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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 606 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Para acceder al gran salón de actos desde uno de los camarotes privados del barco, era necesario recorrer un largo y sinuoso pasillo que finalmente conducía a una escalera descendente. El barco era una maravilla tanto en tamaño como en propósito. Además de albergar a un número significativo de seguidores de los Señores del Inframundo, estaba diseñado para albergar diversos ritos y ceremonias oscuras. Para quienes se dedicaban al Señor del Inframundo, una deidad que se creía que reinaba sobre las profundidades del abismo, estar en este barco era una señal de máximo respeto y confianza. Sin embargo, solo unos pocos devotos selectos recibieron este honor. Muchos no fueron considerados merecedores de subir a bordo de la nave, y la mayoría desconocía su existencia. Estos seguidores menos privilegiados solo escuchaban relatos fragmentados y rumores durante reuniones secretas: se rumoreaba sobre un majestuoso barco que navegaba bajo la dirección del Señor del Inframundo. Decían que era la mirada del Señor que escudriñaba los vastos océanos. El barco no era solo un medio de transporte; simbolizaba la sagrada misión de su secta y se creía que sería decisivo para anunciar una nueva era de poder y dominio. Richard, vestido con una túnica negra ceremonial, avanzaba con pasos pausados y mesurados por el pasillo, que parecía casi interminable. De vez en cuando, se cruzaba con miembros de su oscura secta, también vestidos con túnicas. Mientras algunos lo saludaban con reverencia, Richard solo asentía levemente. Dispersos por el pasillo se encontraban miembros de la tripulación vestidos con ropas más sencillas y toscas. Sus cuellos llevaban cadenas, lo que indicaba su estatus inferior. Estos también eran creyentes, pero sin la capacidad de acceder a las energías demoníacas. Su función en la nave era puramente servil, atendiendo los caprichos y necesidades de los sacerdotes más poderosos. A pesar de la iluminación adecuada del pasillo, la atmósfera era pesada y sofocante. Candelabros de hierro negro, con diseños ornamentados, colgaban a intervalos regulares de las paredes grises y pálidas, intercalados con inquietantes pinturas al óleo. Estas obras de arte mostraban paisajes sobrenaturales y rostros inquietantes y deformes. Lujosas cortinas de color rojo intenso colgaban elegantemente del techo, a veces ocultando nichos en sombra. Esta estética estaba profundamente arraigada en sus creencias. Los devotos del abismo sostenían que la oscuridad caótica era la esencia pura del Señor del Inframundo, el color original del que surgió el universo. Dicha decoración era un intento de armonizar su entorno con el abismo, todo para ganarse el favor de los Señores del Inframundo. A pesar de la sombría estética de los salones, la opulencia era innegable. Ricardo era muy consciente de que construir un barco así había consumido enormes recursos. Sin embargo, siempre había personas dispuestas a contribuir, ya fueran funcionarios influyentes que ansiaban más años de vida, comerciantes que buscaban la cura de sus dolencias o nobles que buscaban un poder sin igual. Con la esperanza de una intervención divina, sus desesperadas ofrendas financiaron esta magnífica embarcación. Las principales organizaciones religiosas, junto con diversas administraciones de ciudades-estado, habían establecido códigos estrictos para lo que denominaban el mundo civilizado. Estos edictos actuaban como barreras, protegiendo y quizás incluso engañando a la población en general. Pero ninguna barrera está exenta de grietas, y estas grietas siempre han estado, están y siempre estarán presentes. Pronto, Richard llegó a la entrada del salón de actos. Al final del pasillo, un par de imponentes puertas dobles estaban entreabiertas, revelando un amplio salón bañado por una luz radiante. El techo, que recordaba a la cúpula de una catedral, se sostenía sobre colosales pilares, y de su cúspide colgaba una magnífica lámpara de araña de tres niveles, cuyas numerosas velas proyectaban un resplandor que llegaba hasta los rincones más recónditos del espacio. Dado el gran tamaño y la función de las salas, no podían mantener la atmósfera sombría que prevalecía en las demás cámaras de la nave. Para evocar la atmósfera apropiada de reverencia hacia el Señor del Inframundo, los arquitectos y artesanos emplearon una gran cantidad de diseños intrincados y suntuosos adornos. Tallas que semejaban tentáculos, símbolos de la omnipresencia del Señor del Inframundo, se extendían en espiral alrededor de los pilares. En el extremo más profundo de las salas, extensos murales pintados en tonos oscuros exhibían ramas extendidas, otro amuleto del Señor. Entre estas representaciones, esculturas de diseños peculiares y misteriosos se alzaban estratégicamente, dotando a la sala de un aura que combinaba reverencia y una grandeza casi opresiva. Richard entró en la sala, uniéndose a un mar de creyentes. Se tomó un momento para ajustarse la capucha que proyectaba una sombra sobre su rostro antes de alzar la vista hacia la plataforma que dominaba el centro del espacio. Aquella plataforma albergaba la presencia del Santo. El Santo, figura de devoción sin igual, era la cumbre de la santidad en el reino temporal y el más cercano al Maestro abisal. Sus ojos multifacéticos se elevaban, contemplando la asamblea de los devotos. Su gigantesca figura ocupaba gran parte del espacio de la plataforma. A simple vista, su silueta sugería una corona de espinas entrelazadas, pero una inspección más detallada revelaba que se trataba de un conjunto de pesadilla de huesos entretejidos, de un negro intenso, similar a un grotesco nido de pájaro. Encerrado dentro de esta matriz ósea se encontraba un cerebro colosal, cuya superficie se contraía y expandía rítmicamente. Este laberinto óseo actuaba como protección y prisión para el cerebro, del cual crecían zarcillos neuronales que culminaban en los tallos oculares que escudriñaban el entorno. Suspendida sobre esta intrincada estructura, colgaba una cadena oscura, aparentemente desprendida de cualquier objeto. Esta cadena, originada en el cerebro, flotó etéreamente antes de reconectarse con la corona esquelética, creando un bucle perpetuo. Esto simbolizaba la profunda transformación del Santo. Había trascendido la etapa elemental de la formación de vínculos entre el hombre y el demonio. Ahora, su vínculo era introspectivo; los vestigios de su humanidad estaban casi erradicados, suplantados por la imponente esencia de un demonio de las sombras. La mirada de Richards se fijó momentáneamente en los Saints antes de bajar respetuosamente la cabeza. El Santo estaba al borde de la evolución definitiva. A punto de completar su transformación, momento en el que las cadenas se disolverían, marcando su descenso completo al abismo, uniéndose al Señor del Inframundo. Sin embargo, a pesar de estar en la cúspide de esta metamorfosis definitiva, el Santo decidió permanecer atado al reino mortal. Su continua existencia aquí era testimonio de su compromiso: guiar a los no iniciados, como él lo fue antaño, hacia la singular y eterna meta del abismo. Tal devoción era ciertamente digna de admiración. Un susurro apagado hizo eco: Todos se han reunido. El silencio que invadía la sala fue interrumpido abruptamente por una voz resonante y desgastada que parecía emanar no de la habitación, sino directamente de la conciencia de todos los presentes. Esta repentina comunicación telepática silenció el bullicio previamente animado de susurros y conversaciones en voz baja, dejando tras sí un profundo silencio marcado por un aire de reverencia y anticipación. Desde su posición central en la plataforma, el Santo movió sutilmente uno de sus numerosos pedúnculos oculares, apuntándolo deliberadamente a la entrada principal del salón. Tras esta orden tácita, las enormes puertas de madera comenzaron a cerrarse, con sus bisagras emitiendo un prolongado crujido, antes de finalmente unirse y cerrarse con seguridad. Su voz, profunda y cautivadora, persistió en la mente de cada asistente. A medida que la luz del día se desvanece y el sol se prepara para descansar, en tan solo tres horas, el Sueño del Sin Nombre se desplegará una vez más. Antes de que nos veamos envueltos de nuevo en esta enigmática visión, es imperativo que reflexionemos sobre la información que hemos recopilado hasta ahora. En medio del peso de la inminente revelación, Richard se concentró en la voz del Santo, esforzándose por captar cada matiz, cada detalle. Al hacerlo, una calidez peculiar, con un ligero picor, irradiaba de su pecho. Visualizó finas fibras, como zarcillos, que se abrían paso a través de su carne y estructura ósea, expandiendo su alcance. Estas fibras parecían serpentear hasta sus órganos vitales, incrustarse aún más en él. Se preguntó: ¿pasaría mucho tiempo antes de que se saturara con esas inquietantes hebras algodonosas? Por un momento, el peso sobre los hombros de Richards se alivió, y creyó distinguir la suave risa de una joven doncella cerca de su oído. Pero esta fugaz distracción fue rápidamente eclipsada por la voz autoritaria del Santo, que volvió a centrar la atención de Richards. En numerosas ocasiones nos hemos adentrado en el Sueño del Sin Nombre. Estas incursiones abarcan tanto operaciones encubiertas llevadas a cabo por nuestros miembros dispersos en diversas ciudades-estado como incursiones más planificadas dirigidas por nuestros estimados sacerdotes. Lamentablemente, como algunos de ustedes ya podrán suponer, ciertas iniciativas no han dado los frutos esperados. Mientras el Santo articulaba sus pensamientos, sutiles y rítmicos chasquidos emanaban de la Corona de Huesos Espinosos. Partes de su estructura ósea parecieron cobrar vida, emitiendo destellos que se coagulaban a lo largo de los bordes de los huesos. Esta energía radiante se transformó gradualmente en una aparición más perceptible y vibrante. Al solidificarse la imagen espectral, mostró a una joven doncella ataviada con un vestido de marta cibelina. Su cabello negro azabache, corto, enmarcaba un rostro frágil. Una campanilla ornamental adornaba su cuello, que tintineaba suavemente. A pesar de parecer una adolescente, su frágil semblante le otorgaba una apariencia aún más juvenil. Sin embargo, lo más llamativo era su brazo, o la ausencia de uno típico. Extendiéndose desde su hombro y cubriendo parte de su torso, se alzaba una estructura esquelética de la que sobresalía una cadena negra azabache, atándola a una bestia reconocida por muchos en la sala: un siniestro y sombrío sabueso oscuro. Se produjo un murmullo entre la asamblea. Mientras algunos susurraban especulaciones, otros, con conocimiento previo de esta aparición, dirigieron miradas mordaces en cierta dirección. Todas esas miradas se posaron en Richard. Los dedos de Richards jugueteaban con el borde de su capucha; la repentina atención le causó orgullo e incomodidad a partes iguales. Si bien una parte de él rebosaba de satisfacción por haber adquirido información tan crucial, la intensa mirada de la asamblea y las implicaciones que envolvía la información lo hicieron sentir expuesto e incómodo. Justo cuando el peso del escrutinio de las habitaciones comenzó a sentirse abrumador, la voz autoritaria de los santos llenó el vacío, ofreciéndole a Richard un breve respiro de las preguntas tácitas de la congregación. En medio de una gran adversidad, e incluso de pérdidas, uno de nosotros logró recuperar un conocimiento crucial. La imagen que ven ahora es la de nuestro enemigo. No te dejes seducir por su aparente delicadeza, advirtió la Santa. Es un anatema, encarnando una doctrina mucho más retorcida y prohibida que cualquier culto ajeno. Por medios aún indeterminados, ejerce su dominio sobre un formidable sabueso oscuro. Sin embargo, lo verdaderamente desconcertante es que su propia destreza arcana parece superar incluso a la de su bestial compañera. Sus acciones son malévolas y erráticas. El hermano que obtuvo esta información es uno de nuestros miembros más distinguidos, curtido en batalla y dotado de un inmenso poder. Sin embargo, incluso él resultó gravemente herido en un asalto taimado por esta figura herética, escapando por poco de las fauces de su siniestro perro. Así que, estén alerta. A medida que continuamos nuestras incursiones en el Sueño del Sin Nombre, su posible bien se cruzará con este sacrílego adversario una vez más. Para lo que deben prepararse especialmente es para su forma poco ortodoxa y peligrosa de asalto. La voz del Santo se apagó momentáneamente. Era una visión inusual ver a una figura de tan profunda sabiduría y poder quedarse momentáneamente sin palabras. Mientras se ajustaba nuevamente la capucha, quizás más por costumbre ahora, Richard reflexionó sobre la posibilidad de fortalecer su diseño más adelante. La voz de los Santos entonces reanudó su abrazo mental, su tono ligeramente desconcertado, su táctica preferida es literalmente arrojar a su perro a sus enemigos.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 606

Estás leyendo el capítulo 606 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.