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Leer Baladas Nocturnas (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Condado de Qingxi, Posada Wujian. En pleno corazón del verano, la brisa nocturna barría la vieja calle exterior, mientras dos faroles oscilaban al compás del viento iluminando un trecho de poco más de un zhang frente a la entrada. Los cocineros y mozos, tras una extenuante jornada de faena, salían uno tras otro por el portón principal, sin olvidar volverse para despedirse: "¡Nos marchamos, tendero!" "En la cocina dejamos platos preparados; deberían bastar para esta noche. Mañana vendremos más temprano." "Últimamente las cosas afuera andan revueltas. Es mejor que eche el cierre temprano, tendero; de noche apenas si pasan clientes..." ... Ye Xingge, ataviado con una túnica de tono blanco cenizo, permanecía de pie en el umbral despidiéndolos con la mirada. Solo cuando las figuras de los empleados se desvanecieron a la distancia, se dio la vuelta para contemplar el vestíbulo principal. Dentro del salón se disponían ocho mesas; tras el mostrador se alzaba el anaquel de los licores, y justo encima colgaba un letrero de madera que lucía cuatro caracteres: 'Héroe Oculto en el Polvo del Mundo'. La escalera que conducía al segundo piso estaba fregada hasta relucir sin una mota de polvo, al igual que cada mesa, silla y banco. El ambiente lucía pulcro y espacioso; en todos los aspectos tenía la fachada de una posada respetable. Pero... ¿por qué demonios no entraba ni un alma? Ye Xingge se cruzó de brazos, sin lograr descifrar en qué punto radicaba el problema. Si bien habían pasado diecinueve años desde que llegó a este mundo, para abrirse camino en semejante época convulsa practicó artes marciales desde su más tierna infancia, y a estas alturas su fama se extendía a lo largo de diez leguas a la redonda, bajo el sonoro apodo de '¡El Pacificador de Qingxi!'. Gracias a su sólida destreza marcial sumada al bagaje de conocimientos de su vida anterior, hasta el mismísimo magistrado del condado lo tenía en altísima estima y recurría a él con frecuencia como refuerzo externo. ¡En su haber figuraban ya varias decenas de sujetos a los que había despachado al otro mundo a golpes! ¡Pero a quienes mataba a golpes era a forajidos y salteadores, jamás a los huéspedes! 'Si ni siquiera se hospedan aquí, ¿cómo van a enterarse de lo profesional que es mi servicio?' 'Mis padres y mi segundo tío se fueron a la capital y me encomendaron cuidar la posada. Si a su regreso descubren que no ingresé ni una sola moneda de cobre, y que encima me zampé una buena cantidad de pollo, pato, pescado y carne, me temo que no será fácil rendir cuentas...' Ye Xingge hizo un poco de memoria: recordaba que, en su infancia, un adivino llegó a asegurarle que poseía la fisonomía de un emperador, ¡y que en esta vida había nueve probabilidades sobre diez de que acabara 'revistiéndose con la túnica amarilla imperial'! De modo que si en este mundo se le ocurriera montar un negocio de reparto a domicilio de comida para llevar, seguro tendría un futuro brillante... Incluso podría fundar una plataforma tipo 'Ele.me' y ofrecer como trabajo extra un servicio de 'Didi de golpizas por encargo'... Viendo que por hoy ya no habría clientela, Ye Xingge se dispuso a echar el cerrojo para ir a consultar el asunto con el magistrado del condado. Sin embargo, apenas acababa de juntar los batientes del portón, resonaron desde el exterior unos pasos apresurados seguidos por una serie de golpes secos contra la madera: \*¡Pam, pam, pam!\* "¿Eh?" Ye Xingge giró la cabeza con una chispa de asombro en la mirada. De verdad que no esperaba que a esas horas algún cliente se atreviera a buscar posada. Sin perder un segundo, avanzó con presteza para desatrancar la puerta: "¡Ya voy, ya voy! El mesón no ha cerrado, tenemos de todo. Estimada clientela, pase adelan... ¿eh?" \*¡Zas!\* Apenas retirado el pestillo de madera, la puerta fue empujada violentamente hacia adentro. Una ráfaga escarlata se deslizó como un relámpago al interior del salón principal y, de paso, empujó de vuelta la puerta para cerrarla. Ye Xingge frunció el ceño y dio dos pasos atrás para examinar a la intrusa con detenimiento, percatándose de que se trataba de una mujer. La mujer vestía una falda roja carmesí y era bastante esbelta y alta; llevaba la cabeza cubierta por un sombrero con velo y sostenía en la mano un pequeño látigo de cuero. Tenía una cintura diminuta, caderas bien redondeadas y una silueta espectacular, acompañada de un porte avasalladoramente imponente. Tras irrumpir, se dedicó a examinarlo de arriba abajo. Pese a que el velo del sombrero ocultaba sus facciones, se percibía una mirada cargada de un sutil e implacable escrutinio. Mmm... Exactamente como la mirada de alguien que evalúa a un cliente poco apetecible pero al que se ve obligada a atender por turno, o a un candidato indeseado en una cita a ciegas concertada... '¿Ah, sí?' Ye Xingge se quedó mirando el pequeño látigo de cuero que la mujer empuñaba, pensando para sus adentros que él jamás había contratado ningún tipo de servicio de sumisión o fetichismo. No obstante, rigiéndose por el principio sagrado de que el cliente siempre tiene la razón, preguntó primero con educación: "¿La señorita viene a tomar un bocado y descansar, o viene a darme una tunda?" La dama de rojo no articuló palabra. Parecía absorta estudiando sus facciones, complexión física, porte y temperamento... Ye Xingge había entrenado artes marciales desde pequeño, por lo que el mantenimiento de su físico distaba mucho de ser mediocre: poseía una estatura sobresaliente, extremidades largas y bien proporcionadas con una envergadura que rebasaba la cintura, coronado todo por un par de cejas afiladas como espadas. Era, sin discusión, uno de los jóvenes más apuestos y afamados de todo el condado. Y la dama de rojo, tras inspeccionarlo un instante, pareció quedar bastante satisfecha; al menos no soltó la típica frase de 'que pase el siguiente lote'. Avanzó hacia el salón, tomó asiento y dejó el látigo sobre la mesa: "Trae una jarra de licor Qinghua, corta una libra de carne magra sin un solo gramo de grasa y pon a hervir algo de agua caliente." Sus palabras rezumaban ese aire dominante de dama altiva y madura acostumbrada a dar órdenes con absoluta suficiencia. Al notar semejante tono, Ye Xingge pensó que este era un mesón decente y no un burdel de acompañantes masculinos. 'Pero bueno, ganar dinero no es ninguna vergüenza.' El margen de ganancia del licor Qinghua era altísimo; una sola jarra bastaba para cubrir todas las pérdidas del día. Aunque la muchacha se pusiera en ese plan mandón, él bien podía tolerarlo. "¡Enseguida! ¡Huésped distinguida, espere un momento!" La carne y las guarniciones del mesón ya estaban dispuestas de antemano. Y como Ye Xingge tenía la costumbre de matar personas con regularidad, su destreza con los cuchillos tampoco era ordinaria. En menos de medio cuarto de hora, el licor y la carne quedaron servidos sobre la mesa cuadrada del salón. Ye Xingge, además, tuvo el detalle de añadir rábanos encurtidos y cacahuetes como aperitivos de cortesía. ¡Y acto seguido, se quedó atónito! La dama de rojo se despojó del sombrero con velo arrojándolo con descuido sobre la mesa, dejando al descubierto un rostro ovalado blanco como la grasa congelada, enmarcado por unos labios carmesíes tan encendidos y turgentes que resultaban arrebatadoramente seductores. ¡Sin embargo, con una boca tan primorosa, aquella mujer no la utilizaba para dar besos, sino que, como si fuera la reencarnación de un fantasma famélico, tomó el cuenco de comida y empezó: "¡Ñam, ñam, glup, ñam...!" Sus modales al comer no dejaban de ser agraciados, pero la velocidad era sencillamente aterradora. ¡A Ye Xingge le entró el temor de que, de paso, se lo tragara a él de un bocado! "Eh... heroína, no hay prisa, en esta posada no tenemos límite de tiempo..." "¡Glug, glug, glug...!" La dama de rojo debía de llevar encima un hambre voraz; en un parpadeo devoró hasta el último grano del plato. En sus mejillas asomó un ligero rubor ebrio y su presencia se tornó un poco más apacible. Volvió a posar los ojos sobre Ye Xingge, vacilando como si quisiera hablar. 'Una vez saciado el estómago, afloran los apetitos carnales; es ley de la naturaleza humana.' Ye Xingge, al advertir esa mirada pícara, tomó asiento a su lado: "¿Tiene alguna orden la distinguida heroína? En este establecimiento ofrecemos toda clase de atenciones, aunque para ciertas cosas hay que abonar un extra..." La mujer se quedó perpleja, y sus ojos rasgados en forma de flor de melocotón destellaron con leve disgusto: "Estás a las puertas de la muerte, ¿y todavía tienes ánimos para soltar zalamerías insolentes?" El ademán de Ye Xingge al servir el licor se detuvo en seco: "¿Que estoy a punto de morir?" "Así es." La dama de rojo se inclinó unos centímetros hacia él y declaró con solemne gravedad: "¡Como mucho te quedan tres días de vida! Hoy he venido precisamente dispuesta a tomarte como discípulo para ayudarte a neutralizar esta calamidad..." "Ah..." Ye Xingge asintió suavemente. Por fin lo entendía todo: se había topado con una farsante del bajo mundo. En el pasado, varios charlatanes adivinos habían venido a soltarle disparates semejantes; solo porque lo hicieron reír y lo halagaron, consiguieron salir por la puerta sobre sus propios pies... Ye Xingge meditó un instante y se señaló la mejilla: "¿No me dirá también que tengo fisonomía de emperador y que, con solo escuchar las instrucciones de la distinguida heroína, el día de mañana tendré la oportunidad de revestirme con la túnica imperial?" La mujer de rojo se desconcertó y escudriñó con atención el rostro de Ye Xingge: "Mmm... Eso no lo sé, pero si sigues mis disposiciones, llegar a ser célebre en el Jianghu y alcanzar la cúspide del poder entre los ministros de la corte no supondrá ningún problema, te lo aseguro." '¡Vaya! ¿Un libreto nuevo?' 'Aunque, ¿por qué demonios me rebaja de categoría? Me pasó de emperador a simple ministro...' Ye Xingge sintió una pizca de descontento, pero aun así prestó oídos con fingido interés: "Que la heroína prosiga con los detalles." La mujer de rojo cogió el pequeño látigo de cuero y lo depositó ante Ye Xingge: "¿Conoces las Doce Armas Divinas del Jianghu? Esta es una de ellas. Ya te ha reconocido como amo, pero también te ha acarreado una catástrofe mortal. Y en cuanto a mí, seguro habrás oído hablar de Hong Yu, de la Sociedad Shanhe, conocida en el mundo marcial bajo el apodo de 'Rojo Pleno', clasificada en el decimonoveno puesto de todo el mundo. Con solo que me llames 'maestra', este sangriento desastre quedará resuelto sin el menor esfuerzo..." Y siguió soltando su palabrería... Ye Xingge la escuchaba con detenimiento, pensando para sí que los timadores del Jianghu hoy en día pecaban de una falta absoluta de profesionalismo. ¿Quién era 'Rojo Pleno'? ¡La máxima dirigente de una de las sectas más prominentes! Debido a sus artes marciales celestiales, su hermosura como una flor, su lealtad intachable y su devoción por el pueblo llano, siempre había ocupado el segundo lugar en su lista de candidatas preferidas para desposar. En cuanto al primer puesto de su lista, pertenecía, por descontado, a la maestra de Rojo Pleno: una mujer legendaria e inigualable de su era, Yunyu Lou. Al ver la vehemencia y convicción con que hablaba la mujer, Ye Xingge procedió primero a examinar el pequeño látigo: era de color pardo amarillento, de un material indeterminado aunque de impecable manufactura; a ojo calculó que podría venderse por unas cien o ciento veinte monedas de cobre... Después observó el porte de la dama: su rostro y silueta daban la talla con creces, pero su ritmo respiratorio delataba una ausencia absoluta de energía interna cultivada. Con aquellas curvas voluptuosas y pronunciadas, se asemejaba mucho más a una dama despampanante que a una experta en artes marciales... "..." Ye Xingge abrió la boca. En un principio pensó preguntarle qué clase de desvarío mental padecía, pero ya se había terminado toda la comida y la bebida; el coste hundido era demasiado alto, así que optó por fingir asombro: "¡Conque se trata de la mismísima Maestra Hong, líder de la Sociedad Shanhe! ¡Cuánto tiempo he admirado su ilustre nombre!" Hong Yu alzó ligeramente la mano: "No hacen falta cumplidos. La posición de mi Sociedad Shanhe en el mundo marcial ya deberías conocerla bien..." "¡Es célebre como un trueno!" Ye Xingge interrumpió de golpe sus palabras: "Sin embargo, mis aptitudes son toscas y torpes; de ningún modo sería digno de ocupar el cargo de joven maestro de la Sociedad Shanhe. La distinguida heroína ya ha saciado su apetito, así que, ¿por qué no liquida la cuenta y va a curiosear a otra parte? Al doblar la esquina hay una clínica médica..." La mujer de túnica escarlata se quedó estupefacta al oírlo y golpeó la mesa con la palma: "¿¡No me crees!?" '¿¡Y cómo demonios pretendes que me lo crea!?' No obstante, guiado por su máxima de que el cliente manda, mantuvo un tono cortés: "Hasta entre maestros y discípulos las cuentas deben quedar claras. El importe de la comida y el licor suma un total de doscientas setenta monedas..." Hong Yu irguió el cuello y sacó el pecho con orgullo: "Siendo yo la suprema jefa de la Sociedad Shanhe, ¿cómo iba a llevar encima calderilla o plata menuda? Descuida: primero postérnate como mi discípulo, y en un par de días te daré un sobre con varios miles de taeles de plata como obsequio de bienvenida..." "..." A Ye Xingge le temblaron los labios. Quería replicar con sarcasmo pero se quedó sin palabras ante tanta desfachatez. Tras contenerse un segundo, simplemente tomó el látigo de cuero de la mesa, alzó el brazo y lo agitó suavemente en el aire. \*¡Chas!\* El latigazo cayó en la parte baja de su cintura. La dama de rojo se estremeció y saltó de inmediato como un resorte, mirándolo con absoluta incredulidad: "¿¡Te atreves a golpearme!?" Ye Xingge solo quería poner a prueba los reflejos de su oponente, y el resultado saltaba a la vista. ¡Una líder venerada de la Sociedad Shanhe que no era capaz de esquivar un golpe ni de devolverle la tunda! ¿No era esto un mal chiste? ¡En este mundo, si alguien gritaba '¡A mí la espada!', tres mil espadachines maldecían a su progenitora al ver sus filos elevarse por los aires! ¡Se decía que los diez viejos demonios supremos bajo el cielo eran capaces de arrancar montañas, mover océanos y manifestar cuerpos gigantescos que conectaban cielo y tierra! Cuando Ye Xingge recién llegó a este mundo, creyó al principio que se trataba de un mundo de cultivo inmortal. Al ver que carecía de raíces espirituales, se pasó un largo tiempo buscando frasquitos verdes o pequeños anillos misteriosos con ancianos dentro. Solo más tarde descubrió que aquí el sendero consistía en 'santificar el cuerpo carnal'. Y al ver que nadie le otorgó un panel de sistema para repartir puntos, tuvo que recurrir al viejo y tradicional truco divino: suplir la falta de talento con diligencia y partirse el lomo entrenando sin tregua. Al percatarse de que esta mujer pretendía irse de rositas y comer gratis a su costa, la expresión de Ye Xingge se ensombreció. Cogió un palillo de bambú, lo apretó con fuerza en su puño y descargó un golpe seco hacia un costado. \*¡Crack!\* El puño desató un restallido sordo en el aire que partió el palillo de bambú en dos al instante. Los ojos de Ye Xingge destellaron con frialdad: "Si la señorita solo estaba bromeando, este modesto Ye presentará las debidas disculpas; pero si pretende irse sin pagar la cuenta, ha escogido el lugar equivocado. Este modesto Ye no solo sabe defenderse con los puños, sino que además cuenta con no poca confianza de parte del señor magistrado del condado..." Hong Yu, al presenciar aquella postura marcial que juzgó de aficionado, puso una mueca de evidente desdén. No obstante, tras clavarle la mirada durante unos instantes, logró serenarse, se sentó de nuevo en el banco con docilidad y dijo en tono conciliador: "De verdad que no pasarás de tres días de vida, solo intento salvarte el pellejo... ¿eh? ¡Oye, oye!" Ye Xingge, sin andarse con rodeos, le atenazó la muñeca y comenzó a tirar de ella hacia la salida: "Andando, iremos al juzgado del condado a ver qué dice la ley." "¡¿Qué?! ¡Eres un insolente! ¡Tú...! ¡Ay, ay, espera!" Por más que Hong Yu desprendiera la imponente estampa de una heroína curtida, carecía en efecto de fuerza marcial para resistirse. Solo cuando se vio arrastrada a rastras hasta el umbral de la puerta, se vio forzada a ceder: "¡Ya, ya, admito que eres duro de roer! Te daré la plata, pero déjame terminar de hablar primero, ¿quieres?" Ye Xingge extendió la palma abierta: "Mientras me pagues el importe del licor, como si dices que quieres tomarme de discípulo o que has venido en busca de un hombre; estaré encantado de hacerte conversación media noche. Si no pagas, nos vamos directos ante los magistrados, sin discusión alguna." "..." ¡Y es que la misión que le había impuesto el viejo antepasado de su estirpe consistía, en efecto, en buscar un hombre; o para ser más precisos, en 'una cita concertada de matrimonio'! Pero siendo ella una titán femenina situada entre las veinte mejores figuras bajo el cielo, ¿cómo iba a fijarse en semejante y vulgar posadero de pueblo? Viendo que aquel muchacho era un hueso tan duro de roer, Hong Yu no tuvo más remedio que apretar los dientes en secreto: "En realidad, mi propósito al venir aquí era tomarte como yerno consorte en mi casa. ¿Quieres una esposa? Tengo una hermana marcial soltera, recatada, virtuosa y dulce..." "..." Ye Xingge, al comprobar que aquella mujer era capaz de inventar cualquier disparate con tal de ahorrarse la cuenta de la comida, acabó por rendirse ante semejante cara dura. Sin miramientos, le arrancó de la cintura un colgante de jade rojo: "No ando falto de mujeres ni necesito armas divinas; lo único que quiero es el dinero del licor. Me quedo con este colgante de jade como fianza. ¡El día que me traigas el importe de la comida, te lo devolveré intacto!" "¿Eh? ¡Devuélvemelo...!" \*¡Clac!\* Sin dejarla terminar la frase, Ye Xingge abrió la puerta, echó a la dama de rojo a la calle y pasó el cerrojo de madera. "¡Oye! ¡Abre la puerta! ¡Como no abras, cuando el día de mañana vengas suplicándome ayuda, esta hermana mayor no moverá un solo dedo por ti...!" \*¡Pam, pam, pam!\* A Ye Xingge le dio dolor de cabeza. Pasando olímpicamente de sus gritos, se dio la vuelta para ordenar las mesas y sillas, y se retiró a la cocina para lavar los cuencos y los palillos. \*Fshhh...\* Tras limpiar durante unos momentos, los golpes en la puerta finalmente cesaron. Sin embargo, poco después, el resonar de cascos de caballos llegó de súbito desde el exterior de la posada: \*Toc, toc, toc, toc...\* Al levantar la vista, vio antorchas pasando veloces más allá del muro del patio, acompañadas por el estrépito metálico de armaduras entrechocando. Daba la impresión de que una nutrida tropa de soldados acababa de cruzar la calle a toda prisa. Hoy en día el mundo se hallaba dividido en tres grandes potencias y el Jianghu bullía de héroes y forajidos. Aunque el Condado de Qingxi se situaba en las proximidades de la capital, la tranquilidad brillaba por su ausencia. Ye Xingge solía desempeñarse a menudo como 'cazarrecompensas' ayudando al magistrado a capturar maleantes y prófugos. Creyendo que se presentaba una oportunidad de ganarse un ingreso extra, pensó en salir a averiguar; pero en ese preciso instante, desde el exterior de la puerta se oyó de nuevo: \*¡Pam, pam, pam!\* ¡Una ráfaga de golpes apresurados! "¿Eh?" Creyendo que la mujer de rojo seguía plantada al acecho fuera, Ye Xingge exclamó con voz adusta: "¿Todavía no te has largado? ¡Si sigues armando escándalo voy a...!" Antes de que pudiera terminar, una voz madura teñida de evidente reproche resonó al otro lado: "¡Xingge, esto ya está fuera de lugar! Tu tío te ha visto crecer desde que eras un crío; solo vengo a tomarme dos cuencos de licor, ¿cómo que ando armando escándalo?" "¿Eh? ¿Tío Wang?" Ye Xingge se quedó atónito y apresuró el paso hacia la entrada: "Tío Wang, ¿qué hace por aquí? Hace un momento me topé con una pedigüeña descarada que comió gratis, bebió gratis y encima pretendía salirse con la suya; por eso hablé de malas maneras. Tío Wang, pase rápido y siéntese..." La puerta se abrió y reveló a un alguacil vestido de túnica verde, con un sable oficial suspendido de la cintura, bigote con puntas caídas en forma del carácter ocho y un fajo de papeles bajo el brazo. Se llamaba Wang Shouyin, y era nada menos que el jefe de la guardia del juzgado del Condado de Qingxi. Al cruzar el umbral, soltó un prolongado suspiro: "Últimamente el mundo anda desquiciado; se ve de todo. Hoy mismo un grupo de rebeldes intentó colarse en la capital para perpetrar un regicidio y asesinar al emperador. ¡Casi me dejo las piernas de tanto correr de un lado a otro...!" Ye Xingge le sirvió un generoso cuenco de buen licor: "¿Tanto así? ¿Quién tuvo semejante osadía?" "Fue Yang Tuyan, del gran desierto, un remanente del ejército rebelde. Hoy fue avistado por los alrededores del Vado Shangjin..." Wang Shouyin tomó el cuenco y bebió un par de tragos de golpe (\*¡glug, glug!\*), secándose los labios con la manga: "¡Pero tu tío no ha venido esta noche a hablarte de eso, sino a darte una buena noticia!" "¿Ah, sí?" Ye Xingge inquirió con asombro: "¿Cuando el tío Wang aparece por la puerta puede traer una buena noticia?" Wang Shouyin enarcó las cejas: "¿Me estás diciendo que tu tío solo sabe venir a comer y beber de gorra?" "Para nada, pero siendo un oficial de la ley, nunca visita un lugar sin motivo. ¿Qué buena noticia trae el tío Wang?" "¿Has oído hablar de la líder de la Sociedad Shanhe? Esa temible mujer que ocupa el decimonoveno puesto bajo el cielo, apodada en el Jianghu como 'Rojo Pleno'..." "Eh..." La expresión de Ye Xingge se congeló por un instante, y levantó la vista para mirar al viejo Wang: "La he oído mentar... ¿Acaso... acaso la atraparon?" "Aún no, ¡pero poco le falta...!" ... \----- • Novela: Baladas Nocturnas / 夜夜行歌 (Yè Yè Xíng Gē) • Autor: Guan Guan Gongzi (关关公子) • Traductor: Inmensurable 🗡️ ¡Compañero(a) del Jianghu, deja tu reacción y comentario para apoyar el viaje marcial de los próximos capítulos! ¡Tu apoyo es el filo de nuestra espada y el aliento de esta historia! ¡Que tus pasos en el mundo marcial sean gloriosos! ⚔️
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Estás leyendo el capítulo 1 de Baladas Nocturnas (Novela), un novela. Transmigré al imperio del Gran Yan y nací entre la gente común de las calles. Siendo un humilde plebeyo y blandiendo una espada de tres pies, barrí todo el _jianghu_. Hoy en día he alcanzado la más alta posición en la… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Baladas Nocturnas (Novela) tiene 75 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.