Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 144 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Si Cole hubiera podido formar un pensamiento coherente, habría sido este: la figura ante él parecía el mismísimo diablo sonriéndole. No: dos demonios, dos pares de sonrisas torcidas y ojos tan fríos que le hicieron estremecer el cuerpo sin querer.
En cierto modo, era obvio por qué el parecido entre ambos era tan sorprendente: eran padre e hijo.
Cole tragó saliva con nerviosismo y retrocedió con cautela. La comisura de los labios de Azriel se curvó aún más en una sonrisa. Joaquín, en cambio, dejó de sonreír. Se movió y, con un gesto sutil, un trono forjado en la más pura oscuridad se manifestó tras él. Se hundió en él, apoyando la mejilla en la mano, observando todo con una curiosidad inquietante.
Sin embargo, esto no alivió el pánico de Cole. La mera presencia de Joaquín irradiaba una amenaza tácita; si Cole se equivocaba o intentaba huir, la muerte sería la menor de sus preocupaciones.
La mirada de Cole los recorrió con rapidez, pero Azriel atrajo su atención al avanzar, con movimientos pausados, casi perezosos. A pesar del terror que lo acosaba, Cole sabía que Azriel solo era peligroso porque Joaquín se lo permitía. De lo contrario, habría matado al joven príncipe él mismo. Pero ahora, la impotencia lo paralizaba.
Azriel se detuvo a un brazo de distancia, con la oscura diversión en sus ojos intensificándose. Su voz era baja y burlona, destilando condescendencia.
¿Cómo llamaba mi querida hermana a los de tu especie? Ah, sí... perros.
Cole apretó la mandíbula mientras se obligaba a no reaccionar, con todos sus instintos gritándole que contraatacara. Pero él sabía que no era así. La obediencia era el único camino que podría permitirle sobrevivir a este encuentro con estos dos depredadores.
La sonrisa de Azriel se amplió cruelmente.
Ahora, como soy un príncipe tan desinteresado y honorable, te daré una tarea sencilla. Si la cumples bien, serás libre de irte. Si fallas,...
Su expresión se ensombreció y Cole se tambaleó hacia atrás inconscientemente, abriendo mucho los ojos al comprender: le tenía terror a ese mocoso. El pensamiento le carcomía el orgullo, pero las palabras se le atascaron en la garganta cuando Joaquín entrecerró los ojos levemente, observando a Azriel. Aun así, permaneció sentado, en un silencioso respaldo.
Ese pequeño destello de aprobación le revolvió el estómago a Cole. Significaba que Joaquín estaba de acuerdo con el cruel juego que Azriel había ideado.
Con voz seca y temblorosa, Cole habló, haciendo todo lo posible para no provocar al príncipe.
"¿Qué quieres que haga... mi príncipe?"
Los ojos de Azriel se iluminaron y su sonrisa se volvió malvada.
“Oh, nada importante. Solo…
Señaló el enorme árbol blanco detrás de Cole, sus ramas retorcidas bailaban sobre el suelo del bosque.
"Ve allí y apuñala ese árbol".
Las palabras dejaron a Cole y Joaquín momentáneamente atónitos. Cole, porque instintivamente supo que el árbol no era un lugar común en este bosque desolado, y Joaquín, porque lo reconoció por lo que realmente era: un Leviatán atado por antiguos hechizos.
Sin embargo, Joaquín permaneció sentado, en silencio, aunque su mirada se agudizó con interés.
El corazón de Cole latía con fuerza contra sus costillas mientras apretaba sus manos temblorosas hasta convertirlas en puños. Girándose, obligó a sus pies a avanzar hacia el árbol colosal; cada paso resonaba con el latido de su corazón. El peso de dos miradas lo inmovilizaba; la de Joaquín era sofocante, más que la de Azriel.
El antiguo árbol blanco se alzaba imponente sobre él, con su corteza como hueso, surcada por vetas de algo más profundo e inquietante. Permanecía silencioso, inmóvil. Cole respiraba entrecortadamente y, por un instante, se atrevió a albergar esperanza. Pero la esperanza era frágil, fracturada por el pequeño cuchillo que se materializó en su mano al golpear su anillo de almacenamiento.
Apretando los dientes, Cole miró hacia atrás una última vez. Padre e hijo lo observaban con expresiones inescrutables. Respirando hondo para armarse de valor, se giró y clavó el cuchillo en la corteza del árbol.
La hoja se hundió sin esfuerzo, y un líquido espeso y dorado rezumaba de la herida. Su aroma era embriagador, embriagador, como si se hubiera derramado el néctar más exquisito de los dioses. La dulzura metálica se enroscó en el aire, haciendo que la cabeza de Cole diera vueltas mientras retrocedía involuntariamente, con los ojos abiertos de asombro y confusión.
Pero entonces su talón se enganchó en algo.
'¿Eh?'
Miró hacia abajo y vio una raíz pálida, delgada pero fuerte, enroscada en su tobillo. Antes de que pudiera reaccionar, se tensó y se extendió, trepando por sus piernas. Más raíces brotaron del suelo, enredándole los brazos y clavándolo en el suelo.
“¡Mierda!” Intentó resistirse a ellos, pero solo se apretaron más y se clavaron en su carne.
Las ramas del árbol se movieron, susurrando como si despertaran de un largo sueño. Lo envolvieron, forzando un grito ahogado a salir de su boca tapada. Sus ojos se dirigieron desesperados a Azriel y Joaquín, suplicando ayuda, pero ninguno se movió. Observaron, con rostros serios, cómo las raíces del árbol trepaban más alto, oprimiendo el pecho y los brazos de Cole hasta que no pudo moverse ni siquiera reunir la fuerza para controlar el eco de su alma.
Y entonces, el dolor agudo y punzante comenzó cuando las raíces se hundieron en su piel, fundiéndose con su carne. Quiso gritar, agitarse, pero solo un gemido ahogado y demoníaco de angustia escapó de sus labios ensangrentados. Su visión se nubló, se oscureció al sentir que la sangre le era drenada, más rápido de lo que podía comprender. El mundo se volvió frío, ennegreciendo los bordes mientras su corazón flaqueaba.
Lo último que vio fue un par de ojos carmesí, observando sin piedad.
Y luego no hubo nada.
Su último pensamiento susurró en los rincones desvanecidos de su mente.
"Nunca debí haber estado borracho..."
* * *
“Bueno, mierda... No pensé que sería tan cruel, pero recibió lo que se merecía.
Azriel observó cómo arrastraban el cuerpo de Cole hacia el imponente árbol blanco, centímetro a centímetro, hasta llegar a la corteza. Entonces, como absorbido por el propio árbol, Cole desapareció; muerto.
“Entonces… ahora debería funcionar, ¿verdad?
Al menos eso decía el libro.
Azriel dio un paso cauteloso hacia adelante, pero sintió la mirada de Joaquín, estrecha y fría, cortando el aire.
"¿Qué crees que estás haciendo?"
Azriel se detuvo, encontrando la mirada de Joaquín. La expresión de Joaquín era de confusión e inquietud mientras veía a su hijo avanzar lentamente hacia el mismo árbol que acababa de llevarse a Cole. Pero el árbol permanecía inquietantemente latente, como si la sangre de Cole hubiera sido una respuesta instintiva, el detonante de algo más profundo.
Quiero que confíes en mí, Padre. Sé lo que hago.
El rostro de Joaquín se contrajo de disgusto. Su hijo caminaba hacia un leviatán dormido, algo que desafiaba toda razón. Pero no dijo nada, sus instintos luchaban en su interior. La cautela paternal lo hizo retroceder, pero la curiosidad lo impulsó a avanzar.
"¿No estoy ya rompiendo mi promesa?", murmuró Joaquín. De nuevo, estaba dejando que su hijo se acercara demasiado al peligro. Pero esto... tenía que saberlo. Los reyes piensan diferente, y Joaquín no era la excepción. Nadie, ni siquiera Azriel, podía comprenderlo del todo.
Azriel interpretó el silencio de Joaquín como una aprobación y se acercó, sintiendo la mirada vigilante de su padre a cada paso. Su propio corazón latía con fuerza al llegar a la herida que Cole había dejado en el árbol. La sangre dorada aún corría por su corteza, brillando sobre la hierba blanca.
Al tragar, la mano de Azriel se contrajo con una extraña sed. La sangre lo llamaba, embriagadora y prohibida. Pero la reprimió y se tranquilizó.
'Sangre por sangre.'
El ritual estaba completo. Debería ser suficiente. Tenía que creerlo.
Bajo la atenta mirada de Joaquín, Azriel hundió los dedos en la sangre dorada, sintiendo su extraña calidez al untarla en la palma derecha. Su piel chisporroteó, emanando vapor al quemarse la carne, y contuvo un gemido, soportando el dolor.
El ceño fruncido de Joaquín se acentuó al verlo, listo para intervenir, pero Azriel presionó la palma de la mano contra la corteza. El árbol respondió al instante, absorbiendo su maná con tal ferocidad que apenas pudo mantenerse en pie. Azriel jadeó, sintiendo cómo sus fuerzas se agotaban hasta que sus piernas se doblaron. Antes de que pudiera desplomarse, sintió un brazo fuerte que lo sostenía. Al levantar la vista, se encontró con la mirada firme de su padre, con la preocupación oculta tras su expresión estoica.
Contra la corteza blanca, brillaba la huella dorada de una mano, grabada por su sangre. El árbol tembló, y pronto, toda la isla se estremeció. Azriel, apoyado en su padre, miró hacia arriba, asombrado, mientras las hojas blancas y brillantes comenzaban a caer.
'Hermoso...'
Las hojas se deslizaban con gracia, cada movimiento impregnado de un brillo etéreo. Joaquín, momentáneamente hipnotizado, observó el espectáculo en silencio, pero pronto su mirada volvió a Azriel.
"¿Qué hiciste”"
Sus palabras se interrumpieron cuando un resplandor dorado envolvió a Azriel, una calidez que se filtró por su piel, envolviéndolo en un abrazo reconfortante. Joaquín lo observó, entrecerrando los ojos, y luego su rostro se transformó en shock.
"Así que eso es lo que está pasando…"
Dio un paso atrás y observó cómo el brillo se intensificaba, envolviendo a Azriel en un aura brillante mientras las hojas blancas flotaban a su alrededor.
El calor se transformó en algo agudo, casi eléctrico.
Una sustancia oscura, más negra que las sombras, pareció solidificarse alrededor de Azriel. Una armadura se materializó en silencio, formándose placas vacías a su alrededor, pulidas con vetas de color rojo sangre. Cada pieza le sentaba a la perfección, desde las hombreras hasta las grebas intrincadamente talladas que susurraban con una gracia siniestra.
Azriel flexionó la mano, ahora revestida con guanteletes oscuros e impenetrables. Incluso su mano quemada estaba completamente cubierta.
Joaquín entreabrió la boca, su habitual compostura se quebró al contemplar la escena. Sus ojos, sin pestañear, estaban llenos de incredulidad.
"¿Un leviatán durmiente te acaba de dar una armadura de alma por el precio de una sola vida humana...?"
Era absurdo. Joaquín había visto muchas armaduras de alma, pero esta... esta era algo único. Casi la quería para sí mismo, si no fuera porque era su hijo el que estaba allí, blindado con esa aura prohibida.
Azriel sonrió.
Este capítulo fue actualizado el 3 de noviembre.
"Genial, ¿verdad?"
Joaquín observó a su hijo, un poco desconcertado por la mirada de Azriel: brillante, casi infantil. Por un instante, sintió orgullo. No era frecuente que su hijo mostrara semejante entusiasmo, y verlo tan emocionado era... raro. Joaquín esbozó una sonrisa y soltó una risita.
"Sí, es realmente genial."
Azriel se giró, admirando su nueva armadura de alma; su rostro era una mezcla de asombro y entusiasmo. Joaquín lo observaba con una sonrisa discreta, que se desvaneció lentamente al fruncir el ceño, con una pregunta que se le asomaba.
"Espera... ¿Es por esto que nunca cogiste ninguna armadura de alma de la Bóveda Carmesí? ¿Por esta?"
Podía notar a simple vista que esta armadura era diferente, pero aun así, ¿por qué Azriel había rechazado todas las demás armaduras de alma hasta ahora? La pregunta lo había estado rondando por un tiempo.
Azriel, saliendo de su aturdimiento, intentó ocultar la emoción en su voz, pero no pudo ocultarla por completo.
Sí... No quería arriesgarme. Si hubiera aceptado otra armadura de alma, esta podría haberme rechazado. Sinceramente, ya me preocupaba que no funcionara, considerando que tengo un arma de alma. Este árbol, si no me equivoco, se une al alma misma y otorga armadura solo cuando... ¿mi alma es lo suficientemente pura? No podía arriesgarme a que me rechazara si tuviera algo más unido a mi alma.
Joaquín arqueó una ceja, intentando seguir la explicación. Miró el enorme árbol, quieto y silencioso, y murmuró: “Pero... ¿no está durmiendo?”.
La mirada de Joaquín volvió al árbol. Permanecía quieto e inmóvil, pero... habría jurado haber visto una de sus ramas temblar, casi como si se agitara. Un escalofrío le recorrió la espalda y una extraña sensación de inquietud lo invadió.
Miró a Azriel y su tono se tornó oscuro y amenazador.
"Parece que tu madre olvidó enseñarte a no aceptar cosas extrañas de los árboles dormidos..."
Azriel parpadeó, fingiendo ofensa.
No es raro. ¡Míralo! Y funcionó, ¿verdad? Por fin tengo una armadura de alma que me sienta bien.
Joaquín suspiró, negando con la cabeza. Ni siquiera se molestó en preguntar cómo Azriel sabía todo esto. Entendía a su hijo lo suficiente como para saber que no obtendría una respuesta. Tendría que esperar.
"Está bien", cedió.
"¿Ya terminamos? Tu hermana probablemente ya esté preocupada."
Los ojos de Azriel se abrieron como si acabara de recordarlo.
"Está bien, deberíamos regresar."
Joaquín echó una última mirada cautelosa al árbol antes de encaminarse hacia la puerta blanca. O al menos... ese era el plan.
Más adelante, incrustada en la corteza de un árbol más pequeño, estaba la puerta blanca. Más allá se extendía el mar oscuro. Y en ese mar...
un ojo.
Un único y enorme globo ocular se alzaba en las profundidades, con su pálida superficie blanca extendiéndose, sin pupila. Era colosal, empequeñeciendo al árbol, su superficie ondulaba mientras los observaba. La intensidad de su mirada era paralizante, una fuerza primigenia que los abrumaba.
El rostro de Joaquín se ensombreció, y a su lado, la expresión de Azriel se retorció de puro terror. No podía moverse, no podía respirar.
El ojo simplemente los miró fijamente, silencioso, esperando, vivo.
En ese momento, Azriel finalmente entendió por qué llamaban a las criaturas del vacío: Horrores del Infierno.

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 144
Estás leyendo el capítulo 144 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.