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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 723 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En la inquietante quietud de la noche, el cielo, que había adquirido la apariencia de una sólida cúpula tachonada de estrellas, cobró vida de repente. Llamas verdes fantasmales, que recordaban a estrellas fugaces, descendieron de este dosel celestial. Cruzaron el firmamento, dejando brillantes rastros a su paso, antes de precipitarse sobre la desolada llanura, un paisaje salpicado de rocas extrañas y de formas peculiares. Al descender, estas llamas estallaron en una espectacular explosión en el aire. De entre esta cascada de luz parpadeante, emergieron dos figuras: Duncan y Alice. Aterrizaron en este mundo alienígena, con los pies tocando el suelo de un paisaje desconocido e inexplorado. En los fugaces instantes previos a que la luz de las llamas se apagara por completo, la aguda mirada de Duncan vislumbró algo peculiar. En el extremo lejano del lugar de aterrizaje, observó un grupo de extrañas siluetas retorcidas: una reunión de una docena de demonios de las sombras. Estas criaturas, desorientadas por razones desconocidas, permanecían a distancia; su presencia añadía un aura inquietante al entorno. Se produjo un enfrentamiento silencioso entre Duncan, Alice y estos demonios, cargando el aire con una tensión tácita. El silencio fue interrumpido abruptamente por Alice, quien tardó más en comprender la situación. Exclamó con una mezcla de sorpresa y alarma: "¡Capitán! ¡Estamos rodeados!". Duncan respondió con indiferencia: “Ya veo”. Su actitud, tranquila pero alerta, estaba lista para enfrentarse a estas entidades demoníacas. Estas criaturas diferían notablemente de los demonios de las sombras que Duncan había encontrado previamente en la dimensión real, conjurados por el Culto de la Aniquilación. Estos seres presentaban distorsiones más grotescas, con extremidades retorcidas en ángulos antinaturales y cuerpos plagados de inquietantes dislocaciones y fracturas. Particularmente intimidante era un demonio cráneo flotante, con la cabeza destrozada por un enorme agujero, lo que representaba un desafío formidable. Duncan sabía que cuanto más deformada era la apariencia de un demonio de las sombras, más poderoso probablemente era. Los demonios que tenía ante él estaban tan retorcidos que parecían a punto de estallar en cualquier momento, sugiriendo que eran entidades formidables provenientes de las profundidades del abismo, mucho más amenazantes que los demonios menores que había ahuyentado fácilmente en el mundo real... Pero, mientras Duncan se preparaba para la confrontación, el grupo de seres monstruosos entró repentinamente en acción en un giro inesperado. Emitiendo una cacofonía de rugidos y ruidos guturales, se dispersaron en una carrera frenética, desapareciendo casi al instante. Solo quedaron unos pocos, cojeando o demasiado lentos para moverse con rapidez. Tomemos como ejemplo al formidable demonio calavera. A pesar de su capacidad de volar, se tambaleaba erráticamente en el aire, como un viejo motor diésel averiado. Una nube de humo negro emergía del agujero de su cráneo y se estrelló contra el suelo, forcejeando un momento antes de volver a despegar. Este proceso se repitió, y el demonio apenas logró recorrer seis metros en treinta segundos, prácticamente tambaleándose en el mismo lugar. Duncan y Alice intercambiaron miradas perplejas, sus expresiones reflejaban el desconcierto del otro. Tras una breve pausa, la atención de Duncan se centró en la caótica escena al borde del lugar de aterrizaje. El suelo estaba sembrado de restos casi irreconocibles, esparcidos entre fosas y trincheras. Polvo y humo se elevaban de estas marcas de devastación, donde profundos hoyos y surcos marcaban el suelo como si hubiera sido raspado salvajemente por una fuerza inmensa y aplastante. Esta escena de destrucción era evidente por todas partes, narrando la historia de un violento encuentro que había precedido a su llegada. Este paisaje, marcado y devastado, guardaba los secretos de una feroz batalla, quizás una que tuvo lugar justo antes de su desembarco. Los restos, ahora parte del terreno, se mezclaban con el polvo, pintando la imagen de un evento reciente y tumultuoso. El suelo mismo parecía haber sido desgarrado, con capas arrancadas bajo el inmenso poder de lo que hubiera ocurrido allí. Duncan y Alice permanecieron en medio del caos, con un presentimiento flotando en el aire. La rápida dispersión de los demonios de las sombras, sumada a la evidencia de una lucha reciente, sugería que algo mucho más amenazante que estos demonios había causado esta destrucción. La pregunta ahora era qué había sucedido allí y, aún más importante, qué acechaba aún en las sombras de este mundo misterioso y desolado. Inicialmente, Duncan había asumido que el peculiar paisaje que lo rodeaba era simplemente la naturaleza intrínseca de este reino sombrío, a menudo llamado un "páramo fragmentado". Sin embargo, al observar la zona con más atención, una escalofriante revelación lo asaltó: no se trataba simplemente de un paisaje natural, sino de las consecuencias de un conflicto brutal. Los restos de demonios de las sombras dispersos por el terreno indicaban un encuentro violento reciente. Los pocos demonios que habían visto antes probablemente eran supervivientes, con la suerte de escapar de la aniquilación total. " Sus deformidades... no nacieron así. Alguien o algo los retorció y destrozó", reflexionó Duncan, reconstruyendo la sombría evidencia que tenía ante sí. Alice, finalmente comprendiendo la gravedad del entorno, jadeó de horror al ver los restos esqueléticos negros esparcidos en un cráter cercano. Se aferró al brazo de Duncan, con la voz teñida de alarma: "¡Capitán! ¡Este lugar... está lleno de restos de demonios!" Al observar los lamentables intentos del demonio calavera por volar y a los cuervos de la muerte heridos cojeando sobre una pata, Duncan asintió solemnemente: "...Entonces, este territorio ya ha sido disputado..." Alice, visiblemente inquieta ante el inquietante entorno, preguntó con voz temblorosa: "¿Quién pudo haber hecho esto? ¿Es este nivel de violencia común entre los demonios de las sombras?" Duncan no respondió de inmediato. En cambio, se arrodilló para examinar un fragmento de hueso carbonizado. Luego, abriendo la palma de la mano sobre él, observó cómo una tenue chispa verde, espectral, ascendía del fragmento y se posaba suavemente en su mano. Esta chispa sutil parecía llevar consigo los ecos y “recuerdos” de la feroz batalla que se había desarrollado allí recientemente. Tras una pausa contemplativa, Duncan rompió el silencio, con la mirada fija en el horizonte desolado: “Eran Shirley y Dog. Estuvieron aquí antes que nosotros... Estas huellas son inconfundiblemente suyas”. Alice, con el rostro convertido en una máscara de confusión, se tomó un momento para procesar esta información antes de responder con sorpresa: “…¿Shirley y Dog son realmente tan poderosos?” La expresión de Duncan se ensombreció, frunciendo el ceño con preocupación. “Algo ha cambiado en ellos, algo significativo... Sobre todo en Shirley. Hay algo inquietante en su presencia ahora”. Mientras hablaba, los ojos de Duncan siguieron las persistentes "huellas" de Shirley y Dog, que aún parecían moverse por el paisaje. Contempló la vasta y caótica extensión de esta dimensión. El antiguo y estancado cielo estrellado, una cúpula que abarcaba el abismo, se extendía sobre sus cabezas. Abajo, la tenue luz de las estrellas iluminaba islas fragmentadas que flotaban en este vacío caótico. Entre ellas se encontraba el "páramo" donde él y Alice se encontraban, solo una de las muchas islas rotas y flotantes que conformaban el "mar profundo del abismo demoníaco". Este reino era un tapiz de desolación y muerte, con innumerables islas fragmentadas suspendidas bajo un cielo estático y milenario. Dirigiéndose a Alice, Duncan preguntó: "¿Sientes algo inusual? ¿Ves u oyes algo fuera de lo común?" Alice se concentró por un momento, prestando atención a su entorno, antes de negar con la cabeza: "Nada por ahora". Con un murmullo contemplativo, Duncan asintió levemente y señaló en cierta dirección. “El rastro de Shirley y Dog lleva por ahí, y siguen en movimiento. Sigámoslos”. “¡De acuerdo!” Alice asintió de buena gana, siguiendo a Duncan. Mientras avanzaban, murmuró para sí misma, reflexionando sobre sus objetivos: “Shirley debe tener miedo... Suele ser bastante tímida... Dog también...”. Con un propósito claro, Duncan y Alice partieron hacia el horizonte lejano. Su presencia en este extraño paisaje parecía transitoria y discreta, como si simplemente estuvieran de paso sin intención de perturbar aún más el frágil equilibrio del lugar. Mientras tanto, el deforme demonio cráneo flotaba cerca, temblando levemente. El brillo rojo en las cuencas de sus ojos parpadeaba con incertidumbre. Mientras observaba a Duncan y a Alice desaparecer en la distancia, una nueva sensación se despertó en su mente simple y caótica; una sensación que, por primera vez, pudo identificarse como “alivio”. En otra parte del desolado paisaje, las secuelas del reciente caos aún eran evidentes. Un cuervo de la muerte, ahora mutilado con una sola pata y media ala, salió cojeando de entre los escombros. Unos cuantos demonios del miedo, casi aplastados, se escabullían entre las grietas del suelo. Y un puñado de sabuesos oscuros, casi destrozados, luchaban con dificultad por alejarse del lugar. En medio de esta calma inquietante, un largo apéndice con púas de hueso, parecido a una espada enorme, descendió repentinamente. Empaló a un demonio grotesco, que acababa de abrir la boca para rugir, inmovilizándolo sin piedad contra el suelo. La extremidad continuó entonces su implacable marcha por el desierto. Adornando estas doce extremidades simétricas se encontraban innumerables criaturas demoníacas, grandes y pequeñas, retorcidas y aterradoras, ensartadas como trofeos macabros. Algunos de estos demonios aún se retorcían y gritaban de dolor, mientras que otros habían cesado por completo su movimiento, desintegrándose gradualmente en humo y convirtiéndose en polvo. La dueña de estas imponentes extremidades, indiferente al destino de las criaturas empaladas, había viajado lejos. Finalmente llegó al límite de esta tierra fragmentada. Esta isla aislada flotaba en medio de una oscuridad caótica, su borde era un precipicio hacia el vacío. Aquí, el terreno terminaba abruptamente, y una fina niebla se elevaba desde la tierra fracturada, envolviendo el borde de la isla en una capa arremolinada de nubes etéreas. Shirley, la portadora de las extremidades puntiagudas, se acercó con cautela a este límite. Sus apéndices con púas se aferraron a las grietas de la roca mientras observaba el borde de la tierra flotante, solo para retirar rápidamente la mirada. No había ningún otro lugar adonde ir. ¿Qué debería hacer a continuación? Ella permaneció inmóvil al borde del desierto, una figura parecida a una estatua aparentemente desprovista de vida. Sin embargo, los demonios que acechaban en las cercanías lo sabían mejor. Eran plenamente conscientes de que esta formidable y aterradora "forastera" estaba viva. Dentro de su pecho, construido de huesos entrelazados, dos corazones rojo oscuro y un grupo de llamas seguían latiendo lentamente, sin que su luz se extinguiera aún. El tiempo transcurrió indeterminadamente antes de que Shirley finalmente emergiera de su ensoñación. Maniobró sus extremidades para bajar su imponente figura, buscando un momento para sentarse y descansar. Después de varios intentos torpes, bajó lenta y cuidadosamente hasta una posición sentada, doblando meticulosamente sus alas gigantes con forma de hueso detrás de su espalda. Encaramada en lo alto de una gran roca, Shirley permanecía sentada con cierta distracción, alzando la mirada hacia el cielo estrellado, estancado y antiguo. El cielo presentaba un tapiz de estrellas frías y distantes, cada una testigo silenciosa de la desolación que reinaba abajo. Parecía una entidad grandiosa pero sin vida: un cadáver colosal tendido en el firmamento, con sus miles de millones de ojos estrellados observando fríamente el mundo que se extendía debajo. La vista era hipnótica por su belleza, pero también transmitía un aire de terror. Shirley sintió una sensación abrumadora, como si estuviera a punto de sumergirse en el denso tapiz de estrellas, fundiéndose con este cementerio celestial. Al mismo tiempo, sintió un peso opresivo, como si las propias estrellas la presionaran, anclando a este paisaje fracturado y desolado. Reflexionó sobre las palabras que podrían capturar esta escena paradójica y sus complejas emociones. El arrepentimiento la invadió al desear haber seguido el consejo del capitán de leer más. Quizás entonces no se quedaría sin palabras, luchando por articular sus pensamientos. Sin embargo, en medio de esta lucha, solo una frase acudió a su mente: “… Maldita sea, hermosa…” Su contemplación fue interrumpida bruscamente por el sonido de pasos que se acercaban, rompiendo el silencio e incitando a los demonios acechantes, que la habían estado observando con una mezcla de entusiasmo y vacilación, a retirarse finalmente. Al girar la cabeza lentamente, la mirada de Shirley se posó en un sabueso oscuro, como nunca antes había visto. De imponente estatura, su cuerpo esquelético estaba fragmentado, envuelto en una nube de humo negro, emergiendo de las sombras. La criatura se acercó con cautela, con las cuencas de sus ojos hundidas ardiendo con llamas verdes fantasmales. Exudaba nerviosismo e indecisión, deteniéndose a unos diez metros de distancia durante lo que pareció una eternidad. Luego, con pasos vacilantes, se acercó aún más, dejando finalmente algo que llevaba en la boca. “… Shirley, encontré algo para comer…” Esa frase, pronunciada en un tono tan familiar, resonó con un profundo sentido de reconocimiento dentro de ella.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 723

Estás leyendo el capítulo 723 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.