Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 624 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Taran El experimentó un grito escalofriante que parecía resonar desde las profundidades de una pesadilla infantil. Este sonido inquietante lo hirió profundamente, haciéndole sentir como si una fuerza invisible arañara y saqueara sus pensamientos más íntimos. Era como si una inmensa consciencia intentara devastar sus recuerdos. El sonido se sentía fuera de lugar, como si no perteneciera al tiempo ni al reino de las ideas comprensibles. Este grito resonó, reverberando en cada recuerdo y cada momento que pudo evocar. Aunque el grito fue fugaz, la desorientación y la angustia que le infundió fueron mucho más profundas que cuando bebió la potente Poción del Cuervo Sangriento.
Momentos después, sintió la rápida desintegración del Sueño del Sin Nombre. Los vientos azotaron furiosamente y el suelo tembló, desgarrándose bajo sus pies. A lo lejos, el otrora poderoso Árbol del Mundo parecía sucumbir a la destrucción, mientras que más allá, los contornos del bosque parecían desafiar la gravedad, elevándose como atraídos por una fuerza desconocida. Esta visión caótica se sumió en la oscuridad casi al instante. La conciencia de Taran El cambió, primero reconociendo el final del sueño y luego sintiendo la atracción del mundo tangible. Un faro luminoso apareció dentro de esta oscuridad envolvente, su patrón espiral parecido a un vórtice, que poco a poco encontró estabilidad en la pared opuesta. A medida que sus sentidos se agudizaban, escuchó los murmullos de otros cerca; la conciencia regresó por completo, revelando que había amanecido en el mundo real.
A su alrededor, la gente se despertaba.
¿Qué acaba de pasar? ¿Por qué el Sueño del Sin Nombre se desintegró tan abruptamente?
Mi último recuerdo es el de una poderosa tormenta de viento. Los paisajes distantes parecían plegarse sobre sí mismos.
¿Alguien ha resultado herido? ¿Estamos todos contabilizados? ¿Alguien sabe la hora?
Las discusiones que se desarrollaban en los alrededores estaban teñidas de una evidente confusión, lo que sugería una escena de agitación.
Frotándose las sienes, Taran El intentó reprimir el dolor punzante que emanaba de aquel grito sobrenatural. La sensación era tan abrumadora que amenazó con hacerle perder el conocimiento. Poco a poco, su entorno, que daba vueltas, comenzó a estabilizarse.
Se dio cuenta de que estaba sentado en un humilde banco apoyado contra la pared. A su alrededor, los Guardianes de la Verdad recuperaban lentamente la compostura, intentando comprender lo que acababa de ocurrir. A poca distancia, alguien había descorrido las cortinas, dejando ver los primeros rayos de luz matutina que iluminaban los edificios de la ciudad. Afuera, las calles estaban inquietantemente tranquilas, interrumpidas solo por ruidos ocasionales.
Reuniendo fuerzas, Taran El intentó ponerse de pie. Aunque sus pensamientos seguían confusos, haber captado fragmentos de las conversaciones circundantes le dio el impulso para expresar: “El último sonido que percibí podría contener algunas pistas”.
Finalmente, su visible angustia llamó la atención de alguien. Un Guardián de la Verdad, preocupado, corrió a su lado y ayudó a Taran El a estabilizarse justo cuando sus rodillas amenazaban con doblarse. ¿Repetir lo que acabas de mencionar?
Con todo lo ocurrido, supongo que podría haber conectado con la esencia consciente de la Atlántida, sin embargo, Taran El dijo, con el rostro arrugado por la preocupación. Entonces se detuvo bruscamente, su mirada se dirigió nerviosamente a un rincón específico de la habitación: “¿Dónde está Sir Ted Lir? ¡¿No ha regresado?!”.
La atmósfera en la sala se volvió tensa a medida que sus ocupantes percibían cada vez más la evidente ausencia en el centro. Casi al unísono, sus miradas se dirigieron a la silla central, donde debería haber estado sentado el Guardián de la Verdad, Sir Ted Lir. Este era el mismo lugar donde había iniciado su descenso al reino de los sueños. Ahora, mientras todos los que se habían embarcado en ese viaje onírico habían despertado y regresado a su realidad presente, la silla destinada a su estimado Guardián permanecía completamente desocupada.
Un silencio incómodo se apoderó de la sala; el peso de la situación los oprimió a todos. Tras lo que pareció una eternidad, una voz temblorosa e insegura se aventuró a sugerir: “¿Es posible que Sir Ted Lir se despertara antes que nosotros y saliera de la habitación?”.
Otra voz, llena de convicción, respondió: “No, así no es como opera el Guardián”. Además, la puerta está encantada con un sello. Cada vez que se abre, ya sea desde dentro o desde fuera, deja una marca distintiva.
Taran El, con el rostro desencajado por la preocupación, prestó atención a las conversaciones en voz baja. Con suavidad, se liberó del abrazo reconfortante de quien lo había ayudado a estabilizarse. Atraído por el inquietante vacío en el centro de la habitación, se acercó lentamente a la silla vacía.
Junto a la silla, una pequeña mesa adornaba los restos de su viaje onírico. Allí yacían los recipientes que alguna vez contuvieron el potente elixir que habían consumido. Un arreglo de siete goteros, acompañados de una botella grande que parecía una de cerveza, permanecía inactivo. Brillaban, reflejando los suaves tonos del sol matutino que entraba generosamente por la ventana cercana.
De fondo, los sonidos apagados del mundo exterior empezaban a inundar la habitación. Eran sonidos de agitación provenientes de una dirección incierta. Gritos urgentes resonaban en las calles, acompañados por el apresurado ruido de pasos en los pasillos adyacentes. Afuera, las sombras de los árboles parecían animadas, revoloteando y balanceándose, aparentemente en respuesta al caos que se desataba.
Al recuperar la consciencia tras la desintegración del Sueño del Sin Nombre, Nina se sintió momentáneamente desorientada. La sensación que experimentó esta vez, durante su abrupta salida del mundo onírico, fue diferente a cualquier otra que hubiera sentido antes. No se trataba simplemente de despertar de un sueño profundo. En cambio, sintió como si una fuerza abrumadora desgarrara violentamente el mundo onírico desde su núcleo.
El Sr. Morris, sentado frente a ella en la mesa, captó su atención. Su mirada profunda y contemplativa reflejaba sus propios sentimientos, indicando que él también percibía la naturaleza anormal de su repentino regreso a la realidad.
Mientras empezaba a ordenar sus pensamientos, una exclamación de Shirley atrajo su atención hacia la ventana. ¡Oye, oye, oye, mira esto! ¡No lo vas a creer!
Dejando a un lado su desconcierto inicial y haciendo caso omiso de la elección poco convencional de palabras de Shirley, Nina se encontró instintivamente levantándose para ver qué había causado la conmoción.
Afuera, el paisaje se transformó drásticamente. Árboles majestuosos, idénticos a los que había visto en su sueño reciente, se erguían ahora altos e imponentes. Estas magníficas estructuras parecían haberse tragado la ciudad entera. Sus extensas ramas y densas copas se extendían en todas direcciones, entrelazándose con los rascacielos, anidando entre las torres y envolviendo las estructuras en su abrazo boscoso. Era como si un antiguo y extenso bosque hubiera decidido superponerse a la extensión urbana, provocando una fusión surrealista de ambos mundos.
Reunidos junto al amplio ventanal de la sala, Nina, Morris y Vanna contemplaron esta inesperada metamorfosis de su paisaje urbano, antaño familiar. La vista los dejó sin palabras, luchando por reconciliarse con esta extraña fusión de naturaleza y ciudad.
Shirley, desde su posición privilegiada, observó el caos que se había apoderado de las calles de abajo.
La repentina intrusión del bosque había sumido a los habitantes de las ciudades-estado en un estado de alarma. Los edificios eran parcialmente visibles, con solo paredes rotas y tejados destrozados asomándose, o estaban completamente envueltos por la densa vegetación, dejando el destino de sus habitantes en una incógnita. La conmoción colectiva de la población era palpable. Se oían gritos de terror, con algunos residentes atrapados en sus casas, mientras que otros parecían completamente consumidos por el coloso verde.
Una explosión repentina y ensordecedora resonó en un bloque cercano, haciendo que el grupo saltara. Una tubería de vapor rota expulsó gas a alta presión, creando columnas blancas y ondulantes entre las copas de los árboles. En otro lugar, una tubería de agua rota rompió el asfalto, creando una espectacular fuente que se alzaba, casi desafiante, entre los imponentes gigantes verdes.
A lo lejos, resonó la alarma mecánica y ensordecedora de un caminante a vapor, anunciando la movilización de las fuerzas de defensa de la ciudad. Claramente, a pesar de la situación sin precedentes, los guardianes de la ciudad entraban en acción. Los guardianes del conocimiento de la academia también mostraban señales de preparación; Nina reconoció el inconfundible sonido de un silbido familiar que emanaba del laberinto de calles de abajo.
Incluso en medio de las desorientadoras consecuencias de sus experiencias oníricas colectivas, el entrenamiento disciplinado y los meticulosos procedimientos de emergencia inculcados en los guardianes de la ciudad resultaban invaluables. Con valentía, se adentraron en el extenso bosque que, inexplicablemente, se extendía por su paisaje urbano.
Sin embargo, las circunstancias a las que se enfrentaron eran diferentes a todo lo que jamás podrían haber imaginado.
La ciudad se encontraba ahora enclavada en un denso y vibrante bosque que albergaba referencias a elementos de mitos antiguos y escrituras corruptas. Los elfos, descendientes de una antigua y exuberante era, parecían reconectarse con su patria ancestral de una manera incomprensible: estaban entrelazados con este vasto laberinto verde.
Una repentina ráfaga de viento azotó el bosque, haciendo que el dosel se balanceara rítmicamente. El follaje susurró, y en ese fugaz instante, pareció como si los árboles murmuraran un mensaje críptico:
No sois elfos
Deslumbrantes fragmentos de papel, cada uno bañado en un espectro de matices, danzaban entre el abrazo del bosque. Se arremolinaban alrededor de los retorcidos restos arquitectónicos y los árboles gigantes. Esta danza orquestada estaba acompañada por los susurros del bosque.
De entre esta mezcla de papeles que se arremolinaban, surgió la silueta de Lucrecia, que se posó con gracia sobre un árbol colosal que se alzaba cerca del distrito de la academia.
Posada delicadamente, se aferró a una rama robusta, observando las calles transformadas que se extendían a sus pies. Los susurros del bosque llegaron a sus oídos, y pudo percibir el palpable matiz de frustración y angustia que contenían.
En una silenciosa invocación mental, pronunció: Rabino.
La enigmática voz del Conejo de Pesadilla respondió inmediatamente dentro de los confines de su conciencia: ¡Rabino está aquí!
¿Cuál es la situación actual de esos cultistas? ¿Son responsables de este caos?
El rabino no está del todo seguro, pero ellos también parecen desorientados. La inesperada rapidez con la que se desintegró el sueño parece haberlos tomado por sorpresa; su venerado santo ha sido alertado. Actualmente están interrogando a quienes se aventuraron en el sueño. El rabino estuvo a punto de morir, pero, por casualidad, yo había entretejido sutilmente mi esencia con ellos de antemano.
Lucrecia frunció el ceño con preocupación. "¿Devoraste alguno por completo?" Recuerdo claramente haberte instruido para que moderaras tus tendencias.
¡No, no! Solo implanté un rastro de mi esencia, similar al algodón, en esos cultistas que viajaron al sueño. Era una medida necesaria para cumplir la misión que me encomendaste” respondió el rabino a la defensiva. “Numerosos cultistas permanecen en su nave, y te aseguro que el rabino no les ha puesto ni un dedo encima.
Durante un breve interludio, Lucrecia permaneció introspectiva, lidiando con una oleada de aprensión que recorría la íntima y conmovedora conexión que sentía en lo más profundo de su ser. Tras una pausa deliberada para ordenar sus pensamientos, finalmente expresó sus preocupaciones: “Siempre prioriza y recuerda las directivas que te doy. Cumplirlas garantiza tu seguridad. Nunca olvides que la nave y cada persona a bordo están designadas por mi padre. Son su juego”.
La voz del Conejo resonó en respuesta inmediata, subrayada con una aguda sensación de angustia y urgencia: Sí, el Rabino comprende plenamente. El Rabino promete...
Antes de que pudiera terminar, Lucrecia terminó la conexión, silenciándolo efectivamente.
Tras respirar profundamente para tranquilizarse, Lucrecia extendió la mano mentalmente, invocando otro vínculo profundamente arraigado en su esencia.
Poco después, una voz lejana la reconoció. Lucy, te escucho.
“Papá, se están produciendo acontecimientos inquietantes en la Ciudad-Estado” entonó la Bruja del Mar con marcada gravedad. “En el ámbito tangible, la situación ha alcanzado proporciones alarmantes. Te insto a que regreses de inmediato.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 624
Estás leyendo el capítulo 624 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.