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Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 232 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Rodeado por los cadáveres de criaturas del vacío, despojados de huesos y con su sangre negra pintando los pasillos, Azriel se encontraba de pie, frente al Rey de la Cornamenta Negra. El único sonido era el zumbido bajo e incesante de las luces parpadeantes. Los ojos rojos se encontraron con orbes brillantes. El Rey de Astas Negras se cernía sobre Azriel. Solo- A sus ojos, Azriel parecía colosal, un peso invisible que presionaba su propio ser. Como si innumerables manos invisibles arañaran su estructura esquelética y lo arrastraran hacia la tierra. El Rey de Astas Negras se tambaleó. Luego cayó de rodillas. Se oyeron pasos por el pasillo. La voz baja de Azriel rozó el aire. "Un rey arrodillado ante un príncipe. Hay algo poético en eso." Miró a Azriel. La sonrisa desapareció en un instante. Los huesos que flotaban en el aire temblaron y luego, con un gruñido entrecortado, todos se dispararon hacia él como un borrón. Azriel dio un paso adelante, plantando firmemente el pie derecho. Devorador del Vacío se alzó ante él, firme en su agarre. Él respiró profundamente. Con calma, observó la tormenta de huesos que se precipitaba hacia él. Un relámpago Carmesí crepitó alrededor de la hoja, girando y chasqueando como venas vivas de furia. Entonces- En el momento en que estuvieron sobre él, se movió. Un corte hacia abajo. Un golpe ascendente. Un corte lateral. Una vez más. Y otra vez. Y otra vez. En un borrón de movimiento, su espada atravesó el ataque. Hasta- Todos los huesos lo habían traspasado. Cada uno se partió limpiamente por la mitad. Lentamente, el Rey de Astas Negras se levantó. Luchó por recuperar el equilibrio; sus movimientos eran lentos, como si un peso invisible lo oprimiera. Azriel observaba en silencio, con su rostro de porcelana impasible. Sólo quedó la frialdad. Cualquier otro habría aprovechado ese momento para atacar. Pero Azriel no lo hizo. El pasillo era demasiado estrecho. Un movimiento en falso y la batalla podría descontrolarse. Tenía que tener en cuenta sus habilidades. Si el informe del exdirector era correcto, [Coronación Hueca] significaba que no podía bajar su cuerpo por mucho tiempo bajo ninguna circunstancia. Y luego estaba [El Festín del Rey]: aunque su aura y armadura espiritual lo protegían, el contacto prolongado aún conllevaba riesgos. Pero de nuevo... Parecía que el Rey de Astas Negras era tan cauteloso con Azriel como con él. Más huesos se desprendieron de los cadáveres y quedaron flotando alrededor de la criatura, algunos incluso se fusionaron con su cuerpo descompuesto. Lágrimas negras brotaron de sus cuencas vacías. Un sonido crujió en el aire. Como una tormenta naciente, un relámpago Carmesí se enroscó alrededor del cuerpo de Azriel. Pero al surgir, algo cambió. El relámpago rojo cambió, su tono se retorció y se transformó en algo más. Luego se volvió blanco. Relámpago blanco. Una niebla gélida se filtraba de sus arcos, arremolinándose en el aire como aliento invernal. Los relámpagos se volvieron inestables, salvajes, azotando en ráfagas dentadas. Dondequiera que impactaba” paredes, suelo, techo”, el hielo florecía. Y entonces, el hielo se hizo añicos, salpicando el pasillo con fragmentos afilados como cuchillas. Las paredes crujieron. Luego se rindieron. Debajo del metal fracturado, algo pulsaba con un brillo tenue. Piedras de maná. Todo el pasillo estaba lleno de ellos. Pero estos no eran de la mejor calidad. El suelo explotó. El Rey de la Cornamenta Negra se abalanzó hacia adelante, con sus huesos dentados retorciéndose en pleno vuelo, fundiéndose en un colosal martillo de guerra. Agarró el arma con ambas manos y la blandió. Azriel se movió para encontrarse con él. El Devorador del Vacío envuelto en rayos atravesó el aire. Acero con hueso. El impacto rugió. El aire se estremeció. Las paredes se agrietaron. Las luces del techo estallaron, sumiendo el pasillo en una oscuridad parpadeante. Fragmentos de hielo y astillas de hueso saltaron en todas direcciones. El suelo debajo de ellos tembló. Azriel sintió la onda expansiva recorriendo su cuerpo, sus huesos vibrando como hierro golpeado. Su postura se quebró, los pies resbalando hacia atrás. El Rey de Astas Negras había ganado el intercambio. Volvió a oscilar. Azriel levantó a Devorador del Vacío para parar, pero había calculado mal. La fuerza bruta detrás del golpe fue mayor de lo que había anticipado. Sus pies dejaron el suelo. Un movimiento borroso. Su espalda se estrelló contra la pared que tenía detrás, y el metal se rompió con el impacto. Azriel estaba cayendo. Si cayera al suelo... Esto contaría como una reverencia. Inaceptable. Una niebla oscura se filtraba de él. [Flor de la Muerte.] Azriel giró en el aire, plantando el pie contra la pared destrozada. En cuanto la tocó, dio una patada, lanzándose hacia adelante como un rayo. En el suspiro que siguió, ya estaba frente al Rey de Astas Negras. Todo borroso. El Devorador del Vacío, envuelto en niebla y relámpagos helados, se lanzó hacia adelante. El Rey de Astas Negras levantó su martillo. La niebla negra detrás de Azriel floreció. Los pétalos oscuros explotaron hacia afuera, girando en el aire, y relámpagos blancos bailaron entre ellos como venas de Escarcha. La criatura se estremeció y su visión se oscureció momentáneamente. Azriel se movió. Se agachó y se deslizó detrás. Una respiración aguda. Un solo golpe. El Devorador del Vacío le cortó la espalda. Azriel saltó hacia atrás mientras sangre negra, espesa como el alquitrán, brotaba de la herida. Mientras sangraba, zarcillos de raíces oscuras se deslizaban de la herida. Azriel exhaló y el maná corrió por sus tendones, sus músculos y sus articulaciones. Se lanzó hacia adelante una vez más. El Rey de la Cornamenta Negra se giró y vio que Azriel empuñaba dos armas. Devorador del Vacío en una mano. Una cadena de hielo, cargada con rayos blancos, en el otro. Azriel se balanceó. La cadena se enroscó alrededor de las astas de la criatura, formando un bucle apretado. Sólo para que el Rey de Astas Negras lo tomara con una mano. Y aplastarlo. Un bramido ensordecedor surgió de su garganta. A Azriel le zumbaban los oídos. La sangre le corría por las sienes. Pero él no vaciló. El impulso seguía siendo suyo. Él se balanceó. También lo hizo el Rey de Astas Negras. Martillo con katana. El mundo que les rodeaba explotó. Ambos fueron arrojados hacia atrás. Se estrellaron en extremos opuestos del pasillo. Las piedras de maná incrustadas en las paredes se fracturaron y luego explotaron, cubriendo el campo de batalla con fragmentos brillantes. Más muros se hicieron añicos. Más cámaras se derrumbaron. Y antes de que cualquiera de ellos se diera cuenta... Habían tallado una puerta. Un nuevo pasaje, creado solo por la fuerza. Azriel estaba parado en un extremo del piso -1. El Rey de Astas Negras se encontraba en el otro lado. La puerta que habían tallado estaba llena de escombros: piedras de maná, metal y… carne. Sus miradas Carmesí se cruzaron. Luego, se movieron. El mundo se volvió borroso. En un abrir y cerrar de ojos, estaban uno frente al otro una vez más. Una punta de hielo cargada surgió del suelo, pero el Rey de Astas Negras simplemente la pateó, rompiéndola en pedazos de hielo y relámpagos. Azriel se balanceó. Hueso se topó con Devorador del Vacío una vez más. Solo que esta vez, el hueso se quebró y explotó con el impacto. El Rey de la Cornamenta Negra se tambaleó hacia atrás antes de saltar, y sus astas chocaron contra el techo. Pero la estructura cedió, rompiéndose, mientras que su cabeza permaneció ilesa. Azriel hizo girar a Devorador del Vacío, ahora infundido con relámpagos de hielo, y lo clavó en el suelo. Al instante siguiente, una ola de hielo irregular surgió, surcada por rayos que crepitaban entre las formaciones heladas. La tormenta avanzó a toda velocidad, tragándolo todo a su paso. El Rey de Astas Negras no pudo evitarlo. El hielo cubrió su carne y huesos descompuestos, congelándolos en su lugar. Frente a él se encontraba una escultura de hielo puro. Entonces- Una grieta. El hielo se rompió. Azriel apretó fuertemente la mandíbula. "Parece que la única forma de matarte es destruyendo tu núcleo de maná". Un sonido pesado y gutural escapó de los dientes de la criatura, burlándose de él. Azriel exhaló y liberó sus afinidades. Dejó de usar hielo y relámpago por completo. En cambio, vertió hasta la última gota de su maná” excepto lo que mantenía su aura” en su carne, en sus huesos. En ese preciso momento, las manos del Rey de la Cornamenta Negra se retorcieron en garras alargadas y dentadas, y se abalanzaron hacia él. Pero entonces” Un truco extraño. Los huesos que reforzaban su cuerpo de repente explotaron en fragmentos, oscureciendo la visión de Azriel por solo una fracción de segundo. Fue suficiente. Una garra se disparó desde abajo. Azriel apenas lo vio antes de que atacara. El hueso afilado lo atravesó, primero destrozando su aura y luego agrietando su armadura espiritual. Esta se rompió en pedazos y la garra se hundió más en su carne. Los ojos de Azriel se abrieron cuando lo levantaron del suelo y sintió que los huesos se hundían más en él. Luego, una segunda garra apuntó directamente a su hombro derecho. Otro éxito. Su aura allí se rompió. Su armadura del alma se hizo añicos aún más. Ahora, huesos afilados estaban enterrados profundamente dentro de su carne, a centímetros de sus propios huesos. Una ola de agonía se abatió sobre él. [El Crisol del Alma] no fue suficiente para ahogarlo. Un grito escapó de su garganta cuando algo frío y terrible le rozó la caja torácica. Azriel se encontró de rodillas, mirando la sonrisa torcida del Rey de la Cornamenta Negra. Entonces lo sintió. Sus huesos. Estaban moviéndose. Movedizo. Tratando de escapar de él. Azriel se quedó sin aliento. Sus ojos se abrieron de par en par y rechinó los dientes. Maná. El maná era el único camino. Abandonó su aura y vertió cada onza de su maná restante en reforzar sus huesos, evitando que escaparan. Las garras se hundieron más profundamente, tratando de arrancarlos. [La Coronación Hueca] todavía estaba en vigor. Pero no [El banquete del rey]. Eso significaba… No se podrían utilizar ambos al mismo tiempo. O tal vez” Disfrutaba sádicamente de su dolor. No podría empeorar. Así fue. En ese preciso momento” Una red de cuchillos pareció atravesar el cráneo de Azriel. Un timbre. Un zumbido sordo que se elevó rápidamente. Como una marea que crece más y más y más. Ahogó sus pensamientos. Ahogó sus gritos. El timbre se hizo insoportable. Sus huesos se movieron nuevamente. El flujo de maná dentro de él se rompió. Azriel ya no podía concentrarse. ¿En qué se suponía que debía centrarse? ¿Que dolor? "Dolor…" Aún le quedaba un ápice de cordura. El [Crisol del Alma] todavía estaba activo. Estaba tratando de ahogar el dolor, tratando de mantener su mente despejada. Pero estaba fallando. Rápidamente. Entonces- Un pensamiento se agitó en el vacío que lo ahogaba. [Crisol del Alma]… Nunca se limitó a los humanos. ¿Bien? No podía usarlo sobre sí mismo. Pero… Su visión se volvió borrosa. La habilidad, otorgada por el Dios de la Muerte… Nunca se limitó a un ciervo. Su cuerpo se estaba entumeciendo. El timbre lo tapaba todo. Azriel no lo dudó. Se aferró a su último hilo de esperanza. Y activó [Crisol del Alma]. Sobre el Rey de Astas Negras. Instantáneamente- Los ojos de Azriel se encendieron. El Rey de Astas Negras se quedó congelado en pleno movimiento. Su mirada se fijó en él. Una llama blanca translúcida estalló alrededor del monstruo. Pero- No le hizo daño. Fue lo contrario. Y eso” Lo confundí. Por una mera fracción de segundo, su enfoque vaciló. Y eso fue todo lo que hizo falta. [Coronación Hueca] se derrumbó. Azriel ya no podía sentir sus brazos. Pero aun así recogió Devorador del Vacío. Y luego- Se apuñaló en el estómago. Silencio. El Rey de Astas Negras miró a Azriel y luego a sí mismo. Entonces- Dolor. Como raíces que se extendían por el cuerpo de Azriel, el dolor consumió el zumbido. La sensación de entumecimiento desapareció. [Crisol del Alma] y el sonido volvería pronto. Pero Azriel tuvo un segundo. Eso era todo lo que necesitaba. De su anillo de almacenamiento, sacó un pequeño control remoto. Un control remoto con un solo botón negro. Y luego- Él lo presionó. Y- Todo. Explotó. * * * Había humo por todas partes. Había polvo por todas partes. Había escombros por todas partes. El timbre había regresado. Azriel se encontró tendido en el suelo, en algún lugar del piso en ruinas -1, como uno de los muchos cadáveres que cubrían el campo de batalla. Tosió y su pecho se agitó. No podía decir qué tan gravemente herido estaba. Pero a juzgar por lo mareado que se sentía... era malo. Nadie dijo que llegar al Grado 3 Avanzado fuera fácil. Pero nadie le había dicho tampoco que sería tan difícil. 'Colocar bombas de maná dondequiera que iba fue una idea inteligente...' Se alegró de que Amaya hubiera cargado esas bombas para emergencias. Y que había pensado en utilizarlos. En el momento en que presionó el botón, todo se volvió negro. La onda expansiva debe haberlo enviado volando por el suelo. Y lo mismo debe haberle sucedido al Rey de Astas Negras. Pero no estaba muerto. No fue suficiente. Y ahora, Azriel no podía moverse. No por sus heridas. Pero por el timbre. Un timbre profundo e interminable que lo ahogaba todo, dejando tras de sí solo entumecimiento. Su visión se estaba oscureciendo. '...¿Qué me está pasando?' ¿Por qué no se detendría? Ya ni siquiera podía mover los dedos. No era mejor que un cadáver. Y pronto, el Rey de Astas Negras vendría por él. No era más que una presa: paralizada, indefensa. El timbre empezó a aumentar nuevamente. Más fuerte. Más fuerte. Ahogándolo. Estaba empeorando. 'Detener.' Azriel oró dentro de su mente. 'Simplemente detente.' ¿Por qué pasó esto? '¿Es esto todo?' ¿Así fue como terminó? ¿De nuevo? ¿Nunca ganaría con lo que tenía? Él no era un héroe. Él lo sabía. Pero... él era un sobreviviente. Él no quería rendirse. Y- Él hizo una promesa. Para él mismo. Para Jazmín. Él no moriría. Un pensamiento ridículo entró en su mente. 'Detener.' Deja de resistirte. Deja que el timbre lo consuma. Tenía que haber una razón para esto. Azriel dejó de luchar. El dolor se intensificó. Continuó creciendo. Cada vez peor. Pero no se resistió. Tenía que haber una razón para esto. Tenía que creerlo. La agonía era insoportable. [El Crisol del Alma] había dejado de funcionar hacía tiempo. El tiempo parecía deformado, estirado más allá de lo razonable. Como si la eternidad hubiera pasado. Pero no fue así. El tiempo seguía avanzando. La eternidad no había pasado. Sólo quedaba el dolor. Y luego- Empezó a desvanecerse. 'Eh...' La mente de Azriel se aclaró. '¿Por qué?' Su cuerpo estaba recuperando la sensibilidad. 'No hay forma de que esto fuera yo”' Sus pensamientos se detuvieron. Por un segundo, todo su cuerpo se congeló. Algo insoportable lo invadió: una sensación incomprensible, demasiado extraña para expresarla con palabras. Parpadeando, la claridad regresó a su visión. Azriel se incorporó de golpe, con expresión desconcertada. "¿Q-qué..." ¿Qué acaba de pasar? Su cuerpo temblaba. El entumecimiento había desaparecido. El timbre había cesado. Pero su rostro estaba pálido, sin color alguno. Su cuerpo todavía estaba en agonía, sus heridas eran profundas, pero al menos podía pensar. Un aliento tembloroso escapó de sus labios. Azriel gimió mientras se obligaba a levantarse sobre piernas inestables. Su cuerpo seguía temblando. "¿Por qué... por qué no puedo recordarlo?" Sus rodillas se doblaron. Su pecho subía y bajaba bruscamente mientras intentaba estabilizar su respiración. Algo estaba seriamente mal con él. "Maldita sea..." Apretando los dientes, la frustración torció su expresión. De su anillo de almacenamiento, sacó una poción de salud. Lo miró fijamente durante un segundo antes de destapar el frasco y beberlo de un trago. Éste fue su último. Y el más caro que tenía. Cerraría sus heridas, pero no sería suficiente para restaurarlo completamente. "Cinco millones de velts... desaparecieron así como así." Un suspiro escapó de sus labios mientras se levantaba una vez más. Su mirada recorrió el suelo. Caos. Todo quedó destruido. Al invocar a Devorador del Vacío, este se materializó nuevamente en su mano derecha. Su armadura de alma había sufrido graves daños. Su maná se estaba agotando peligrosamente; usar su aura en ese momento sería imprudente. Luchar contra el Rey de Astas Negras fue... abrumador. Los pasillos ya no eran más que pasillos. Lo que antes eran muros se había derrumbado, dejando tras de sí un campo de batalla abierto, sembrado de escombros. Arrastrando los pies, Azriel agarró con fuerza a Devorador del Vacío, negándose a soltarlo. Solo había una cosa que importaba. Ganar. Ganar. Ganar. Ganar. Nada más. Mataría al ciervo. Se convertiría en un Avanzado. No había otra opción. Él no correría. Y el Rey de Astas Negras pensó lo mismo. Otro muro se derrumbó y, a través del polvo que se asentaba, Azriel lo vio: el Rey de la Cornamenta Negra arrastrándose hacia él, un paso lento y deliberado a la vez. Ambos se quedaron congelados. Sus miradas se encontraron. Parecían un desastre: dos guerreros maltrechos y destrozados, pero aún en pie. Una mirada fría e inexpresiva ocultaba sus rostros, pero el fuego en sus ojos ardía sin cesar. El agarre de Azriel se hizo más fuerte. 'Ganar' El Rey de Astas Negras levantó sus garras. Ya no quedaban cadáveres de los que sacar huesos. No importaba. 'Ganar.' Sentía la cabeza ligera. 'Ganar.' Debe haber perdido demasiada sangre. 'Ganar.' Azriel se movió primero, avanzando rápidamente. Atacó con el Devorador del Vacío, la espada chirrió contra las garras del Rey cuando interceptó el golpe. Con un movimiento de su mano izquierda, una punta de hielo salió disparada del suelo, apuntando a sus costillas. Pero antes de que pudiera conectar, el Rey de Astas Negras saltó hacia atrás; la púa rozó su pata huesuda, pero no logró inmovilizarlo. Azriel no se detuvo. Desinvocó a Devorador del Vacío en pleno movimiento, acortando la distancia, luego apretó el puño derecho y golpeó hacia adelante con todo lo que tenía. Hueso roto. Azriel apenas tuvo tiempo de registrar la fractura de sus nudillos antes de que la cara del Rey de Astas Negras se volcara hacia un lado, formándose fracturas capilares a lo largo de su cráneo. Un grito gutural y furioso brotó de su boca. Se abalanzó” Azriel invocó a Devorador del Vacío justo a tiempo, bloqueando el golpe de la garra mientras sus pies se hundían en el suelo desmoronado. "¡Ajá...!" La fuerza hizo temblar sus huesos y su carne se desgarró mientras luchaba por empujar al Rey hacia atrás. Al final lo hizo: ambos se tambalearon y se separaron, jadeando y mirándose fijamente. 'Ganar.' Una ola de Escarcha brumosa se filtró desde Devorador del Vacío mientras Azriel atacaba nuevamente. El Rey de la Cornamenta Negra recibió su golpe, pero cuando sus garras impactaron la espada, espinas oscuras estallaron y se envolvieron alrededor de sus brazos. Gruñó y se tambaleó hacia atrás, pero ignoró las raíces que se clavaban en sus huesos. Azriel lo fulminó con la mirada. Y luego volvieron a enfrentarse. Los golpes se intercambiaron en un borrón de movimiento: el suelo se rompió debajo de ellos y las paredes restantes se derrumbaron bajo la pura fuerza de la batalla. Las piedras de maná se hicieron añicos y explosiones de energía bruta iluminaron sus siluetas. Azriel salió volando hacia atrás, pero giró en el aire y una niebla negra se arremolinaba a su alrededor mientras salía disparado hacia adelante una vez más. '¡Ganar!' El Rey de la Cornamenta Negra rugió, agarrando un trozo roto de pared y arrojándolo directamente hacia él. Azriel apenas lo miró: saltó, usando los escombros como punto de apoyo, y en un instante, estaba sobre él. Él se balanceó hacia abajo. La hoja le atravesó el ojo izquierdo, pero al mismo tiempo, su garra derecha se clavó en su pecho. Azriel sintió una oleada de maná enroscándose alrededor de su piel y sus pupilas se dilataron en señal de alarma. "No...!" Lo reconoció inmediatamente” [El banquete del rey]. La desesperación lo invadió. Retorció el cuerpo, liberándose; la carne se le desgarró al patear el pecho del Rey y lanzarse lejos. Rodando sobre los escombros, Azriel se obligó a levantarse de nuevo antes de que [Coronación Hueca] pudiera activarse. Limpiándose la sangre de los labios desgarrados, se tambaleó y luego... "Puaj-" Su visión vaciló. Su maná estaba casi agotado. Su cuerpo se estaba desmoronando. Pero- Miró hacia arriba y vio al Rey de Astas Negras, con su cuerpo envuelto en raíces espinosas y apenas manteniéndose unido. Enderezándose, se preparó para atacar. Pero el Rey de Astas Negras se movió primero. Un estallido de velocidad antinatural y, de repente, estaba justo frente a él. Azriel apenas logró levantar a Devorador del Vacío a tiempo, sus garras chocaron con la espada; saltaron chispas y el aire tembló por el impacto. Entonces- Se lanzó hacia adelante, con las mandíbulas abiertas, apuntando a su garganta. Azriel se retorció, inclinando a Devorador del Vacío, pero sus dientes se apretaron sobre la hoja. Grieta-! Los ojos de Azriel se abrieron de par en par. La espada” No- ¡No podía soltarlo! ¡Aún no había ganado! Un violento movimiento de su cabeza envió a Azriel a volar y su cuerpo se estrelló contra el techo. El aire abandonó sus pulmones. Antes de que pudiera recuperarse, unas garras se envolvieron alrededor de sus brazos y, de repente... Fue derribado. El suelo se hizo añicos bajo él mientras se desplomaba. A través del suelo, a través de escombros, a través de capa tras capa, Hasta- Boom-! Se estrelló, aterrizando a diez metros de profundidad, y su cuerpo quedó tendido en un cráter de piedra rota y tierra. La visión de Azriel parpadeó. Sobre él, la única luz provenía del agujero por el que había caído. La tierra se le pegaba a cada centímetro. Su cuerpo se estaba apagando. Pero- Aún no. ¡Aún no! Azriel gruñó. Con brazos temblorosos, se aferró a las paredes del cráter y comenzó a escalar. Solo- Una sombra se cernía sobre él. Entonces- El Rey de Astas Negras saltó. La mente de Azriel corrió. El agujero no era lo suficientemente ancho. No tenía espacio para moverse. Si cayera sobre él, quedaría aplastado. Se dio cuenta de algo. El suelo. No estaba hecho de piedras de maná. Sólo metal. Una idea ridícula entró en su mente: Una risa hueca escapó de sus labios. Presionó su mano contra su costado derecho y congeló todo el piso derecho. Con todo lo que le quedaba” Golpeó el hielo. Grieta... Las fracturas se extendieron. Entonces- Boom-! Todo el lado derecho del piso -1 se derrumbó. Una nube de polvo y escombros lo envolvió todo. Azriel no lo dudó y se lanzó a ello. Tosiendo violentamente, escuchó un estruendo ensordecedor detrás de él. El suelo tembló. Todo el piso estaba a punto de derrumbarse. A través del polvo que se desvanecía, Azriel lo vio. Docenas de piedras de maná, esparcidas por la tierra. Su visión se volvió borrosa. Su cuerpo se balanceaba. Y luego- Una mano huesuda emergió de los escombros. El Rey de Astas Negras, maltratado y destrozado. Todavía en pie. El suelo tembló. Azriel lo sintió Cediendo una vez más. Azriel sintió un vuelco en el estómago, y luego el resto de su cuerpo lo siguió. La gravedad lo arrastró hacia abajo, y con un estruendo ensordecedor, el suelo bajo sus pies se derrumbó una vez más. El mundo se derrumbó, y ambos se desplomaron otros diez metros hacia el abismo. Azriel cayó al suelo con fuerza y rodó hasta detenerse. Tenía la garganta seca. La sangre manaba de sus heridas. Su visión se oscureció. Él se estaba muriendo. No. '¡Ganar!' Aún no. Su cuerpo temblaba violentamente, como una ramita a punto de romperse, pero se incorporó. De alguna manera, se puso de pie. De alguna manera, Devorador del Vacío había regresado a su guante derecho, como si se negara a soltarlo. Entonces lo sintió de nuevo. El suelo. Estaba a punto de derrumbarse una vez más. Pero a él no le importó, porque justo frente a él, su presa todavía estaba de pie. El Rey de la Cornamenta Negra se tambaleó, balanceándose, con los hombros hundidos. Sus garras apenas se alzaron, exhaustas. Miró a Azriel con odio, pero debajo de eso, algo más. Algo indescriptible. Ninguno dudó. Se arrastraron hacia adelante, paso a paso agonizante. Sin arrebatos de velocidad, sin imágenes borrosas y desesperadas: solo dos guerreros maltrechos, avanzando con dificultad el uno hacia el otro con el mismo pensamiento inquebrantable grabado en sus mentes. '¡Ganar!' Un gemido gutural profundo resonó entre las ruinas. Toda la instalación se estremeció violentamente, peor que antes. Un sonido como un trueno, como una piedra que se partía, llenó el aire. El suelo bajo sus pies se hizo añicos como un cristal frágil. Y todo se derrumbó. Un vacío los envolvió, una caída interminable hacia la oscuridad, iluminada solo por el resplandor de las piedras de maná dispersas. Los muros crujieron como si toda la estructura se convulsionara en sus últimos instantes, desmoronándose bajo su propio peso. Azriel se retorció en el aire, gritando en protesta. Agotó sus fuerzas, pero se obligó a moverse. Con sus últimos restos de fuerza de voluntad, apuntó con el Devorador del Vacío al Rey de la Cornamenta Negra... Y milagrosamente, el demonio interceptó el golpe. Sus garras se bloquearon contra la hoja. 'Aún no… ¡Gana!' El impacto los separó. Azriel se giró de nuevo, evitando por poco una enorme losa de piedra. La usó como punto de apoyo, impulsándose y lanzándose directamente hacia el demonio que caía. El Devorador del Vacío brilló. Azriel se balanceó. Luego, el impacto. Un trozo de escombro se estrelló contra su muñeca, provocando una nueva oleada de agonía en sus nervios. Sus dedos perdieron el agarre. El Devorador del Vacío se le escapó de las manos. Azriel apretó los dientes con tanta fuerza que casi se los rompe. Le dolía el brazo, pero no tuvo tiempo de reaccionar, porque al segundo siguiente, chocó con el Rey de la Cornamenta Negra en el aire. La fuerza de sus cuerpos chocando los hizo girar, con las extremidades enredadas, garra contra carne, hueso contra hueso. Azriel envolvió sus piernas alrededor del torso del demonio, atrapándolo en su lugar. El Rey de Astas Negras gruñó, enterrando sus garras en la espalda de Azriel. Un grito ahogado escapó de su garganta. Él lo ignoró. Dolor. Él lo necesitaba. Lo mantuvo consciente. Apretando los dientes, echó la cabeza hacia atrás. Y lo lanzó hacia adelante. Los frágiles huesos bajo su frente se quebraron con el impacto. Le resonó el cráneo, pero lo agradeció. Atacó de nuevo. De nuevo. Una red de fracturas se extendió por el rostro del Rey de la Cornamenta Negra, pero sus garras solo se clavaron más profundamente en su carne. Otro pulso de maná recorrió el aire. [La Fiesta del Rey] se estaba activando. Azriel lo sintió: su cuerpo se volvió contra él, su mente se desvaneció. El demonio intentaba consumirlo. No. Él se negó. Se retorció, forzando las garras más profundamente, desgarrando aún más su carne. Y luego, golpeó. Su puño se estrelló contra el pecho del Rey de la Cornamenta Negra. De nuevo. De nuevo. Su cuerpo se estaba apagando. Estaba perdiendo el control. No sabía si era por la pérdida de sangre o por la miserable habilidad que lo estaba agotando. No me importó. Él no se detendría. El demonio era demasiado débil para devorarlo por completo. Azriel gritó y atacó de nuevo. Y por último” Su puño se abrió paso. Hueso destrozado. Un rugido enfermizo resonó en el vacío. Sangre negra, parecida al alquitrán, le salpicó la cara. El Rey de la Cornamenta Negra gimió, con lágrimas oscuras brotando de sus cuencas oculares fracturadas. Azriel lo sintió. Sus dedos se cerraron alrededor de algo suave y redondo que brillaba incluso en la tenue luz. El núcleo de maná. Estaba en su poder. En ese momento, su visión falló. Su cuerpo quedó entumecido, completamente agotado. Excepto por una cosa. Su mano derecha. Todavía se movía. Todavía apretado alrededor del núcleo. El viento aullaba a su alrededor. Los gritos moribundos de la bestia resonaban en sus oídos. Y entonces, algo apareció en el rostro de Azriel. Una sonrisa desgarrada, sangrienta y sádica. Un susurro débil y quebrado escapó de su garganta mientras imponía sus últimas fuerzas a sus dedos. El núcleo de maná se desmoronó en su agarre. "Yo... gano."
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Estás leyendo el capítulo 232 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.

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