Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 728 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Duncan confiaba en su memoria: recordaba con claridad la apariencia de la piedra que Dog había lanzado antes. Ahora, estaba seguro de que la piedra en la mano de Alice era la misma.
Dog, desconcertado por esta revelación, miró con incredulidad la piedra que la muñeca sostenía. Con la voz teñida de asombro, exclamó: "¿Qué probabilidades hay de que simplemente haya caído en tus manos?".
Alice lo corrigió rápidamente, negando con la cabeza vigorosamente. Su rostro era un libro abierto de sinceridad mientras explicaba: “No, no fue así. De hecho, fui a recogerlo yo misma”.
Shirley, al oír esto, pareció como si hubiera visto un fantasma. Sus ojos estaban fijos en la muñeca, abiertos por la sorpresa y la confusión. "¿Fuiste a recogerla?", repitió, con la voz apenas por encima de un susurro. No pudo ocultar su desconcierto al continuar: "¿Pero cómo? Según lo que dijo Dog, ¿no debería esa piedra haberse perdido para siempre en algún rincón del abismo?"
Alice dudó un momento, como si buscara las palabras adecuadas para describir una experiencia que ni ella misma podía comprender del todo. Usó las manos para enfatizar su punto, diciendo: "¿Recuerdas cómo especulábamos sobre dónde podrían acabar las cosas si caían de aquí? Bueno, me dio curiosidad la piedra y, de alguna manera, la encontré y la recogí... así sin más".
Mientras hablaba, Alice imitó con naturalidad la acción de coger algo del aire, haciéndolo parecer tan natural y sin esfuerzo como respirar. Su explicación fue tan simple y a la vez tan desconcertante que no solo Shirley, sino incluso Dog, se quedaron perplejos.
Pero Duncan, que había estado observando en silencio desde la distancia, de repente tuvo un momento de claridad. Frunció el ceño mientras ataba los cabos.
Recordó su viaje a través de la extensión estancada del cielo estrellado, recordando ejemplos del comportamiento inusual de Alice, y una pieza crucial de información encajó: ¡LH-03, la computadora central de navegación!
Con una nueva comprensión en su rostro, Duncan rápidamente tomó otra piedra. Se la mostró a Alice antes de lanzarla al oscuro vacío más allá de su isla flotante.
Al igual que antes, la piedra desapareció a unos metros de distancia, tragada por la oscuridad.
Duncan se volvió hacia Alice con la mirada fija. "¿Sabes dónde cayó? ¿Puedes traerlo de vuelta?"
Antes de que pudiera terminar la frase, Alice levantó la mano triunfante, revelando una pequeña piedra negra. Sonrió con orgullo, presentándosela como un regalo preciado: "¡Para ti, piedra!".
A pesar de sus sospechas iniciales, Duncan no pudo evitar sentir una oleada de asombro. Observó, atónito, cómo la muñeca sacaba la piedra sin esfuerzo. Todo el proceso era un misterio: nadie, ni siquiera Duncan, vio cómo Alice logró "recuperarla".
Fue como si los pasos de “localizar”, “navegar hasta” y “recuperar” la piedra se hubieran comprimido en un único instante inobservable, dejando solo el resultado final para que lo presenciaran.
Shirley, que estaba parada cerca, no pudo contener su asombro y soltó: "Maldita sea, eso es una locura..."
Al ver un cambio en el comportamiento de su capitán, Dog giró la cabeza, perplejo. "¿Entiendes cómo lo hizo?"
La expresión de Duncan se tornó seria. Tras un momento de reflexión, asintió lentamente, con un deje de gravedad en su voz, al revelar: “...Alice podría tener otra identidad. Podría ser conocida como 'LH-03'“.
Dog y Shirley, ambos completamente desconcertados por los acontecimientos que se desarrollaban, no pudieron evitar expresar su asombro simultáneamente, sus palabras haciéndose eco unas a otras: "... Maldita sea, eso es simplemente indignante..."
Duncan, sin embargo, parecía menos inclinado a insistir en su asombro. Con un gesto de la mano, sugirió: “Podemos profundizar en este asunto más tarde. Quizás obtengamos más información después de encontrarnos con el Señor del Inframundo”. Pero su atención se desvió rápidamente del desconcierto del grupo a la tarea en cuestión, dirigiéndose a Alice con una pregunta práctica: “¿Puedes guiarnos hasta el fondo?”.
Alicia, en respuesta, se detuvo pensativa. Caminó lentamente hasta el borde mismo de su tierra fragmentada, con la mirada perdida en la inmensidad de la oscuridad. Las luces distantes, como estrellas, parecieron captar su atención mientras permanecía allí absorta en profunda contemplación.
Tras un silencio considerable, se apartó un par de pasos del borde, señalando el inmenso vacío que se extendía más allá de su isla flotante. Su voz era cautelosa pero clara: “Allí afuera hay numerosas líneas y “caminos”, algunos serpenteando hacia abajo. Creo que podemos seguirlos para descender... pero no estoy segura de cómo llevarte conmigo”.
Apenas terminó de hablar, Duncan se acercó, despertado por la curiosidad. "Déjame echar un vistazo", dijo.
Mientras hablaba, Duncan colocó suavemente su mano sobre el hombro de Alice. Al mismo tiempo, una llama verdosa, como un fantasma, se encendió en las profundidades de los ojos de Alice.
De repente, una vasta, intrincada y casi intimidante red de estructuras se reveló ante los ojos de Duncan.
Estaba viendo el mundo a través de la perspectiva de la muñeca, o al menos una parte de él.
En esta nueva visión, Duncan observó una miríada de finas líneas filiformes que se originaban en las profundidades del abismo y se elevaban hasta conectar con el antiguo y estancado cielo estrellado. Observó los innumerables senderos que se entrecruzaban entre las estrellas, algunos descendiendo, otros desapareciendo en el cielo profundo. Más allá del oscuro vacío que rodeaba su isla, apenas podía distinguir estructuras sombrías, similares a tubos. Estos tubos giraban y giraban, alterando continuamente su forma, como una red de "caminos" erráticos que resultaban desorientadores e imposibles de comprender por completo.
La expresión de Duncan se tornó preocupada. Podía ver esta inmensa red de líneas y pasadizos, pero eso era todo: solo "ver". No podía discernir ningún patrón específico ni esperar rastrear rápidamente el origen o el destino de ningún camino. La caótica red en el abismo se le apareció como un "bloque de datos cifrados": incomprensible y sin sentido.
Sin embargo, a través de la conexión con la llama etérea, podía sentir vagamente el estado mental de Alice: ella no estaba abrumada por la vasta complejidad de su visión.
Para ella, todo parecía ordenado. Los caminos anudados en el cielo estrellado y la red laberíntica de líneas en el oscuro vacío, capaces de llevar a las mentes más brillantes del mundo al borde de la locura, le parecían manejables. Era como si pudiera calcular sin esfuerzo el principio y el final de cualquier camino.
Incluso en ese momento, ella estaba procesando continuamente, involucrada en una monumental tarea de cálculo, tan profunda y constante que estaba más allá de su propia conciencia, retumbando en el núcleo de su conciencia.
Mientras Duncan parpadeaba y veía innumerables líneas que se abrían paso a través del abismo, notó que Alice giraba ligeramente la cabeza, con una expresión aturdida en el rostro. Le ofreció una sonrisa suave y enigmática, sin pronunciar palabra, pero su voz resonó directamente en su mente.
La voz suave y serena de una mujer, que recordaba a la transmisión automatizada de un sistema, llenó el aire. Resonaba con claridad, detallando el complejo funcionamiento de la base de datos de navegación de la Nueva Esperanza. “Bienvenidos a la base de datos de navegación de la Nueva Esperanza”, comenzaba, con un tono clínico pero reconfortante. “Esta base de datos es un repositorio de las características gravitacionales y los parámetros de calibración de miles de millones de estrellas. Posee la capacidad de calcular en tiempo real los cambios de posición relativos de cualquier cuerpo celeste en la inmensidad del espacio profundo. Esto permite la calibración precisa de los mapas estelares… Nuestro viaje a través de las estrellas, que nos impulsa hacia nuestro nuevo hogar a la velocidad de la luz, queda registrado aquí… Estamos destinados a sobrevivir, a reconstruir el mundo de nuestros queridos días…”.
A medida que la voz continuaba, su claridad comenzó a disminuir, gradualmente impregnada de estática. Las palabras comenzaron a demorarse, con tonos discordantes y cada vez más indistintos, hasta que se desvanecieron por completo, perdidas en un susurro inaudible.
Mientras tanto, Alice permaneció fija en la oscura extensión más allá de la isla flotante, de espaldas a los demás, evidentemente no la fuente de la misteriosa voz.
Duncan, al observar esto, levantó la mano, cortando el vínculo de la llama etérea que lo conectaba con Alice. Al hacerlo, la abrumadora visión de líneas y canales tubulares que había llenado su visión se desvaneció al instante.
Al darse la vuelta, el rostro de Alice se iluminó con una sonrisa radiante y alegre. “Capitán, ¿lo vio? Tenía razón, ¿verdad?”, preguntó con entusiasmo.
“Sí que lo vi” respondió Duncan, respirando hondo y fijando la mirada seria en la muñeca. “Pero parece que eres la única que puede guiarnos en lo que viene después” dijo, reconociendo su habilidad única. “Tú nos guías hacia abajo.
Alice se detuvo un momento, con un destello de incertidumbre en el rostro. "Pero no sé cómo traer gente conmigo...", admitió.
Duncan la tranquilizó: “Está bien, lo entiendo. Te seguiremos. Solo confía en tu instinto y procede sin dudar. ¿Puedes hacerlo?”
Alice, al percibir la gravedad de la expresión seria y solemne del capitán, sintió una oleada de nerviosismo, pero finalmente asintió; su expresión reflejaba la seriedad de él. "¡Sí, puedo!"
Con un leve asentimiento, Duncan retrocedió un paso y extendió los brazos. Una llama verde pálido comenzó a elevarse de él, ascendiendo en espiral antes de extenderse gradualmente hacia Shirley, Dog y Alice.
Basándose en su experiencia previa de fusión con Ai, Duncan preparó mentalmente a Shirley: "Relájate, no tengas miedo", le recordó suavemente.
La voz de Shirley respondió rápidamente desde un lado, con una mezcla evidente de bravuconería y nerviosismo. "¡N-no tengo miedo!", declaró. "¡Es Dog el que tiene miedo!"
El perro, con los huesos ligeramente crujidos por el temblor, protestó con tono rígido: “No digas tonterías, estoy tranquilo. ¡El capitán sabe lo que hace!”.
Con un gesto desenfadado de la cabeza y una sonrisa, Duncan miró a Alice. “Vámonos”, dijo, señalando el inicio de su viaje.
Alice asintió en señal de acuerdo y, sin dudarlo un momento, comenzó a caminar hacia el vasto vacío que se encontraba más allá de la isla flotante.
La llama verde, ardiendo con determinación, desapareció en la oscuridad envolvente.
Simultáneamente, en una realidad distante, en las profundidades de la Isla Sagrada, Lucrecia y Morris montaban guardia cerca de la siniestra puerta negra. De repente, oyeron un extraño y profundo estruendo. Parecía provenir del interior de la puerta, vibrando a través de la superficie, similar al mercurio y lentamente ondulante, del panel de la puerta, completamente negro, y resonando en capas por la caverna.
Por un breve instante, Morris creyó oír una serie de palabras indistintas entre el estruendo. Se esforzó por escuchar, apenas distinguiendo algunas frases fragmentadas: “LH-03... reconectando...”.
Sacudido de repente de su ensoñación, el anciano erudito se volvió hacia su compañero con urgencia. "¿Oíste a alguien hablar?", preguntó con una mezcla de curiosidad y preocupación en la voz mientras miraba a la "Bruja del Mar" que estaba a su lado.
Lucrecia negó rápidamente con la cabeza, con la atención fija en la amenazante puerta negra que se movía constantemente. "No", respondió con firmeza, pero con una creciente aprensión. "Pero siento... que algo está a punto de surgir de ahí".
En ese preciso instante, Morris, quien también estaba con ellos, sintió un escalofrío. Podía percibir entidades malévolas y enloquecidas cerca. Parecía como si seres caóticos y frenéticos hubieran descubierto por fin una brecha en su realidad y se dirigieran hacia ella con avidez.
Dejando a un lado sus dudas por un momento, Morris centró su atención en la escena que se desarrollaba ante ellos. De la oscuridad retorcida de la puerta, una figura comenzó a emerger: un demonio retorcido y grotesco, surgido de las profundidades del abismo, se esforzaba por salir, distorsionando su forma al entrar en su dimensión.
Lucrecia reaccionó al instante, con movimientos rápidos y decididos. Levantó su batuta, que, en un destello de gélida luz negra, se transformó en una guadaña, brillando con un aura fría y mortal. Morris, mientras tanto, quedó desconcertado por la aparición del demonio.
Este fue su primer encuentro con un demonio de este tipo invadiendo su realidad, y su forma no se parecía a nada que hubiera visto antes.
Después de un breve momento de shock, Morris intercambió una rápida mirada de comprensión con Lucretia.
“¿ Por qué este cuervo de la muerte solo tiene una pata?”, preguntó, con una voz cargada de desconcierto y un matiz de curiosidad morbosa.
La respuesta de Lucrecia fue pragmática, centrada únicamente en la amenaza que se cernía sobre ellos. “No sé... Matémoslo primero”, declaró con tono decidido.
" De acuerdo", asintió Morris, preparándose para la inminente confrontación.

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Ascuas de aguas profundas (Novela)
Capítulo 729
Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 728
Estás leyendo el capítulo 728 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.