Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 530 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En un sereno claro del bosque, la consciencia de Taran El, un erudito elfo, despertó de un profundo estado latente. Este estado, conocido como “descenso protector”, había sido su escudo contra posibles daños. A medida que los efectos debilitantes del Sol Negro comenzaban a desvanecerse, la esencia de su autoconciencia resurgió y se encontró de nuevo en los reinos más superficiales de su sueño.
Casi al instante, Duncan y Lucretia percibieron el cambio en el estado de Taran El y corrieron hacia él. Mientras sus ojos se adaptaban, Taran El descubrió que el entorno era distinto al de su último recuerdo. En lugar del familiar resplandor de la luz del sol filtrándose entre los árboles, el bosque estaba ahora bañado por una extraña penumbra, donde la luz del día y la sombra se fundían a la perfección. Al mirar a su alrededor, reconoció muchos rostros desconocidos, pero uno destacaba claramente: Morris, un viejo conocido al que no había visto en décadas.
Tras respirar profundamente para recomponerse, Taran El preguntó con un temblor en la voz: "¿Era mi situación realmente tan grave?"
Sorprendida por su pregunta, Lucrecia respondió: “¿Qué quieres decir?”
Taran El se señaló a sí mismo y luego a Heidi, Vanna y Morris, que se acercaban desde lejos. Parecía genuinamente sorprendido: “En tan poco tiempo, ¿por qué han venido tantos a aconsejarme?”.
Intentando controlar sus emociones, el rostro de Lucrecia delató brevemente su sorpresa. Taran El, con un toque de ironía, añadió: “Si despertarme resultaba imposible, quizá deberías haberme permitido intentar mi propio remedio. El método de la muerte súbita suele funcionar bastante bien...”.
Lucrecia intervino rápidamente: “Ni se te ocurra pensar en ese 'método de muerte súbita'. ¿Entiendes la gravedad de lo que acaba de ocurrir?”
Taran El, aún conmocionado, respondió: "¿Qué quieres decir? Simplemente estaba... desorientado".
Con tono grave, Lucrecia explicó: “Los secuaces del Sol Negro se inmiscuyeron en tu sueño e incluso manifestaron un eco de su descendencia. ¿No percibiste nada de esto? Si mi padre no hubiera intervenido con prontitud, las repercusiones de la batalla podrían haber borrado tu presencia mental aquí”.
El rostro de Taran El se ensombreció al absorber las revelaciones de Lucrecia. Sin embargo, al captar la mención de su padre, se giró, visiblemente sorprendido, hacia Duncan y dudó: "¿Tu... padre?"
Lucretia lo presentó, asintiendo en silencio. Duncan, intentando aliviar la tensión, le tendió la mano con una sonrisa cordial: “Puede llamarme simplemente capitán Duncan”.
Pero Taran El parecía clavado en el suelo, paralizado por la imponente presencia de Duncan. De repente, respiró hondo, con el cuerpo temblando intensamente. Y, sin decir una palabra más, desapareció entre los árboles.
Duncan se quedó quieto, intentando reconstruir la escena. Parpadeó confundido y luego se volvió hacia Lucretia. "¿Qué acaba de pasar?"
Lucrecia, igualmente desconcertada, intentó encontrar las palabras. Tras respirar hondo, respondió con una mezcla de incredulidad y sarcasmo: “Parece que el método de la muerte súbita funcionó”.
Duncan frunció el ceño, claramente sin entender: "¿Qué quieres decir?"
Al acercarse el trío de Heidi, Vanna y Morris, también presenciaron la repentina desaparición de Taran El. Intercambiaron miradas perplejas al oír el enigmático comentario de Lucrecia.
Los ojos de Heidi se abrieron de par en par, asombrados, como si quisiera expresar en silencio: "¿De verdad funcionó ese método?". Morris parecía entristecido, quizá recordando los recuerdos que compartió con Taran El. Vanna, con su pasado atlético, parecía completamente perdida en las complejidades psicológicas. En su experiencia, afrontar los miedos significaba afrontarlos de frente en lugar de ahondar en las complejidades de la mente.
Morris habló con voz melancólica: “Esperaba reencontrarme con el Maestro Taran El. Han pasado décadas desde la última vez que nos cruzamos”.
Heidi intervino suavemente: “Para él, seguirías siendo ese joven que se aventura al extranjero. Dudo que alguna vez se imaginara que tuvieras una familia, y mucho menos una hija”.
Morris dejó escapar un suspiro de resignación. “Tales son las complejidades cuando se trata con elfos”.
Intrigado por la camaradería y las bromas entre el trío, Duncan preguntó: "¿Han superado todos los agravios del pasado?"
Vanna levantó las manos en un gesto de rendición un tanto juguetón y respondió: “Sí, y soporté un buen sermón en el proceso”.
Heidi, sin embargo, parecía distraída. Su mirada estaba fija en Duncan, quizá evaluando la reputación que precedía al conocido capitán. Su silencio contemplativo dejaba a uno preguntándose qué conclusiones estaría sacando.
Lucrecia, por otro lado, estaba absorta en el entorno. El bosque, aunque un simple paisaje onírico, era asombrosamente vívido. Expresó sus observaciones con un tono susurrante pero lleno de autoridad: “Tenía razón en mis sospechas. Aunque Taran El ha despertado, este “sueño” persiste. Debe haber otros “soñadores” anclados en este reino”.
Duncan asintió en señal de reconocimiento. La naturaleza de este sueño era desconcertante, y su conexión con la gente común lo hacía receloso de cualquier acción drástica. Pero desde la sorprendente partida de Taran El, Duncan había estado observando atentamente el entorno.
Aunque era una mera proyección, la apariencia realista del bosque estaba arraigada en el subconsciente de su soñador. Al utilizar la técnica del "paseo espiritual", Duncan teóricamente podía interactuar con esta capa subconsciente. Esto era similar a cómo alguna vez sintió emociones y pensamientos fugaces al conectar con las "estrellas" durante sus viajes espirituales.
En este vasto paisaje onírico, Duncan intentó explorar con sus sentidos agudizados, explorando la esencia misma del sueño. Buscó las emociones, los recuerdos y la esencia misma del soñador. Pero por mucho que se esforzara o profundizara, se topó con un profundo vacío.
Era una sensación de vacío abrumadora. No había rastro de miedo, pensamientos ni rastro alguno de la presencia del soñador. Siguiendo su camino por el bosque, descubrió que el bosque conducía a más bosques; excavando profundamente, aún solo había tierra debajo. Todo el entorno carecía de las señales distintivas del subconsciente de un soñador o de cualquier barrera protectora. En cambio, para Duncan, esta vasta extensión parecía más una niebla nebulosa sin propósito.
A diferencia de una barrera protectora con un propósito e intención definidos, esta niebla parecía una manifestación de la aleatoriedad, funcionando únicamente por principios ancestrales que él desconocía.
Absorto en su contemplación sobre el origen y la naturaleza de este sueño, Duncan fue devuelto a la realidad por una repentina y helada ráfaga de viento que emanó del corazón del bosque.
Heidi miró a su alrededor con una expresión que mezclaba preocupación y desconcierto. “El bosque parece resistirse a nuestra presencia. ¿Pero por qué permaneció inactivo hasta ahora?”
Lucrecia, sumida en sus pensamientos, aventuró una respuesta: “Es posible que con el despertar de Taran El, el equilibrio del sueño se haya alterado. Aunque el sueño no se desintegró, es como si se hubiera sellado un portal. Nosotros, como entidades extranjeras, estamos siendo expulsados gradualmente”.
"Quizás tengamos que irnos", observó Duncan con un dejo de decepción en la voz. Intuía que este sueño ocultaba misterios más profundos. Sin embargo, reconocía los peligros inherentes de quedarse más tiempo del previsto, sobre todo con la evidente hostilidad del sueño. El daño potencial podría rivalizar con el incidente anterior del "sol distorsionado".
Lucrecia parecía decidida: “Necesito volver a ver cómo está Taran El inmediatamente. Lo último que quiero es que haya muerto en mi nave”.
Duncan respondió: “Proceda. Nos reuniremos de nuevo en el mundo real. Lo encontraré enseguida”.
Lucrecia titubeó un momento, pero lo disimuló con una breve sonrisa: “Claro, pero es un largo viaje desde el Mar Frío hasta las aguas del sur. Por favor, cuídese...”.
Duncan intervino con un dejo de diversión: “Lo que quería decir es que nos vemos pronto, posiblemente esta noche. Mi barco, el “Desaparecidos”, está anclado cerca de Wind Harbor”.
Lucrecia se quedó sorprendida. Tartamudeó: "¿Estás aquí?"
Sin inmutarse, Duncan explicó: “Parece que el apagón tuvo consecuencias imprevistas. El 'Desaparecidos' tendió un puente sobre un vasto tramo casi instantáneamente”.
Visiblemente sorprendida, la forma de Lucrecia parpadeó momentáneamente y, en un abrir y cerrar de ojos, desapareció del paisaje onírico.
Esto dejó a Duncan, Heidi y el resto con muchas preguntas, intercambiando miradas intrigadas.
El silencio, denso y tenso, flotaba en el aire. A medida que transcurrían los minutos, fue Vanna quien rompió el bloqueo. "¿La conmoción de Lucrecia la despertó de golpe?", reflexionó en voz alta.
Nadie respondió. El peso de las palabras no dichas entre ellos parecía hacerse aún más sustancial.
Reconociendo la necesidad de actuar, Duncan finalmente dijo: “Deberíamos salir de este sueño. Si hay algo que quieran discutir, podemos reunirnos de nuevo cuando volvamos al mundo real”.
Heidi sintió una punzada de melancolía al darse cuenta de que esta reunión inesperada estaba a punto de terminar. Miró a su padre, Morris, y a su amiga, Vanna, ambos de pie junto al capitán Duncan. De repente, una idea la asaltó. "¿Pero cómo podré contactarte de nuevo? Sobre todo si estás a bordo del 'Desaparecidos'?"
Morris rió entre dientes: “Simplemente escribe tus pensamientos y envíalos a la tienda de antigüedades del distrito bajo. Duncan tiene una forma especial de asegurarse de recibir esos mensajes”.
"¿Esperas que simplemente escriba una carta?" preguntó Heidi, desconcertada por el método anticuado.
Antes de que pudiera insistir, Vanna intervino: “Si es algo breve, siempre puedes acercarte a la catedral. El obispo Valentine es conocido por transmitir mensajes cuando es necesario”.
Heidi se quedó aún más desconcertada: "¿La catedral? ¿Por qué ahí?"
Al percibir su confusión, Duncan aclaró: "Cuando el 'Desaparecido' se tome un descanso, lo que ocurre ocasionalmente, puedo organizar el regreso de Morris y Vanna a Pland".
Heidi arqueó las cejas sorprendida. "¿Te tomas vacaciones en el 'Desaparecidos'? ¡Qué sorpresa!".
Sin embargo, sus preguntas quedaron en el aire, sin respuesta.
El bosque que los rodeaba parecía volverse más inhóspito a cada segundo que pasaba. Las temperaturas bajaron, y la propia esencia del sueño parecía repelerles. Heidi observó cómo las figuras del capitán Duncan, Morris y Vanna empezaban a volverse borrosas y difusas.
Poco a poco, su entorno se fue oscureciendo y su conciencia vaciló hasta que una oscuridad total y una fugaz sensación de flotar la envolvieron.
Cuando el velo de oscuridad finalmente se disipó, Heidi se despertó sobresaltada. Parpadeó, observando su entorno: estaba en una habitación de hospital, cómodamente tumbada en una cama. Curiosamente, la paciente a la que había estado atendiendo inicialmente no estaba.
Al reconstruir el relato, Heidi dedujo que después de que el sueño la atrapó, alguien debió haber descubierto la irregularidad y la trasladó a esas instalaciones.
Se tomó un momento, inhalando profundamente, procesando la intrincada red del sueño que acababa de experimentar.
El desconcertante viaje a través del paisaje onírico finalmente había llegado a su conclusión.

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Estás leyendo el capítulo 530 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.