Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 214 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Celestina Frost era una niña que nació con todo.
Desde el instante en que sus ojos grises como diamantes se abrieron, era una princesa. Prometida a ser la futura reina, la próxima líder del Clan de la Escarcha, llevaba el peso de su legado como una reliquia cosida en su alma.
El mundo de abajo la contemplaba con ojos llenos de asombro y envidia, mientras ella se alzaba sobre un pedestal esculpido por generaciones de poder. Para ellos, era una diosa: una figura radiante cuya sonrisa rivalizaba con la luz plateada de la luna, cuyo corazón albergaba la promesa de algo intocable. Y su talento... algún día podría rivalizar con la mismísima Princesa Carmesí.
Su historia, sin embargo, nunca fue sencilla.
Por cada resplandor que proyectaba, su luz forjaba una inmensa sombra. Aunque nació con una cuchara tan plateada como su cabello, su vida nunca fue el sueño que otros imaginaron. Desde el principio, el Clan de la Escarcha, al igual que los otros tres grandes clanes, no solo fue reverenciado, sino también adorado. Reyes, reinas, príncipes, princesas.
Desde que aprendió a caminar, pocos se atrevieron a acercarse a ella, no como persona, sino como a una igual. ¿Amigos? Los verdaderos amigos eran un lujo que ni siquiera su vasta riqueza podía comprar. La mayoría la veía solo como la Princesa de Hielo, un título demasiado grandioso para tocar. Cuando reveló su [habilidad única]” un don que debería haber inspirado admiración”, en cambio, creó distancia, erigiendo muros que jamás podría escalar.
Así aprendió a cerrar su corazón a quienes la miraban y a abrirlo sólo a quienes estaban a su lado.
Era natural que los príncipes y princesas de los cuatro grandes clanes se sintieran atraídos entre sí. Eran los únicos que podían comprender la peculiar soledad de la realeza. Y así, Celestina encontró compañeros: Jasmine Carmesí, feroz y brillante; y Caleus Nebula, el príncipe soñador cuyo futuro aún no estaba escrito.
Pero había otro.
Una excepción.
Anastasia.
Aunque no era hija de los grandes clanes, su linaje no era menos prestigioso. En aquel entonces, llevaba otro nombre, uno olvidado por la mayoría. Pero ahora, solo se la conocía como Anastasia, la hija del santo más poderoso.
Juntos eran cuatro.
Celestina. Jazmín. Anastasia. Caleo.
Y por un tiempo, fueron todo lo que los niños pueden ser: brillantes, despreocupados, inseparables. ¿Qué podía salir mal en un mundo de risas inocentes?
Pero la inocencia es fugaz.
A medida que crecían, el peso de sus mundos comenzó a oprimirlos. Celestina y Jasmine, preparadas para el liderazgo, cargaban con el peso de sus clanes. Caleus, aún no elegido heredero, lidiaba con la incertidumbre. Y Anastasia... Anastasia cargaba con algo más oscuro: un odio silencioso que aún no comprendía.
Fue Anastasia quien rompió su frágil vínculo.
No era su intención, no del todo. Al menos, eso se decía Celestina. Pero Anastasia siempre había sido buena para avivar el fuego; sus palabras eran como chispas en un bosque seco. Un día, su crueldad juguetona llevó a Caleus demasiado lejos. Le susurró al oído, alimentando sus celos, su creciente sentimiento de inferioridad, hasta que retó a Jasmine y Celestina a una pelea.
No estuvo ni cerca. Caleus perdió.
La verdad no tardó en salir a la luz: Anastasia lo había orquestado todo. La pelea, la humillación, la ruptura. Y así, sin más, su amistad se hizo añicos.
Los cuatro se convirtieron en dos.
Celestina y Jazmín se quedaron. Crecieron juntas, su amor mutuo era como el de hermanas. Pero en su cercanía, se distanciaron aún más de Caleus y Anastasia.
Había aprendido dos verdades.
Lo primero: nunca revelar su [habilidad única].
El segundo: no abrir nunca más su corazón, excepto a aquellos que llevaban el nombre de Frost o Carmesí.
Y ella había aceptado estas verdades, como un juramento tácito grabado profundamente en su alma.
Estuvo bien.
Ella estaba bien.
Hasta que no lo fue.
Hasta el día en que el mundo se torció, mostrándole las profundidades del odio, la desesperación, la agonía y el terror que podía contener.
Celestina había estado allí, en ese día maldito en que perdió a sus abuelos.
Ella se quedó congelada, un frágil fragmento de vidrio en el camino de una tormenta, cuando aparecieron.
Abominaciones que ningún dios hubiera podido concebir, caminando sobre los mismos suelos que ella había pisado durante años.
Cambiantes de piel.
Incluso los demonios, pensó, rehuirían la inmundicia de su presencia. Su existencia era una afrenta, una violación de la realidad misma.
El horror que sintieron dejó una cicatriz que ni siquiera el tiempo pudo borrar.
Desde ese día, ella había aprendido mucho más que la pérdida.
Aprendió sobre la venganza, el dolor y la insoportable verdad de lo absolutamente condenado que estaba su mundo.
Las pesadillas siguieron. Se aferraron a ella como sombras que se extendían más allá de la noche, pero también algo más: una razón para fortalecerse.
Y aun así, por mucho que lo intentara, era como si una barrera invisible se interpusiera ante ella.
Su progreso fue lento.
Observaba cómo la espalda de Jasmine se alejaba cada vez más, hasta convertirse en un punto lejano en el horizonte. Comenzaron los rumores; los que una vez la consideraron rival de la Princesa Carmesí ahora se desvanecían en la duda.
¿Por qué?
¿Era solo porque Jasmine era un año mayor? Unas cuantas batallas más contra criaturas del vacío no bastaban para explicar la creciente distancia que las separaba.
Sabía que no era fácil. Cazar criaturas del vacío, absorber sus núcleos de maná, era un camino que pocos se atrevían a recorrer. La mayoría de los humanos nunca pasaban de la etapa intermedia. El talento era finito, y el coraje para enfrentarse a los horrores del vacío era aún más escaso. Solo los cuatro grandes clanes y algunos otros locos eran lo suficientemente temerarios” o desesperados” como para soportar el interminable derramamiento de sangre.
Celestina no estuvo sola en su cambio.
Jasmine también había cambiado.
Todo empezó tras la muerte de su hermano, Azriel Carmesí. Su amistad, antes tan natural, empezó a tambalearse. Jasmine se volvió más fría, más distante: una espada sin vaina.
...¿Y Azriel?
Siempre había sido un enigma, incluso en vida.
Celestina apenas lo conocía antes de su muerte. Había sido un fantasma, jamás se había mezclado con ellos, jamás había dejado la más mínima huella en su mundo. Con el tiempo, comenzaron los rumores: rumores venenosos sobre el extraño chico. Sin embargo, a él nunca pareció importarle; su indiferencia era un escudo impenetrable para la malicia.
Luego, increíblemente, regresó.
Dos años después de su presunta muerte, Azriel Carmesí regresó a sus vidas.
Su padre la había invitado al banquete de Navidad y ella había aceptado, sin saber la tormenta que estaba a punto de desatarse.
Porque a diferencia de la mayoría, a pesar de que nunca fue confirmado, ella lo sabía.
Azriel Carmesí estaba muerto.
Ella lo había creído con cada fibra de su ser, como uno cree que saldrá el sol o que soplará el viento.
Era él.
Y aún así, no lo fue.
Mayor, sí. Más alto. Más astuto. El chico que recordaba había cambiado, pero el aire que lo rodeaba, esa indiferencia sobrenatural, no solo persistía, sino que había evolucionado. Ya no se sentía como alguien de otro mundo. No, ahora era como si viniera de otro universo.
Pero lo que más llamó la atención no fue su transformación, sino ese discurso.
Dioses, qué discurso tan horrible.
Hasta el día de hoy, Celestina no entendía por qué había decidido decir algo así. Había infinitas maneras de transmitir sus intenciones: elocuentes, sutiles, autoritarias. En cambio, había hablado como alguien demasiado aburrido para que le importara, con palabras toscas y sin pulir. Era absurdo. Incluso perezoso. Al menos, eso era lo que ella pensaba hasta que anunció que se uniría a la Academia de Héroes.
Y luego llegó su propio momento de humillación: el desliz lingüístico que se le escapó al decir que quería pelear con él cuando él le propuso duelo. Nunca se lo perdonaría.
Duelos.
No esperaba que él lanzara semejante desafío, que se lanzara con tanta valentía al conflicto. Y, sin embargo, lo hizo. Y no solo luchó, sino que además ganó, nada menos que contra Caleus. Aunque, por alguna razón, Caleus se contuvo al final, la victoria seguía perteneciendo a Azriel.
Pero nada de eso se compara con ese momento.
La propuesta de compromiso.
Hasta el día de hoy, sentía la mortificación que le subía por la espalda al recordarlo. La traición de sus padres al organizar algo así sin su consentimiento era una herida que no perdonaría pronto. Aunque la propuesta había fracasado, el daño a su orgullo ya estaba hecho. Peor aún, la había obligado a vivir en una situación insoportable: sola en una habitación con el chico que se suponía muerto.
Desesperada por llenar el silencio, había hablado de su deseo de venganza.
Y no se había reído.
Pero en cambio, escuchó.
Eso, quizás más que nada, la sorprendió. Su respuesta no fue una burla, sino una comprensión que la inquietó profundamente.
Azriel Carmesí era... interesante.
Así que, cuando se reencontraron en la academia, ella hizo algo que nunca pensó que haría: se permitió considerarlo un amigo.
No fue fácil. Jasmine se había distanciado, su calidez se había apagado con el tiempo y la tragedia. Pero él era el hermano pequeño de Jasmine. Sin duda, si podía confiar en Jasmine, también podía confiar en él.
Pero a medida que pasaban los días, empezó a ver la creciente distancia, no solo entre ella y Jasmine, sino también entre ella y Azriel. Ambos parecían moverse a un ritmo inexorable, dejándola atrás ante su brillantez.
¿Qué tenían ellos que ella no tenía?
¿Qué fuerza secreta los impulsó hacia adelante mientras ella permanecía encadenada?
Azriel Carmesí era una paradoja. Se comportaba como si dominara el mundo, pero afrontaba cada desafío con la audacia de quien no le importaba si el mundo lo aplastaba. Incluso si alguien pudiera aplastarlo como a un insecto, Celestina lo sabía: lo miraría a los ojos como si fueran iguales.
Pero había más en él que confianza. Algo más profundo, algo más oscuro.
Estaba en sus ojos.
Celestina se enorgullecía de su capacidad para leer a la gente, para desentrañar sus emociones y motivaciones con facilidad. Pero los ojos de Azriel eran un enigma que no podía resolver. Había algo allí: una emoción, tal vez, o una fuerza de voluntad tan poderosa que se negaba a ser ignorada. Gritaba por ser comprendida, pero se le escapaba.
¿Qué fue?
Ella no lo sabía. Todavía no.
Por ahora, se permitió creer que podía ser un amigo. Pero más que eso, se permitió aprender.
Azriel Carmesí era más que un niño que había desafiado a la muerte.
Y Celestina Frost aprendería sus secretos.
Él era la clave.
A lo que ella buscaba.
Y ella lo seguiría al abismo si eso significara encontrar lo que le faltaba.

Continúa leyendo
Camino del Extra (Novela)
Capítulo 215
Camino del Extra (Novela) Capítulo 214
Estás leyendo el capítulo 214 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.