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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 704 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En el elegante y formal comedor de la cubierta superior, Duncan y Lucretia estaban sentados uno cerca del otro, con expresión severa. Frente a ellos, los dos cambiacabezas que acababan de invertir su anterior experimento de intercambio de cabezas los miraban. Luni parecía ansiosa e incómoda, con la mirada fija y nerviosa, mientras que Alice irradiaba una alegría natural y parecía casi arrepentida de que su inusual aventura hubiera terminado. Un profundo silencio se apoderó de la habitación hasta que Duncan, incapaz de soportarlo más, inició una conversación con una simple pregunta: "¿Lo están pasando bien?" Ante esto, Luni bajó la mirada al suelo y empezó a retorcerse los dedos nerviosamente, visiblemente avergonzada. En contraste, Alice respondió con un asentimiento entusiasta, con los ojos brillantes de emoción. "¡Fue divertido, Capitán! No lo entiendes, nuestras articulaciones del cuello son del mismo tamaño, ¡era como si estuvieran hechas para intercambiarse!" Duncan se estremeció levemente ante el comentario de Alice; su reacción se debía más a la ansiedad de Luni, que, curiosamente, le recordó algo. Se giró hacia Lucrecia, a quien llamaba cariñosamente la “Bruja del Mar”, y preguntó con curiosidad: “Cuando eras niña y te metías en problemas, ¿también jugueteabas así con los dedos?”. Lucrecia, desconcertada por el cambio de conversación, abrió los ojos ligeramente, con una mezcla de sorpresa y nostalgia en el rostro. "Eh... Eso fue cuando era muy joven...", tartamudeó, con su semblante serio vacilando un momento. "¿Te acuerdas de eso?" Duncan negó levemente con la cabeza, con una sutil sonrisa dibujada en sus labios. "No realmente, pero me parece un gesto familiar", confesó antes de aclararse la garganta y centrar su atención en los dos aventureros. "Entonces, ¿a quién se le ocurrió esta aventura?" Luni y Alice hablaron al mismo tiempo, sus voces se fundieron en una confesión culpable pero enérgica: “¡Shirley!” Duncan frunció el ceño confundido, “?” A medida que se desarrollaba la escena, la atmósfera en el comedor seguía tensa. Duncan y Lucretia seguían serios, pero ahora, además de los cambiacabezas, Shirley había sido llamada al grupo. Sentada frente al capitán y Lucretia, se le unió Dog, que yacía en el suelo junto a ella. Dog parecía luchar contra la culpa, murmurando: “No me mires, no es mi culpa, intenté detenerlos, pero no pude...”. Duncan lanzó una breve y penetrante mirada al Dog que murmuraba antes de concentrarse en Shirley. Recordó sus travesuras pasadas, como convencer a Alice de que le echara pegamento en el cuello, y suspiró para sus adentros, consciente de la necesidad de estar siempre alerta ante aquella alborotadora. “No tenías nada mejor que hacer que darles ideas tan imprudentes” suspiró Duncan, y su mirada se suavizó un poco al mirar a Shirley, quien se preparaba para una reprimenda. “Estamos navegando por el reino espiritual; esto no es como estar en tierra firme. Si se hubieran desorientado y caído al mar, ¿te habrías encargado de rescatarlos? Shirley parecía arrepentida y lista para recibir su reprimenda, pero entonces sus ojos se iluminaron con picardía ante las palabras de Duncan. "¿Entonces eso significa que podemos hacerlo en tierra?", preguntó con esperanza en la voz. Duncan, exasperado, respondió: "¿Acaso te escuchas a ti mismo?" Shirley sonrió tímidamente, luego su expresión se transformó en una sonrisa maliciosa mientras se inclinaba y susurraba conspirativamente: “No me culpe, Capitán. Piénselo, cuando los vio así por primera vez, ¿no le pareció intrigante? Dos muñecas capaces de separar sus cabezas, con articulaciones compatibles. Se trata de explorar, ¿verdad? Según la filosofía de Morris... ¿No le da un poco de curiosidad?” Sus palabras, entre la tentación y la curiosidad, flotaban en el aire como un susurro seductor de otra dimensión. Duncan sintió un tic en las cejas, señal de su conflicto interno, pero antes de que pudiera articular sus pensamientos, un suave murmullo a su lado rompió el silencio: “Tiene algo de sentido...”. El rostro de Duncan mostró una compleja mezcla de emociones al volverse hacia la fuente del murmullo. Lucrecia, que parecía algo avergonzada por su propia confesión, intentó rápidamente retractarse: “Por supuesto, tal comportamiento no es loable. Los experimentos deben realizarse con precaución y seguridad...”. A pesar de un breve momento de diversión, Duncan se recompuso rápidamente y se dirigió con severidad a los dos cambiacabezas con tono paternal: “No jueguen más así, al menos no en la nave; es peligroso. ¿Entendido?”. Sus respuestas fueron rápidas y respetuosas: “¡Sí, capitán!”. “Sí, viejo maestro”. Luego se volvió hacia Shirley, con voz más suave pero aún autoritaria: “Vuelve a tu habitación. Si no quieres hacer la tarea, puedes leer un libro, incluso uno ilustrado”, le indicó, despidiendo a Shirley con un gesto y añadiendo: “Estamos a punto de abandonar el reino espiritual y entrar en el Velo Eterno. No causes más problemas antes”. Shirley, sumisa pero obediente, asintió: "Está bien, Capitán..." Cuando el comedor volvió a la calma, Shirley y Dog salieron. Quedándose atrás, Alice llevó con cuidado a Luni a un rincón de la habitación, donde comenzaron a susurrar y charlar sobre su reciente aventura, por suerte cada una con su propia cabeza. Duncan los vio partir, suspirando. A pesar de la carga de la responsabilidad, una extraña sensación de satisfacción se apoderó de su corazón, evocando sentimientos que no había experimentado desde los sucesos de Wind Harbor. Pero entonces, la voz ligeramente ansiosa de Lucrecia interrumpió su contemplación: "¿Estás... enojado?" Duncan respondió con indiferencia, todavía mirando a lo lejos: "¿Por qué dices eso?" “…Estamos a punto de dirigirnos a la frontera para investigar el lugar sagrado de los cultistas. Es un asunto peligroso y serio, y Luni está causando problemas en este momento…” Su voz se apagó, incompleta. Duncan lo interrumpió con una pregunta reflexiva y preguntó: “¿Así eras cuando eras niño?” Lucrecia, sorprendida, vaciló: “…¿Perdón?” “Luni” Duncan levantó la mano, señalando al autómata que charlaba animadamente con Alice en la esquina. “¿Así eras tú en términos de personalidad cuando eras niña? Lucrecia dudó, con expresión contemplativa y ligeramente dolida, mientras confesaba en voz baja: “Luni fue la primera muñeca que hice. Sellé algunas partes de mi alma que tienden a hacerme errar en ella. La mayoría de las veces, estas partes selladas no afectan su funcionamiento, pero en ocasiones, pueden hacer que se comporte de forma extraña”. “Entonces, la mayor parte del tiempo, Luni parece tranquila y confiable, pero cuando está con Alice, ¿se vuelve animada?” “…Sí, parece que eso la lleva a cometer errores; al menos aumenta la probabilidad.” Duncan volvió su mirada hacia Lucrecia, con expresión pensativa e inquisitiva: "¿Es este nivel de 'error' realmente un problema?" Lucrecia guardó silencio unos instantes, agobiada por el peso de la conversación. Luego, con una voz apenas susurrante, reconoció la dura realidad de su situación: “En la región fronteriza, los errores pueden fácilmente llevar a la muerte”. Duncan absorbió sus palabras en silencio, con la mirada fija en las figuras distantes de las dos muñecas que conversaban animadamente. El tiempo pareció detenerse mientras contemplaba su inocente interacción. Finalmente, le ofreció una suave consuelo: “Cuando estás conmigo, está bien cometer errores”. Lucrecia pareció momentáneamente desconcertada por sus palabras. Abrió la boca como para responder, pero la volvió a cerrar sin decir nada. En cambio, sus ojos se desviaron para seguir la mirada de Duncan. Alice le explicaba con entusiasmo alguna peculiaridad del barco a Luni, quien escuchaba con evidente fascinación. Era una escena poco común; Alice no solía compartir sus pensamientos con tanta franqueza, y Luni, como primera oficial y sirvienta de la supuesta Bruja del Mar a bordo del Estrella Brillante, probablemente tenía pocas oportunidades de interactuar con tanta libertad con alguien como ella. La escena ante ellos era de una inesperada camaradería y comprensión. Mientras observaban, la mente de Duncan se desvió hacia una tarea que llevaba mucho tiempo posponiendo. “Oh, hay algo que he estado posponiendo...”, reflexionó en voz alta. Con un gesto casual de la mano, Ai, que había estado disfrutando tranquilamente de sus patatas fritas en otra mesa, desapareció de la vista. En su lugar, un aro de fuego verde se materializó junto a Duncan. Con un movimiento experto, metió la mano en el aro y sacó un objeto, colocándolo sobre la mesa frente a él. Lucrecia centró su atención en el objeto recién descubierto: una caja de madera bellamente elaborada, de unos setenta centímetros de largo, modesta pero claramente hecha con gran maestría. Al observarla, una sensación de calidez y familiaridad, olvidada hacía tiempo, comenzó a emanar de la caja. "Esta es Nilu", anunció Duncan al abrir la caja de madera. Dentro había una delicada muñeca de tamaño 3, que le entregó a Lucrecia con solemnidad y nostalgia. "Dije hace tiempo que te la daría, pero he estado demasiado ocupado con otros asuntos. Ahora, al ver a Alice y Luni juntas... tómala, considéralo una reunión de hermanas". La expresión de Lucrecia cambió, una mezcla de emociones se reflejó en su rostro mientras sacaba con cuidado la muñeca llamada "Nilu" de la caja y la colocaba sobre la mesa, apoyándola contra la caja como para darle un momento para que se aclimatara a su nuevo entorno. Su mente viajó en el tiempo, arrastrada por las corrientes del recuerdo... Recordó una tarde lejana, con el aire impregnado del delicado tintineo de las campanillas de viento. Ella y su hermano habían entrado en una tienda de muñecas, donde, en el escaparate, Luni y Nilu estaban sentadas bajo la cálida luz del sol, con sus delicados cabellos y vestidos reluciendo. En ese momento, solo pudo elegir una para llevarse a casa. Ese recuerdo, uno de los pocos momentos cálidos de su infancia, era de una época en la que el “sol” se daba por sentado, una presencia constante que seguramente volvería a salir al día siguiente. Momentáneamente desorientada, Lucrecia recuperó la concentración y notó la pequeña muñeca que había estado apoyada contra la caja sobre la mesa. Giró lentamente la cabeza de una manera bastante inquietante, y su rostro dibujó una sonrisa vacía que le provocó un escalofrío. Tras recobrar la compostura, Lucrecia observó la muñeca con más atención. Permanecía en una posición tranquila sobre la mesa, con la cabeza ladeada como si escuchara atentamente, pero era evidente que la muñeca no era más que un objeto inanimado, carente de vida o alma. Con determinación, extendió la mano y golpeó suavemente la frente de la muñeca, susurrando con firmeza: “Vuelve a dormir”. Para su asombro, la muñeca respondió como tocada por una fuerza invisible; su cuerpo se estremeció brevemente, con una leve sensación de vida. Luego, torpemente, se puso de pie y regresó a la ornamentada caja de madera de la que había salido. La muñeca forcejeó con la tapa; su pequeño cuerpo no tenía la fuerza para cerrarla por completo. Fue entonces cuando Duncan, que había estado observando la escena en silencio, le echó una mano. Con un simple empujón, ayudó a la muñeca a cerrar la tapa. Un leve "Gracias" emanó de la caja, ahora sellada, seguido de silencio. Claramente intrigado por el evento, Duncan comentó: "Muy extraño", mirando a Lucrecia con una mezcla de curiosidad y asombro. Con una mirada cómplice, Lucrecia respondió: “Nos acercamos a la frontera; muchas entidades empiezan a despertar”. Explicó cómo imbuir ciertos objetos con una semblanza de alma puede disuadir a espíritus indeseados o polizones. Recordó a Luni, quien había despertado de forma similar años atrás. Duncan reconoció la gravedad de la situación, señalando que también era hora de que salieran a la superficie a tomar aire. Se levantó lentamente, y al hacerlo, el Desaparecido comenzó su ascenso desde el profundo y místico reino espiritual. Fuera de las ventanas del comedor, la primera luz del amanecer comenzaba a despuntar, tiñendo el cielo con los tonos del amanecer. Mientras tanto, las siniestras sombras que acechaban en el reino espiritual se retiraban, desapareciendo en los rincones invisibles de su misterioso mundo.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 704

Estás leyendo el capítulo 704 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.