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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 605 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La imagen en el espejo comenzó a desaparecer lentamente. Duncan, sin embargo, permaneció allí, absorto en sus pensamientos durante lo que pareció una eternidad. Siempre había sido transparente con Lucrecia sobre el fenómeno único de sus encarnaciones y las capacidades asociadas a ellas. Ai, su mensajero, poseía la impresionante capacidad de moverse rápidamente entre las señales creadas por estas encarnaciones. Además, Duncan podía cambiar sin esfuerzo su consciencia dominante y su poder entre estas encarnaciones en un instante. Este talento no solo era extraordinariamente poderoso, sino también sumamente práctico. Sin embargo, en la Ciudad-Estado de Wind Harbor, se había abstenido de establecer tal encarnación. Ciertamente, una de las razones fue su dificultad para encontrar un recipiente adecuado para la encarnación. Pero había una razón más profunda y secreta que había ocultado a todos. Continuó mirándose al espejo, estudiando los rasgos del rostro que lo miraba. Con el tiempo, Duncan se había familiarizado por completo con ese rostro, que al principio le había parecido tan extraño. Su físico robusto, con su presencia seria e imponente, se había convertido en la forma en que el mundo lo reconocía. Este cuerpo estaba habitado por un alma llamada Zhou Ming, al igual que las almas llamadas Pland y Frost ocuparon sus otras encarnaciones. Con el paso del tiempo, Duncan se adaptó y se integró a la perfección en estas personalidades. Confiaba en que, si en el futuro se producían más encarnaciones duraderas, podría adaptarse a ellas, ya fuera una, diez o incluso más. La adaptabilidad era una de sus fortalezas. Tras reflexionar, comprendió que su resiliencia mental no solo era más fuerte, sino también más singular de lo que había reconocido. El desafío de gestionar y equilibrar múltiples identidades y vidas no lo abrumó como había anticipado. Los temores de experimentar fragmentación mental o desarrollar trastornos de la personalidad nunca se materializaron. Sin embargo, Duncan aún resistía conscientemente la tentación de establecer nuevas encarnaciones. Se abstuvo de perseguir un cuerpo en Wind Harbor para que sirviera como otro faro. La aprensión de Duncan no se debía a la posible confusión derivada de sus numerosas encarnaciones. Reconocía que las emociones y recuerdos residuales de estos cuerpos anfitriones tenían una influencia mínima en él. Su débil fuerza de voluntad no representaba ninguna amenaza para su espíritu dominante. Su verdadero temor era de otra naturaleza. Si comenzaba a considerar el acto de ocupar cuerpos como algo común, o a percibir el control de múltiples destinos como una mera estrategia, le preocupaba que, algún día, ocurriera algo mucho más peligroso que simplemente perderse. Tras experimentar la vida de docenas o incluso cientos de encarnaciones, ¿seguiría siendo tan responsable y considerado con las consecuencias de sus actos como ahora? Quizás en un escenario así, otro personaje como Nina entraría en juego, pero tal vez no seguiría siendo el compasivo tío Duncan que alguna vez fue. La esencia misma de la naturaleza humana puede decaer cuando es tomada por sorpresa. Así, con esta revelación, decidió actuar con cuidado cuando se tratara el asunto de las nuevas encarnaciones, considerándolo sólo cuando fuera verdaderamente apropiado o absolutamente imperativo. Por supuesto, Duncan no dudó en apoderarse temporalmente de los cuerpos de ciertos miembros de la secta para recabar información. En su opinión, esto era como usar recursos a corto plazo que se usan brevemente y luego se desechan sin pensarlo dos veces. Un fino velo de niebla negra comenzó a desplegarse silenciosamente dentro del espejo. De la espesa neblina emergió la imagen de Agatha. Al ver al capitán mirándose en el espejo, Agatha se apartó instintivamente, minimizando su reflejo hasta que ocupó solo una pequeña fracción de la superficie. Con una mirada inquisitiva, se dirigió a Duncan: “¿Sigues dándole vueltas a la propuesta que la señorita Lucretia presentó antes?”. Duncan dejó escapar un suave suspiro y dijo: “Quizás tenga algunas reservas sobre mis intenciones”. Su sugerencia parece tener un tono subyacente de sospecha. Pero eso no es lo que me ocupa los pensamientos en este momento. Agatha asintió, entendiendo, y decidió no profundizar en el tema. Reorientó la conversación y preguntó: “Entonces, ¿cuál es nuestro siguiente paso?”. Al exponer su plan, Duncan dijo: “Los Desaparecidos seguirán navegando hacia el norte, más allá del rumbo norte de Puerto del Viento. Necesitamos determinar si el Sueño del Sin Nombre persiste incluso tras nuestra distancia. Si la imagen de los Desaparecidos continúa apareciendo en los sueños de Atlántida, Vanna y los demás avanzarán según el plan. Ahora mismo, nuestra atención debe centrarse principalmente en Rabbi. Ese escurridizo conejo está escondido en la nave de los Aniquiladores, y están convocando una reunión al anochecer. Me intriga descubrir la agenda de esa asamblea”. Con una expresión contemplativa, Duncan continuó, sus ojos reflejando una sensación de ansiosa anticipación: Por ahora, esperamos más actualizaciones del final de Lucrecia. Agatha escuchó atentamente, absorbiendo cada detalle. Cuando Duncan hizo una pausa, expresó una persistente curiosidad: “Si el Sueño del Sin Nombre permanece inalterado, ¿cómo piensas lidiar con el reflejo del Desaparecido mientras navega entre las brumas sombrías? Tu forma real está aquí en este barco, y esa manifestación de vid es exclusiva de Puerto del Viento”. Duncan sonrió al reflejo disminuido de Agatha en la esquina del espejo, recordándole: “¿Te acuerdas?”. El último Sueño del Sin Nombre se interrumpió cuando yo, desde el mundo real, me acerqué a la enredadera, entrando en esa oscura dimensión y asumiendo el control del reflejo de la Desaparecida como una entidad externa. Al regresar a nuestra realidad, mencioné haber encontrado una solución a este problema. Desconcertada, Agatha preguntó: ¿A qué solución te refieres? Con la sonrisa intacta, Duncan centró su atención en el paisaje que se extendía tras la ventana. En el espejo, agachó la postura con gracia, alineándose con Agathas. Dentro del reflejo, Duncan se inclinó hacia delante, haciendo contacto con la imagen reducida de Agatha, ahora del tamaño de su mano, y dijo con un dejo de misterio: Esta, querida, es mi solución. Agatha quedó sorprendida por un instante. Dentro de este universo alternativo, reflejada en el espejo, levantó lentamente la cabeza para contemplar al capitán. Para su sorpresa, él también había entrado en ese reino de espejos sobrenaturales. Hubo una pausa breve, pero palpable, donde lo único que se oía era el peso de su mutuo asombro. Tras un par de segundos, los ojos de Agatha se abrieron de par en par y un jadeo suave, casi inaudible, escapó de sus labios. De repente, para su horror, su reflejo se fragmentó, rompiéndose en innumerables pedazos. Dentro de la dimensión de los espejos, Duncan suspiró con resignación. Se agachó, recogiendo con sumo cuidado los fragmentos dispersos del reflejo destrozado de Agatha. Recogió cada pieza meticulosamente, y comenzó la delicada tarea de reconstruirla. Mientras trabajaba, murmuró para sí mismo: “Deberías ser más adaptable, sobre todo viviendo en esta nave. Harías bien en seguir el ejemplo de Morris o Vanna”. De hecho, Morris incluso ha logrado adaptarse a la idea de hacer las tareas de Shirley últimamente. Lucrecia estaba sentada frente al espejo ornamentado, absorta en sus reflexiones. La habitación estaba en silencio, salvo por el suave parpadeo de las velas que proyectaban un brillo misterioso a su alrededor. Cuando el tiempo pareció detenerse, una voz mística rompió el silencio. Pertenecía a Rabbi, un conejo mágico, y resonaba desde una brillante bola de cristal situada no muy lejos de ella. Señora, ¿teme que el venerable anciano amo le guarde rencor?” preguntó el rabino con genuina preocupación. Sorprendida, Lucrecia se giró hacia el origen de la voz. ¿Y qué te hace pensar eso?, preguntó con cierta actitud defensiva. La voz del rabino se escuchó con una delicada vacilación. Su reciente consejo parecía como si estuviera sondeando al viejo maestro, intentando evaluar si conserva la comprensión y la esencia de un ser humano normal. Podría ofenderse por tales implicaciones. Lucrecia se irguió y respondió: “No estaba cuestionando la integridad ni la cordura de mi padre. Quizás, en retrospectiva, no pensé bien en mis acciones”. Su voz se tornó más aguda: “Sin embargo, que hayas escuchado a escondidas mi conversación privada con él sugiere que tienes demasiado tiempo libre”. ¡Solo busco distracción! La voz del rabino sonaba con un tono exagerado, llena de humor y ansiedad. Estoy en una situación precaria. Rodeado de estos cultistas tontos y desagradables, hablo contigo para mantener la cordura. Si no, es muy probable que ceda al impulso de, bueno, no sé, devorarlos a todos. Lucrecia, optando por ignorar los aspectos más excéntricos del arrebato de Rabino, respondió con calma indiferente: “Cómo cumples mis órdenes es asunto tuyo. Si ese supuesto Santo te encuentra, no cuentes con que me apresure a salvarte”. El rabino, intentando aliviar la tensión, respondió: “Ah, claro que sí, señora. El rabino tiene fe en usted. Si algo me pasara, confío en que recuperaría mi espíritu y lo cosería en una nueva vasija. ¿Quizás un osito de peluche esta vez?”. Lucrecia, mostrando un indicio de su creciente impaciencia, golpeó suavemente la bola de cristal: Te estás volviendo aburrido con tu constante parloteo. Y con esto, la Rabina cesó sus divagaciones, dejando la habitación una vez más en silencio contemplativo. La vasta estructura conocida como Visión 001 descendía gradualmente hacia el horizonte, y al hacerlo, la luz solar, antes cegadora, se transformó en un cautivador tono dorado, proyectando suaves rayos sobre las ondulantes olas. La luz del sol que se filtraba por las ventanas del barco adquirió un tono más suave. El ambiente se tensó con la anticipación a medida que se acercaba la hora de la asamblea. El silencioso zumbido del barco se veía interrumpido ocasionalmente por pasos y saludos apagados entre la tripulación y los miembros de la secta. Un hombre escultural y delgado, con rasgos severos, se levantó lentamente de su lugar de descanso, tomándose un momento para absorber los débiles ruidos del exterior. Tras pasar la mayor parte del día descansando y supervisando la curación de su cuervo de la muerte, había recuperado la energía. Se sentía revitalizado. Esta formidable figura, conocida como Ricardo el Aniquilador, respiró hondo y se dirigió con paso decidido hacia el armario escondido en un rincón. De dentro, sacó una túnica oscura con capucha, el atuendo habitual para la próxima congregación. A decir verdad, a Richard nunca le había gustado especialmente esta capa. Si bien muchos miembros de la secta oscura creían que esta prenda era crucial para la concentración espiritual y la iluminación, Richard siempre había discrepado. Para él, la túnica le resultaba restrictiva, incómoda para las excursiones urbanas y anacrónica. Le recordaba a la vestimenta que usaban los prisioneros de antiguas mazmorras, abandonados a su suerte en sus húmedas celdas. La idea de que potenciara la concentración espiritual le parecía absurda. ¿Un verdadero creyente realmente necesitaría una simple tela para alinear su alma con el Gran Señor Inferior? Sin embargo, en esta ocasión, sintió una inesperada calidez hacia ella. Estar completamente envuelto, mimetizándose a la perfección con sus compañeros, le proporcionaba una extraña sensación de seguridad. Mientras se ponía la túnica y se cubría el rostro con la capucha, una sensación reconfortante lo envolvió. Exhaló suavemente, preparándose para partir. Antes de que pudiera girar la manija, una repentina y fría corriente inundó la cabina. Sintió como si una sombra ágil se acercara a él, zigzagueando en el aire. Casi instintivamente, sintió un peso como una pluma posarse sobre su hombro. Una voz suave, apenas audible, murmuró en su oído: Te has llevado el relleno del rabino. Ahora, ¿procedemos? Sigamos adelante, respondió suavemente, mientras una sensación cálida y agradable florecía en su pecho. Era simplemente algodón. Pero no era un algodón cualquiera: estaba vivo y creciendo. Richard esbozó una sonrisa reconfortante y procedió a abrir la puerta. Al adentrarse en el pasillo, se encontró con muchos envueltos en túnicas oscuras similares, todos dirigiéndose al corazón de la nave. Intercambios susurrantes llenaban el aire, hablando del Sueño del Sin Nombre, revelaciones sobre el santo, novedades sobre aliados y las recientes hazañas de los Misioneros Ender. Con determinación y con el rabino a su lado, Richard se embarcó en su búsqueda.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 605

Estás leyendo el capítulo 605 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.