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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 524 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Durante su extensa carrera médica, Heidi se enfrentó a numerosas circunstancias desconcertantes. Sin embargo, ninguna de ellas se acercó a la incómoda situación actual. A medida que la tensión aumentaba, Heidi estuvo a punto de apretar con tanta fuerza la ornamentada púa dorada que podría haberle dejado profundas marcas. Pero, en un giro inesperado, Taran El soltó una carcajada. “Sin importar las circunstancias”, comenzó, “me mantengo firme en mi creencia en la autenticidad de sus palabras”. El rostro de Heidi reflejaba puro asombro. “Esa 'punta dorada' que empuñas”, comentó Taran El con una sonrisa divertida, “está marcada con un emblema distintivo”. Señaló el objeto de doble propósito que sostenía, que servía tanto de arma como de instrumento médico. “Incluso en este estado de sueño fantástico, has replicado fielmente ese emblema, lo cual dice mucho de su importancia para ti. Joven señorita Heidi, tus logros en la Academia de la Verdad no han pasado desapercibidos. Solo a diez aprendices selectos se les otorgan estos emblemas anualmente, lo que los distingue como la flor y nata de los aprendices. Estos elegidos deciden dónde inscribir este honor”. Siguiendo la trayectoria del dedo puntiagudo de Taran, los ojos de Heidi se posaron en la base del mango de la púa, donde se destacaba un diseño intrincado: el “Ojo de la Sabiduría” rodeado de puntos de luz brillantes. Para el observador promedio, este diseño podría confundirse con el símbolo ampliamente reconocido asociado con el dios de la sabiduría. Sin embargo, solo quienes conocen a fondo la miríada de símbolos de la Academia de la Verdad podrían discernir las sutiles diferencias que separan este emblema en particular del genérico "Ojo de la Sabiduría". Fue en ese instante que Heidi comprendió. Con renovado interés, contempló al erudito elfo que se había identificado como “Taran El”. Destellos de recuerdos inconexos comenzaron a fusionarse gradualmente en una narrativa coherente: un elfo de la prestigiosa Academia de la Verdad, con el apellido “El”, aclamado por sus descubrimientos innovadores sobre la fachada solar durante el apagón de la Visión 001… Con los ojos abiertos y una voz llena de incredulidad, Heidi exclamó: “Taran El... ¿Será usted el famoso Sr. Taran El de Wind Harbor? ¿El supuesto faro del conocimiento arcano y de vanguardia?” Riendo entre dientes, Taran El respondió: “Me describiría simplemente como un erudito diligente”. Rechazó el cumplido con un gesto, visiblemente halagado por su reconocimiento. Sin embargo, su rostro pronto adoptó una expresión de desconcierto: “Tengo curiosidad. ¿Cómo alguien como tú, un humano que reside en tierras lejanas, llegó a saber de mí?”. “Mi padre hablaba a menudo de ti”, respondió Heidi con prontitud. “Sus historias sobre ti fueron un elemento básico de mi infancia”. “¿Tu padre?” Una mueca de confusión se dibujó en la frente de Taran El. "Él es Morris Underwood", declaró Heidi con orgullo. "En su juventud, estudió en el campus central de la Academia de la Verdad y también residió un tiempo en Wind Harbor..." Cuando el nombre "Morris Underwood" llegó a oídos de Taran El, un recuerdo lejano pareció resonar en su mente. Mientras Heidi continuaba explicando, la niebla de su memoria se despejó. Con un destello de reconocimiento, exclamó: "¡Ah, sí! ¡Morris! Un joven verdaderamente brillante de su época... ¡¿Eres su descendiente?!" Con evidente sorpresa, el elfo erudito examinó a Heidi de pies a cabeza, con los ojos abiertos de par en par. “Asumió las responsabilidades del matrimonio y la paternidad muy joven, ¿no es cierto?” Sorprendida, la tez de Heidi adoptó un tono peculiar mientras vacilaba, y luego aclaró: “En realidad, mi padre rondaba los cuarenta cuando yo nací. Para los estándares humanos, es un poco tarde...”. El número "cuatro" dejó a Taran El boquiabierto. Con una suave palmada en la frente, rió entre dientes: "Ah, cierto. Olvidé por un momento ajustar la esperanza de vida humana. Disculpen, a veces pierdo la noción de esos matices". Una leve y torpe sonrisa fue todo lo que Heidi pudo esbozar al darse cuenta de que este elfo, tan venerado por su padre, tenía un lado caprichosamente olvidadizo. Se produjo una breve pausa. Incapaz de reprimir su curiosidad innata, Taran El preguntó: “¿En qué contexto habló tu padre de mí?”. Sin pensarlo mucho, Heidi bromeó: “Solía decir que era bastante impresionante que un elfo sufriera de espondilosis cervical y periartritis del hombro debido al exceso de trabajo...”. Un silencio casi cómico cayó entre ellos. Taran El: “…” Heidi: “…” “Por favor, no hay necesidad de disculparse” intervino Taran El rápidamente, percibiendo la vergüenza palpable en el rostro de Heidi. Parecía estar familiarizado con comentarios tan peculiares. “Reenfoquemos nuestras energías, señorita Heidi. Agradecería su experiencia para ayudarme a salir de este sueño desconcertante. Agradecidamente, Heidi aprovechó su rápido cambio de tema y se tranquilizó mentalmente para reflexionar sobre posibles soluciones. Sin embargo, antes de que pudiera reflexionar profundamente o articular sus pensamientos, Taran El le advirtió: “Antes de que se sumerja, señorita Heidi, permítame informarle de antemano: ya he experimentado la sensación de caer, he intentado asfixiarme, me he autointerrogado e incluso he intentado la hipnosis inversa. Por desgracia, nada dio resultado. En cambio, me volvieron aún más lúcida en este sueño, pero completamente incapaz de despertar”. Una visible sorpresa se dibujó en el rostro de Heidi. "¿Volverse más consciente en un sueño?" Taran El asintió con gravedad. “En efecto. Esta mayor lucidez tras un episodio de “atrapamiento onírico” es peligrosa. Mi creciente consciencia de estar atrapado en un sueño y la incapacidad de despertar sugieren que la construcción inherente del sueño anula mi mente lógica. Mi subconsciente ya no anhela la vigilia. De hecho, está inquietantemente convencido de que ya estoy despierto”. “¿Consideraste invocar a la deidad Lahem?” La respuesta de Taran El fue una sonrisa irónica. "¿Qué supones?" Heidi empezó, con un tono que pasó de ligero a gravemente serio: “Te has sumergido tanto en este sueño que es casi como si te estuvieras abriendo al escudo de Lahem. No solo estás soñando; estás experimentando un nivel de consciencia en el que estás “despierto” dentro del sueño. Este es un territorio inexplorado, y los métodos tradicionales de guía podrían no ser efectivos”. Taran El, intentando encontrar una salida, señaló la púa dorada que Heidi sostenía. "¿Y si intentas usar esa púa conmigo otra vez? Quizás, solo quizás, dándole una sacudida a mi subconsciente, simulando una experiencia cercana a la muerte, pueda usar el método de la 'muerte súbita' para volver a la realidad". Heidi abrió los ojos de par en par, presa de la aprensión. Dudó, asimilando la gravedad de lo que Taran El sugería, y luego respondió con firmeza: “Es demasiado arriesgado...”. Antes de que pudiera dar más detalles, una voz femenina inesperada y algo cansada intervino desde un origen desconocido: “Estoy de acuerdo. Es una idea bastante peligrosa, jovencita”. Sorprendida por la repentina intrusión, Heidi apretó con más fuerza la punta dorada mientras buscaba el origen de la voz. Pero entonces, casi por arte de magia, empezaron a caer fragmentos de papel de colores como vibrantes copos de nieve. De este espectáculo hipnótico, surgió una mujer elegante y enigmática. Los instintos de Heidi se activaron y adoptó de inmediato una postura defensiva. Sin embargo, la misteriosa mujer no le hizo caso y se dirigió directamente hacia Taran El. “Maestro El”, le advirtió, “debería saber que no debe considerar una idea tan peligrosa. Dado su estado de salud actual, un pinchazo de esa púa podría no solo despertarlo, sino también acabar con su vida en el mundo real”. El rostro de Taran El se iluminó al reconocerlo. "¡Señora Lucrecia!", exclamó con un alivio palpable. "Ha venido en mi ayuda. Parece que mis aprendices cometieron un error al traer a un psiquiatra, pero lo compensaron convocando a una aliada mucho más poderosa: la famosa Bruja del Mar". Con un gesto de desdén, Lucretia respondió: “Hice que tus aprendices despidieran al psiquiatra que encontraron. Esa persona no habría servido de nada. Ahora mismo, estás en mi campo, en mi laboratorio”. Heidi intentó comprender lo que presenciaba. Era evidente que Taran El conocía a esta enigmática mujer, lo cual era de por sí inesperado. Pero al oír el nombre de “Lucrecia”, sintió un escalofrío. Aunque puede haber innumerables mujeres con ese nombre, solo una fue conocida como la “Bruja del Mar”. Abrumada por esta revelación y luchando con una mezcla de miedo y asombro, Heidi finalmente encontró su voz, aunque temblorosa, "¿Eres tú... el..." Lucrecia rió entre dientes, visiblemente divertida por la reacción de Heidi. “Tranquila, jovencita. A pesar de los cuentos, las “brujas” no nos alimentamos de humanos. Es bastante intrigante encontrar otra visita en el sueño del Maestro Taran El. La situación está bastante animada para ser tan grave, ¿verdad?” Las primeras palabras de Lucrecia fueron acompañadas de una sonrisa encantadora, casi contagiosa. Pero a medida que transcurrían los segundos, esa calidez genuina, esa que llega a los ojos y reconforta el alma, comenzó a desvanecerse. Aunque sus ojos seguían brillando de alegría, hubo un cambio perceptible en ellos: un frío distante, que reflejaba la escarcha de una mañana de invierno, comenzó a surgir de las profundidades de su mirada. “¿Y quién eres tú, forastero entre nosotros?” Su voz, antes suave, ahora tenía un trasfondo de intriga. Absorta en la situación actual, Heidi no se dio cuenta de la ligera transformación en el comportamiento de Lucrecia. Sin embargo, en la boca del estómago, una sensación familiar y extraña la azotaba, poniéndola nerviosa. Era su intuición, un don refinado tras años de perfeccionar sus habilidades espirituales, y le gritaba advertencias. Sintió una fuerza intrusiva que la sondeaba, analizando su esencia y evaluando su presencia en el sueño como una impureza. El peso de esta revelación se abatió sobre Heidi. Instintivamente intentó reunir sus defensas espirituales, pero para su horror, se vio privada de sus capacidades metafísicas. La punta dorada, que antes era una extensión de su ser, se sentía extraña en sus manos. Un torbellino de ansiedad amenazó con consumirla, pero se obligó a mantener los pies en la tierra, concentrándose en el presente. Soltó, tratando de explicarse: “Me llamo Heidi. Soy psiquiatra. No pretendía interrumpir el sueño del Sr. Taran El. Los verdaderos intrusos son otros. De hecho, el Sr. Taran El ya ha lidiado con varios de ellos...”. Antes de que pudiera terminar su apresurada explicación, la presión sofocante que había envuelto sus sentidos espirituales se levantó abruptamente. Respirando aliviada, Heidi sintió una nueva oleada de confusión. Apenas había terminado la frase cuando la mirada de la dama bajó rápidamente, y notó que el colgante de cristal en su pecho emitía una suave calidez. Sosteniéndolo, miró a Lucrecia con los ojos llenos de preguntas. El rostro de Lucrecia se contorsionó en una mueca pensativa. "¿Tienes alguna relación con mi padre?", preguntó con la voz cargada de sospecha y curiosidad.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 524

Estás leyendo el capítulo 524 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.