Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 626 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Mientras Tyrian relataba su historia, Duncan se sumió en sus pensamientos, y su expresión reflejaba la gravedad del relato. A su alrededor, el Desaparecido resonaba con la introspección de su capitán, como en solidaridad. Los crujidos, por lo demás perceptibles, de la vieja madera del barco se desvanecieron, reemplazados por una quietud surrealista y fantasmal. El barco se deslizaba con gracia sobre el vasto mar, evocando la quietud de las aguas circundantes.
Tras un tiempo considerable, la mirada contemplativa de Duncan bajó, fijándose en la cubierta de madera bajo sus pies. Aunque no era visible a simple vista, imaginó lo que se ocultaba bajo la capa exterior de la nave. Muy por debajo de la estructura física de la nave, en una dimensión que desafiaba los límites habituales de la realidad, se escondía la columna vertebral de Saslokha, sumergida en un reino enigmático y sombrío. Esta columna había reemplazado la quilla original de la quilla Desaparecidosa, a la que Duncan Abnomar bautizó con humor como la pequeña ramita.
Esa misma ramita había sido reclamada trágicamente por el misterioso subespacio cien años antes, junto con el primer Desaparecido.
La voz del padre Tyrian, con un matiz de ansiedad, sacó a Duncan de su profunda reflexión: ¿Hay algo más que quieras preguntar?
Duncan hizo una pausa antes de responder: “Una última pregunta. Tras completar el Desaparecido, debió haber artesanos que contribuyeron a su creación y que aún residen en este mundo. En concreto, los elfos encargados de moldear la quilla”.
Muchos probablemente siguen vivos, respondió Tyrian, aunque encontrarlos podría ser un desafío. Tras el incidente de Los Desaparecidos, todo lo relacionado con la nave quedó prohibido y envuelto en miedo.
Los artesanos que participaron en la creación de los Desaparecidos cambiaron de profesión o se mudaron a ciudades lejanas. Los elfos también decidieron vivir de forma discreta, buscando refugio en lugares remotos. Los documentos y diseños relacionados con la nave fueron protegidos y considerados objetos sellados, ocultos a buen recaudo en una iglesia sagrada.
La opinión predominante era que todos los relacionados con los Desaparecidos llevaban una maldición. Esta opinión no se limitaba al linaje de Duncan, sino que se extendía a todos los involucrados en la creación de la nave y a cualquiera que conociera sus misterios.
La pesadez de las revelaciones tirias dejó un silencio palpable entre ellos. Sin embargo, fue Lucrecia, a menudo conocida como la Bruja del Mar, quien interrumpió el silencio.
No deberíamos descartar los rumores como simples cuentos. Su cautela en aquel entonces es comprensible” entonó pensativa. “Por ejemplo, el astillero utilizado para construir los Desaparecidos sufrió un feroz e inexplicable incendio al día siguiente del descenso de las naves al subespacio.
Este voraz infierno lo devoró todo, convirtiendo incluso el acero robusto y la piedra resistente en meras cenizas. Sin embargo, por un peculiar giro del destino, los planos y registros de los Desaparecidos, guardados de forma segura en una oficina, permanecieron intactos.
En los años posteriores a la creación del barco, surgió un patrón inquietante. Casi la mitad de quienes participaron en su construcción sufrieron pesadillas escalofriantes, enfermedades inexplicables e incluso visiones aterradoras que difuminaban la línea entre la realidad y la imaginación. Para algunos, el peso de estos horrores se volvió insoportable y, trágicamente, decidieron quitarse la vida. Otros, en sus viajes por mar, desaparecieron inexplicablemente sin dejar rastro. Hubo quienes cayeron en una locura aterradora. En las raras ocasiones en que se recuperaron de su locura, hablaron de escuchar la verdadera voz. Tales afirmaciones finalmente los llevaron a ser recluidos en instituciones psiquiátricas, donde vivieron el resto de sus días. De una manera sombría y retorcida, quienes perdieron la cordura fueron considerados por algunos como los más afortunados, dada la enorme cantidad de desgracias que sufrieron otros.
Los artesanos elfos, quienes fueron fundamentales en el moldeo de la quilla del barco, parecían ser una excepción. Podría argumentarse que sus atributos raciales inherentes les proporcionaban un escudo contra estos efectos maléficos. En apariencia, parecían resistentes a cualquier maldición que azotara a los demás. Sin embargo, presenciar los sombríos destinos de sus semejantes humanos los perturbó profundamente. Su decisión de abandonar sus identidades y buscar refugio en tierras lejanas puede verse como un intento desesperado de supervivencia ante tan desgarradores acontecimientos.
Duncan, visiblemente absorto en el detallado relato de Lucrecia, permaneció en silencio un rato, procesando la información. Rompiendo el silencio, preguntó, algo perplejo: “Pero los archivos detallados sobre la construcción original de los Desaparecidos aún existen en Pland, ¿verdad?”.
Morris intervino rápidamente: “Sí, todavía están allí, meticulosamente resguardados como objetos sellados. Tú, Vanna y yo ya hemos tenido esta conversación. Si lo he entendido bien, estos objetos no están destinados a ser destruidos. De hecho, no deberían serlo, dado su vínculo con esa otra dimensión. Intentar destruirlos podría, sin querer, conectar nuestro mundo con la inquietante dimensión ligada a los Desaparecidos”.
La respuesta de Duncan fue inmediata y decisiva: debo conseguir esos registros.
Morris pareció sobresaltado por un momento, pero se recuperó rápidamente y dijo: “Entendido. Tengo contactos en la Ciudad-Estado de Pland. Aunque estos registros han sido considerados traicioneros y han permanecido ocultos durante más de cien años, dada nuestra apremiante situación, los funcionarios podrían estar dispuestos a colaborar”.
Duncan, interrumpiendo a Morris a mitad de la frase, gritó: Vanna.
Respondiendo casi al instante, la voz de Vanna resonó: “Sí, capitán. ¿En qué puedo ayudarle?”.
Tienes línea directa con la Catedral de la Tormenta en Pland, ¿verdad? La voz de Duncan tenía una gravedad inusual. “Pídeles que reúnan todos los materiales relacionados con el diseño de los Desaparecidos y se aseguren de guardarlos en la Catedral”.
Vanna dudó un momento, posiblemente por reverencia a la Diosa de la Tormenta, pero finalmente accedió: “Entendido. ¿Cómo planeas recopilar los registros? ¿Debería enviar a Ai? Puedo avisar a nuestros asociados allí para evitar malentendidos”.
La respuesta de Duncan fue firme: “Lo manejaré personalmente”.
Vanna, evidentemente sorprendida, respondió: ¿Tienes la intención de ir en persona?
En una encantadora tienda de antigüedades de tamaño mediano ubicada en el distrito bajo de Plands, Duncan colocó cuidadosamente el periódico en el que había estado absorto sobre el mostrador de madera. Al hacerlo, su mirada se desvió hacia el escaparate, cautivada por los brillantes rayos de sol que penetraban el cristal. El calor del sol iluminaba el interior de la tienda, tiñéndolo todo de un suave tono dorado. Una sutil sonrisa se dibujó en sus labios mientras reflexionaba: “Todos los días me encuentro aquí, disfrutando de mi té, revisando las últimas noticias y disfrutando de esta relajante luz del sol. Quizás sea hora de un cambio de ritmo”.
Una voz lejana interrumpió su ensoñación, aparentemente proveniente de sus propios pensamientos. “Entendido. Me comunicaré con la catedral de la ciudad inmediatamente”, dijo Vanna, con su voz resonando y luego apagándose en el silencio.
Con meticuloso cuidado, Duncan dobló el periódico y lo deslizó en la ranura designada de un estante cercano. Luego comenzó a caminar hacia la escalera de madera que conducía al piso superior de la tienda. En el camino, se detuvo para coger su abrigo, cuidadosamente colgado de un gancho.
Más allá de los confines de esta tienda, los Desaparecidos viajaban incansablemente por los vastos mares espirituales. Wind Harbor, otro lugar, se encontraba perdido en un sueño perpetuo, con su realidad distorsionada. Elfos de diferentes rincones del mundo caían presas de un misterioso y profundo sueño. Sin embargo, en esta tienda vintage, reinaba una tranquilidad atemporal. Era un refugio, una burbuja protectora que mantenía a raya la agitación del mundo exterior.
Sin embargo, mientras Duncan se ajustaba el abrigo, preparándose para salir, la puerta de la tienda de antigüedades se abrió de golpe. La suave campana sonó, interrumpiendo momentáneamente la tranquilidad del lugar.
La mirada de Duncan se alzó de golpe y se posó en una silueta, aún más pronunciada por la luz del sol. La figura le resultaba familiar. “¿Señorita Heidi? Que tenga un buen día”, la saludó con cariño, identificando a su visitante. “Disculpe las molestias, pero la tienda no estará abierta hoy. Tengo algunas tareas que atender”.
“Señor Duncan, o mejor dicho, capitán” respondió Heidi, adentrándose en el espacio iluminado, con la atención puesta en Duncan, quien evidentemente se preparaba para partir. Tras una breve vacilación, continuó con la voz cargada de preocupación”: Puede que necesite su ayuda.
Duncan, intrigado por su repentina visita, levantó una ceja: ¿Qué pasa?
Los recuerdos del incidente con Taran El y la elfa atrapada aún estaban frescos en la mente de Heidi. Desde que descubrió la verdad sobre los Desaparecidos y el papel de Duncan, había permanecido distante, evitando la tienda y a su enigmático dueño. Verla ahora, sobre todo buscando ayuda, fue bastante sorprendente.
Con un dejo de inquietud en la voz, Heidi comenzó: “Se trata de la enfermedad del sueño que azota a los elfos”. Hizo una pausa para recomponerse. “La propagación de la enfermedad es alarmante. Y no es solo el sueño profundo habitual lo que me preocupa. El centro de salud de la ciudad ha estado ingresando a elfos con síntomas peculiares. Creo que es crucial que alguien como tú, que comprende la gravedad de la situación, la evalúe”.
El rostro de Duncan se tornó serio, comprendiendo la gravedad de sus palabras. Así que el Sueño del Sin Nombre ha intensificado su dominio. Pero no te preocupes; abordar esto es mi principal preocupación.
Antes de que pudiera decir más, Heidi intervino con urgencia: “No se trata solo del aumento de duendes que se duermen. Los síntomas ahora son más pronunciados y preocupantes. Le imploro que visite el centro de salud y evalúe la evolución de la situación”.
𝙛𝒓𝒆𝙚𝒘𝒆𝓫𝙣𝓸𝙫𝓮𝒍 . 𝒄𝒐𝓶
Duncan asintió, su expresión reflejaba la gravedad de los acontecimientos. Parecía que lo que estaba en juego aumentaba rápidamente.
Cada palabra que Heidi pronunciaba parecía ir perdiendo confianza entre las paredes de la tienda de antigüedades. Su voz, que al principio era fuerte, se fue apagando gradualmente en la incertidumbre. Era como si se encontrara en una encrucijada de pensamientos, cada uno de los cuales la llevaba a una conclusión diferente. Entonces, formuló una pregunta tan inesperada como intrigante: Si deseo pedir tu ayuda, ¿debo hacer un sacrificio?
Duncan, absorto calculando el tiempo que la catedral necesitaría para poner las cosas en orden tras la notificación de Vanna, salió momentáneamente de sus cavilaciones. Levantó la vista, sorprendido. “¿Sacrificio? ¿De qué hablas?”.
Tratando de contener su evidente vergüenza, Heidi se apresuró a aclarar: “En mis conversaciones con mi padre, siempre fui cautelosa y no profundicé demasiado en temas relacionados contigo. Él había insinuado que la vida a bordo del Desaparecidos es de otro mundo y que has sido bondadosa con los humanos. Sin embargo, nunca entró en detalles sobre las prácticas o, bueno, los sacrificios que podrían requerirse al solicitar tu ayuda”.
Duncan levantó una mano para indicarle que se detuviera, con el rostro entre divertido y confundido. “Espera un momento. No exijo sacrificios ni participo en ningún rito de sangre peculiar. Los Desaparecidos son una flota con una comunidad acogedora que promueve la ayuda mutua y participa activamente en diversas iniciativas de bienestar para las ciudades-estado. ¿No te han informado Morris o Vanna sobre nuestras costumbres?”
La expresión inexpresiva de Heidi fue la respuesta que Duncan necesitaba. Parecía genuinamente estupefacta.
Sacudiendo la cabeza con una sonrisa juguetona, Duncan extendió la mano y recogió una pequeña estatua de bronce que descansaba en un estante de exhibición cercano.
La estatua, una antigüedad que representaba el amuleto real de la Edad Oscura de la dinastía Isom, fue elaborada irónicamente la semana anterior.
El precio original era de 800 soras, pero con un descuento, queda en 12. Si quieres, puedes comprarlo a su precio completo, y podemos considerarlo como una pequeña contribución por mi ayuda. ¿Qué te parece? Mientras tanto, mientras la catedral organiza todo lo necesario, puedo acompañarte para evaluar la situación de las personas afectadas.
Morris se quedó atónito en medio de la cocina, observando la ecléctica colección de artículos que Vanna había reunido para lo que ella llamaba la creación de su canal. "¿De verdad estás considerando usar estas cosas para forjar un canal de resonancia espiritual?", exclamó, apenas disimulando su escepticismo.
Vanna, en medio de su ajetreo, se detuvo y miró directamente al anciano caballero, con las cejas arqueadas con genuina curiosidad. ¿Pasa algo?
Morris respiró hondo, intentando expresar sus preocupaciones con diplomacia. “Bueno, este enfoque me parece bastante poco convencional. No se trata de un simple ritual cotidiano; su objetivo es crear un vínculo con la venerada catedral de las ciudades-estado. Dada su importancia y santidad, ¿no deberías usar ingredientes más tradicionales, y me atrevería a decir, nobles, para lanzar hechizos?”
Los ojos de Vanna se posaron brevemente en su mezcla ecléctica de artículos esparcidos sobre la mesa de madera de la cocina en el corazón de lo que se conocía infamemente como la mansión de la bruja.
"Con una llama sagrada, grasas sagradas, especias sagradas y junto con invocaciones sinceras, estoy segura de que he adquirido los cuatro elementos fundamentales para el ritual", afirmó con naturalidad.
Morris la miró con los ojos abiertos, casi cómicamente abiertos. “¡No puedes simplemente etiquetar como sagrado cualquier objeto mundano y asumir que se volverá mágico! ¡Es absurdo pensar que saltear cebollas pueda evocar el poder divino de la diosa!”.
Vanna simplemente le devolvió la mirada, y su silencio amplificó la marcada diferencia entre sus métodos de vanguardia y la expectativa profundamente arraigada de Morris de un ritual majestuoso y ceremonioso.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 626
Estás leyendo el capítulo 626 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.