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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 287 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ahogo. Ahogo. Ahogo. ¿Cuántas veces se había ahogado? ¿Cuántas veces había regresado a este lugar, a este abismo demasiado familiar? Era un abismo de oscuridad absoluta. Ni luz, ni reflejo; solo la oscuridad que todo lo envolvía. Un vasto vacío que se extendía sin fin. Aquí no había sonido, ni sabor, ni olor. Ni calor, ni tacto, ni aliento. Solo la interminable sensación de hundirse cada vez más en la nada. Y sin embargo- Fue un momento de paz. En ese abismo, se convirtió en nada. Una minúscula partícula suspendida en un universo infinito que solo lo contenía a él: solo, aislado, libre de significado o identidad. No era la primera vez que venía. Cada vez que perdía la consciencia, cada vez que sus ojos se rendían al cansancio, aquí se encontraba. Un santuario, tal vez; un lugar intacto por las pesadillas. Un refugio silencioso de todo lo que había sufrido. Pero, ¿qué era realmente este lugar? ¿Adónde lo había llevado su mente” una y otra vez” a ese santuario más allá de las pesadillas, más allá de los recuerdos? Intentó moverse. Dedos que se curvaban, fosas nasales que se dilataban, boca que se abría… Pero no pasó nada. Ni siquiera un leve aliento llenaba sus pulmones, ni un latido resonaba en su pecho. Las emociones no existían allí. Miedo, tristeza, cautela: eran conceptos vacíos. No tenían cabida en un lugar donde él mismo había dejado de existir. No era nada. Y sin embargo... En el corazón de la oscuridad absoluta, algo se agitó. Luz... No, no luz. Algo más frío. Algo más antiguo. Un resplandor enfermizo se filtró en el vacío, emergiendo como pálidas estrellas desde los rincones más profundos del olvido. Se extendió lentamente, avanzando desde todos lados, acercándose cada vez más. Observó en silencio cómo el pálido resplandor se revelaba, centímetro a centímetro, a medida que innumerables formas emergían de la oscuridad. Manos. Millones y millones de manos marchitas y fantasmales se extendieron hacia él; dedos curvados como pétalos moribundos, carne pálida y podrida. Se alzaron desde las profundidades, arañando desesperadamente el vacío, extendiéndose hacia la mínima expresión de su existencia, con un hambre insaciable. Flotaba, inmóvil, mientras lo rodeaban. Un mar infinito de dedos desolados que se aferraban a él. Manos de los olvidados, manos de los condenados, manos de aquellos a quienes había dejado atrás, manos de aquellos a quienes había matado... Era lo suficientemente ambiguo como para sentirlo ahora: un leve temblor de miedo, y debajo, una oscura curiosidad. ¿Quiénes eran? ¿De quién eran esas manos que lo buscaban con tanta desesperación, reacias a dejarlo escapar de ese lugar una vez más? Su desesperación se intensificó a medida que se acercaban. Lo atraparían. Lo arrastrarían para que se uniera a su congregación eterna. Lo reclamarían por fin, para asegurarse de que jamás pudiera volver a huir de ese vacío. Pero entonces, justo cuando las yemas de sus dedos rozaban los límites de su existencia, un único recuerdo desafiante surgió con claridad: una chispa en medio del olvido, una verdad que ardía con fuerza en el interior de su alma que se desvanecía. Lo recordó. Recordó quién era. Él era” * * * "¡Kh-Ah!" Un sonido incomprensible brotó de la garganta de Azriel cuando se incorporó de golpe, abriendo su único ojo de par en par. El dolor lo consumió al instante, abrasador e implacable. Por reflejo, su mirada se dirigió hacia abajo, donde vio que le faltaba el brazo derecho; solo quedaba un muñón irregular, sellado apresuradamente por su afinidad con el hielo. Antes de que el pánico se apoderara de él, su único ojo recorrió con la mirada su entorno. El barro se adhería espesamente a su cuerpo maltrecho y ensangrentado. Llamas plateadas rugían con fuerza por todas partes, iluminando el interior de una cueva. Afuera no había más que un océano furioso de fuego plateado, que hervía y crepitaba sin cesar. Más adentro de la cueva, ensombrecida por la oscuridad sobre la roca sólida, se alzaba una figura que reconoció de inmediato: Lady Mio, serena e inmutable, observándolo en silencio. Y justo frente a él se alzaba el Cambiaformas. Su grotesco cuerpo permanecía inmóvil, sin brazos, completamente envuelto por aquellas implacables llamas plateadas. Sin embargo, no se movía ni se desplomaba. Simplemente le devolvía la mirada en silencio. ¿Cuánto tiempo llevaba Azriel inconsciente? Un minuto como máximo; aunque en un minuto podría pasar una eternidad, especialmente cuando se trataba de seres como estos. "Aquí nadie puede hacerte daño, mi señor." Una voz familiar interrumpió suavemente sus pensamientos confusos. Hacía tanto tiempo que no la oía que Azriel casi se estremeció ante su dulzura. Giró la cabeza con dolor, con el pelo enmarañado y hasta los hombros, pegado a su pálido rostro cubierto de barro. Lady Mio sostuvo su mirada brevemente antes de volver a centrar su atención en el Cambiaformas. "Aunque esta criatura se resiste a mi maná... por el momento no puede hacerte daño." Azriel contempló al Cambiaformas congelado, tragando saliva con dificultad. “¿Esta criatura... incapaz de moverse por su culpa?” La revelación le provocó un escalofrío de pavor, pero la rabia pronto superó incluso eso. Sus labios desgarrados temblaban mientras susurraba con voz ronca, más fría de lo que pretendía: “...¿Por qué te muestras ahora?”. Rechinó los dientes rotos, con la furia hirviendo en su interior. "Todo este tiempo engañándome... ¿por qué apareces ahora, sabiendo que estoy aquí para matarte?" Como si respondiera a una explosión ensordecedora, estalló fuera de la cueva, sacudiendo violentamente el aire y provocando fuertes temblores en el suelo. Pólux seguía enfrascado en combate contra los tres ángeles. Sin embargo, Mio permaneció impasible; sus ojos familiares y amables reflejaban la misma calidez y preocupación de siempre. Esa mirada compasiva no hizo más que avivar la ira de Azriel. ¿Cómo se atrevía? Ella era la raíz de todo, la causa de este tormento eterno. Si su cuerpo no hubiera estado al borde del colapso, ya se habría abalanzado sobre ella, por muy suicida que fuera. Porque ahora, al recobrar la lucidez, Azriel por fin lo comprendió: su rango, su fuerza, todo había sido una elaborada mentira. La había confundido con una simple humana de rango avanzado, pero eso también había sido un engaño. Su maná, lo suficientemente poderoso como para contener a un cambiaformas, contaba una historia diferente, mucho más aterradora. Lady Mio era increíblemente fuerte. “Precisamente por eso, mi señor” dijo con dulzura, con la voz teñida de tristeza. "Me revelé para que pudieras acabar con mi vida." "...!" Los ojos de Azriel se abrieron desmesuradamente con incredulidad, y la respiración se le atascó en la garganta magullada. Las turbulentas olas de maná se calmaron de repente, devolviendo a la caverna a una inquietante quietud. Mio no esperó a que él comprendiera lo que acababa de decir. Con urgencia en su suave voz, se giró y habló en voz baja. "No tenemos mucho tiempo. He gastado gran parte de mis fuerzas manteniéndote con vida en este bucle, y contener a este cambiaformas está agotando rápidamente las que me quedan. Tampoco recomendaría matarlo, mi señor. Por favor, sígueme." Aturdido y dubitativo, Azriel contempló su figura que se alejaba antes de ponerse de pie con piernas temblorosas. Cojeando tras ella en la oscuridad, no confiaba en nada: ni en ella, ni en aquella cueva surrealista. Aun así, ¿qué otra opción tenía? La oscuridad los envolvió por completo, salvo por el golpeteo rítmico del bastón de Lady Mio sobre el suelo de piedra. Azriel siguió ese sonido constante, casi hipnótico, hasta que de repente… “Salieron de la oscuridad a una cámara vasta e imposible, oculta en lo profundo de la cueva.” Su corazón se contrajo violentamente, y la respiración se le congeló en los pulmones. Un lago tranquilo y en perfecta calma se extendía ante él, su superficie cristalina reflejaba únicamente la belleza etérea que lo rodeaba. En el centro del lago se alzaba un árbol solitario, de una belleza sorprendente y a la vez extrañamente común. Sus hojas centelleaban, transparentes como el cristal, esparciendo tenues destellos de luz estelar. Sus ramas se inclinaban con gracia, acariciando la superficie del agua espejada. Sin embargo, lo que captó por completo la atención de Azriel no fue ni el lago ni las hojas, sino lo que estaba atado a ese árbol. Suspendida entre incontables ramas delicadas, enroscadas íntimamente al tronco del árbol, pendía una mujer frágil. Su cuerpo, ceniciento y delgado, era apenas un cadáver envuelto en una palidez fantasmal. Sus ojos yacían cerrados, sin vida ni aliento. En el centro de su pecho, una herida abierta se extendía sin sangre, solo un núcleo singular y brillante que irradiaba un resplandor blanco puro. Un núcleo de maná. El mundo pareció congelarse alrededor de Azriel mientras la comprensión y el horror se mezclaban, fundiéndose en su voz temblorosa. "¿Yo... eres tú?" Azriel se quedó paralizado, su mente intentando desesperadamente comprender la escena imposible que tenía ante sí. Un silencio sofocante envolvía la cámara, interrumpido solo por la voz tranquila de Mio al acercarse suavemente a él. "Lo que es mentira es la verdad, y lo que es verdad es mentira." Sin esperar a que Azriel cuestionara sus crípticas palabras, Mio avanzó. Con gracia, a pesar de la trascendencia del momento, se detuvo y lentamente se volvió hacia él. Algo apareció de la nada en su mano: una forma irregular y ominosa. La sangre de Azriel se heló mientras el pánico se apoderaba de él. Su respiración se aceleró mientras su mirada se fijaba en el objeto... el artefacto, Ese espantoso artefacto de Grado 2... Rompe sellos. '...¿P-por qué lo tiene ella?' Mio notó su miedo y sonrió levemente, con un brillo travieso que apareció fugazmente en sus dulces ojos. "Es lógico que lo tome... antes de que él se dé cuenta." El corazón de Azriel latía con fuerza, dolorosamente, a punto de estallar por la tensión abrumadora. Cada latido resonaba en sus oídos como un trueno, un ritmo ensordecedor que anunciaba la catástrofe. Pero la expresión juguetona de Mio pronto se transformó en una melancolía nostálgica mientras contemplaba la figura inerte atada al árbol etéreo. Su voz se volvió suave, cálida pero insoportablemente triste, como si confesara algo que desearía poder ocultar. "Matarme no destruirá el bosque. Aunque mi cuerpo perezca... aunque mi núcleo de maná se haga añicos y se desvanezca, el Bosque de la Eternidad persistirá." Se volvió hacia Azriel, con los ojos reflejando el peso de los siglos: profundamente tristes, infinitamente agotados. "Porque ya no soy simplemente un ser humano." Sus palabras resonaron suavemente, con dulzura, pero con una inconfundible contundencia: "Yo soy el Bosque de la Eternidad."
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Camino del Extra (Novela) Capítulo 287

Estás leyendo el capítulo 287 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.