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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 291 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Después de finalmente calmar sus lágrimas, Mio encontró rápidamente su abanico y escondió su rostro sonrojado detrás de él, mirando tímidamente a Lykos, quien la observaba con suave diversión. ¿Qué sentido tiene ocultar tus lágrimas ahora? No es que no sepa ya que eres una llorona. “¡Yo... yo no soy una llorona!” protestó Mio desde detrás del ventilador. Rió suavemente, con una risa cálida y reconfortante. “Muy bien, no eres un llorón.” De repente, dio un paso al frente. Mio retrocedió instintivamente, con el corazón latiéndole a mil por hora, pero los pasos de Lykos eran más largos, acortando la distancia con facilidad. Con suavidad pero con firmeza, le tomó la mano, guiándola hacia él mientras su otro brazo la rodeaba protectoramente por la espalda. Mio bajó lentamente el abanico, con el corazón palpitándole con fuerza en las costillas. “No deseo nada más que llevarte de aquí ahora mismo” murmuró en voz baja. “Pero aún hay algo que debemos hacer esta noche. “¿Qué… qué es?” preguntó Mio con vacilación. La expresión de Lykos cambió, una sonrisa peligrosa curvó sus labios, provocándole un escalofrío de nerviosismo. “Ya lo verás” susurró con una voz peligrosamente suave. “Lo único que tienes que hacer es quedarte a mi lado.” De repente, la soltó y retrocedió, arrodillándose con gracia ante ella. Tomando con ternura su mano derecha entre las suyas, la miró a los ojos, que la miraban sorprendidos. “Mi señora, ¿me concedería el honor de acompañarla a la ceremonia de debutantes de esta noche?” Los ojos de Mio se abrieron de par en par por la sorpresa, luego bajó ligeramente la cabeza, con las mejillas sonrojadas. “El honor sería mío, Alteza.” Con una sonrisa complacida, Lykos se puso de pie y la acompañó con delicadeza, guiándola a través de una serie de pasillos desconocidos y vacíos, subiendo una escalera de caracol, hasta detenerse finalmente ante unas imponentes puertas. A través de ellas, se oían tenues melodías elegantes. Lykos extendió su brazo con gracia, ofreciéndole una invitación silenciosa. Mio vaciló un instante antes de deslizar su delicado brazo alrededor del de él. Su rostro ardía aún más ante la cercanía. 'Esto… esto se siente como si realmente fuéramos una pareja.' Con una leve sonrisa, Lykos abrió las puertas con suavidad. Una luz brillante y deslumbrante inundó la vista de Mio. De pronto, se encontraron en lo alto de la gran escalinata, la misma escalinata reservada exclusivamente para la hija menor del duque Corvaris. En un instante, todas las miradas se posaron en ellos. La música cesó de repente. Las conversaciones se apagaron, reemplazadas por un profundo silencio. Sin mediar palabra, Lykos se alzó y, con elegante gesto, se quitó la máscara de marfil, revelando un rostro de una perfección tan sobrecogedora que parecía esculpido por manos divinas. Sus ojos dorados brillaron con frialdad mientras escudriñaba a la multitud atónita. Entonces, con una voz tan afilada como para cortar acero, habló: “¿Así es como todos recibiréis a vuestro futuro rey?” Durante varios segundos de estupor, nadie reaccionó. Entonces caí en la cuenta. Un hombre cayó de rodillas, y como una ola, todos los demás le siguieron rápidamente, con las voces temblando al unísono: “Damos la bienvenida al futuro sol de Isymr, Su Alteza, el Príncipe Heredero Lykos Aureliath.” Lykos asintió fríamente. “Parece que la etiqueta básica aún reside en algún lugar de vuestras cabezas llenas de algodón. Supongo que no es del todo decepcionante.” Muchos se estremecieron visiblemente ante sus palabras hirientes. “Aunque está claro que serán necesarias nuevas leyes y una mejor educación para todos ustedes.” “¿Qué significa esto, príncipe Lykos?” preguntó una voz severa con brusquedad. Un hombre alto e imponente subió las escaleras hacia ellos, con el pelo oscuro impecablemente peinado hacia un lado. “Duque Corvaris” saludó Lykos con suavidad, con los ojos brillando fríamente. “Ha pasado bastante tiempo. Enhorabuena por la ceremonia de debut en sociedad de tu hija menor.” Inclinó la cabeza con sorna. “Hablando de eso, ¿dónde está la querida Selene?” Los labios del duque se crisparon con irritación. “Alteza, si bien su presencia aquí nos honra, por favor comprenda que esta demostración es sumamente inapropiada para alguien de su estimada posición.” “¿Inapropiado?” repitió Lykos en voz baja, con una sonrisa cada vez más fría. “Lo único inapropiado aquí es cómo los duques” y de hecho la propia Casa Aureliath” han fracasado rotundamente en la educación de sus súbditos.” Los ojos del duque brillaron con furia, pero Lykos soltó rápidamente el brazo de Mio y, con voz atronadora, se dirigió a la atónita asamblea que se encontraba abajo: “¡Somos los hijos del sol, sangre orgullosa de Isymr, herederos de un reino coronado de fuego y gloria! ¡Y sin embargo, estáis aquí, mancillando ese legado como si no valiera más que la suciedad bajo vuestros pies!” “¡Alteza, ya basta! ¿Quién se cree que es, comportándose así…?” “Pronuncia una sílaba más, duque” siseó Lykos con veneno”, y te juro que lo lamentarás hasta lo más profundo de tu ser. La atmósfera del salón de baile se tornó opresiva mientras la tensión crecía entre ellos. Un instante después, Lykos bajó la voz hasta convertirla en un susurro escalofriante que solo el Duque pudo comprender del todo. “Por el bien de tus dos hijas, no te entrometas.” El duque palideció visiblemente, y sus ojos se abrieron desmesuradamente al comprender lo sucedido. Retrocedió un poco, casi tropezando y cayendo por las escaleras, antes de bajar la cabeza bruscamente y volver a subir. Una curiosidad temerosa se apoderó de los invitados, que observaron incrédulos cómo el duque se acercaba y se arrodillaba respetuosamente ante el príncipe heredero. Lykos ofreció su mano derecha en silencio, y el duque la estrechó, recitando solemnemente: “Que la llama eterna del sol envuelva a Isymr en su calor, y que su furia caiga sobre aquellos que intenten extinguir su luz. ¡Doy la bienvenida al nuevo rey! ¡Salve al sol!” Una ola de asombro recorrió la multitud. No fue hasta que Lykos se ajustó sutilmente el cuello de la camisa, dejando al descubierto el intrincado tatuaje del sol radiante en su pecho, que finalmente lo comprendieron. Al instante, todas las rodillas volvieron a tocar el suelo, y las voces se alzaron con fervor: ¡Salve al sol! ¡Salve al sol! ¡Salve al sol! El cántico resonó sin cesar, haciendo temblar el salón de baile. Con una calma regia, Lykos se giró y regresó suavemente al lado de Mio. Sus ojos estaban muy abiertos, su cuerpo temblaba, completamente atónita. “Supongo que esta no era la forma ideal de revelar semejante noticia” murmuró con ligereza, aunque ella pudo percibir una leve diversión en su tono. “Mi padre quedará totalmente avergonzado.” Antes de que Mio pudiera asimilar nada más, Lykos la rodeó suavemente con un brazo, volviéndose una vez más para encarar a la multitud atónita. Su rostro se iluminó con una intensidad brillante, su corazón latía descontroladamente. “En nombre del sol y por mi autoridad como rey, proclamo ante todos los allí reunidos: ¡contemplad a vuestra futura reina, la estrella destinada a brillar eternamente a mi lado! ¡Desde este momento en adelante, que su nombre sea conocido para siempre: Mio Aureliath!” “¿Eh?” Todo el salón de baile estalló en respuesta: ¡Gloria a la estrella que camina junto al sol! ¡Gloria a la estrella que camina junto al sol! ¡Gloria a la estrella que camina junto al sol! Mio sintió que la cabeza le daba vueltas, la realidad se le escapaba bajo los pies. '¿La estrella...? ¿Soy yo la estrella? ¿La reina? ¿Acaso... acabo de convertirme en reina?' La dulce voz de Lykos disipó su confusión, susurrándole suavemente a solas: “Mio…” ¡No, no me lo digas! “…Nunca más te dejaré sola.” “Ah…” Mio forcejeó, con las palabras atascadas dolorosamente en la garganta. Sentía el corazón retorcido, abrumado y desconcertado. ¿Era esa su verdadera intención desde el principio? 'Me han engañado una vez más…' Sin embargo, extrañamente, no sentía ira. Ni resentimiento. “Lo siento” susurró Lykos con ternura, lo suficientemente bajo para que solo ella lo oyera. Mio dudó un instante antes de negar levemente con la cabeza. “No… está bien… creo.” “¿De verdad?” preguntó con dulzura. Mio pudo percibir su silencioso alivio, su sutil alegría. “…Idiota” murmuró en voz baja. Sonrió con amargura, con los ojos llenos de un suave remordimiento. “Sí, quizá lo sea. Igual que ellos: un tonto.” Su mirada se suavizó. Y, sin embargo, a pesar de todo, Mio no pudo apartarse de él. En cambio, su corazón susurró en silencio: 'Y yo soy el mayor tonto de todos.' * * * Sin duda, la noticia pronto se extendería, no solo por Ismyr, sino por todo el mundo. Mientras los invitados se marchaban poco a poco, Mio y Lykos se prepararon para partir también. Sir Iskiel se abalanzó sobre él de inmediato, con la ansiedad reflejada en cada rasgo de su rostro. Abrió la boca para hablar, pero en el momento en que vio a Lykos con claridad, sus ojos se abrieron desmesuradamente por la sorpresa. “¡S-Su Alteza…!” “Ha pasado mucho tiempo, Sir Iskiel” saludó Lykos con calma, con una leve e indescifrable sonrisa en los labios. Al instante, Iskiel cayó de rodillas, con la cabeza profundamente inclinada. “Saludo al futuro sol de”” “No es el futuro, Iskiel” interrumpió Lykos en voz baja, con un aire de conclusión definitiva. “Aunque aún no se ha anunciado formalmente, mañana será oficial. Soy el nuevo rey de Ismyr, y la dama a la que servís será vuestra nueva reina.” Iskiel se quedó paralizado, con la mirada perdida, la mente atrapada entre la incredulidad y el asombro. Mio le dirigió una mirada compasiva al pasar, apoyándose ligeramente en Lykos mientras caminaban hacia su carruaje. Sinceramente, Mio se sentía aturdida. Todo había sucedido tan repentinamente, sin previo aviso ni preparación, dejándola con una extraña sensación de embriaguez, como si la realidad misma hubiera comenzado a escapársele de las manos. En voz baja y con vacilación, finalmente preguntó: "¿Adónde vamos?" “¿Dónde más?” respondió Lykos con suavidad. “Al palacio, donde permanecerás a mi lado… A menos, claro está, que necesites un tiempo para adaptarte?” Mio negó suavemente con la cabeza. Por extraño que parezca, se sentía segura a su lado. “No, está bien. Vamos… vamos al palacio.” Justo cuando Lykos le ofreció la mano para ayudarla a subir al carruaje, se produjo una repentina conmoción cerca. "Qué demonios-?!" ¡Prepárense! ¡Quién se iba a imaginar que algo así pudiera suceder en la capital! Sus cabezas se volvieron hacia el caos. De entre las sombras surgió una figura: una anciana vestida completamente de negro, tambaleándose como si estuviera ebria. Sin embargo, al entrar en la tenue luz, todos retrocedieron horrorizados. Sus ojos eran orbes vacíos e inexpresivos, de los que brotaban rastros de sangre oscura. Venas negras y palpitantes se arrastraban bajo su piel como raíces vivas. Lykos chasqueó la lengua, con expresión fría. “Un corrupto…” Los caballeros la rodearon rápidamente, espada en mano, pero, extrañamente, la mujer no atacó. En cambio, cayó pesadamente de rodillas, con la sangre aún brotando de sus ojos vacíos. Entonces, lentamente, su mirada ciega se fijó inequívocamente en Mio. Mio sintió que su sangre se convertía en hielo. “El sol…” gruñó la mujer. Su voz era áspera, irritando dolorosamente los nervios de todos. Lykos entrecerró los ojos con suspicacia. Mio tembló levemente y susurró con urgencia: “Su Alteza… esa mujer… era una vidente.” Sus ojos dorados se posaron brevemente en ella. “¿Cómo lo sabes?” El rostro de Mio se puso rojo como un tomate. ¡Yo… yo no puedo decirle que la reconozco de cuando le pregunté en secreto sobre mi futuro matrimonio! “B-Bueno, e-esa es… una larga historia…” tartamudeó Mio con torpeza, desviando la mirada. “Hablaremos de esto más tarde” respondió Lykos, claramente escéptico. La vergüenza de Mio aumentó, y un sudor frío le recorrió la piel. “Por favor, no…” murmuró débilmente. “El sol…” repitió la vidente, con una voz esta vez más estridente. “¡Tch! ¡Mátala de una vez, maldita sea! ¡Sigue repitiendo las mismas tonterías!”, espetó un caballero con impaciencia. “¡Esperen!” ordenó Lykos con voz firme, y todos los caballeros se quedaron paralizados ante su autoridad. El aire se tornó ominoso. Entonces la voz de la vidente se alzó una vez más, más clara ahora, pero inquietantemente melodiosa, como si cantara suavemente al abismo mismo: “Cuando el sol… sea tragado entero, Y los cielos se vuelven ciegos, negros como el carbón, No preguntes qué oculta la luz” Cierra los ojos. Olvida la vista. Por alguna extraña razón, el terror arañó el pecho de Mio. '¿Ella... ella está cantando...?' “Si las estrellas… comienzan a zumbar, Y lo único que se oye es un tambor lejano, No corras ni esperes” Inhala ceniza. Sella la puerta. Cuando todo lo que ves es la nada en silencio, Y el tiempo se enfría contra tu voluntad, No te muevas, ni llores” Llorar es la forma en que mueren los virtuosos. Si tu nombre comienza a desvanecerse, Quema el hilo y maldice la hoja. No digas la verdad. No mientas. No digas nada, y puede que no mueras. No comas pan si está caliente. No bebas vino en su estado óptimo. No te arrodilles ante dioses ni reyes” Devora todo lo sagrado y lo profano. Cuando el primer pecado llame a tu puerta, Déjalo pasar; no absorbas más. Cuando la virtud sonría, no respondas. La luz más pura pudrirá la vista. Si el espejo no muestra ningún rostro, Deja tu nombre. Destruye el lugar. Rompe el cristal y corta el hilo. O únete a los que sueñan como muertos. Cuando las campanas suenan una vez y nadie responde, Acuéstate sobre la piedra y no suspires. Aguanta la respiración. Cuenta hasta tres. Está cerca, y es-” Las palabras del vidente se detuvieron bruscamente. En un instante, Lykos apareció a su lado, blandiendo en su mano una esbelta espada de doble filo que relucía fríamente. Antes de que nadie pudiera reaccionar, la cabeza de la vidente rodó silenciosamente hasta el suelo, derramando sangre negra sobre los adoquines. Mio cerró los ojos con fuerza. “No tengo paciencia para esta locura” murmuró Lykos con voz sombría, con evidente disgusto en su voz. Rápidamente, los caballeros avanzaron, retirando con cuidado los retorcidos restos del vidente corrompido. La inquietante tensión se disipó lentamente, pero una sombra permanecía en sus mentes. Nadie habló. Incluso el viaje de regreso al palacio transcurrió en completo silencio; en el carruaje solo se oía el suave zumbido de las ruedas sobre la piedra y los ecos lejanos de versos inquietantes e inconclusos.
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Estás leyendo el capítulo 291 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.