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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 493 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cuando Duncan vio por primera vez la figura, que descansaba plácidamente entre las vibrantes flores y el follaje del jardín, una sensación familiar lo invadió. El nombre asociado a esa figura empezó a formarse en sus labios. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de pronunciarlo, se contuvo; un escalofrío de comprensión le recorrió la espalda. Los recuerdos de un incidente reciente en el opulento dormitorio lo inundaron. Había confundido el rostro gélido de Ray Nora, conocida como la Reina de Hielo, con otra persona. ¿Podría tratarse de otro caso similar? Una mezcla de curiosidad e inquietud comenzó a invadir el corazón de Duncan. Con cuidado, se acercó a la figura dormida, ansioso por confirmar su identidad. Al arrodillarse para observar más de cerca, los detalles comenzaron a emerger. Las reveladoras articulaciones esféricas que unían la figura y la tez inconfundiblemente lisa e incolora, blanca como la nieve recién caída o la porcelana pura, eran evidentes. ¡Esta tenía que ser Alice! Su preocupación dio paso rápidamente a una oleada de alivio. Pero al observar con más atención, la mirada de Duncan se fijó en el elaborado diseño de espinas negras que envolvía a Alice. Estas espinas brotaban de los arbustos circundantes, envolviéndose y enroscándose alrededor de la delicada figura de porcelana de Alicia, creando una ornamentada pero algo inquietante apariencia de falda. Parecía como si Alicia estuviera acunada por la misma flora del jardín, completamente ajena a la presencia de Duncan ni a su voz llamándola. Desconfiando de las afiladas espinas, Duncan extendió la mano con ternura para tocar el rostro de Alice y susurró: "Alice, ¿puedes oírme?". Sus dedos tocaron una superficie fría e inflexible, como la de una muñeca dormida. Alice no reaccionó; permaneció inmóvil en su profundo sueño. La mirada de Duncan captó entonces un detalle peculiar: Alice aferraba firmemente en su mano lo que parecía ser una tabla de pintor. Aunque las mismas enredaderas espinosas serpenteaban alrededor de su muñeca, Duncan notó huecos que indicaban que la tabla podía retirarse con cuidado. Tras un momento de vacilación, Duncan sujetó con suavidad el borde de la tabla. La extrajo con cuidado, lanzando siempre una mirada nerviosa a Alice, temiendo que sus acciones la perturbaran. Sin embargo, ella permaneció inmóvil, sumida en sus sueños. Duncan respiró aliviado y centró su atención en el tablero que había liberado. Ante él había un lienzo pintado con vibrantes explosiones de color y líneas impredecibles, que reflejaban de forma inquietante el extraño cielo que dominaba el jardín. La obra tenía la crudeza de la mano de un niño, capturando escenas surrealistas y abstractas. El lienzo exhibía un cautivador vórtice de colores, con una plétora de tonos que se desplegaban en espiral dinámicamente, ocupando una vasta porción de la pintura. El resto de la obra estaba salpicado de puntos brillantes y líneas entrecruzadas que daban la impresión de una constelación estrellada. Y justo en el epicentro de este colorido tumulto, había un rojo profundo y vibrante que parecía llamar la atención. Aunque la obra de arte parecía infantilmente simple y ejecutada con ingenuidad, había algo en ese núcleo rojo intenso que inquietaba a Duncan. Emanaba un aura potente de peligro, y cuanto más la miraba, más familiar le resultaba. Rebuscando en sus recuerdos, intentando localizar una sensación similar, finalmente la identificó. Fue en esta misma mansión, la Mansión de Alice, concretamente en el rellano elevado del segundo piso, cerca de la ornamentada escalera de caracol, donde otra obra de arte captó su atención. Esta pintura mostraba un inmenso barco envuelto en feroces llamas que descendían en cascada desde el vasto cielo. Y allí estaba, acechando tras el ardiente descenso de la nave: ese mismo inquietante, hipnótico y profundo resplandor rojo. Con el ceño fruncido, Duncan lo reconstruyó. No era la primera vez que se topaba con ese peculiar tono rojo en la mansión. Su repetición no era una mera coincidencia, sino un presagio de acontecimientos que aún estaban por suceder. Pero ¿qué simbolizaba este rojo? ¿Había un significado oculto tras su resplandor luminoso? Quizás era el presagio de una calamidad inminente e ineludible que acechaba cada uno de sus movimientos. O tal vez era una representación metafórica, un preludio ominoso de un evento apocalíptico. Recordó una críptica advertencia de un mayordomo decapitado sobre los peligros de abrir la gran puerta de entrada de la mansión. ¿Qué podría haber detrás de esas puertas? ¿Era la fuente de esa inquietantemente misteriosa "aura roja oscura"? La idea hizo reflexionar a Duncan, pero no era de los que actuaban impulsivamente. Aunque intrigado por lo que yacía más allá de las puertas, reconoció la importancia de la moderación. Estaba decidido a desentrañar este misterio, pero no a costa de sumir la mansión en el caos ni de poner en peligro el bienestar de Alice. Tras un momento para calmarse, Duncan inhaló profundamente, dejando que el aire fresco le llenara los pulmones. Levantó la mirada al cielo, que reflejaba extrañamente los ingenuos garabatos que cubrían el lienzo que sostenía. A su lado, entre las flores, la figura de porcelana continuaba su tranquilo descanso, aferrándose a los secretos de este enigma. ¿Habría alguna conexión entre la pintura, el cielo y esta muñeca sin vida? ¿Será Alice, acaso, la artista tras estas enigmáticas creaciones? Mientras Duncan analizaba las revelaciones de Ray Nora, una profunda comprensión comenzó a tomar forma. Inicialmente, había pensado en Alice como una fusión aleatoria de "Ray Nora" y la "guillotina", una teoría también sugerida por la Reina de Hielo. Pero cuanto más reflexionaba, más le parecía que Alice era mucho más que una simple representación externa de estos elementos. Si bien el exterior, "Miss Doll", podría haber sido construido con tales componentes, el alma interior era un enigma que albergaba profundos misterios que parecían trascender la propia comprensión de Ray Nora. Un pensamiento analítico cristalizó en la mente de Duncan: en el ámbito de los datos digitales, si un archivo copiado contiene más contenido que su original, solo puede significar una cosa: se incorporó información adicional durante el proceso de duplicación. Inmerso en este mar de contemplación, Duncan sintió el peso del silencio a su alrededor, oprimiéndolo como una fuerza invisible. Perdió la noción del tiempo, perdido en los laberintos de sus pensamientos. Finalmente, dejó escapar un largo y prolongado suspiro, indicando su intención de regresar al presente. Con sumo cuidado, intentó devolver el tablero de pintura a las manos de la muñeca, deseando que todo volviera a su estado original; un esfuerzo por evitar cualquier posible perturbación en esta mansión impredecible. Pero justo cuando estaba a punto de colocar el tablero firmemente en las manos del muñeco, notó algo peculiar en su parte trasera. Marcas que antes había pasado por alto ahora resaltaban con fuerza. Su instinto se agudizó de inmediato e inspeccionó rápidamente la parte trasera del tablero con más atención. No eran simples arañazos al azar; eran líneas de texto inscritas metódicamente. El mensaje grabado decía: “El mensajero trae noticias de lejos. El clan elegido resucitó las antiguas estrellas perdidas y las moldeó en una corona sagrada. ¡La Tercera Larga Noche ha llegado a su fin!”. Duncan permaneció inmóvil, absorto en esta críptica proclamación. Resonaba con una sabiduría y un significado milenarios. Tras lo que pareció una eternidad, soltó suavemente un suspiro que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo y, con delicadeza, devolvió el tablero a la muñeca, evitando las espinas circundantes. El mensaje, sin embargo, permaneció con él, resonando sin cesar en su mente, evocando antiguas profecías y cuentos olvidados. “El linaje elegido… las reliquias celestiales de antaño… la conclusión de la Tercera Larga Noche…” Duncan se irguió, frunciendo el ceño pensativo. Al unir los fragmentos dispersos de información relacionada que pasaban por su memoria, un tapiz conceptual comenzó a tomar forma. El hilo conductor de esta construcción mental era la mención de la Tercera Larga Noche, tal como se detalla en el texto reverenciado y prohibido, el “Libro Blasfemo”, que fue salvaguardado por los formidables Aniquiladores. Según la tradición, fue justo después del sereno cese de esta Tercera Larga Noche que se inauguró la Época del Mar Profundo, un período monumental que transformó en gran medida la topografía y la dinámica del mundo. El único “linaje elegido” sinónimo de la narrativa de la “Tercera Larga Noche”, conjeturó Duncan, debían ser los ilustres antepasados del Reino de Creta, a menudo conocidos en susurros como los “Antepasados Primordiales”. Respecto de la resurrección de las reliquias celestiales una vez perdidas, ¿podría este enigmático verso hacer alusión al famoso episodio en el que el Reino de Creta forjó ingeniosamente el Sol Visión 001, un símbolo de su autoridad divina? Sin embargo, las piezas del rompecabezas seguían siendo demasiado escasas y estaban envueltas en ambigüedad. Parecía un acertijo tentadoramente opaco, que arrojaba poca luz y suscitaba más interpretaciones especulativas que verdades verificables. Duncan suspiró, dejando atrás por un momento la amarga punzada de insatisfacción. Examinó metódicamente la inquietante quietud y frondosidad del jardín, buscando cualquier pista pasada por alto. Aunque bañado por una quietud inquietante, el entorno no mostraba más que una vibrante malla de vegetación salpicada de senderos artísticamente diseñados. Inevitablemente, volvió a gravitar hacia la "muñeca" que descansaba. Mientras rodeaba la entidad inerte etiquetada como "Alice", Duncan se detuvo de repente ante un hallazgo intrigante. ¡Una diminuta cerradura estaba grabada en la muñeca! Pero no estaba discretamente escondida detrás de su vestido, como cabría esperar; en cambio, estaba visiblemente situada justo en la nuca de porcelana. Este detalle en particular captó la atención de Duncan. Se sintió inexplicablemente atraído, casi magnéticamente, para inspeccionar esa diminuta abertura. De hecho, la presencia de una cerradura en la muñeca de este jardín era intrigante, pero ¿por qué su ubicación era distinta a la de la Alicia que conocía? ¿Podría la singular posición de la cerradura indicar un mensaje metafórico más profundo? Dada la variedad de eventos desconcertantes que había experimentado en este reino surrealista, Duncan comenzó a contemplar tales interpretaciones simbólicas. Pero rápidamente se detuvo en estas reflexiones, al darse cuenta de que podrían ser meras especulaciones sin conclusiones definitivas. Respirando hondo para tranquilizarse, Duncan sacó con cautela una pequeña llave de latón de su bolsillo. Esta llave se había manifestado misteriosamente en su mano al llegar a la enigmática mansión de Alicia. ¿Estaría esta llave diseñada específicamente para esta misma cerradura? Con esta hipótesis presente en sus pensamientos, Duncan tomó una decisión. Alineó delicadamente la llave con la cerradura de la nuca de la muñeca y la insertó con delicadeza, esperando el resultado de su acción. Con un leve y delicado clic, la llave encajó a la perfección con el intrincado mecanismo interno de la muñeca. Sin ninguna indicación, comenzó a girar de forma autónoma, imitando el comportamiento de una experiencia anterior. Al hacerlo, una sensación familiar, casi nostálgica, envolvió a Duncan. El mundo a su alrededor parecía latir, alternando entre la oscuridad y la iluminación. Sus sentidos se desorientaron momentáneamente, dando paso a una breve sensación de flotar en el vacío, seguida de la reconfortante sensación de tierra firme bajo sus pies. En una transición desorientadoramente rápida, Duncan se encontró envuelto en el ambiente familiar y cálidamente iluminado del camarote del capitán a bordo del Desaparecidos. Directamente en su línea de visión emergió la brillante curvatura de una columna vertebral blanca como la porcelana. Alice estaba sentada allí, elegantemente posada en un taburete ornamentado, esperando pacientemente el ritual que la haría moverse. El abrupto cambio de ambiente dejó a Duncan momentáneamente atónito, dejándolo sin palabras. Mientras procesaba el rápido cambio, un pensamiento caprichoso, casi juguetón, cruzó su mente: “Imagina lo divertido que sería sujetar petardos a esta impecable espalda”. Con su agudo sentido del oído, Alice captó un atisbo del murmullo del capitán. Con delicadeza y cuidado, giró la cabeza, procurando no mover su vestido. Un dejo de curiosidad marcó su voz: "¿Capitán? ¿Qué dijo?" Al darse cuenta de que sus reflexiones podrían haber sido audibles, Duncan se recuperó rápidamente. Se aclaró la garganta, intentando ignorar la sorpresa inicial, y respondió con indiferencia: “Oh, solo estaba pensando en voz alta”, mientras retiraba hábilmente la llave de su lugar. ¿Terminó nuestra sesión? ¿Te sientes bien?” La pregunta de Alice sorprendió a Duncan. Buscó el pestillo en su espalda, con los ojos abiertos de par en par, asombrada. “Pero acabamos de empezar. El movimiento de Duncan de retirar la llave se detuvo momentáneamente, al comprender las implicaciones. Las innumerables aventuras y el lapso aparentemente interminable que había soportado dentro del enigma de la “Mansión de Alicia” habían ocurrido, en esta realidad, en una mera fracción de segundo.
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Estás leyendo el capítulo 493 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.