Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 620 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En un bosque denso y extenso, con inmensos árboles que se alzaban hacia el cielo, se desarrollaba una actividad peculiar. Un delicado cuchillo, forjado a partir de un fragmento de hueso oscuro, se utilizaba para tallar cuidadosamente diseños en la rugosa corteza de los árboles. Estos grabados eran sutiles, casi invisibles, pero cada uno albergaba un significado más profundo del que se percibía a simple vista.
Richard, confiando en sus recuerdos, estaba absorto en esta ceremonia de marcado. En sus manos, blandía el cuchillo de hueso, inscribiendo intrincadas runas en los árboles. Estos símbolos no eran simples adornos; representaban un profundo poder arcano. Después de cada tallado, Richard untaba su propia sangre sobre el símbolo, infundiéndole vida. Mientras continuaba su tarea, notó que Dumont, otro participante, también participaba en un ritual similar a cierta distancia.
Acercándose para intercambiar palabras con Dumont, Richard lo escuchó decir: Aunque cada uno de estos símbolos tiene solo un poder mínimo por sí solo, juntos, una vez que hayamos grabado suficientes, podrían influir en las energías de la Atlántida a nuestro favor.
Perdido en sus pensamientos, Richard susurró más para sí mismo que para Dumont en su respuesta: Aún no es suficiente, estamos lejos de nuestro objetivo. Mientras tanto, jugueteaba con el cuchillo, girándolo de un lado a otro.
Sonriendo con confianza, Dumont respondió: “Es cierto, puede que estas marcas no basten. Pero a medida que el ritual se acelere y Atlantis recuerde ese fatídico día, nuestras recompensas serán abundantes. No siempre podemos confiar en los Enders, pero esta vez, la información que nos han dado es oro puro”.
Richard no pronunció palabra. En cambio, tenía la mirada fija en un árbol, concretamente en la marca que Dumont acababa de hacer. Su concentración era tan intensa que despertó el interés de Dumont, quien también levantó la vista, preguntándose qué había llamado tanto la atención de Richards.
Dumont empezó a preguntar: ¿Qué te ha llamado la atención? ¿Hay algo?
De repente, con una agilidad sobrecogedora, Richard giró el brazo y se abalanzó sobre Dumont, apuntándole al corazón con el cuchillo de hueso. Pero, al ser un arma ceremonial, el cuchillo solo pudo arañar la superficie del pecho de Dumont.
El ataque inesperado y el aguijón de la espada conmocionaron a Dumont. Pero reaccionó con rapidez, apartando el brazo de Richard. Se agarró el pecho ensangrentado e inmediatamente creó distancia entre ellos. Del éter surgieron cadenas negras, y un amenazante y sombrío sabueso se formó justo detrás de Dumont. Sin embargo, antes de que el sabueso oscuro pudiera atacar, un cuervo esquelético descendió en picado desde el hombro de Richard. Sus alas huesudas se transformaron y envolvieron al sabueso fantasma. El aire circundante se llenó de los espeluznantes sonidos de huesos chocando y gruñidos etéreos, sin que ninguna criatura tuviera una clara ventaja.
Mirando a Richard con incredulidad, Dumont gritó: “¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loco? ¿Intentabas acabar con mi vida?”.
“No tengo ningún deseo de hacerte daño” declaró Richard, negando firmemente con la cabeza. Su mirada se desvió hacia el amenazante sabueso oscuro, que en ese momento estaba retenido por el igualmente formidable cuervo de la muerte. Por un fugaz instante, el rostro de Richard se contorsionó con una mezcla de repulsión y confusión, una emoción difícil de precisar. Sin embargo, su sincera preocupación por Dumont se hizo evidente cuando dijo con urgencia:” Solo quiero ayudarte.
¿Para ayudarme? El rostro de Dumont era un lienzo de conmoción e incredulidad. Miró a Richard boquiabierto, como si intentara comprender las divagaciones de un lunático. Sin embargo, en lo más profundo de su ser, se gestaba una tormenta de perplejidad. El cuchillo ceremonial no estaba diseñado para ser letal. El ataque inesperado de Richard solo había resultado en un rasguño superficial. Y en esa fracción de segundo, Dumont se quedó lidiando con cómo procesar la situación. Una cosa era evidente: Richard no se comportaba con normalidad.
Richard, sin embargo, miró fijamente a Dumont a los ojos y afirmó: “Exactamente, para ayudarte. Hay un vacío en ti, una especie de vacío. Quiero llenarlo con algodón. Es por tu bienestar”.
¿Algodón?” repitió Dumont con la voz cargada de incredulidad. “¿Estás delirando?
Sin embargo, su cuestionamiento interno se detuvo abruptamente. Una picazón persistente surgió justo en el lugar donde se había herido. Lo que comenzó como un sutil hormigueo se intensificó rápidamente, y sintió como si algo extraño se retorciera bajo su piel. Casi involuntariamente, Dumont se rascó los dedos por la irritación. Su cautela con respecto a Richard lo abandonó momentáneamente mientras inspeccionaba su herida.
Ya no sangraba. Entre las manchas carmesí de su atuendo, se materializaron mechones blancos y esponjosos que parecían algodón. Era como si se transformaran mágicamente de su propia sangre. Con una mezcla de curiosidad y temor, Dumont se acercó y descubrió que la pequeña herida se sellaba con hebras de algodón que parecían clavándose en su carne.
Mientras tanto, la intensa escaramuza entre el cuervo de la muerte y el sabueso oscuro se había calmado. Estos brutales demonios carecían de emociones complejas como el odio o el resentimiento. Sus acciones se regían únicamente por los sentimientos y pensamientos de aquellos a quienes servían. Y cuando las alas esqueléticas se plegaron, ambas criaturas se retiraron, para unirse a sus respectivos amos.
Al levantar la mirada para encontrarse con Richards, el rostro de Dumont transmitía una mezcla de emociones. Su camaradería había sido inestable últimamente. Sus diferencias a menudo habían llevado a pequeños enfrentamientos, pero nunca habían albergado una profunda animosidad. Precisamente por eso, cuando decidieron separarse, Dumont había optado por quedarse con Richard para vigilarlo de cerca, previniéndolo de cualquier táctica turbia.
Sin embargo, las acciones recientes de Richards lo tomaron completamente por sorpresa.
Finalmente, rompiendo el pesado silencio, Dumont comentó, en un tono algo vacilante: Realmente eres un alma inesperadamente buena, ¿no es así?
Con una risa conmovedora, Richard disipó la tensión que se había acumulado entre ambos hombres. Ese singular acto de alegría actuó como un bálsamo, suavizando cualquier fricción residual. El vínculo que compartían, no solo como aliados, sino como hermanos en el campo de batalla, experimentó un proceso de rejuvenecimiento, resurgiendo más fuerte que antes.
“No podemos centrarnos solo en nosotros mismos” expresó Richard con seriedad, con la mirada reflejando la profundidad de su preocupación. “Hay un vacío generalizado con el que todos luchamos. Necesitamos brindarles a todos el consuelo del algodón.
Dumont asimiló las palabras de Richards, con la conciencia de su propia transformación aún fresca en la mente. Respondió, con un matiz de incertidumbre en la voz: “Sí, este algodón debería ser para todos”. Dudó un instante antes de continuar: “El grupo de Shalir podría ser un buen punto de partida. Shalir siempre ha sido genuino y diligente”.
Richard, reflexionando sobre las palabras de Dumont, asintió. Tienes razón. Pero debemos actuar con cautela. Quienes no estén familiarizados con la magia del algodón podrían actuar de forma impredecible, posiblemente por miedo o confusión. Necesitamos familiarizarlos con el concepto, teniendo en cuenta sus posibles reacciones.
Dumont, recordando el consejo de otro aliado, intervino: El rabino también ha enfatizado la necesidad de planificación.
Podemos hacer una lluvia de ideas sobre nuestro enfoque a medida que avanzamos, propuso Richard, mirando a la distancia brumosa.
“Entonces nuestro camino está despejado” coincidió Dumont, con una sonrisa en los labios. Casi instintivamente, ambos hombres declararon en armonía:” Partamos.
Su atención quedó cautivada por la etérea visión que se extendía ante ellos: un sendero forestal bañado por una espesa niebla plateada que los incitaba a avanzar. Animados por una nueva misión y llenos de determinación, avanzaron, perdiéndose en el misterioso abrazo del bosque envuelto en niebla.
Sentían que el suelo bajo sus pies era inestable, casi como si amenazara con arrastrarlos a cualquier movimiento en falso. Dispersos por todas partes estaban los restos destrozados de árboles, sus formas irreconocibles por el intenso fuego que los había consumido. Estos restos carbonizados formaban una intimidante carrera de obstáculos, más desafiante que atravesar un denso bosque con enredaderas entrelazadas y arbustos que los obstruían.
Mientras Nina y Morris atravesaban este páramo desolado y aparentemente interminable, su viaje parecía limitado a las áreas periféricas de la destrucción, sin llegar nunca a su corazón.
Navegar entre las cenizas se siente más peligroso que la parte más densa del bosque, comentó Nina con un dejo de frustración en la voz. En el bosque, al menos hay senderos estrechos excavados por la fauna. Aquí, cada paso es una apuesta arriesgada, con el temor constante de hundirse en un lecho de carbón.
Se detuvo a inspeccionar su zapato cubierto de ceniza, visiblemente irritada. Apoyándose en la rama quemada de un árbol cercano, se lo quitó, sacudiendo con fuerza los restos quemados.
Es como si estuviéramos atrapados en un bucle, bordeando eternamente este paisaje devastado” se lamentó. “¿Crees que hay siquiera un camino que lleve al epicentro de toda esta ruina?
Morris, siguiendo con la mirada las extensas ramas ennegrecidas que se extendían frente a él, respondió: “Las enormes ramas de los niveles superiores de los Árboles del Mundo se han derrumbado, impidiéndonos el paso al núcleo de la Atlántida. Es desalentador”.
Pero estas no eran ramas cualquiera. Su magnitud era incomprensible. Incluso fragmentos que parecían vástagos más pequeños cubrían vastas extensiones, con un ancho que rivalizaba con el de grandes torres. Estos restos carbonizados, esparcidos al azar por el terreno, formaban una barrera gigantesca. Desde lejos, en lugar de parecer ramas quemadas, evocaban la imagen de las ruinas de una ciudad antaño magnífica cayendo del cielo.
Simplemente atravesar el lugar era inviable dada la magnitud de estos obstáculos. Sus opciones eran limitadas: sortear meticulosamente los escombros o aventurarse con valentía por los estrechos huecos, con la esperanza de que la ceniza no hubiera obstruido aún todas las rutas posibles.
"Apuesto a que si Vanna estuviera aquí, podría usar su poder para atravesar estas barreras", comentó Nina con un dejo de admiración en su voz. "Su gran poder acabaría rápidamente con estos obstáculos".
Morris corrigió que, tras conocer a Vanna desde hace bastante tiempo, Vanna no se trata solo de poder puro. Pero, al enfrentarse a barreras tan abrumadoras, incluso ella podría encontrarlo.
Pero luego se quedó en silencio, perdido en sus pensamientos.
Después de una breve pausa, concedió con una risita: Está bien, tal vez pueda controlarlo.
Para no quedarme atrás, añadió Nina suavemente: Si tuviera la oportunidad, yo también podría hacerlo.
La mirada de Morris se desvió hacia la joven que estaba a su lado, mientras un pensamiento se formaba, casi impulsándolo a expresarlo. Sin embargo, justo cuando las palabras estaban a punto de salir de sus labios, una repentina y fuerte ráfaga de viento rugió por el paisaje desolado y cubierto de ceniza. La fuerza del viento removió la ceniza asentada, creando una nube gris y arremolinada. Pero dentro de esa bruma fugaz, tanto Morris como Nina percibieron la silueta borrosa de una figura no muy lejos.
¿Era esa la silueta de un elfo? ¿Era posible que en medio de este páramo, un elfo se alzara, desorientado y aislado, azotado por el viento?
Nina, desconcertada por el avistamiento, volvió rápidamente la mirada hacia Morris, con una mezcla de asombro e intriga en sus ojos. “Señor Morris”, preguntó con voz ligeramente temblorosa, “¿También vio esa figura sombría de hace un momento?”.
El rostro de Morris se volvió notablemente más serio. Sí, respondió secamente, tenía el aspecto de un elfo.
Reflexionando sobre la breve visión, Nina añadió, casi para sí misma: “No era Shireen, eso seguro”. Frunció el ceño, intentando reconstruir la fugaz imagen en su mente. Pero algo en el atuendo le conmovió. Parecía recordar a...
Dudó, como si temiera que su propia conclusión fuera infundada o demasiado optimista. Morris, sin embargo, asintió lentamente, entendiendo, completando su pensamiento. El atuendo se parecía mucho al que usaban los habitantes de Wind Harbor.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 620
Estás leyendo el capítulo 620 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.