arrow_back

Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 290 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un hombre alto y apuesto se erguía protectoramente ante Mio, su figura elegantemente imponente, una cabeza más alta que ella. Vestía un impecable uniforme militar blanco adornado con charreteras de hilo dorado, bajo una capa que ostentaba el brillante emblema solar de la Casa Aureliath. Cubría la mitad superior de su llamativo rostro una máscara de marfil oscuro, pero ni siquiera esta lograba ocultar sus cautivadores ojos dorados, su mandíbula afilada y sus pómulos perfectamente esculpidos. Su cabello, de un rubio pálido, casi blanco, brillaba tenuemente bajo la luz de la luna, cortado con pulcritud pero con un aire rebelde. Este era el hombre” no, el príncipe heredero” que ahora sostenía a Mio con delicadeza, como si fuera una delicada flor de cristal que temía que pudiera romperse en sus manos. Saliendo de su ensimismamiento, Mio se liberó rápidamente de su abrazo, retrocediendo apresuradamente. Olvidándose por completo del tembloroso mayordomo, bajó la mirada e hizo una reverencia apresurada y temblorosa. “Saludo al futuro sol de Ismyr, Su Alteza, el Príncipe Heredero Lykos Aureliath” balbuceó sin aliento, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho. Sin levantar la cabeza, los pensamientos de Mio se desbocaron caóticamente. “¿P-por qué está aquí…? De verdad ha vuelto, después de… “¿Por qué se comporta usted de forma tan formal conmigo, mi señora?” Su voz grave era suave como el terciopelo, pero a la vez imponente, provocándole un escalofrío. Mio jadeó suavemente cuando sus dedos le levantaron la barbilla con delicadeza, obligándola a encontrarse con aquellos penetrantes ojos dorados, ojos que parecían arder como soles capturados. “Dos años” murmuró con frialdad, casi con dolor. “¡…!” “Ese es el tiempo que he estado ausente. Dos años luchando en secreto en la guerra contra Nymira, el reino de la luna. Por fin regreso, habiendo teñido su preciosa luna de carmesí, y lo primero que encuentro, después de anhelar verte de nuevo, es… ¿esto?” Su tono se hizo más grave, con un matiz de amarga ironía. “Dime, mi señora…” Su rostro se acercó, su aliento frío rozando suavemente su mejilla sonrojada, haciéndole arder la piel. Mio tembló, paralizada por su cercanía. “¿Me habéis olvidado en estos dos años? ¿Habéis decidido sustituirme por este gusano inmundo?” “¡N-no!” protestó Mio instintivamente, con los ojos muy abiertos por el pánico. ¡Eso no es cierto! Lykos dejó escapar una risita baja y divertida, un sonido suave que contrastaba por completo con el aura aterradora que irradiaba. “Por supuesto que no. Lo sé perfectamente. Y, sin embargo, mis temores se confirmaron. Justo hoy, en el momento en que regresé” incluso antes de pasar todo el día en el palacio” corrí a verte. Imagina mi sorpresa al oír tu grito al llegar.” Su voz bajó peligrosamente. “¿Por qué te hacía gritar, mi señora?” “E-eso…” Mio se mordió el labio con vacilación. No quería decírselo, temía su reacción, temía la verdad que la aguardaba. Al notar su reticencia, el príncipe Lykos se volvió lentamente hacia el tembloroso mayordomo, que ahora lo miraba con absoluto terror. “Inmundicia” susurró el príncipe con frialdad, cada sílaba lo suficientemente afilada como para cortar. “Explícate. ¿Por qué mirabas a mi señora con tanto desdén? ¿Qué tontería es esa sobre su hermana menor? Ilumínalo claramente ante tu príncipe. “S-Su Alteza…” tartamudeó el mayordomo, con la voz temblorosa. De repente, y con imprudencia, señaló acusadoramente a Mio. “¡No te dejes engañar por esa bruja embustera! ¡Es una mujer vil que…!” Un destello plateado se produjo una sola vez, luego un vívido carmesí llenó la visión periférica de Mio antes de que sintiera la palma del príncipe Lykos protegiendo sus ojos. Un grito agudo y agonizante escapó de los labios del mayordomo. Su corazón latía con fuerza en su pecho mientras temblaba bajo la mano protectora de Lykos, al oír la voz despiadada del príncipe. “Una vez más, me pregunto qué te dio la osadía de señalarla con tu dedo acusador. Esta es la segunda vez que me ofendes. Y será la última.” “¡No… por favor, no se lo digas!” Mio quiso protestar desesperadamente, pero su voz se apagó en su garganta. Los gritos del mayordomo se convirtieron en sollozos ahogados mientras se aferraba al muñón sangrante donde una vez había estado su mano, manchando de sangre las prístinas flores de luna que tenía debajo. “¡Yo... yo te lo diré! ¡Es de sobra conocido!”, gritó con tristeza. “Durante la ceremonia de debut en sociedad de su hermana menor, Lady Mio… ella… ella, al parecer, robó el afecto del prometido de su hermana, el hijo menor del duque Halvar, Ronan, humillándola aún más y a él públicamente al rechazar también su propuesta… ¡Dicen que lo hizo a propósito para llamar la atención y por una venganza mezquina! ¡Eso es todo lo que sé! ¡Por favor, Alteza, no me moleste!” “¿Piedad?” repitió el príncipe Lykos con una voz más fría que el hielo, haciendo que el aire mismo se estremeciera. "Muy bien." Por un instante fugaz, los ojos del mayordomo se iluminaron con una esperanza desesperada. “¡G-gracias! ¡Salve t-” “La misericordia que te concedo” interrumpió Lykos con crueldad ”es que puedas yacer aquí, sangrando e indefenso, hasta que termine de resolver este asunto. Si para entonces sigues respirando, permitiré que te curen, solo para poder desollar lentamente tu miserable piel y darte de comer vivo a las ratas.” El horror absoluto pintó el rostro del mayordomo blanco como la tiza, sus súplicas desesperadas se ahogaron en su garganta antes de que se desplomara inconsciente en el lecho ensangrentado del jardín. Lykos finalmente retiró la mano que cubría los ojos de Mio, acercándose para evitar que viera al hombre caído. “Lo que dijo antes…” comenzó Lykos en voz baja. Mio palideció, cerrando los ojos con fuerza, preparándose para el dolor del rechazo, la amargura de la acusación. En cambio, sintió una mano fresca y suave que le apartaba con delicadeza mechones sueltos de cabello detrás de la oreja. “...obviamente es mentira”, susurró. “¿Eh?” Mio parpadeó asombrada, confundida por su tranquila seguridad. Lykos soltó una risita suave al ver su expresión de desconcierto, un sonido cálido y sorprendente proveniente de alguien que acababa de dejar a un hombre paralítico a sangre fría. “¿Por qué esa expresión, mi señora? ¿De verdad creía que me iba a creer las tonterías que estas hormigas insignificantes pudieran decir sobre usted? Es obvio que tienen la cabeza llena de algodón. ¿No es evidente?” Sus ojos se suavizaron levemente mientras suspiraba. “Tu hermana estaba cegada por un amor insensato hacia ese mocoso, Ronan. Ambos conspiraron para convertirte en una villana, aislándote para que el futuro de la Casa Rossweth cayera convenientemente en sus manos y en las del duque Halvar. Tu padre pensó que enviarte sola a la capital era la opción más segura.” Los ojos de Mio se abrieron desmesuradamente, sorprendidos e incrédulos. ¿Cómo lo sabía todo? “¿C-cómo...?” tartamudeó débilmente. “¿Cómo?” preguntó con una sonrisa de suficiencia. “Señora, ¿ha olvidado que somos amigas de la infancia desde que nacimos? La conozco a la perfección. Por desgracia, lo mismo ocurre con esa zorra entrometida que siempre intenta interponerse entre nosotras.” Soltó un suspiro de fastidio, masajeándose el cuello con cansancio. “Dos años después, todos se han vuelto aún más patéticamente predecibles. Nunca debí haberme ido. Pensé que estaba fortaleciendo mi posición como príncipe heredero por ti, creyendo que estarías a salvo. Claramente, tu padre fracasó estrepitosamente. Me equivoqué; nunca debí haberte abandonado.” De repente, Lykos se inclinó hacia adelante, sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia, y Mio se encontró completamente sin aliento, ahogándose sin remedio en su mirada ardiente. “Mi señora…” comenzó a decir en voz baja, haciendo una pausa abrupta. Mio lo miró fijamente, con la respiración entrecortada y la confusión llenando sus grandes ojos. Cuando finalmente volvió a hablar, su voz era increíblemente dulce, más tierna de lo que ella jamás había conocido. “Mio, perdóname.” Sus frías yemas de los dedos acariciaron su mejilla sonrojada, enviándole una cálida sensación electrizante. “Nunca más te dejaré sola.” Algo en su interior se quebró al oír esas palabras. Las lágrimas inundaron su vista, derramándose incontrolablemente por sus mejillas. “Estúpida” susurró Mio con voz temblorosa. Los ojos de Lykos se abrieron desmesuradamente por el pánico, y la confusión cruzó fugazmente su atractivo rostro al ver las lágrimas de ella. Antes de que pudiera hablar, Mio se inclinó hacia adelante, apoyando suavemente su frente contra su pecho. “Estúpida” susurró de nuevo, llorando en silencio. “No le digas esas cosas a alguien que solo es tu amigo de la infancia. Guarda esas palabras… guárdalas para la mujer con la que te casarás algún día.” Sin embargo, a pesar de sus palabras, Mio se aferró a él con más fuerza, sintiendo un alivio y una calidez abrumadores en el consuelo de su abrazo. “¿La mujer con la que me casaré, eh?” susurró suavemente, pensativo. Mio asintió, con la voz apenas audible. Sí. Esas palabras… solo deberían pertenecerle a ella, no a mí. Rió suavemente entre lágrimas, un frágil sonido de doloroso alivio. Lykos sonrió con ternura, su mirada se suavizó, pero había algo vacío tanto en su sonrisa como en sus ojos. “…De acuerdo. Entonces guardaré estas palabras para la mujer con la que me casaré.”
Camino del Extra (Novela)

Continúa leyendo

Camino del Extra (Novela)

Capítulo 291

Siguiente Capítulo ›

Camino del Extra (Novela) Capítulo 290

Estás leyendo el capítulo 290 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.