Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 191 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"Ah, parece que finalmente se fueron, ¿eh?"
Aeliana giró la cabeza hacia Joaquín, que había aparecido de repente junto a ella en el jardín de la Finca Carmesí.
Se sentó en la hierba junto a Aeliana, que yacía despatarrada, mirando al cielo.
Habían pasado tres días desde que se esperaba el regreso de los de primer año a la academia, pero Azriel, Jasmine y Nol se habían marchado hacía solo una hora, acompañados de Amaya e Iryndra. Yelena y Lumine ya se habían marchado antes, sin muchas ganas de faltar a clases, aunque su partida no tenía ninguna otra razón apremiante. Aun así, su breve visita había dejado una huella significativa.
Ambos habían recibido 100.000 velts cada uno, una recompensa por su valentía al aventurarse en el reino del vacío para salvar al Rey Carmesí y por defender el castillo a tan temprana edad. Sin embargo, cualquiera que observara con más atención se daría cuenta rápidamente de que era la sutil forma de Joaquín de atraerlos hacia el Ejército Carmesí. Al entregarles una suma lo suficientemente grande como para cubrir dos años de gastos imprudentes, se había asegurado de que sintieran una lealtad tácita hacia el Clan Carmesí.
Además, ya eran cercanos con los hijos de Joaquín y Eliana.
Por desgracia, Yelena y Lumine no habían conocido personalmente al Gran Rey ni a la Gran Reina; el tiempo había corrido en su contra. Apenas tuvieron un día para recuperarse cuando se vieron obligados a regresar a la academia. Después de todo, habían dormido casi 24 horas seguidas. Así de exhaustos estaban.
“Se han ido...” murmuró Aeliana, con la mirada fija una vez más en el cielo sin nubes.
Joaquín, sin embargo, notó el rubor revelador que se extendía por sus mejillas y orejas. Estaba avergonzada, sin duda.
¿La razón?
Ella seguía recordando el día en que se derrumbó, sollozando en los brazos de su propio hijo.
'¡Dioses, qué humillante!'
Su rostro ardía aún más al recordar con claridad. Gimió para sus adentros y se giró de lado para ocultar su expresión.
¿Por qué perdí el control de esa manera? Soy una madre patética...
Desde aquel día, Aeliana no podía mirar a Azriel a los ojos sin sentir vergüenza. Sin embargo, a pesar de todo, su hijo solo le había sonreído amablemente, asegurándole que no le importaba.
¡Gracias a los dioses que no se lo había contado a nadie más!
Pero su marido era otra cosa.
¿Y qué podría ser peor?
A la mañana siguiente de su "incidente", se despertó y encontró a su hijo y a su esposo despatarrados en el estudio, rodeados de innumerables botellas vacías. Se habían dormido bebiendo.
Un gruñido escapó de sus labios al recordar la vista.
'Aprovechando que estoy dormida para beber... Qué hijo y qué marido más terrible tengo.'
Al menos Azriel había traído a casa una hija” una preciosa, por cierto” del reino del vacío. Las hijas eran, sin duda, lo mejor.
Aeliana asintió ante el pensamiento y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Por supuesto, se refería a Iryndra, a quien Azriel había traído de regreso, y a Jasmine, la preciosa, amable, talentosa y obediente hija de Aeliana.
Aun así, había un aspecto en el que Jasmine se sentía carente de la habilidad de enfrentarse a Iryndra.
“No del todo deficiente” se corrigió Aeliana”. Cuando Jasmine tenía su edad, probablemente tampoco tenía rival.
Pero ahora, en la competencia de pura adorabilidad, Iryndra era la clara vencedora.
Al día siguiente, cuando Aeliana despertó de lo que había sido el mejor sueño de su vida, encontró a Iryndra. Desde el momento en que Aeliana la vio, quedó completamente cautivada.
Cada movimiento, gesto y expresión de la pequeña irradiaba dulzura, tanta que Aeliana no pudo resistirse a abrazarla. Iryndra había pasado todo el tiempo a su lado, aparentemente abrumada por la inesperada atención.
Para Aeliana, ella era como una nube pequeña y delicada, increíblemente suave y algo a lo que quería aferrarse para siempre.
Por supuesto, Aeliana no perdió tiempo en conocer el pasado de Iryndra. Azriel tampoco sabía mucho, aunque comprendía a la niña mejor que nadie. La forma en que había hablado de la soledad, el miedo y la desconfianza de Iryndra dejó a Aeliana atónita.
Su hijo tenía una capacidad notable para ver a través de las personas y comprenderlas verdaderamente.
Así pues, Aeliana se propuso reconfortar a Iryndra, mostrarle el amor que tanto necesitaba. Sin dudarlo, la adoptó en el Clan Carmesí.
Princesa Iryndra Carmesí.
Aún no se había hecho público, pero el título era suyo de todos modos.
Desafortunadamente, el tiempo había jugado en su contra una vez más. Aeliana no había logrado abrir del todo el corazón de Iryndra antes de que la chica se marchara a la academia. Envidiaba el vínculo que Azriel ya había formado con ella y, por supuesto, el tiempo que Jasmine tendría para acercarse a Iryndra en los próximos días.
Al menos Aeliana los volvería a ver durante el Festival de la Academia antes del Torneo de los Grandes.
Por ahora, Aeliana simplemente tendría que ser paciente.
'Iryndra Carmesí...'
Se le llenó el corazón de alegría al pensarlo. Aeliana no era de las que se enamoraban fácilmente, pero cuando se trataba de esa niñita, no podía evitarlo.
Nol, sin embargo... Nol era otra historia completamente.
Azriel también lo había traído de vuelta: un chico extraño de cabello plateado y ojos carmesí que había pasado toda su vida atrapado en Refugio Blanco. Aeliana lo sentía por él, igual que por Iryndra.
Y aún así, Nol era diferente.
Donde Iryndra buscaba conexión, Nol parecía completamente desinteresado en ser tratado como un niño, y mucho menos como el hijo de alguien. En cambio, se dedicaba, casi obsesivamente, a ser el sirviente de Azriel. Su mano derecha.
Aeliana agradecía su lealtad, pero no podía evitar sentir una punzada de preocupación ante la incansable devoción del chico. Por suerte, Azriel parecía tratar a Nol más como un amigo, o incluso como un hermano, que como un sirviente. La relación que compartían era única en el Clan Carmesí, y fascinaba a Aeliana profundamente.
Una risa silenciosa escapó de sus labios, llevada por la brisa.
El día que Azriel regresó con ellos...
Había sido el día en que su mundo recuperó sus colores una vez más.
* * *
Los labios de Joaquín se curvaron en una leve sonrisa al observar la espalda de su esposa. Su mirada penetrante captó las señales reveladoras: el enrojecimiento en las puntas de sus orejas y los pequeños cambios involuntarios en su expresión. Para él, esos sutiles cambios eran entrañables.
"...."
Le había dolido profundamente. Joaquín lo sabía mejor que nadie.
Ella no había logrado proteger a su propio hijo de sufrir un destino peor que el suyo, un destino infligido no por criaturas del vacío, sino por humanos.
El solo pensamiento encendió algo oscuro dentro de Joaquín. Hervía como un infierno indómito, implorando ser liberado.
Joaquín necesitó todo su control para no poner patas arriba todo el mundo subterráneo.
Matar a todos los últimos miembros de Neo Genesis.
Para arrancarles la cabeza a los heptarcas.
Sonreír finalmente cuando el Arconte Supremo derramó lágrimas bajo el peso aplastante de su venganza.
Pero tales deseos estaban fuera de su alcance. Estaba atado, restringido por innumerables limitaciones, tanto políticas como personales. Incluso su viaje al Reino del Vacío solo había sido posible tras mover demasiados hilos.
Y el Arconte Supremo…
Cuanto más descubría Joaquín, más enigmática se volvía la figura. Las preguntas giraban sin cesar en torno al hombre que fundó Neo Genesis.
Para colmo, no se trataba solo de Neo Génesis. Los cambiapieles, abominaciones incluso entre las criaturas del vacío, parecían tener vínculos con la organización.
Esta revelación inquietó a Joaquín. No podía subestimar al Arconte Supremo.
Una pregunta se cernía sobre todas las demás:
¿Fue el Arconte Supremo un Santo o un Soberano?
La diferencia lo era todo. Si el Arconte Supremo era un Santo, Joaquín confiaba en poder controlarlo. Pero si era un Soberano...
El resultado sería incierto, incluso para alguien como Joaquín.
Y luego estaba el misterio más acuciante de todos:
¿Por qué Azriel?
Joaquín sabía que su hijo guardaba secretos, no por terquedad, sino quizás porque el propio Azriel no comprendía del todo la verdad.
Desde que Azriel despertó del coma, Joaquín había notado el mayor cambio en él. No estaba en su aura ni en su comportamiento, sino en su mirada.
Esos ojos carmesí.
Ahora eran más claros, más maduros. Pero bajo esa claridad yacía algo insondable y oscuro.
Azriel ha sido bendecido por el Dios de la Muerte... no es solo lástima. El Dios de la Muerte ha reconocido a mi hijo como suyo, lo que significa que... ahora es el hijo de la Muerte. El Apóstol de la Muerte.
Y con esa constatación vino otra sospecha:
'El Arconte Supremo podría ser el mismo que Azriel.'
Un apóstol. Aunque se desconocía qué dios lo había reclamado, poco importaba. La determinación de Joaquín era absoluta: de una forma u otra, mataría al hombre.
Pero si el Arconte Supremo realmente era un Soberano, Joaquín sabía que sólo había una persona a la que podía consultar.
'Madre...'
La sola idea le provocó un escalofrío por todo el cuerpo. Conocerla era una posibilidad que Joaquín esperaba evitar a toda costa.
Dejando a un lado ese pensamiento inquietante, redirigió su atención.
“Esa maldita iglesia”, pensó con amargura. “Su influencia se está extendiendo rápidamente por Asia”.
Tendría que actuar rápidamente para evitar que descubrieran alguna conexión entre Azriel y el Dios de la Muerte.
El Dios de la Muerte no era considerado inherentemente malvado, pero la humanidad le temía instintivamente. Adorar a un dios así era poco común, a menudo tildado de locura. Lo último que Azriel necesitaba era otro objetivo en su espalda.
Joaquín suspiró interiormente.
"Me estoy haciendo demasiado viejo para esto."
Quizás era hora de empezar a preparar a Jasmine para las responsabilidades de convertirse en la próxima líder. Alguien tenía que asumir el mando tarde o temprano.
Miró al cielo y luego a su esposa, que ahora reía suavemente para sí misma. La vista era extrañamente reconfortante. Ignorando su adorable comportamiento por el momento, volvió a alzar la mirada.
El cielo llevaba 150 años agrietado, desde que el maná se vertió por primera vez en el mundo. Pero ahora, la grieta se había agrandado, aunque los niveles de maná permanecieron inalterados.
¿Por qué se agrietó aún más? ¿Qué significa?
Las preguntas eran interminables, incluso para un Gran Rey. Joaquín a menudo se sentía como un niño buscando respuestas en la oscuridad.
Pero había una pregunta, por encima de todas las demás, que lo perseguía día y noche.
Fue la razón por la que buscó respuestas a todo lo demás. El motivo de su viaje a las Islas Hundidas.
Su mirada se detuvo en el cielo fracturado y su expresión se suavizó hasta adquirir una expresión melancólica.
'Me pregunto... qué fue lo que descubriste que te llevó a matarte... Padre.'

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 191
Estás leyendo el capítulo 191 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.