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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 319 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Azriel observó a Mirius retorcerse en el suelo, jadeando, con arcadas, emitiendo sonidos como un gato que lucha por expulsar algo de su garganta. Mirius giró la cabeza, la sangre le corría libremente por los labios, y sonrió. “Esa pistola…” dijo con voz ronca. "Así que tú eres el loco que pagó diez mil millones de velts por ello..." Una risa áspera brotó de él antes de disolverse en toses sanguinolentas. "Ahora entiendo por qué..." Su mano se aferró a la profunda herida en su abdomen. En cuestión de segundos, Mirius ya lo había comprendido. Ahora sabía cómo una simple arma espiritual había podido herirlo. Lo entendía: era cargable. Si hubieras esquivado a la izquierda, a la derecha, incluso si te hubieras agachado... te habría atravesado el cráneo. Pero tus instintos te salvaron. Saltar hacia arriba me desequilibró. Me mareó. Me hizo perder la oportunidad de matarte. Suspiró, con expresión de genuina decepción. Los tres cadetes se quedaron mirando, con el rostro pálido. No podían creerlo. El príncipe Azriel Crimson” un experto” acababa de herir a un maestro. Aún jadeando, la voz de Mirius sonó ronca, pero con un matiz de excitación, mientras miraba a Azriel. "Esa ampolla... ¿Qué... qué me has hecho? Siento como si se me derritieran las entrañas..." Azriel arqueó una ceja, y luego otra. "Es veneno." "...¿Veneno?" Azriel asintió levemente. "Una de esas figuras poderosas de las que siempre te escondiste resulta ser un alquimista. La alquimia aquí, a diferencia de nuestro mundo, se practica mucho más. Ese alquimista en particular desarrolló un veneno tan letal que podía matar a cualquiera por debajo del nivel tres que tan solo respirara el gas que liberaba. Esa ampolla, de haberse caído, habría sembrado la muerte en esta aldea." Se inclinó ligeramente hacia delante, y su voz se volvió grave, casi juguetona. "Ahora imagina lo que le hace a un Maestro que acaba de consumirlo todo." Se llevó una mano a la boca, luchando por reprimir la sonrisa que se dibujaba en sus labios ensangrentados. "Apuesto a que esa preciada regeneración a la que vosotros, los Maestros, os aferraréis, se verá sobrecargada esta noche, mientras sigue reparando vuestros órganos derretidos." Mirius tosió, su cuerpo se convulsionó mientras sus dedos se hundían con más fuerza en su herida. Los ojos de Azriel brillaron con algo frío. Al igual que Azriel poseía [Carne de Eidolon], un Maestro poseía su propia versión de regeneración monstruosa. No era una habilidad, sino su naturaleza. Se curaba a velocidades incomprensibles para los humanos. De hecho, mucho mejor que la de Azriel... al menos por ahora. Pero esa regeneración, ahora ralentizada, maniatada por el veneno, le otorgó a Azriel algo invaluable. Un paso más cerca de la victoria. ¿Pero ganar contra quién? ¿Contra Mirius? Por supuesto, derrotar a Mirius formaba parte del plan de Azriel. Un paso crucial, sí, pero solo una parte de una estrategia mucho mayor. No, su verdadero adversario era el escenario en sí. Azriel se encontraba en una situación de enorme desventaja. Había perdido tres meses enteros. Si existía algún ser humano vivo que comprendiera verdaderamente las reglas de las Teogonías, ese era Azriel Crimson. Solo él entendía lo devastador que había sido ese lapso de tres meses sin conocimiento. Recordaba con claridad las advertencias que había recibido, cuando los paneles parpadearon en su reino del alma, cuando el escenario había comenzado. [Consecuencias:] – Muerte en el escenario = Muerte verdadera – Si no se actúa, se eliminará del registro. La primera consecuencia era bastante clara: si morías aquí, morías para siempre. Sin segundas oportunidades, sin intentos de recuperación. Pero la segunda consecuencia era más compleja. Azriel dudaba que muchos comprendieran su verdadero significado. Registro. Azriel sabía perfectamente lo que eso significaba. Cuando el escenario concluyera, cada participante superviviente regresaría a su reino del alma, sería evaluado y recompensado en función de su desempeño. Desde allí, volverían a su mundo como humanos que habían superado la primera prueba de los dioses. Pero, ¿quién llevó a cabo exactamente esa evaluación? ¿Quién determinó, con precisión, cuán generosas o crueles serían las recompensas? No se trataba de los “Doce Tiranos de los Escenarios de la Corte Divina”. Ciertamente, crearon estos elaborados juegos de muerte, estos retorcidos escenarios divinos, pero su papel terminó ahí. Como había explicado Pólux, los escenarios no diferían de las obras de teatro o de los espectáculos en un gran escenario cósmico. Los participantes eran meros actores, y los dioses, el público. Y el verdadero valor de cada actor, su valor último, se decidía por la adoración que su público le profesaba. Cuanto más popular sea el actor, mayor será la recompensa. La misma lógica implacable regía las Teogonías. Azriel, por las circunstancias, se había convertido en un personaje cuya presencia en pantalla se limitaba exclusivamente a la perspectiva de los demás participantes. Nunca aparecía directamente en la transmisión de los dioses. E irónicamente, esto le otorgaba una ventaja perfecta: los dioses no tenían ni idea de qué esperar de él. Por aterrador que fuera lo desconocido, también podía resultar irresistiblemente emocionante. En última instancia, los propios dioses emitirían sus votos al final de este escenario. Injusto, tal vez, pero la justicia nunca estuvo garantizada. La única oportunidad de Azriel para entrar de verdad en el Registro dependía de que al menos un participante lo notara. Por supuesto, no bastaba con ser notado. Ser visto no significaba nada si el observador nunca era visto. Los dioses no seguían las acciones de cada personaje secundario. Ansiaban drama, emoción y espectáculo. Buscaban a los protagonistas principales: los héroes y villanos que impulsaban la trama. Cualquiera menos interesante se volvía invisible, olvidado. Azriel dudaba que seres como los Diez Dioses presenciaran siquiera estos escenarios, o al menos eso esperaba. E incluso si lo hicieran, las entidades divinas verdaderamente poderosas se centrarían en escenarios más emocionantes e impredecibles que se desarrollaban en otros lugares, protagonizados por titanes como Joaquín Carmesí o Freya Selene. El escenario de Azriel era de pequeña escala en comparación. Sin embargo, su repentina aparición aquí, desafiando dramáticamente a cuatro participantes que habían aburrido soberanamente a la audiencia divina al permanecer ocultos en esta aldea, estaba destinada a captar la atención. Casi podía sentirlo ahora: cada mirada divina, cada cámara invisible moviéndose, ajustándose y haciendo zoom sobre su figura ensangrentada. Mejor aún, una de las participantes más fuertes, la mismísima Maestra Ranni, lo había acompañado hasta allí. Para los dioses que observaban, el reconocimiento de Ranni a Azriel como su cadete más fuerte era un detalle tentador, el preludio perfecto para la narrativa. Y ahora, Azriel se enfrentaba a otro de los participantes más fuertes del escenario. Esta batalla” esta confrontación cruda y visceral” era precisamente el espectáculo explosivo que los espectadores divinos ansiaban. Cada acción que Azriel realizaba, cada respiración, cada paso calculado ya no pasaba desapercibido ni inadvertido. Ahora, todos y cada uno de los dioses que observaban este escenario habían centrado toda su atención, inquebrantable, en un solo hombre: Azriel Crimson. Interesante. Divertido. Imprevisible. Desconocido. Divertido. Alguien que obligó a un Alto Comandante a huir. El cadete más fuerte del Maestro Ranni. Alguien que murió en sueños docenas de veces. Destructor del Bosque de la Eternidad. Príncipe. Joven héroe de CASC. Arconte Supremo. Entre otras hazañas que ya había logrado, Azriel era como si fuera el caos mismo con forma humana. Sin embargo, a pesar de todo eso, los dioses no sabían nada de él. Para ellos, debió parecer como si “la Cuarta Autoridad” Estaba ocultando intencionadamente la historia de Azriel solo para despertar su curiosidad, y funcionó a la perfección. De repente, Mirius comenzó a sacudir la cabeza, y su risa era maníaca incluso mientras la sangre brotaba de su boca. "¡No! ¡No! ¡No!", gritó con una risa histérica, con los ojos desorbitados. ¡Increíble! ¡Por fin lo entiendo! Azriel observaba en silencio, con la sangre aún goteando sin cesar por su rostro. La sonrisa de Mirius se ensanchó aún más. ¡Has estado mintiendo desde el principio!, gritó. Azriel parpadeó lentamente. ¡Fallaste a propósito! Los tres cadetes atados se quedaron paralizados por la conmoción, con los ojos muy abiertos por el asombro ante sus palabras. “Querías que luchara contigo todo este tiempo, ¿verdad?” La voz de Mirius temblaba de emoción, locura y comprensión. "¿Pero por qué tanto lío? Si lo que querías era una simple batalla, la habría aceptado encantada. ¿Qué es lo que realmente buscas?" Lentamente, Mirius se puso de pie, limpiándose la sangre fresca de la boca mientras su sonrisa se desvanecía por completo. "Había olvidado algo crucial: que solo los subestimados logran sorprenderte. Me lo has recordado bien. No volveré a cometer ese error." Miró fijamente a Azriel, y su sonrisa se desvaneció. “Ah” suspiró suavemente”, ahora lo entiendo. La sonrisa volvió, pero esta vez no contenía ni humor ni diversión, solo una amarga frialdad. "Sabes quién soy realmente." Azriel permaneció en silencio. Un silencio sofocante se instaló entre ellos. Los tres cadetes contuvieron la respiración, sintiendo como si el aire mismo se hubiera congelado bajo el peso abrumador del momento. Ninguno se movió; sus ojos carmesí se clavaron en una venda fría, enfrascados en una batalla de tensión invisible. De repente, unos pasos rompieron el opresivo silencio. Todas las miradas se volvieron hacia una figura que emergía de las sombras, vestida con túnicas negras ondeantes, con una hermosa cabellera azul que danzaba con gracia al viento. Por un instante, la expresión serena de Mirius se quebró. "Te preparaste para todo, ¿verdad...?" Ranni avanzó con calma, con la mirada fija en Azriel. Azriel permaneció impasible, y el rostro de Mirius recuperó rápidamente una fría neutralidad. Sin embargo, para los cadetes, Ranni era como una diosa descendida, un faro de esperanza en medio del caos reinante. Se detuvo justo frente a Azriel. Luego, con una voz tan suave e inesperadamente preocupada que incluso Azriel se sorprendió, preguntó: ¿Duele? “¿Te duele?” Azriel frunció ligeramente el ceño. ¿Qué duele? Entonces se dio cuenta; claro, estaba herido. Casi había olvidado la sangre que le manchaba la cara. Azriel negó lentamente con la cabeza. "No siento nada." La mirada de Ranni se detuvo en él durante un largo rato, con genuina preocupación reflejada en sus ojos. Luego, dirigió brevemente su atención a los cadetes atados, evaluando rápidamente su estado, antes de volver a mirar a Azriel. “Han evacuado todo el pueblo” dijo en voz baja, permitiéndose una leve sonrisa de alivio. "Al llegar aquí me encontré con el jefe de la aldea. Estaba llorando de gratitud, todo gracias a usted." 'Eh..?' La expresión de Azriel no cambió. "No tiene motivos para estar agradecido. Le arranqué el brazo." “Pero también le salvaste la vida, y la de todos los habitantes del pueblo” respondió ella con firmeza. "Esa nota que le diste le dio la oportunidad de advertir a los aldeanos y evacuar a salvo a través de los túneles." Era cierto. Azriel sí había advertido al jefe, no por locura o imprudencia, ni para impresionar a Mirius. Cuando llamó a la puerta de la cabaña, se acercó al tembloroso jefe y le susurró amenazas de consumir su núcleo de maná, Azriel le pasó discretamente una simple nota. Por suerte, el jefe de la aldea fue lo suficientemente inteligente como para leerla y representar su papel a la perfección, aunque perder un brazo probablemente no entraba en sus planes. La nota contenía una sola instrucción sencilla: Seguir la corriente. Cuando te dé la oportunidad, corre. Evacuen inmediatamente a su gente a los túneles subterráneos. Azriel suspiró, con una expresión indescifrable, la mirada fija de nuevo en Mirius, cuyo rostro se había ensombrecido considerablemente al darse cuenta de lo profundamente engañado que había sido. "Si se siente agradecido, no puedo hacer nada al respecto", dijo Azriel simplemente. Ranni siguió su mirada, abriendo mucho los ojos al notar la grave herida de Mirius. “¿Tú... lo... heriste?” Su voz estaba llena de asombro. “Pido disculpas por haber empezado la diversión sin usted, instructor” dijo Azriel con naturalidad. "Vi una oportunidad y simplemente no pude resistirme." A pesar de que se acercaba la medianoche, Azriel no sentía que Ranni llegara tarde; a su juicio, había llegado justo a tiempo. "¿Terminaste lo que tenías que hacer?" Ranni sonrió dulcemente, como con cariño. "Su amenaza logró que los cuidadores se mostraran mucho más cooperativos. Han accedido a entregarse al jefe de la aldea, renunciar e invertir el dinero robado en la renovación del orfanato y en la designación de líderes capaces al frente." Azriel casi sonrió ante eso. “Bien” dijo en voz baja. Aunque, a decir verdad, solo el tiempo” y su propia supervivencia” dirían si las cosas realmente cambiarían. “¿Puedo preguntarte algo?” preguntó Ranni de repente. Los labios de Azriel se crisparon ligeramente. Mirius, claramente ignorado, hervía visiblemente de fastidio. Ranni ni siquiera le dirigió una mirada. En cambio, continuó con calma, "Me tomé la libertad de revisar el cuaderno de camino aquí, y algo no cuadraba." Azriel evitó su mirada. "Te diste cuenta." Ranni asintió, entrecerrando los ojos con suspicacia hacia Azriel. "No había nadie llamado Mirius Gibbler en el puesto número 64." Mirius ladeó la cabeza confundido, luego la comprensión se extendió por su rostro con un lento horror, y finalmente, una oscura diversión. Antes de que Azriel pudiera responder, el propio Mirius habló, con una voz cargada de amarga ironía. “Por supuesto que no” dijo entre risas. "Te han engañado, Maestro Ranni, igual que a todos los demás. Después de que la princesita no me reconociera” aunque hirió mi orgullo, dado que conocí a su padre cuando era solo un bebé” no tenía ninguna esperanza de que alguien llamado 'el príncipe indigno' pudiera darse cuenta. Sin embargo, aquí estamos; me equivoqué." “¿Qué...?” Ranni frunció el ceño profundamente, y la ansiedad comenzó a colarse en su voz. Azriel despidió la Elegía de Átropos con un suspiro cansado, y sus siguientes palabras fueron pronunciadas en voz baja y oscura: "El hombre que tiene delante no es el número 64, Instructor. Es mucho más peligroso. Un monstruo de los veinticinco mejores." Los ojos de Ranni se abrieron desmesuradamente. Recogió el cuaderno con prisa, recorriendo rápidamente sus páginas con la mirada. Al llegar a la línea correcta, palideció y abrió la boca horrorizada. Azriel volvió a hablar, y cada palabra la sumía más en la conmoción: Número 22: Corven Draumirius Zevrak, espada del antiguo Rey Dusk. Uno de los veinte primeros humanos en convertirse en Maestro en la Primera Generación del Vacío. Antaño Comandante del Ejército Dusk, apodado el Asesino de Monarcas por supuestamente haber asesinado a unos diez monarcas en un solo mes. Se presume muerto en circunstancias desconocidas poco después de la muerte del Primer Rey Dusk... Azriel hizo una pausa; su voz era gélidamente tranquila y sus ojos eran como hielo afilado. "Como puede ver claramente, Instructor, está muy vivo... y ahora es miembro de FreeWings."
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 319

Estás leyendo el capítulo 319 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.