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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 588 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Vanna se acercó con determinación a una silueta lejana en el horizonte para perseguir su objetivo inicial. Se sentía extrañamente sola y fuera de lugar mientras navegaba por la tormenta de arena. Todavía no entiendo por qué me enviaron sola a este misterioso desierto. Los vívidos relatos de Nina y la señorita Lucrecia hablaban de un frondoso bosque, no de este desolado lugar, reflexionó para sí. El único punto de referencia en esta vasta extensión arenosa es esa estructura distante, que recuerda a las ruinas de una antigua ciudad. Hasta ahora, está desprovista de vida. La voz de Duncan resonó en su mente, aconsejándole: “De todas formas, mantente alerta. Presta atención a las anomalías o cambios repentinos. El efecto de erosión mencionado por Shirley podría manifestarse inesperadamente. Ten cuidado mientras estés sola”. Ella asintió y susurró: Entendido, Capitán, y con una mirada decidida hacia la escena lejana, avanzó con dificultad, pensando: Debo seguir adelante. Este lugar se siente tan extraño, se lamentaba la voz cercana del rabino. El rabino extraña el ambiente animado de los lugares poblados. Este sueño es tan desconocido; no hay nadie alrededor. El conejo de peluche caminaba penosamente entre arbustos de flores marchitas y maleza enmarañada, expresando su descontento desde que llegó a esta extraña dimensión. Pero Lucrecia hizo caso omiso de las quejas de los rabinos, deteniéndose de vez en cuando para estudiar atentamente su entorno. Durante esta segunda incursión en el mundo de los sueños, Shireen, la elfa que la había saludado antes, no estaba por ningún lado. Además, no había rastros de las marcas que había dejado en su última visita al bosque. El imponente bosque, caracterizado por sus enormes árboles y vastas copas, parecía casi laberíntico. Lucrecia, a regañadientes, se dio cuenta de que estaba perdida entre la imponente arboleda. Dirigiéndose al Rabino, que estaba enredado entre unos arbustos, le preguntó: Rabino, ¿puedes sentir algún ser sensible cerca? Dejando de murmurar, la Rabina se acercó con determinación. Sus largas orejas de tela colgaban, con los bordes ligeramente desgastados. Tras una pausa, la rabina respondió, negando con la cabeza: “No siento a nadie. Hay silencio”. Con intensa determinación, Lucrecia examinó meticulosamente su entorno, buscando un camino o una pista que la llevara a este misterioso lugar. Al mirar a su alrededor, un repentino e inesperado destello iluminó su ojo. Despertada por la curiosidad, se acercó, solo para descubrir que esta luz brillante provenía de la base de un majestuoso y antiguo árbol. El árbol se alzaba alto e imponente en medio de un mar de plantas y hojas marchitas, marcando su importancia en la zona. De repente, en un espectáculo de vibrantes colores y luz, la forma física de Lucrecia comenzó a disolverse, rompiéndose en innumerables fragmentos multicolores. Estos fragmentos cobraron vida propia, girando y dando vueltas en el aire en una hermosa danza, para finalmente unirse de nuevo en la base del monumental árbol. En tan solo unos instantes, Lucrecia se reformó, permaneciendo completa e inmutable. No muy lejos de ella, parcialmente enterrado bajo un manto de hojas caídas, había un artefacto. Este objeto le parecía extrañamente familiar, vibrando con ecos de su pasado. Con una voz llena de sorpresa y asombro, susurró: “¿Será posible?”. Justo frente a ella se alzaba un arma de exquisito diseño. Combinaba la elegancia de una lanza con la fuerza bruta de un hacha. El arma parecía resonar con historias de épocas pasadas. Su empuñadura estaba llena de grietas y fracturas, testimonio de su pasado histórico y las innumerables batallas que había presenciado. La hoja, aunque afilada, estaba marcada por numerosas cicatrices y manchas oscuras, que indicaban la sangre derramada a lo largo del tiempo. Dado el estado de desgaste del arma, era evidente que había estado inactiva durante lo que podrían haber sido siglos, tal vez olvidada después de alguna gran guerra o agitación. Mientras la mirada de Lucrecia permanecía fija en este antiguo armamento, se oían los suaves y delicados pasos del rabino. El entrañable conejo de peluche apareció y levantó la vista, con sus inocentes ojos llenos de curiosidad. “Señora, ¿qué reliquia antigua ha encontrado?” Sin embargo, antes de que Lucrecia pudiera responder, sintió una inexplicable atracción hacia el arma. Con movimientos cautelosos pero forzados, extendió la mano, sus dedos acercándose cada vez más al metal frío y desgastado por el tiempo. En el momento en que su piel tocó el arma, una oleada de intensa energía la inundó, difuminando los límites entre la realidad y lo etéreo. ¡Pero esta conexión sobrenatural se interrumpió abrupta y violentamente! De repente, la serena atmósfera del bosque se sumió en el caos. Los árboles estallaron espontáneamente en llamas furiosas, sus lenguas ardientes lamiendo el cielo. El suelo bajo sus pies se estremeció y se estremeció, y oleadas de calor opresivas se extendieron hacia el exterior. El cielo se iluminó con impredecibles patrones de luces y sombras, creando un tapiz inquietante. En medio de este caos, los gritos desgarradores de los animales, los gritos desesperados de los humanos y los gemidos lastimeros del propio bosque se fusionaron, creando una sinfonía de pesadilla de destrucción y desesperación. En una creciente oleada de horror, Lucrecia presenció cómo el mundo a su alrededor se sumía en el caos. Árboles imponentes, que antaño se alzaban con orgullo hacia el cielo, ahora parecían derretirse; sus robustos troncos se licuaban y fluían como corrientes de metal fundido. A lo lejos, vastas extensiones de tierra comenzaron a flotar misteriosamente, como si fueran atraídas hacia arriba por una fuerza sobrenatural. El aire se llenó de la cacofonía de la tierra que se partía y el magma burbujeante, y mientras observaba, los contornos del paisaje comenzaron a deformarse de maneras que desafiaban la razón. Sobre ella, emergieron formas inmensas y amenazantes, irradiando una intensidad cegadora. Juntas, pintaron una escena catastrófica, como si los límites entre el cosmos y la tierra se hubieran desdibujado. Mientras Lucrecia intentaba comprender la escena, un escalofriante resplandor rojo oscuro irrumpió, atravesando el cielo. Pintó las nubes con vetas que parecían, inquietantemente, sangre recién derramada. Esta luz ominosa consumió rápidamente la totalidad del firmamento, bañándolo todo con su resplandor maligno. La luz roja danzaba sobre los árboles y parecía extenderse infinitamente, provocando incluso que los horizontes reaccionaran y se movieran. La tierra afectada por esta siniestra iluminación comenzó a agrietarse, y de esas grietas emergieron figuras aterradoras. Estas entidades al principio parecían los mismos animales que recientemente se habían dispersado aterrorizados por los incendios forestales. Sin embargo, en cuestión de segundos, mutaron en aterradores espectros con rostros retorcidos y apéndices letales. Las rocas adquirieron formas demoníacas, los bosques se contorsionaron en patrones inquietantes, y el mundo a su alrededor comenzó a adquirir configuraciones aterradoras y oníricas. Desde todas direcciones, hordas de estas monstruosas entidades pululaban, y el aire se llenó con los sonidos de sus violentos enfrentamientos, cada abominación volviéndose contra la otra. Paralizada por el terror ante la escena apocalíptica que se desarrollaba ante ella, Lucrecia volvió rápidamente a la realidad, preparándose para lo que pudiera venir después. Pero tan rápido como había comenzado, la terrible visión desapareció como si se hubiera corrido una cortina. Instintivamente miró hacia abajo, esperando ver el mango destrozado del hacha que sostenía, pero en su lugar solo encontró un montón de hojas y ramitas comunes. Sumida en sus pensamientos, intentó procesar las aterradoras imágenes que acababan de desfilar por su mente. Pero su contemplación fue interrumpida abruptamente por un leve crujido. Levantó la cabeza de golpe, y allí, como si hubiera surgido de la nada, se encontraba una joven elfa conocida como Shireen. Vestía una armadura de bella factura decorada con intrincados diseños y símbolos, y en su mano sostenía un hacha de guerra que le resultaba sorprendentemente familiar. La mirada de Lucretia se desvió hacia Rabbi, su compañero conejo de peluche. El conejo la miró a los ojos, y aunque solo era un juguete, percibió una mezcla de sorpresa y remordimiento. Era evidente que incluso la observadora Rabbi había sido sorprendida por la repentina llegada de Shireen. Recuperándose, Lucrecia le hizo un gesto a Rabbi, diciéndole en silencio que mantuviera la calma. Con una mezcla de curiosidad y cautela en la voz, preguntó: “¿Shireen?”. La joven elfa llamada Shireen saludó a Lucrecia con una sonrisa discreta pero cálida, que emanaba un aura de serenidad. Al cruzar sus miradas, se produjo una conexión inmediata e indescriptible entre ellas. Parecía que habían pasado eones con eras y civilizaciones cambiantes, pero su vínculo parecía haber resistido la prueba del tiempo, siempre potente e imperecedero. En señal de respeto, Shireen inclinó ligeramente la cabeza hacia Lucrecia, con voz suave y pausada: “Parece que nos hemos dado un respiro. Debemos proceder ahora. Nuestro destino, el Muro Silencioso, aún está bastante lejos de aquí”. Los cautivadores ojos esmeralda de Shireen se posaron entonces en Rabbi, un conejo de peluche que descansaba cerca. Rabbi parecía esperar pacientemente lo que vendría después. Sorprendentemente, el rostro de Shireen no mostró ningún asombro al ver a una compañera tan inusual. Su tono era juguetón al decir: “¿Es esta tu compañera elegida? Que se una a nuestro viaje. Juntos, avanzaremos como un trío”. Para Vanna, la duración de su viaje por el vasto y árido desierto parecía inconmensurable. El horizonte infinito de dunas de arena en constante movimiento, combinado con ráfagas persistentes que levantaban granos de arena, jugaba con sus sentidos, haciéndole perder la noción del paso del tiempo. En ocasiones, sentía como si hubiera estado atrapada en este paisaje desolado para siempre, tal vez incluso desde el principio de la existencia. Pero sabía que esos pensamientos eran solo ilusiones, fruto de su mente fatigada. El duro entorno del desierto ponía a prueba constantemente sus límites y su fuerza de voluntad. Sin embargo, su fe inquebrantable en la diosa le dio fuerza y la mantuvo en marcha, mientras que las comunicaciones regulares con el capitán le dieron consuelo y la mantuvieron con los pies en la tierra. Además, la gélida espada que creó del aire emanaba una frialdad reconfortante. Su aura refrescante no solo la protegía, sino que también le proporcionaba el alivio que tanto necesitaba del implacable sol del desierto. De repente, se acercó una ráfaga cargada de arena, indicando un cambio en la dirección del viento. Instintivamente, Vanna levantó su mandoble para protegerse el rostro, intentando evitar el viento áspero. Pero en ese momento, un sentimiento peculiar surgió a través de ella, lo que la hizo detener sus acciones. Casi instantáneamente, Vanna, con sus sentidos afinados por la batalla, se puso en una posición defensiva, empuñando su gran espada, su concentración fija en un punto particular en medio de las arenas arremolinadas. Como reacción a su preparación, los fuertes vientos amainaron misteriosamente. A medida que la arena se asentaba lentamente, revelando lo que se extendía más allá, una imponente figura se hizo más visible. Frente a Vanna se encontraba un ser inmenso, un poderoso gigante.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 588

Estás leyendo el capítulo 588 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.