arrow_back

Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 598 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Desde que Duncan se topó con otro Desaparecido que flotaba en el abismo aparentemente interminable de oscuridad y niebla, había sido cauteloso al acercarse a su timón, y mucho menos al tomar el control. Esta cautela provenía de su desconocimiento de la nave y del temor a cómo reaccionaría a su intervención. Sin embargo, a medida que Duncan profundizaba, se dio cuenta de que esta nave no era la auténtica Desaparecida que conocía, sino un eco o una versión en sombra. Este estado de doble nave se había producido debido a un trance o estado onírico provocado por una entidad conocida como la Cabeza de Cabra. Al darse cuenta de esto, las aprensiones de Duncan comenzaron a desvanecerse. Había llegado el momento de que Duncan hiciera valer su autoridad sobre esta nave nacida de un sueño. Metódicamente, Duncan se acercó a la cubierta del capitán, ubicada en la popa. Cada paso resonaba al chocar con las fijaciones de hierro y los cabos enrollados que bordeaban el timón. Esos cabos, envueltos en la oscuridad, permanecían inactivos como a la espera de algo. El timón, pintado de un tono oscuro, se bamboleaba ligeramente en el centro de la cubierta, insinuando que la cabeza de cabra aún podría estar al timón. Al llegar al timón, Duncan se detuvo y respiró hondo. Lo invadieron los recuerdos de la primera vez que comandó el timón, de las sensaciones que sintió al tocarlo. Pero no era de los que se dejaban llevar por la nostalgia; apartó esos pensamientos y apoyó suavemente la mano sobre los radios de madera del timón. Estaba fresco al tacto y ofreció un ligero empujón. Duncan estaba preparado para esta resistencia de ensueño. Invocó las llamas de seguridad que había traído consigo a bordo, dirigiéndolas hacia el timón con fuerza. Casi de inmediato, etéreos zarcillos de fuego surgieron del vacío, iluminando el entorno. Estas llamas sobrenaturales ardieron rápidamente sobre la cubierta del capitán, transformando a Duncan en una aparición fantasmal. Las llamas no escatimaron esfuerzos, envolviendo el timón y toda la zona de dirección. Al sentir el barco moverse bajo su control, Duncan pudo percibir cada faceta de él en su mente, con la misma nitidez con la que percibiría al verdadero Desaparecido en el mundo de la vigilia. Sintió la textura de la cubierta, los imponentes mástiles, cada vela, todas las cuerdas e incluso los camarotes ocultos bajo tierra. El barco pareció cobrar vida, haciéndose presente con una sinfonía de crujidos y gemidos. Fue como si esta embarcación, forjada a partir de sueños y sombras, hubiera descubierto de repente a su legítimo capitán. Objetos inertes, como cuerdas y barriles, comenzaron a moverse en la penumbra. Con sus velas fantasmales al viento, Duncan sintió que el barco cobraba impulso. Parecía haber encontrado un propósito, dirigiéndose hacia un camino desconocido en la oscuridad envolvente. Duncan se tambaleó, sorprendido, ante la repentina e inexplicable aceleración de la nave en la insondable oscuridad. Mientras intentaba comprender la situación, una voz inquietante, que parecía provenir de la nada y de todas partes simultáneamente, resonó en su mente: ¿Quién anda ahí? Era una voz suave, que recordaba a la de una niña, con un matiz de confusión y la neblina de alguien que se debate entre el sueño y la vigilia. El sonido parecía resonar sin cesar en el vacío infinito que rodeaba a Duncan. Mientras lo procesaba, una suave luminosidad comenzó a formarse en la distancia, revelando una enorme entidad que parecía estar en rumbo directo a la colisión con los Desaparecidos. Para asombro de Duncan, la entidad parecía un vasto vórtice, con innumerables zarcillos que se extendían desde su centro, parecidos a enredaderas y ramas. Estos zarcillos se extendían con una velocidad asombrosa, enroscándose y llenando casi todas las grietas del exterior de la nave. En la línea de visión de Duncan, este colosal laberinto vegetal dominaba por completo, moviéndose y adaptándose a medida que la nave avanzaba. Era como si los Desaparecidos hubieran sido tragados por un túnel orgánico. Las paredes y el techo de este espacio cavernoso estaban hechos de enredaderas y ramas entrelazadas, creando una sensación de asombro e inquietud a la vez. De estas paredes vivas emergía una multitud de luces suaves que fluían y ondulaban como arroyos. Gradualmente, estos orbes de luz viajaron hacia los Desaparecidos, abriéndose paso hasta la cubierta de popa, donde se encontraba Duncan. Dentro de este resplandor radiante, algo parecía formarse, pero su forma permanecía indistinta. Siguieron avanzando, aparentemente en busca de algo o alguien. Con la escena que lo envolvía y las luces cada vez más cerca, la determinación de Duncan se endureció. Se aferró al timón con firmeza, preparado para afrontar lo que viniera después. Observó los gruesos y oscuros tentáculos que se movían justo fuera de la nave y sintió que el Desaparecido perdía velocidad como si otra fuerza impidiera su avance. Las luces finalmente formaron un halo giratorio a su alrededor, y esa voz familiar, evocadoramente tierna, resonó una vez más: ¿Quién es? ¿Quién anda ahí? La mirada de Duncan estaba fija en la fascinante danza de luces que lo rodeaba, mientras giraban alrededor del timón del barco. La voz, teñida de inocencia y anhelo, persistía en sus pensamientos: ¿Eres tú, Saslokha? ¿Por fin has vuelto? Ha pasado tanto tiempo. ¿Dónde estás? No te veo. ¿Puedo abrir los ojos? ¿Ya pasó todo? No puedo abrir los ojos, Saslokha. La oscuridad es inquietante. Siento que hay alguien cerca. Hice lo mejor que pude. Construí barreras para protegerlos. Una vez aquí, puedes ver lo que hice, pero ¿dónde estás? ¿No puedes acercarte? El resplandor radiante persistía en su danza inquietante, rodeando el timón y, ocasionalmente, concentrándose en una bola de luz, para luego dispersarse en un resplandor caótico. Este resplandor etéreo se acercó al timón varias veces, rozando incluso los bordes del atuendo de Duncan, tocando los extremos de sus mangas y el dobladillo de su abrigo. Sin embargo, ella parecía completamente inconsciente de la existencia de Duncan. Era como si tuviera problemas de visión o como si Duncan y la voz pertenecieran a reinos distintos, coexistiendo pero separados por capas de realidad o quizás dimensiones. Mientras Duncan observaba la impredecible danza de la luz, se sintió constantemente atraído por la voz, que parecía resonar desde sus propios pensamientos. Cuando la luminosidad se acercaba, percibía claramente una suave calidez. Las palabras recurrentes de la voz insinuaban un significado más profundo y tácito. Respirando hondo y superando su reticencia inicial, Duncan decidió intervenir: mantuvo el timón del barco agarrado con una mano y extendió la mano hacia la brillante estela de luz con la otra. En el momento en que la luz tocó su palma extendida, Duncan sintió una calidez de otro mundo. Se movió rápidamente a través de su mano, saliendo tan repentinamente como llegó, dando la sensación de haber cruzado a otro plano de existencia. Sin embargo, en esa fugaz interacción, Duncan comprendió algo: no solo reconoció, sino que supo la identidad de esta entidad brillante y la voz. Era Atlántida, el mítico Árbol del Mundo venerado por los Elfos. Esta revelación pareció grabarse en la conciencia de Duncan, subrayando la naturaleza transformadora del conocimiento profundo. Duncan, momentáneamente conmocionado por la revelación, fue rápidamente devuelto al presente por una sensación estremecedora. Casi de inmediato, el barco tembló. El Desaparecido, mientras navegaba entre la niebla sombría, comenzó a convulsionar. La oscuridad circundante absorbió rápidamente las velas fantasmales, se formaron fisuras en la cubierta y todo el barco pareció desdibujarse, desintegrándose por los bordes. Además, el mismo timón que Duncan sostenía comenzó a deformarse, disolviéndose entre sus dedos. Esto dejó a Duncan con un escenario que tuvo que reconstruir: la integridad estructural de los sueños se estaba derrumbando; la cúspide del despertar era inminente. Sin embargo, había tenido cuidado de no agitar a Atlantis con las llamas, y durante su breve interacción, no detectó ningún indicio de que Atlantis despertara de su letargo. Entonces, ¿por qué la estructura del sueño se deterioraba tan rápidamente? La introspección de Vanna se vio interrumpida abruptamente por repentinas ráfagas de viento en el árido desierto. Al ponerse de pie de un salto desde su escondite tras un grupo de rocas, su mirada identificó de inmediato el origen de la avalancha de arena. Desde lejos, la arena se elevaba como titanes monolíticos y la visibilidad disminuía rápidamente a medida que se mezclaba con la bruma del desierto. Al recuperarse de su shock inicial, un mensaje del capitán de su barco resonó en la mente de Vanna. El Sueño de los Sin Nombre estaba flaqueando; el viaje de ensueño estaba llegando a su conclusión. La creciente tormenta de arena y la distorsión en el horizonte eran signos reveladores de la inminente frontera entre el sueño y la realidad. Girando sobre sus talones, la mirada de Vanna se posó en la fogata, cuyas llamas, una vez vigorosas, ahora se estaban reduciendo a meras brasas. Frente a ella, el gigante arcaico levantó lentamente la mirada. Dentro de sus amplias y huecas cuencas oculares, danzaban llamas serenas. Viajero, nuestro breve encuentro está llegando a su fin, retumbó su voz profunda. Tomándola por sorpresa, Vanna le preguntó: ¿Cómo lo supiste? Respondió con un tono contemplativo: “Aunque no capte los detalles, puedo percibir la fugaz conclusión de un viaje. Te vas de aquí, ¿verdad?”. Con suavidad, añadió mientras se erguía, elevándose sobre el paisaje: “Tu esencia es diferente, y posee una vitalidad que este reino destrozado no ha contemplado en eones”. Tartamudeando, Vanna buscó las palabras. A medida que el sueño se acercaba a su fin, parecía que solo tenía un instante fugaz para despedirse. El gigante emitió una risa suave y melódica, inclinándose para recuperar su bastón adornado. Los ojos de Vanna se abrieron de par en par al observar las nuevas inscripciones que adornaban el bastón, que era incluso más alto que su inmenso dueño. Parecían glifos o símbolos, irradiando una extraña familiaridad. Por un instante, sintió que estaba a punto de descifrarlos, pero su esencia se le escapó con la misma rapidez. Eran un guión desconocido para ella. Con esperanza, nuestros destinos se entrelazarán una vez más, la sonora voz del gigante rompió su ensoñación, y tal vez, antes de lo que anticipa. Desconcertada, Vanna buscó una aclaración: ¿Qué te hace decir eso? Con un brillo en sus ojos, el gigante señaló su bastón: Porque hay una historia en este bastón que permanece sin terminar. Antes de que Vanna pudiera investigar más, la tormenta de arena envolvente surgió rápidamente, borrando su vista mientras el reino de los sueños temblaba y comenzaba a desintegrarse. Unos momentos después, el fragmentado mundo de los sueños se transformó sin problemas en su familiar entorno doméstico: su acogedora sala de estar, su mesa de comedor habitual y el reconocible techo. También se materializaron frente a ella rostros que conocía bien.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

Continúa leyendo

Ascuas de aguas profundas (Novela)

Capítulo 599

Siguiente Capítulo ›

Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 598

Estás leyendo el capítulo 598 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.