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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 656 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
. En una tarde fresca y fría, era casi la hora de que la señora apareciera en esta habitación silenciosa donde solo se oía el suave rasgueo de un lápiz sobre el papel. Líneas de diversos tonos se movían por la página como si tuvieran vida propia, creciendo dinámicamente bajo la mano del artista. Este artista, Richard, estaba completamente absorto en su dibujo, una forma única de "dar la bienvenida" a alguien. Una mezcla de calma y expectación llenó gradualmente sus pensamientos. Richard, sin darse cuenta, no notó que el frío de la habitación se disipaba. El extraño vacío que lo había atormentado últimamente se había desvanecido, y una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro. Su mente estaba completamente absorta en la inminente llegada de la señora. Esta señora, a quien nunca había conocido personalmente, ocupaba un lugar de profundo respeto y anticipación en su corazón. Se preguntaba si le gustaría este lugar. ¿Apreciaría sus esfuerzos por prepararlo todo para su visita? ¿Sonreiría y elogiaría la dedicación de quien él consideraba un "muñeco de trapo"? Mientras dibujaba, parecía que la amable mirada de la señora emergía del dibujo, sonriéndole directamente. El corazón de Richard palpitaba de emoción, pero sus manos se movían con una firmeza y velocidad sin precedentes. No se había dado cuenta de cuándo se había vuelto tan hábil dibujando, capaz de producir líneas tan hermosas con tanta rapidez. Incluso empezó a usar la mano izquierda, moviéndolas con una rapidez vertiginosa. De repente, unos pasos fuertes y urgentes en el pasillo interrumpieron su concentración. Resonaban como un latido acelerado, una interrupción inoportuna. Una suave voz en su mente susurró: “Vienen por ti, querida muñeca de trapo…” Era un leve susurro, como un ruido lejano en el viento. La familiar y desagradable sensación de frío regresó. Richard sintió una oleada de fastidio. Alguien venía a interrumpir su tan esperado encuentro con la señora. Estaban casi en la puerta, y aún no había terminado su dibujo. Aceleró el paso, con las manos sobre el papel. Sin embargo, los pasos inquietantes lo alcanzaron más rápido de lo previsto. Se detuvieron justo delante de su puerta, y luego llamaron. Empezó suavemente, pero pronto se volvió más insistente. “Richard, ¿estás ahí?” gritó una voz desde afuera, tensa y torpemente educada. “El Santo ha convocado una reunión, todos deben reunirse en el salón. “No te vayas, es una trampa”. Richard oyó una advertencia en su cabeza, pero no pudo discernir si era la voz del rabino o su propio pensamiento. Ignoró la voz en la puerta y se concentró aún más en su dibujo. El silencio de la sala fue interrumpido por golpes más fuertes al alzar la voz: “Richard, sabemos que estás ahí. Esta reunión es importante, ¡no puedes estar durmiendo!”. “Solo un poquito más”, pensó, “solo un poquito más”. Richard frunció el ceño profundamente, sus brazos temblaban como si tuviera un espasmo. Desde el boceto en blanco y negro, los ojos de la señora parecían cobrar vida dentro del dibujo. Pero aún así, la obra de Richard estaba incompleta; sólo le quedaban unos pocos trazos cruciales por agregar... De repente, los golpes persistentes cesaron y fueron reemplazados por un estruendo fuerte y violento. “¡Bang-clang!” La frágil puerta de madera se abrió de golpe. Richard quedó paralizado por un instante. En ese instante fugaz, alguien irrumpió en la habitación, y un enorme perro, parecido a una sombra, saltó de la nada, inmovilizándolo contra el suelo con su formidable peso. ¿Había conseguido dar correctamente el último golpe? Luchando por levantar la vista, Richard se sintió abrumado por la fuerza del perro. Intentó levantarse con los brazos, pero solo pudo emitir gruñidos y rugidos roncos y extraños. Su mente estaba inundada de frustración y rabia. Él sentía un profundo odio por estos perros sombríos y despreciaba su naturaleza grosera y violenta. Alguien le agarró el brazo y lo ató rápidamente con una cuerda. Otra persona lo amordazó, silenciándolo para impedirle usar cualquier habilidad mágica. Los intrusos entonces levantaron a Richard, le arrebataron el lápiz y lo arrastraron bruscamente hacia la puerta. Mientras Richard salía de la habitación, dejó de resistirse. Su mente pareció apagarse, abrumada por una sensación de confusión, como el algodón. Sus "hermanos" lo escoltaron, avanzando en silencio, sin dar señales de vida ni resistencia, por el pasillo. “Espera” uno de los supresores que escoltaba a Richard hizo una pausa y se volvió hacia otro. “¿Qué estaba haciendo cuando entramos en la habitación? “Parecía estar dibujando”, respondió el otro frunciendo ligeramente el ceño. “Había una hoja grande de papel sobre la cama, pero no vi lo que había en ella”. “Qué raro. Volveré a comprobarlo. El primer supresor regresó rápidamente a la habitación recién desocupada. Pasó por encima de los restos de la puerta rota y se acercó a la cama de Richard, examinando el gran trozo de papel que yacía allí. Era una hoja completamente en blanco. El ceño del supresor se frunció y una sensación de inquietud se apoderó de él. Impulsado por este sentimiento, buscó por toda la habitación pero no encontró nada fuera de lo común. Murmurando para sí mismo, recogió cuidadosamente el papel, lo enrolló y lo llevó consigo mientras se reunía con los demás en el pasillo. “Es solo una hoja en blanco”, informó al grupo que esperaba. “Sigamos adelante”. Un papel en blanco. Contenido y guiado por sus "hermanos", Richard levantó lentamente la cabeza. Sus ojos, nublados por la confusión, se fijaron en el pergamino en blanco que sostenía la figura vagamente familiar. Tras una mirada vacía por un instante, una leve sonrisa se dibujó en su rostro. Pero su sonrisa pasó desapercibida, y el sonido de sus pasos se fue desvaneciendo poco a poco por el pasillo. En otra parte de la nave, se oyeron más pasos. Los supresores, siguiendo las órdenes del Santo, habían comenzado su operación. Armados con una lista recién compilada, estos sacerdotes se movían velozmente por los largos y tenuemente iluminados pasillos. Llamaban a las puertas con prisa, eliminando sistemáticamente a todo "hermano" que pudiera haber sucumbido a influencias externas. Una tensión palpable comenzó a extenderse por todo el barco. Algunos pasajeros y tripulantes percibieron un cambio inusual, mientras que otros notaron que el barco había detenido su movimiento. Quienes no habían sido llevados se apiñaban en sus habitaciones, entablando conversaciones en voz baja y nerviosas, intentando reconstruir los acontecimientos. Mientras tanto, quienes habían sido escoltados se congregaban gradualmente en el salón de actos. El Santo, de pie en la plataforma central del salón, se sumió momentáneamente en un estado de fatiga aturdida. El agotamiento por su prolongada observación del destino se había instalado. Anhelaba el pasado, los días en que habitaba un cuerpo humano. A pesar de su debilidad y vulnerabilidad, recordaba la comodidad de yacer en una cama, libre de los incesantes y confusos susurros y los rugidos tumultuosos que ahora atormentaban su mente... Perdido en este aturdimiento, sus recuerdos se entretejieron en un velo nebuloso, dentro del cual una sensación de paz eterna parecía llamarlo. Esa “paz” tomó la forma de una sombra alta, resplandeciente con llamas de color verde pálido. De repente, el Santo fue arrancado de esta premonición del destino, cada nervio y vaso sanguíneo suyo latía con un dolor intenso. “Su Santidad” interrumpió una voz, la de un sacerdote de alto rango. El sacerdote estaba dando un informe:” Todos los que usted solicitó han sido traídos aquí. El Santo alzó los pedúnculos oculares y observó a los seguidores reunidos en la sala. La multitud, sumida en una sombra impenetrable, era una mezcla de miedo y desconcierto. “¡Intrusos han abordado el barco!” … Tras vaciarse el pasillo, se produjo un sutil cambio en el ambiente de la habitación de Richard. A esto le siguió la repentina aparición de una figura junto a la cama. El surgimiento de esta figura, Lucrecia, fue casi como una imagen que pasaba de una superficie plana a una forma tridimensional. Fue como si hubiera dado un giro y se hubiera levantado, dejando de ser una simple imagen. Lucrecia había estado increíblemente cerca del supresor durante el encuentro anterior, a veces a solo medio metro de distancia, pero estaba posicionada de lado. Una imagen plana carece de profundidad, lo que la hace invisible a los ojos en un espacio tridimensional cuando se observa paralelamente. Lucrecia exhaló suavemente, examinándose las manos. Con naturalidad, tomó un lápiz que había dejado a un lado y trazó unas líneas en la palma. Luego, con un simple gesto, su figura “plana” volvió a adoptar una forma normal y sólida. Ella miró el suelo vacío y dijo: “Rabino, sé que estás en la habitación”. Casi inmediatamente después de sus palabras, una voz aguda e infantil resonó en la habitación: "¡Eee! ¡La señora está aquí! ¡El rabino está saliendo!" Acompañando esta voz aguda, casi juguetona, de repente se materializaron innumerables sustancias blancas y esponjosas. Las sombras en las esquinas, los huecos entre los muebles, las pequeñas aberturas en el techo e incluso las diminutas grietas del suelo se convirtieron en fuentes de un fenómeno inusual. Estos espacios, posibles escondites para las fibras, se llenaron repentinamente de innumerables pelusas de algodón. Era como si la propia habitación estuviera expulsando activamente estos objetos extraños. En un instante, las pelusas invadieron el campo de visión de Lucrecia, convergiendo rápidamente en el centro de la habitación. Allí, comenzaron a fusionarse, tomando gradualmente la forma de un conejo hecho completamente de algodón, pero curiosamente sin su "piel exterior". Entonces, este conejo de algodón improvisado comenzó una peculiar transformación, casi invirtiéndose de adentro hacia afuera. Coloridos trozos de tela emergieron de su interior, envolviendo rápidamente su cuerpo de algodón. La transformación dio como resultado un gran muñeco de conejo con una estética inquietante y misteriosa. Esta extraña muñeca se tambaleó, luego se abalanzó alegremente hacia Lucrecia, exclamando con entusiasmo: "¡Rabino, rabino! ¡Bienvenidos, bienvenidos, nosotros..." “Silencio” interrumpió Lucrecia bruscamente, con un tono gélido, mientras atrapaba sin esfuerzo al muñeco de conejo en pleno salto. “Silencio” ordenó, imponiendo silencio al vivaz muñeco.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 656

Estás leyendo el capítulo 656 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.