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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 427 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En lo más profundo del pasillo, tenues murmullos resonaban como susurros fantasmales que uno no podía comprender del todo. Parecía como si el viento suspirara suavemente, voces apagadas discutían asuntos secretos, se oían pasos constantes como un alma inquieta que caminaba de un lado a otro, y ocasionalmente, el agudo sonido de disparos rompía la quietud. Estos sonidos se fundían entre sí, perdiendo su individualidad. Parecía como si todo se fundiera en una existencia singular, sin el sentido convencional de la orientación, sin tiempo ni espacio. El propio pasillo evocaba esta sensación, envuelto en una espesa niebla, dispuesto a tragarse a cualquier cosa o a cualquiera lo suficientemente valiente como para cruzarlo. Un anciano, con la espalda encorvada por el peso de muchos años, avanzaba con cautela por este pasillo tortuoso y laberíntico. En su mano sostenía una pesada llave inglesa que ocasionalmente golpeaba contra las numerosas tuberías que decoraban las paredes de este pasaje subterráneo. ¿Quién era esta alma vieja? ¿Por qué estaba en semejante lugar? ¿Adónde se dirigía y por qué? Había habido un ataque. A la medianoche, la Guardia Real se había movilizado. Pero la pregunta persistía: ¿a qué o a quién atacaban? ¿Y dónde estaba el campo de batalla? Fragmentos aleatorios de recuerdos y pensamientos fugaces surgían ocasionalmente en la mente nublada del anciano, para luego desaparecer con la misma rapidez. A veces, se sentía atrapado entre dos realidades, con sus sentidos y recuerdos confusos enredándose en su interior. En otros momentos, sentía que llevaba décadas atrapado en un mismo lugar, esperando una instrucción. Al bajar la vista, el anciano notó que su llave inglesa había chocado contra algo. Era un casco negro azabache con una visera fina, con el emblema de la Guardia Real. Era un objeto histórico, ya no se veía con frecuencia. Se quedó mirando fijamente mientras el casco se desplomaba y finalmente rodaba hacia un desagüe cercano. Con el rabillo del ojo, creyó ver una figura sombría intentando salir del desagüe, pero se desvaneció en la oscuridad circundante con la misma rapidez. Con la mente sumida en la confusión, siguió adelante con dificultad; el entorno a su alrededor parecía cada vez más una espesa capa de alquitrán. Pareció una eternidad, pero finalmente llegó al final de este misterioso pasillo. Allí le esperaba una escena caótica. Un montón de tuberías, escombros de un derrumbe y una humareda inquietante que se elevaba de las ruinas le bloqueaban el paso. Miró a su alrededor, intentando comprender dónde se encontraba. Estaba seguro de que nunca se había topado con un lugar así en sus rutas habituales por las alcantarillas, pero sentía que su destino era estar allí por algún motivo. Bajó la mirada y se vio reflejado en un pequeño charco junto a los escombros. Sus ojos, llenos de confusión e incertidumbre, lo miraron fijamente. ¿Qué se suponía que debía hacer aquí? De repente, el estanque de agua mostró una escena espeluznante ante él. Soldados de la Guardia Real combatieron a los monstruosos seres del corredor. Con sus armas, lograron convertir a estas espantosas criaturas en lodo frío e inerte. Las mismas paredes, que parecían rezumar una sustancia fangosa, se secaron por donde pasaban estos soldados, y la oscuridad, antes absorbente, comenzó a disiparse, dando paso a un camino más despejado. Todo sucedió exactamente como Lawrence había previsto. La mera presencia de la Guardia Real reprimía la extraña “corrupción” que afligía el reflejo de la Ciudad-Estado. Si se describieran los acontecimientos que se desarrollaban en esta Ciudad-Estado reflejada, serían como una batalla monumental entre dos grandes potencias. De un lado estaban los monstruos de barro, y del otro, la Guardia Real. Su intensa lucha y sus destinos entrelazados podrían haber persistido durante cincuenta años. Guiado por Lawrence, su escuadrón naval avanzó rápidamente por los intrincados pasillos, siguiendo el camino previamente despejado por la fantasmal Guardia de la Reina. Lo que antes era una larga travesía de horas se había acortado significativamente a solo minutos. A lo largo de esta veloz expedición, Lawrence se mantuvo profundamente introspectivo y observador. Intentó descifrar los misterios que rodeaban a la Guardia Real y esperaba establecer de algún modo una conexión con estos guerreros fantasmales. Sin embargo, todos sus intentos fueron en vano. Era como si la Guardia Real ni siquiera hubiera notado a Lawrence y su escuadrón. Estos soldados espectrales parecían más bien vestigios de una época pasada, recreando una batalla histórica sin cesar. Marcharon, dispararon, se enfrentaron al enemigo y fueron derrotados, todo en un bucle que podría haber durado incontables años. La información de Martha sobre la Guardia de la Reina era precisa, pero no era toda la historia. Tratar de trabajar en conjunto con estos “aliados” fantasmales era un enigma que seguía eludiendo a Lawrence. ¡Capitán! Parece que no nos notan ni nos reconocen. ¿Qué hacemos?” Uno de los marineros se acercó a Lawrence, manifestando su aprensión. “Siguiéndolos así, ¿no somos un peso muerto? El rostro de Lawrence era una mezcla de frustración y determinación. Su mirada se desvió involuntariamente hacia un pequeño espejo prendido a su uniforme. Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, la voz de Martha emergió del espejo: “Estoy tan a oscuras como tú sobre esta situación. Sabía que existían, pero nunca encontré la manera de comunicarme con ellos”. Detrás de su voz, débiles sonidos de disparos emanaban del espejo, indicando que Martha también estaba en medio de sus propios desafíos, posiblemente tan intrincados como los de las alcantarillas. "¿La Guardia Real lleva años repitiendo esta misma batalla?", reflexionó Lawrence en voz alta. "¿El resultado siempre es el mismo?" Sí, siempre termina igual. Empiezan el asalto a medianoche y se retiran una hora después. ¡Siempre los detienen en el último obstáculo! ¿No pudieron superar la barrera final? Con este nuevo conocimiento, Lawrence instintivamente miró en la dirección hacia donde se dirigían los soldados fantasmales. Se dirigían al otro extremo del pasillo. En aquella zona oscura y tumultuosa, una fuerza palpable y malévola parecía acechar, sofocante y densa como el alquitrán fundido. De repente Lawrence exclamó: "¡Lo he logrado!" Desde el espejo se escuchó la voz inquisitiva de Marta: “¿Qué has entendido?” Pero Lawrence no pudo satisfacer la curiosidad de Martha desde el espejo. Al comprender su papel crucial en esta saga en desarrollo, reunió rápidamente a sus hombres y aceleró su avance. Simultáneamente, el tumulto en el corredor alcanzó un punto álgido. La Guardia de la Reina se preparaba para su ataque definitivo. Los guerreros espectrales, hechos de la esencia misma de las sombras, rugieron a la batalla, sus armas causando estragos entre las abominaciones que obstruían su camino. Mientras los soldados se desintegraban en fugaces rastros fantasmales, los monstruos eran aniquilados, derritiéndose en lodo que luego se filtraba. Mientras este épico enfrentamiento continuaba, todos los combatientes se dirigían inexorablemente hacia el final del corredor. Por fin, Lawrence se enfrentó al clímax de este intenso conflicto y a la imponente barrera que había frustrado a la Guardia de la Reina durante décadas. Ante ellos se alzaba una puerta colosal, atrapada por una compleja red de zarzas espinosas y cubierta de un lodo oscuro y repugnante. Su aura amenazante era como una pesadilla tangible, que provocaba escalofríos. La puerta misma parecía haber sido tallada y marcada por espinas nudosas, que recordaban inquietantemente a una corona retorcida hecha de ramas de árbol retorcidas. En lo profundo de esta red de espinas, tenues luces se retorcían y revoloteaban, semejantes a una miríada de ojos vigilantes ocultos en una densa jungla. Una simple mirada podía abrumar a un alma con un terror y una locura abrumadores. Incluso Lawrence, fortalecido por el poder del fuego espiritual, se quedó momentáneamente desconcertado ante esta visión amenazante. Dudas y ansiedades lo invadieron. Éste era, pues, el objetivo de la Guardia de la Reina. Justo frente a esta amenazante entrada, un espeso lodo negro se agitaba, dando lugar a una verdadera horda de seres espantosos. Estas grotescas criaturas parecían versiones distorsionadas de humanos, con vagos parecidos a guardias de la ciudad, oficiales navales, piratas, civiles armados e incluso surrealistas y monstruosas amalgamas de cañones antiguos y restos esqueléticos. Estas entidades retorcidas, protegidas por defensas improvisadas instaladas dentro del salón, custodiaban celosamente la puerta enredadera como si fuera una reliquia sagrada. La batalla final estaba en marcha. Con un vigor sin igual, la Guardia Real desató todo su arsenal contra los monstruosos guardianes apostados al final del corredor. Esta represalia resonó por todo el Segundo Canal. En el caos resultante, ambos bandos sufrieron enormes bajas, reduciendo su número a más de la mitad. Lawrence y los pocos marineros que lo acompañaban se vieron obligados a refugiarse en las afueras de este escenario apocalíptico. A pesar de estar protegido por el fuego espiritual, Lawrence no podía afirmar con seguridad que emergería ileso de este campo de batalla. Pero no se limitaba a esconderse. Examinaba con lupa y evaluaba con atención a la Guardia Real mientras luchaban ferozmente en esta confrontación existencial. A medida que la batalla se intensificaba y las fuerzas de ambos bandos menguaban, las defensas frente a la puerta comenzaron a flaquear. Aquellos formidables cañones y criaturas demoníacas quedaron reducidos a escombros, y comenzaron a aparecer grietas en la vanguardia de las espinas. ¡Equipo de Explosión! ¡Adelante! Oculto junto a la posición de la Guardia Real, Lawrence percibió de repente una voz. Era el tono autoritario de un líder de la guardia. Al momento siguiente, detectó movimiento en la periferia de su visión. Un pequeño equipo se había separado del grupo principal y se había deslizado por los canales de drenaje en los extremos del pasillo, prácticamente fuera del campo de visión de los monstruos. Se dirigieron sigilosamente hacia una zona oculta, flanqueando la puerta espinosa. Simultáneamente, la potencia de fuego de la línea del frente aumentó a medida que una lluvia de proyectiles caía con el objetivo de someter y distraer a los monstruos que custodiaban la puerta. Lawrence no pudo evitar contener la respiración. Aunque era consciente de que lo que presenciaba podría ser una ilusión ajena a factores externos, su cuerpo respondió instintivamente. Sus peores sospechas se confirmaron rápidamente. Se avistó al equipo encargado de detonar los explosivos, que intentaba acercarse a la puerta cubierta de enredaderas en el borde del campo de batalla. Los proyectiles metálicos cayeron sobre el canal de drenaje y, en un instante, los soldados equipados con explosivos fueron consumidos en una explosión de fuego. Casi al mismo tiempo, otro equipo de explosivos se dirigió a la oscura trinchera del lado opuesto del pasillo, intentando acercarse de forma encubierta a la puerta que estaba rodeada de espinas. Pero sus esfuerzos fueron en vano. También los detectaron, y el segundo equipo encontró su fin a poca distancia de la entrada llena de enredaderas. En medio de este caos, el suave susurro de un marinero llegó a oídos de Lawrence: “¡Están desapareciendo!” Lawrence levantó la cabeza de golpe y observó en estado de shock cómo se desarrollaba la escena en el pasillo. La Guardia de la Reina se estaba disipando. Tras el desalentador fracaso del segundo equipo explosivo, la Guardia Real se detuvo abruptamente. Sus siluetas fantasmales comenzaron a desvanecerse, volviéndose cada vez más transparentes. En cuestión de segundos, aproximadamente un tercio de ellos se había desvanecido casi por completo, ¡pareciendo espectros tenues! La voz de Martha de antes resonó en la mente de Lawrence: “…nunca logran atravesar la barrera final…” El peso de esta revelación golpeó con fuerza a Lawrence. Finalmente captó la profundidad de las palabras de Martha y comprendió el inevitable resultado de este repetido enfrentamiento: la Guardia Real estaba condenada al fracaso. A pesar de sus incansables esfuerzos y de las veces que revivieron esta batalla, la cruda realidad era que jamás podrían superar esta "última resistencia" en su crucial misión. Esta campaña tuvo su trágico final hace cincuenta años. Cada repetición posterior fue simplemente un triste recordatorio de aquella fatídica derrota. Lawrence sintió una punzada de desesperación, pero un movimiento repentino lo vislumbró con el rabillo del ojo y lo sacó de sus pensamientos. Otra figura entraba al campo de batalla desde un rincón remoto del salón. Al igual que el resto de su tripulación, Lawrence se encontró paralizado por esta misteriosa aparición. Claramente no era un soldado. Era un joven con el inconfundible aspecto de un ingeniero que bien podría haber sido asignado al ejército. Vestía un uniforme de trabajo azul oscuro y robusto, complementado con un sombrero ligeramente inclinado, que evocaba un estilo de moda que había estado de moda medio siglo atrás. El joven se dirigió rápidamente a la trinchera, con una pesada llave inglesa y una pistola colgando firmemente del cinturón, observando los explosivos que había dejado el segundo equipo de demolición. Agarrando la caja de madera repleta de explosivos, emprendió una carrera frenética hacia la imponente puerta atrapada por espinas. Por un fugaz momento, Lawrence se sintió fascinado, con la esperanza de que el joven lograra lo que otros no podían. Pero esa esperanza se hizo añicos cuando una bala atravesó el aire, impactando directamente en el hombro del joven ingeniero. Su cuerpo retrocedió por el impacto, convulsionando de dolor, y cayó dolorosamente cerca de su destino, a solo unos pasos de la entrada enredadera. Todo el salón pareció caer en un hechizo de silencio, su inmensidad...
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 427

Estás leyendo el capítulo 427 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.