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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 824 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Tierra oscura y fértil caía en cascada, cubriendo la modesta tumba que se alzaba bajo ella como el cielo nocturno invasor en la culminación de la existencia, ocultando una muerte eterna. La deidad nacida del silencio que envolvía todas las cosas ahora yacía en reposo, en el preciso instante en que el mundo se acercaba a su fin, transformándose en un humilde montículo en la cima de una colina. Una brisa caótica azotaba la oscuridad, acariciando con ternura el pequeño montículo de tierra. Flores silvestres y hierbas sin nombre que lo adornaban danzaban con el viento, produciendo un suave susurro. De pie entre las ráfagas, Duncan aferraba su pala, con la mirada fija en el recién formado montículo de tierra frente a él. Luego examinó los alrededores: la deidad de la muerte no había dispuesto una lápida para sí misma y no había materiales en los alrededores que pudieran usarse para fabricar una. Con una acción decisiva, Duncan clavó la pala, anteriormente utilizada para cavar, en el suelo frente al montículo, estabilizándola con tierra en su base para que sirviera como un marcador improvisado. Después de hacer esto, inhaló profundamente y puso su mano sobre el mango de la pala una última vez. Un sutil resplandor verdoso, mezclado con la tenue luz de estrellas distantes, emanó de sus dedos, envolviendo gradualmente la improvisada “lápida” de la deidad de la muerte antes de desvanecerse. “Que descanses en paz, Bartok, hasta que nos volvamos a encontrar” murmuró Duncan suavemente, mientras su forma se disolvía gradualmente en el viento. El viento turbulento se transformó en un breve grito, mientras la luz y la sombra emergían de la oscuridad y se reunían rápidamente. Tras experimentar un instante de ingravidez y un cambio de percepción, Duncan sintió que la tierra volvía a solidificarse bajo sus pies, y el paisaje a su alrededor se iluminó rápidamente. La majestuosa Puerta de la Muerte aún se alzaba, inquebrantable, en medio del devastado y rocoso desierto. Ante la puerta triangular, la imponente figura sentada en el oscuro trono se desmoronó silenciosamente, como un sueño fragmentado que se disipa al amanecer. La presencia invisible, envuelta en una túnica negra, se dispersó con el viento, y la túnica misma descendió como la noche, descomponiéndose y erosionándose hasta la nada. Entre los fragmentos negros y el polvo dispersos, solo una delicada luz verdosa, combinada con la tenue luz de las estrellas, parpadeaba en la brisa. Duncan inclinó la cabeza, notando que el borde del reloj de arena que sostenía brillaba tenuemente, con vagos susurros que parecían resonar a su lado. Comprendiendo algo profundo, avanzó y colocó el antiguo pero finamente elaborado reloj de arena junto al trono, antaño ocupado por la deidad de la muerte. Al retirarse, vio a Agatha de pie en silencio, con la mirada fija en el trono ahora vacío. Tras un lapso indeterminado, la "Guardiana", nacida de ilusiones, giró lentamente la cabeza; sus ojos reflejaban una mezcla de emociones complejas: "¿Ha encontrado la paz? " “Sí , lo acompañé en su último viaje” respondió Duncan con amabilidad, y luego añadió”: El reloj de arena alberga un fragmento de su esencia. Lo he colocado junto al trono, para asegurar que la Iglesia de la Muerte del reino mortal aún pueda acceder momentáneamente a algunas 'bendiciones'... seguirán necesitándolas. La respuesta de Agatha fue un asentimiento lento y deliberado. Parecía estar a punto de articular una cascada de pensamientos y emociones, pero las palabras la eludían. En lugar de palabras, su agitación interior encontró expresión en un suave suspiro tan débil que apenas removió el aire. “Ha llegado la hora de regresar” entonó Duncan, con una voz seria que insinuaba la urgencia de la situación. “La cuenta regresiva final ha comenzado. Debemos regresar al nodo de la Reina Leviatán sin demora. Reconociendo la directiva de Duncan con un suave zumbido, Agatha dirigió su mirada hacia el camino por el que habían venido, solo para contemplar una extensión desolada de piedras rotas que se extendían hasta el horizonte, desprovistas de cualquier característica discernible que marcara su camino. La oscuridad circundante parecía apoderarse por completo de este dominio silencioso, un reino donde los caminos que una vez recorrieron los muertos no ofrecían ninguna vía de regreso. Sin embargo, en ese momento de desesperación, se produjo un cambio sorprendente. Los enigmáticos "Guardianes" que rodeaban el trono del Dios de la Muerte comenzaron a despertar. Estos espectros silenciosos y monolíticos iniciaron una solemne procesión, alzando las manos uno a uno. Señalaron hacia la oscuridad, de la cual surgió una iluminación crepuscular, que serpenteaba por el aire en la dirección que indicaban. Esta luz parecía concentrarse y fluir invisible, abriendo un camino a través del páramo. Guiado por el silencioso decreto de estos imponentes fantasmas, un sendero se materializó en medio de la desolación, bañado por un suave resplandor crepuscular. A lo largo de sus bordes, flores silvestres sin nombre florecieron, sus pétalos meciéndose suavemente con la brisa. Por primera vez en este dominio de la muerte, cuando las maquinaciones de la mortalidad cesaron y el Dios de la Muerte yacía en reposo, se reveló un camino de regreso al reino de los vivos. Al presenciar esta milagrosa aparición, Agatha solo pudo contemplarla con asombro. Sus ojos buscaron instintivamente al Guardián que los había guiado inicialmente, encontrándolo en una silenciosa despedida, con un gesto solemne: Vete y nunca más permanezcas en el reino de la muerte. Siguiendo este consejo silencioso, ella, junto con Duncan, se embarcó en el camino recién formado, dejando atrás el páramo desolado. Su viaje de regreso estuvo marcado por la soledad, con solo alguna ráfaga de viento ocasional como compañía. El páramo se fue alejando gradualmente de la vista, dando paso a la familiar visión de hierbas silvestres, blancas y negras, sin nombre, meciéndose en el desierto. A medida que avanzaban, las imponentes siluetas de los Desaparecidos y la Estrella Brillante se alzaban en la distancia. Al acercarse a estos puntos de referencia, Duncan y Agatha se encontraron de nuevo en su punto de partida. El barco de papel los esperaba, con Lucrecia de pie en la proa, con una expresión que mezclaba desconcierto y sorpresa. Al ver a Duncan, arqueó las cejas con asombro antes de saltar a saludarlos. “¿Has estado aquí todo el tiempo?” preguntó Duncan, desconcertado al ver a la “Bruja del Mar”, que parecía casi inmóvil. “Nuestra ausencia fue prolongada... “Te fuiste hace apenas unos minutos” respondió Lucretia, con un asombro similar al de Duncan. “En cuanto tú y Agatha desaparecieron tras una cortina de luz crepuscular, han regresado como de la nada. Temí que se hubieran visto envueltos en un aprieto inesperado. "¿ Unos minutos?" Duncan frunció el ceño ante esta revelación, pero rápidamente dejó de lado su desconcierto. Dada la serie de eventos extraordinarios que habían encontrado, tales anomalías se habían vuelto casi rutinarias. “ Nuestra tarea está completa”, declaró con firmeza. “Partiremos de inmediato”. La mirada de Lucretia oscilaba entre Duncan y Agatha, presentiendo que el dúo había vivido una saga épica en lo que, para ella, le habían parecido apenas unos minutos. Sin embargo, se abstuvo de indagar más, asintiendo sutilmente: “De acuerdo”. … A medida que las pálidas llamas del brasero se apagaban, los suaves e indistintos susurros que resonaban en su mente también se desvanecieron. Agatha, quien se encontraba arrodillada en postura meditativa en el santuario de la sala de oración, levantó la cabeza, guiada por una sutil intuición, y dirigió su atención al espejo que tenía junto a ella. Con los ojos vendados, se le privó de la visión convencional; sin embargo, esta limitación le otorgó una mayor claridad espiritual. Esta percepción única le reveló la esencia de otras dimensiones, reinos más allá del alcance del ojo común. Reflejada en el espejo, percibió una visión fugaz pero profunda: una tumba solitaria en un paisaje desolado y oscuro, con la luz del crepúsculo menguando en el horizonte. Este vistazo efímero a otra realidad fue fugaz, pero su mensaje fue claro y resonante para Agatha, quien desempeñaba el doble papel de joven Guardiana y Arzobispo. Comprendió las graves implicaciones de lo que representaba esta escena. En silencio, continuó arrodillada ante la estatua sagrada y, tras un breve momento de contemplación, inclinó la cabeza una vez más, reanudando sus oraciones silenciosas. Sus labios se movían en silencio, ofreciendo bendiciones para quienes habían pasado de este mundo al otro. Su oración, concisa pero conmovedora, fue recitada tres veces. Levantándose con gracia de su postura arrodillada, Agatha se acercó a un estante cercano. De una caja de madera, seleccionó una flor seca, de pétalos pálidos y delicados, y la colocó junto al candelabro que se alzaba ante la imagen de la santidad. Afuera, los sonidos ambientales de la inquietud de la ciudad impregnaban las paredes de la iglesia, una cacofonía distante del tumulto incesante de la vida. Se oyeron pasos apresurados y decididos desde el pasillo. Al poco rato, la voz de un clérigo resonó justo afuera del santuario: “Arzobispo, ¿está presente?”. “ Entra”, la voz de Agatha tenía una autoridad tranquila. La puerta de la sala de oración se abrió de golpe, revelando a un clérigo de mediana edad. Su cabello corto y oscuro, y las vendas que cubrían la mitad de su rostro, le daban una apariencia distintiva. Su atención fue inmediatamente captada por la flor blanca colocada solemnemente ante la figura sagrada. Frunció el ceño al observar la flor, con una sensación de significado acuciante en lo más profundo de su conciencia. Había una pregunta que hacerse, un significado que descifrar, pero se le escapaba, dejando su mirada nublada por la confusión y la incomprensión. Agatha, percibiendo su perplejidad, se colocó de tal manera que quedó entre él y la simbólica flor blanca. “¿Qué te preocupa?” preguntó ella, con una voz que expresaba al mismo tiempo curiosidad y autoridad. La confusión del clérigo se intensificó brevemente antes de que recuperara la claridad. Transmitió rápidamente su mensaje: “Arzobispo, un nuevo grupo ha llegado a la catedral buscando refugio y orientación. Son como una docena. Siguiendo sus instrucciones, he enviado a Mark y a la hermana Natasha a darles la bienvenida”. “Entendido” asintió Agatha con un gesto, con aire sereno. Luego indagó con más detalle, con un tono despreocupado que delataba la profunda preocupación”: ¿Qué puede decirme de estos recién llegados? ¿De dónde vienen? “ Están bastante angustiados, atrapados en un torbellino de miedo y confusión, luchando por expresar la naturaleza de su angustia”, comenzó. “El que parece estar en mejor forma compartió que experimentó un repentino despertar hoy temprano. Para su alarma, descubrió que muchos aspectos de su entorno le parecían profundamente extraños. Los rostros familiares y amigos ahora le parecían extraños y, de manera inquietante, aterradores. Abrumado por el miedo, buscó refugio en una capilla local, donde se encontró con otros en situaciones similares”. “ El sacerdote residente en la capilla actuó de inmediato, ofreciéndoles consuelo y bendiciones para calmar sus espíritus, antes de asignar dos guardianes para que los guiaran de forma segura a través de la ciudad hasta nuestra puerta”. Sus orígenes son diversos: la mayoría proviene de barrios cercanos al puerto sur y algunos de las inmediaciones del cementerio. Parecen no tener vínculos previos, sin conocidos ni rasgos comunes en sus orígenes… Agatha asimiló el relato del clérigo con serenidad, y su respuesta fue un silencioso asentimiento. “Las autoridades municipales harán los arreglos más adelante. Hay alojamiento provisional preparado al pie de la montaña”. “ Entendido”, dijo el clérigo, e hizo una pausa, con la mirada fija en Agatha con una mezcla de vacilación y preocupación. Parecía escudriñar el rostro del arzobispo interino en busca de pistas, indeciso sobre qué pensar. “Arzobispo, ¿puede aclararnos qué está pasando? Estos episodios han aumentado en frecuencia, afectando incluso a la iglesia…” “John” intervino Agatha, y su tono impidió más preguntas”, ¿recuerdas la orientación que le ofrecí a nuestra congregación anteayer? Un cambio cruzó el rostro del clérigo mientras asentía en señal de reconocimiento. Agatha continuó, con una voz imbuida de una determinación serena pero firme. “No puedo darte la claridad que buscas en este momento, por la sencilla razón de que las explicaciones te eludirían, al igual que esas voces permanecen ocultas para ti. Sin embargo, si de repente “despiertas”, no te dejes llevar por el miedo. Dirígete directamente al santuario interior. Allí encontrarás a alguien dispuesto a guiarte y ayudarte en lo que venga”.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 824

Estás leyendo el capítulo 824 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.