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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 640 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
. En un reino místico, un objeto celestial parecido al sol descendía lentamente hacia el mundo. Aunque no era el sol real, su tamaño era comparable al de una enorme montaña. Esta enorme entidad celestial emitía una presencia poderosa y siniestra. Flotaba tan cerca del suelo que parecía tocarlo. Las llamas rodeaban al ser celestial, rozando suavemente el suelo. El intenso calor derretía la arena y las piedras, convirtiéndolas en magma líquido. El aire a su alrededor brillaba y se distorsionaba, irradiando un calor intenso. Rocas sólidas, atraídas por una fuerza invisible, comenzaron a levitar y orbitar a esta entidad, conocida como un Vástago Solar, como satélites al rojo vivo. Esta gigantesca figura observó a los humanos de abajo a través de sus numerosos ojos sin emociones y emitió una simple orden: Arrodillarse. El aura que proyectaba no se parecía a ninguna criatura conocida: ni sobrenatural ni fantástica, sino que evocaba a dioses antiguos. Esta esfera ardiente, descendiente del Sol Negro, pronunciaba cada palabra con el poder de innumerables hechizos y rituales arcanos. Vanna sintió un profundo ardor, como si estuviera envuelta en llamas. El fuego parecía fundirse con ella, entrelazándose incluso con su aliento. Sin embargo, ella miraba en silencio el orbe brillante que sostenía. Tras un instante, lo abrazó con fuerza. Luego se giró hacia un gran bastón clavado en una duna cercana. Con determinación, extendió la mano izquierda, lo liberó y lo apoyó en su hombro. Para cualquier otra persona, este bastón parecería demasiado grande y engorroso. Incluso para Vanna, era como levantar un tronco enorme. Aún así, lo logró perfectamente. Con su mano izquierda en el bastón y su mano derecha sosteniendo una espada gigante hecha de hielo, se enfrentó al sol aterrizado. Has elegido desafiar, el cuerpo celeste se comunicó mediante una mezcla de vibraciones y silbidos, sus pensamientos penetrando la mente de Vanna. Pero te ves obligado a entregar la estrella. A medida que los vientos del desierto se intensificaban, parecían estar a punto de arrasarlo todo, actuando como un puente turbulento entre reinos. Una enorme ola de arena, azotada por los fuertes vientos, se cernía amenazadora al acercarse a ella. En medio de este ambiente caótico, Vanna, con tranquilo desafío, miró hacia el cuerpo celeste y preguntó: ¿Eres tú quien obstruye esta convergencia? El sol, ahora en tierra, respondió a su manera única, con silbidos y temblores. Crees que puedes invocar poderes a distancia, pero te equivocas. Nadie vendrá a ayudarte, declaró con desdén. He cortado los hilos que conectan los reinos. Ahora, estás atrapado en este desierto infinito, completamente solo. Tus gritos serán desatendidos. Ni el Usurpador de las Llamas ni la poderosa Reina Leviatán responderán. Tu resistencia es inútil. Entrégame lo que busco, y tal vez, tendré piedad. A pesar de la terrible amenaza, Vanna permaneció inquebrantable. A medida que el viento arreciaba, entrecerró los ojos ligeramente, observando su entorno. Era evidente que estaba aislada. Sus intentos de comunicarse o buscar ayuda de aliados, como el capitán y la diosa de la tormenta, fueron infructuosos. Aunque aún podía oír el reconfortante sonido de las olas y sentir la marca ardiente de la llama fantasmal, las fuentes de estos poderes ahora eran inalcanzables. La inmensa fuerza de la colisión de los dos reinos había creado una barrera impenetrable alrededor del desierto, aprisionándola. El orquestador de estos acontecimientos era claramente la siniestra entidad que ahora la confrontaba. Pronto, una enorme tormenta de arena comenzó a formarse. Los vientos se arreciaron furiosamente, levantando una imponente pared de arena que avanzaba lentamente, impulsada por su fuerza. Dentro de esta caótica tormenta, innumerables granos de arena se arremolinaban y danzaban como olas gigantes en un océano de polvo. Vanna hizo una pausa, respiró profundamente y exhaló, llenando momentáneamente el aire a su alrededor con partículas grisáceas. Sus ojos se fijaron en el sol, que ahora representaba imágenes de violentas tormentas y llamas rugientes. Con gracia, bajó el gran bastón de su hombro y avanzó con paso decidido hacia el blasfemo cuerpo celestial. Al moverse, tanto el bastón como la enorme espada se arrastraban tras ella, grabando profundas líneas en el suelo, como si crearan runas antiguas sobre el paisaje. Si los gigantes todavía vagaran por este mundo, tal vez habrían contado esta historia: Después de la devastación, el viajero solitario desafió al sol intrusivo. Pero la era de los gigantes había pasado. Las crónicas de este mundo estaban cerradas. Los vientos implacables borraron rápidamente cualquier rastro del viaje de Vanna, y el polvo que se alzaba creó una vasta barrera tras ella. Con determinación, sus pasos se aceleraron en una carga inquebrantable. ¿Podría semejante desafío aturdir al sol? Quizás, con su vasto conocimiento, la idea de un simple mortal confrontando al descendiente de una deidad primordial era inconcebible. Pero ¿entendía esta criatura las emociones humanas? Vanna lo consideró, pero no tenía forma de saberlo con certeza. Lo que sí sabía era la reacción del sol. Capas de ondas de calor comenzaron a entrelazarse sobre su superficie, formando una barrera radiante con forma de panal. Las llamas se elevaban mientras sus rayos cegadores intentaban quemarla y detener su avance. Sin embargo, la naturaleza misma parecía apoyarla. La tormenta de arena que se acercaba, procedente de los confines del desierto, la envolvió, protegiéndola brevemente de los abrasadores rayos del sol. Reuniendo todas sus fuerzas, Vanna se lanzó hacia adelante; el peso de su imponente espada y bastón apenas se notaba al balancearse al ritmo de su carrera. El intenso calor que la rodeaba la hacía sentir como si corriera por un infierno. Cada respiración enviaba volutas de ceniza que se arremolinaban a su alrededor, envolviéndola en un manto espectral. Parecía que se había vuelto una con el viento, atravesando barreras con la gracia de un marinero experimentado navegando en mares tempestuosos. Una voz etérea resonó en su interior, de origen incierto. ¿Era su propia determinación? ¿La guía susurrada de la Diosa de la Tormenta? ¿O quizás la voz autoritaria del capitán? A pesar de la incertidumbre, el mensaje era claro: En este árido páramo, el desierto es un inmenso océano de arena. Y su destino era conjurar una tempestad dentro de este mar sin límites. Ella era, después de todo, una devota acólita de la tormenta. Mientras seguía adelante, los vientos arremolinados del desierto la envolvieron, dejándola casi invisible en medio de la creciente tormenta de arena. Para cualquier observador, podría haber parecido como si el desierto la hubiera tragado o como si se hubiera fusionado con la vorágine. Entre estos reinos contrastantes, la tormenta de arena actuó como centinela y puente. Sus rugidos tumultuosos sacudieron los cimientos de la tierra. Desde el corazón de esta tempestad, una flecha de energía concentrada y letal se elevó hacia el cielo. Tras una breve pausa, descendió con la fuerza de un monzón, dirigida directamente al intrusivo Hijo del Sol. Hoy estaba decidida: apagar el feroz resplandor del sol. El impacto fue catastrófico. La onda expansiva resultante amenazó con partir la Tierra. Esta refinada tormenta del desierto, convertida ahora en una singular y penetrante flecha, impactó directamente al Sol. En una frenética defensa, el Sol conjuró rápidamente una resplandeciente corona solar. Pero al impactar la flecha, esta explotó con una intensidad sin precedentes, desatando una devastadora cascada de energía. La explosión incendió todo el desierto. La formidable ola de calor aplastó dunas de arena y enormes rocas, fundiéndolas en lava fundida que se filtró por cada grieta de la tierra devastada. Tras la explosión de la corona, la otrora poderosa tormenta se convirtió en caos. Los vientos concentrados giraban en espirales impredecibles. La arena, que acababa de formar imponentes muros y proyectiles mortales, fue pulverizada por la abrasadora explosión. Algunas cayeron rápidamente, mientras que otras parecieron flotar en un limbo entre los mundos en colisión, como nubes etéreas. El tiempo pareció congelarse antes de que los restos de la tormenta de arena fueran finalmente dispersados por los vientos erráticos. Del polvo que se disipaba emergió un resplandor tenue. El Vástago del Sol, aunque debilitado, aún persistía. Su pseudocorona defensiva había cumplido su propósito, aunque a un alto precio, pues había roto parte de su esencia. Bajo su exterior humeante, tentáculos antes ocultos se retorcían ahora en evidente agonía. Una sustancia viscosa, de un rojo dorado, que semejaba a la vez llamas abrasadoras y savia vital, rezumaba y goteaba de ella. Esta esencia fundida chisporroteaba al entrar en contacto con los charcos de lava circundantes, ardiendo al fluir. Los tentáculos se agitaron salvajemente y un sinnúmero de ojos alienígenas se movieron inquietos, escaneando el horizonte, buscando a su adversario en medio de la bruma que se asentaba. Surgiendo de las sombras, una silueta solitaria era visible justo delante de una hendidura en forma de media luna en el suelo. Era Vanna. A pesar de estar rodeada por la atmósfera abrasadora que distorsionaba el espacio a su alrededor, su postura irradiaba aplomo y desafío. Los efectos de una fuerza misteriosa parecían emanar de la hoja extendida de su espada. Ella inclinó la cabeza hacia arriba, fijando la mirada en el distante Hijo del Sol, cuyas intenciones eran desconocidas para cada uno. De repente, su forma comenzó a deshacerse, desintegrándose en innumerables partículas que se dispersaron como cenizas arrastradas por una suave brisa, cubriendo el suelo en una exhibición espectral bajo el sol brillante. Desde arriba, un orbe luminoso, que brillaba intensamente, comenzó su descenso, aterrizando suavemente entre los restos humeantes de Vanna. Una simple humana, pero que inspira tal reverencia, reflexionó una voz en voz alta. El Vástago del Sol, percibiendo una oportunidad, tembló levemente y comenzó a ascender. Intentó controlar una fuerza invisible para reclamar la Estrella Antigua que se ocultaba entre las cenizas. Aún así, la estrella permaneció inamovible. ¿Qué es esto? Por primera vez, un atisbo de genuina confusión apareció en el ser primordial. De repente, una poderosa ráfaga barrió el árido paisaje, levantando las cenizas dispersas de Vanna de su lugar de descanso. Dentro de este torbellino de ceniza, se materializó una llama verde fantasmal. Su intensidad aumentó rápidamente, envolviendo el área circundante. En su abrazo ardiente, una miríada de figuras sombrías revolotearon, uniéndose en una figura espectral que semejaba un alma reconstruida. La llama misteriosa ejerció una atracción, y las cenizas en el aire se fusionaron rápidamente. Se transformaron, ganando profundidad, color y definición hasta que Vanna renació. Sorprendentemente, incluso su armadura desgastada por la batalla fue restaurada por las misteriosas llamas verdes, como si la realidad hubiera retrocedido. Con gracia, Vanna se agachó para recuperar sus armas caídas. Erguida, fijó su mirada firme en la amenaza celestial que se cernía ante ella. Al notar los sutiles temblores en sus tentáculos y el icor fundido que goteaba de su cuerpo incandescente, una sonrisa maliciosa apareció en sus labios. -Parece que no eres invencible, comentó con confianza mientras avanzaba. Los vientos tempestuosos rugieron nuevamente, agitando el desierto en un frenesí tumultuoso. Ahora, declaró con férrea determinación, descubramos si dioses como tú conocen el significado del miedo.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 640

Estás leyendo el capítulo 640 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.