un empate técnico hasta que uno de ellos finalmente inclinara la balanza. Y cada uno creía que serían ellos. En cuanto a por qué Azriel creía que ganaría, no tenía otra opción. La victoria era lo único que le estaba permitido; perder significaría una muerte que su cuerpo podría sobrevivir, pero su alma no. Mientras se movía, atacando y esquivando, la mente de Azriel buscaba el camino hacia la victoria. Entonces, lo comprendió. 'Oh... por supuesto.' La diferencia entre ellos era simple. Tiempo. El abisal no tenía prisa por matarlo. Podía permitirse esperar. Tenía plena fe en que su amo triunfaría; creía que la victoria de Mirius era inevitable. Azriel era todo lo contrario. No tenía ninguna confianza en que Ranni pudiera derrotar a Mirius. No es que ella fuera débil, sino que Mirius era simplemente fuerte. Una de esas raras excepciones que podía luchar contra criaturas del vacío de igual nivel de núcleo de maná... y ganar. Si el tiempo era el factor decisivo, entonces la respuesta a cómo Azriel ganaría era igual de simple una vez que se dio cuenta. Perdería. Para ganar, Azriel tenía que perder. Azriel suspiró para sus adentros. ¡Ahhh... esto es tan molesto! De verdad necesito dormir después de esto... ¿Cuántos meses han pasado? Espera... no, ¿acaso no estoy dormida ahora mismo?... ¡Qué sueño de mierda! Mientras refunfuñaba para sí mismo, en medio de una esquiva de otro golpe de cola... comenzó a disminuir la velocidad. Cada paso evasivo le llevaba más tiempo que el anterior. Con cada uno, otro fragmento de su coraza se hacía añicos. Era como si el agotamiento se le metiera hasta los huesos. Hasta que, finalmente, no fue solo la armadura la que se rompió. Una cola le atravesó limpiamente la pierna izquierda. Los ojos de Azriel se abrieron de par en par. Otro” este empuñaba una espada de piedra” se clavó en su omóplato izquierdo. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Eso... eso duele! ¡Eso sí que duele! Por primera vez en días... sentía verdadero dolor. Un dolor real, punzante. Una tercera le perforó el muslo. Una cuarta le desgarró el estómago. Luego, dos más se clavaron en ambos hombros. Otra le atravesó la otra pierna, y otra más le salió por la espalda, reventándole por el otro lado del abdomen. "Ukh..." La sangre brotaba de él, caliente contra el aire helado. Su visión parpadeaba. El Devorador del Vacío se le escapó de las manos, la Elegía de Atropos resonó contra el hielo antes de desvanecerse mientras él los despedía a ambos. Tosió sangre. Entonces sus pies se despegaron del suelo. Lenta e inexorablemente, fue elevado por los aires, colgando como una marioneta de las colas del abismo, completamente incapaz de moverse. Allí permaneció colgado, la sangre carmesí derramándose en riachuelos, su cuerpo suspendido ante ella. La forma del ser abisal estaba ahora fracturada: grietas recorrían todo su cuerpo, colas que sobresalían de cada extremidad, de su torso, incluso de su espalda... por todas partes excepto de su rostro. Al principio, aquella superficie era una piedra lisa e inexpresiva. Ahora, también allí se habían formado grietas. Las más inquietantes eran las que tenían forma de ojos y boca. Y mientras miraba a Azriel... la grieta en sus labios se hizo más profunda. Se extendió hasta adquirir la horrible apariencia de una sonrisa. Su mandíbula se abrió contra la piedra, desgarrándose aún más; entonces se oyó un sonido. Un grito. No fue un simple grito, sino una erupción de maná, una onda expansiva de sonido. Lo golpeó con fuerza, sacudiéndole el cráneo, haciéndole vibrar cada hueso. La vista se le nubló. Sus ojos se pusieron en blanco mientras el vértigo lo envolvía por completo. Un zumbido agudo y penetrante ahogó cualquier otro sonido. La sangre le goteaba de los oídos, los ojos, la nariz, la boca. Entonces cesaron los gritos. Su visión se oscureció. Su audición se desvaneció por completo. Su cuerpo quedó inmóvil, sus labios adquiriendo un tono azul escalofriante. El abismo lo contempló en silencio, dejándolo suspendido en sus garras. Su pulso se ralentizó... se debilitó... se hizo más tenue. Entonces se detuvo. El corazón de Azriel ya no latía. Azriel Crimson había muerto. Al contemplar el cadáver del Príncipe Crimson, las colas del abisal comenzaron a retraerse, cada vez más cortas, hasta desaparecer por completo. Poco después, volvió a erguirse sobre dos patas. Las colas que sostenían el cuerpo inerte de Azriel se retrajeron dentro de ella. A su alrededor, el hielo comenzó a disolverse en la nada. Ella avanzó, deteniéndose sobre su cuerpo. Entonces... apareció una rosa roja en la mano que le quedaba. Agachándose, lo colocó suavemente sobre su pecho. Se puso de pie de nuevo y lo miró por última vez. Entonces... el abisal se giró y comenzó a caminar hacia el lugar donde Nol y el demonio lucharon. Las estrellas la iluminaron a ella y al cuerpo inerte que dejó atrás. El abismo había ganado. Todo el pueblo yacía en ruinas” escombros por todas partes”, pero no había cadáveres de aldeanos. Mientras se movía, la invadió una repentina y terrible premonición. Se quedó paralizada en seco. Un escalofrío la recorrió, y sus instintos le gritaban advertencias que no comprendía. Ella se giró” Y en ese instante, una bala blanca le atravesó el pecho. Se tambaleó, solo para que otro golpe le atravesara la rodilla izquierda. Luego otra a través de su derecha. El abismo se derrumbó. Ella gritó. Ella gritó fuerte. Ella gritó de dolor. Y entonces, lloró. Sangre negra brotaba de sus heridas, goteando por la grieta donde debería estar su boca. Miró hacia arriba, y donde podrían haber estado sus ojos, corrían lágrimas negras. Y allí lo vio” El Príncipe Crimson. Azriel, de rodillas, jadeaba con dificultad, empapado en sudor. Su Armadura del Alma estaba hecha añicos, y la sangre se acumulaba bajo él. En su mano derecha, apuntando fijamente hacia ella, sostenía la Elegía de Átropos. Sus labios seguían azules, pero respiraba. Su corazón latía. Azriel Crimson estaba vivo. Volvió a disparar. Lo último que vio la abisal fue la bala blanca salir del cañón, demasiado rápida para siquiera pensar en esquivarla. Su núcleo de maná ya estaba destrozado. Condenada de antemano, el disparo la atravesó por donde deberían haber estado sus ojos, desgarrándole la cabeza. Ella se desplomó. Momentos después, su cuerpo se fracturó en cien motas blancas que flotaron hacia arriba como fragmentos de estrellas fugaces que regresan al cielo, hasta que desaparecieron por completo. Lo único que quedaba era un núcleo de maná vacío tendido en el suelo. La euforia recorría cada vena del alma de Azriel. Lentamente, se levantó. Sus heridas eran terribles; su cuerpo se tambaleaba con cada respiración, pero su mirada, vacía pero fija, se dirigió hacia el bosque, donde Nol y el demonio se enfrentaban entre los árboles del Bosque de la Eternidad. Dio un paso en esa dirección y luego se detuvo. Su agarre sobre la Elegía de Átropos se intensificó. El suelo bajo sus pies tembló. Azriel se volvió hacia la fuente. Y entonces... empezó a caminar. Hacia donde luchaban los Maestros. Porque Azriel Crimson había vencido al abismo.
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Estás leyendo el capítulo 323 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.